El divino Orfeo: 35

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El divino Orfeo Pedro Calderón de la Barca


ARISTEO

Los de otro bando en las suyas,
como castigar presumen
delitos, señas de muerte
pusieron horcas y cruces.
Llegó de la lid el plazo
y con grandes prontitudes
los campos hicieron seña
mandando que se saluden
con pífanos y trompetas,
clarines y sacabuches.
Aquí el orden de los cielos
se pasma, aquí se confunde
de ver el reñido duelo
de vicios y de virtudes.
El sol, temiendo tragedias,
entre las sombras lugubres
se despeñó, haciendo airado
que su rosicler se oculte
en el manto de la noche
que vistió negros capuces,
y a los golpes y gemidos
no hay llama que no se enturbie,
luz que no se desvanezca,
atención que no se angustie,
globo que no se trastorne,
ej que no se descoyunte,
planeta que no delire,
estrella que no caduque,
astro que no se desmaye
y con la gran pesadumbre
los polos del mundo suenan,
los rumbos del cielo crujen.


El divino Orfeo de Calderón

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