El divino Orfeo: 30

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El divino Orfeo Pedro Calderón de la Barca


ARISTEO

Yo, bellísima pastora,
cuyo blanco pie produce
a su contacto de nieve
flores moradas y azules,
soy, aunque rústico traje
mi noble persona encubre,
por alta naturaleza
príncipe altivo e ilustre,
tan grande que el sol hermoso,
que entre celajes y nubes
por troneras de oro y vidrio
manda al alba que madrugue,
aprendió la luz de mí,
pues primero que el sol tuve
el tridente de los rayos
y el imperio de las luces;
antes que él resplandeciente
fui; su esplendor se presume
que se encendió en las pavesas
de mi desgraciada lumbre,
y así como a su hermosura
no hay tiniebla que la ocupe,
eclipse que la padezca,
ni oposición que la turbe
y victoriosa entre sombras
más resplandece y más luce
cuando más y más tinieblas
a su espalda se introducen,
así a mi persona no hay
disfraz que la disimule,
pellico que la desdore,
ni traje que la deslustre,
porque es un sol entre sombras
que a cualquier viento descubre
la majestad de sus rayos,
de su resplandor el lustre.


El divino Orfeo de Calderón

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