El general Don Pedro Santana: 01

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I[editar]

Jamás ha cruzado por nuestra mente la idea de sostener un error ni hemos sacrificado nunca la verdad a las preocupaciones o a la pasión de partido. Hemos comprendido que la primera condición de un escritor, digno de este nombre, debe ser la de formar un criterio acertado antes de dar a luz sus pensamientos. Sus ideas, sus juicios, sus raciocinios deben tener un objeto principal, preferente; la verdad: y esta es siempre tan grave, tan sencilla, tan apreciable, como risible, complicado y repugnante es el error.

¿Qué perjuicio le resulta al que, lejos de dar a la verdad un carácter virulento, la reviste de esas formas de moderación y templanza que la sana razón dicta y el decoro aconseja? Ninguno ciertamente. Aquella es de suyo tan enérgica, tan lógica, tan elocuente que no hay arte ni poder humano capaz de destruirla: la verdad es el mismo Dios. Todo atavío inútil tiende a oscurecerla, toda forma exagerada ó violenta disminuye su brillo separándola de su verdadero punto, de su centro de acción.

Y si esto podemos decir de la verdad, ¿qué no podremos decir del error? Preséntesele bajo el aspecto que se quiera, el arte lo rechaza, la ciencia lo combate, la lógica lo condena, la experiencia en fin y el buen sentido lo relegan al desprecio.

Cuando del error se pasa a la injuria, a la calumnia, a la recriminación premeditada; a ese sistema de difamación cínica que la moral prescribe y contra el cual se revela la conciencia universal, entonces, si es un escritor quien las profiere o propala, se convierte en un ser digno del desprecio público, en un miserable criminal que abusa de su propia razón, de su propia conciencia para exhalar una venganza que castigan todos los pueblos, todos los códigos del mundo.

Y sin embargo, por extraño, por difícil, por mas inconcebible que parezca, no es menos cierto que existen escritores de esa especie! Mas por fortuna encuentran siempre a su frente algún correctivo poderoso, lo cual no deja de ser para ellos un tormento tanto mas insoportable cuanto aquel sea mas rápido y oportuno.

Establecidos tales precedentes, juzgamos llegado ya el momento de concretar la cuestión y determinar las causas que a ello nos han impulsado.