El divino Orfeo: 36

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El divino Orfeo Pedro Calderón de la Barca


ARISTEO

Sobre un valiente caballo
a todas partes discurre
el Rey y un rayo en su mano
hace que los vientos cruce,
cuya gran violencia vibra
relámpagos que deslumbren
sus enemigos, a quien
su grande poder destruye.
Cantóse al fin la victoria,
para Él sonora y dulce,
no es mucho que de acordarme
el corazón se me angustie,
la lengua se me entorpezca
y el cabello se espeluce.
Ya mis gentes rotas, ya
vencidas mis gentes huyen,
porque el Señor soberano
pise, huelle, arrastre y triunfe
sobre cervices que el yugo
de la obediencia sacuden.
Un desbocado caballo
para mi fuga dispuse
tan veloz que de un aliento
hallé por mi cuenta que hube
andado en él un millón
de leguas hasta que tuve,
arrojado de sus hombros,
en montes que me sepulten,
bóvedas sirviendo entonces
de tumbas y de ataúdes,
en cóncavos de tinieblas
que mi deslealtad oculten.


El divino Orfeo de Calderón

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