El divino Orfeo: 33

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El divino Orfeo Pedro Calderón de la Barca


ARISTEO

Quiso enseñarme a su esposa
entre rasgos y vislumbres
de un bosquejo, de un retrato
en cuyas sombras y luces
puso menos fuerza el arte
que yo admiraciones puse,
pues al instante sentí
mil celosas inquietudes
y como tan mal los celos
se finjan o disimulen,
porque, en efecto, no es noble
quien con celos calla y sufre,
empecé, celoso y triste,
con varias solicitudes
a mostrar cuánto sentía
que a los dos un lazo junte,
un amor los encadene
y una voluntad ajuste,
y como es del envidioso
naturaleza y costumbre
decir mal de lo que envidia,
defectos suyos propuse
a mi príncipe diciendo
que no era de sangre ilustre
por ser su naturaleza
inferior y que no dude
que siendo yo de mejor
esencia, adorarla excuse,
aunque el resto de su corte
por emperatriz la jure.


El divino Orfeo de Calderón

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