El divino Orfeo: 38

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El divino Orfeo Pedro Calderón de la Barca


ARISTEO

Y pues sin verte me debes
finezas, no es bien que acuses
este Amor y este deseo
desagradecida culpes.
Págame el verme por ti
con el traje que me cubre,
hecho un Etna de las llamas
que abrasan y no consumen.
No correspondas ingrata
porque tan bella te juzgues;
considera que al fin son
necias las ingratitudes
y la que es necia no es justo
que perfecta se intitule;
que no importará que sea
una caja o un estuche
hermoso, si al fin la joya
o la cuchilla que cubre
por ser sin valor se pierde
siendo grosero su lustre.
Ese pastor, ese esposo
de quien quiere Amor que gustes,
cortesano es de estos montes
entre robles y acebuches,
¿qué te sirve que a su voz
estos peñascos se muden,
estos aires se embaracen,
estos pájaros le escuchen,
estos cristales se paren
y aquestos brutos se junten,
si al cabo no puede darte,
aunque agradarte procure,
sino los rústicos dones
que los tiempos le producen?


El divino Orfeo de Calderón

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