El divino Orfeo: 18

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 18 de 68
El divino Orfeo Pedro Calderón de la Barca


(Vanse y sale ARISTEO de labrador galán.)
ARISTEO

Altos montes que al cielo,
gigantes de esmeralda, alzáis con saña
esa arrugada frente,
ajando el azul velo
que en la nevada espalda
asegura su fábrica eminente
donde la transparente
selva, que en luces bellas
al sol causa desmayos
y equivocando rayos
de flores y de estrellas,
tanta noticia pierde
que al fin es monte azul o cielo verde,
así privilegiados,
siempre alegres y hermosos
duréis, siendo del sol verdes faetontes,
tanto que, aunque anegados
en abismos undosos,
en montes de agua o piélagos de montes,
hasta en los horizontes
vecinos os respeten
las injurias del hado
y al sitio coronado
de espumas se sujeten,
levantando con hielos
murallas de cristal hasta los cielos,
así libres del agua,
no pueda en triste abismo
profanaros tampoco tanto fuego
como mi pecho fragua
y volcán de mí mismo
los ojos llegan, cuando a veros llego
triste, confuso y ciego,
y el diluvio segundo
que abortará la esfera
no os abrase ni hiera
y sin ruina del mundo
os dejen sus desmayos
incendios de agua y tempestad de rayos,
que en vuestros campos bellos
un pastor disfrazado
admitáis, que también pastor he sido.
A vivir vengo en ellos
adonde mi ganado
ha de ser el rebaño más perdido.
Cobarde, aunque atrevido,
amo a Eurídice bella
que es la esposa de Orfeo.
Mi amor y mi deseo
así me trae a vella;
la esposa es mi cuidado
del músico de Gracia enamorado.


El divino Orfeo de Calderón

memoria - Loa - Elenco - Auto