El enfermo y la visión

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El enfermo y la visión
de Félix María Samaniego



«¡Conque de tus recetas exquisitas,
Un Enfermo exclamó, ninguna alcanza!...» 
El médico se fue sin esperanza, 
Contando por los dedos sus visitas.
Así desengañado,
Y creciendo por horas su dolencia, 
De este modo examina su conciencia: 
«En todos mis contratos he logrado,
No lo niego, ganancia muy segura; 
Trabajé en calcular mis intereses: 
Aumenté mi caudal en pocos meses, 
Más por felicidad que por usura.
Sin rencor ni malicia
Hice que a mi deudor pusiesen preso: 
Murió pobre en la cárcel, lo confieso; 
Mas, en fin, es un hecho de justicia.
Si por cierto instrumento 
Reduje una familia muy honrada 
A pobreza extremada,
Algún día leerán mi testamento.
Entonces, muerto yo, se hará patente, 
En la tierra lo mismo que en el cielo, 
Para alivio de pobres y consuelo,
Mi caridad ardiente.»
Una Visión se acerca y dice: «Hermano, 
La esperanza condeno
Del que aguarda a morir para ser bueno. 
Una acción de piedad está en tu mano: 
Tus prójimos, según sus oraciones, 
Están necesitados:
Para ser remediados
Han menester siquiera cien doblones.» 
«¡Cien doblones! No es nada.
tY si, porque Dios quiera, no me muero, 
Y después me hace falta ese dinero, 
Sería caridad bien ordenada?»
«Avaro, ¿te resistes? Pues al cabo
Te anuncio que tu muerte está cercana.» 
«¿Me muero? Pues que esperen a mañana.» 
La Visión se volvió sin un ochavo.