El general Don Pedro Santana: 02

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II[editar]

No ha mucho que en la Capital de Santo Domingo se denunció un hecho altamente escandaloso y acerca del cual no es nuestro propósito hacer comentario alguno. Recibióse en la Aduana un bulto dirigido a una persona respetable y cuyo nombre omitimos por consideraciones políticas que no queremos hoy traer aquí.

En resumen, aquel contenía impresos clandestinos y subversivos, obra estéril y tenebrosa de los enemigos de la anexión: entre otros aparecían envueltos varios ejemplares de un folleto de cincuenta y dos páginas, en tamaño regular, que ha sido repartido con profusión en algunas capitales de Europa y que lleva por titulo: La Gran Traición del General Pedro Santana; título que, sin otro comprobante, pone de manifiesto el ridículo apasionamiento, la innoble saña con que ha sido escrito. El autor, que dice ser dominicano, tiene buen cuidado, no solo de ocultar su nombre, si no también en hacer ignorar al lector el punto y la época en que fuera impreso: ¡indigna y doble cobardía que califica ya en la portada al espíritu débil y poco generoso que osara, no obstante, acumular acusaciones que rechazan la experiencia y el simple buen sentido!

Hoy que una necesidad acaso transitoria ha puesto en boga la publicación de millares de folletos, y a cuyo género ha tenido que consagrar un puesto la literatura de las naciones, hoy que las primeras notabilidades del mundo en todas las esferas y especialmente en la esfera política han esgrimido sus plumas en publicaciones de esa especie, en tales circunstancias sentimos tener que declarar que el folleto en cuestión, bajo cualquier aspecto que se considere, ya sea en la esfera del decoro o en la esfera literaria, en la de la historia ó en la filosófica, es el peor de cuantos han aparecido de mucho tiempo a esta parte. Las condiciones en que se ha publicado y por las circunstancias de su aparición no puede dársele calificación mas adecuada que la de libelo sin propiedad ni estilo, plagado de imposturas, vaciedades y contradicciones que debemos desvanecer, celosos como el que mas del indisputable honor y merecidas glorias de la Patria común.

Trasunto fiel de la protesta de Geffrad, [1] el expresado folleto rebosa odio profundo, despecho y sed de venganza por todos sus poros. Salpicada de versos a menudo inoportunos y a veces patibularios, ensayando sin éxito todos los tonos desde el profético hasta el tabernario, el autor pretende, con cierto énfasis que revela una petulancia extremada, ora hacer prevalecer su opinión personal, ora la de ciertos sujetos que, por lo visto, han hecho de él un instrumento por demás dúctil, un comodín capaz de doblegarse a todo género de bajezas.

Confesamos que no tomaríamos la pluma si el autor se atuviese a una discusión política; pero no es así, sino que se permite establecer las comparaciones mas absurdas, ataca inconsideradamente justas y sólidas reputaciones, injuria a la nación española, lanzando contra ella, contra el general Santana y contra los mismos dominicanos, acusaciones de carácter gravísimo y que nuestro patriotismo y amor a la verdad nos obligan á desvanecer, rechazándolas desde luego con franca indignación. Otra circunstancia no menos importante, nos alienta en tan noble empresa: la de conocer claramente la cabeza que ha concebido la agresión y la mano mercenaria que ha disparado el tiro. Sin designarlos con este objeto, a pesar nuestro nos veremos precisados a nombrarlos en el transcurso de la polémica. La opinión pública, en la cual intentaron, en épocas de fatal recuerdo, ingerir la mas completa desmoralización, empezando por organizar su descrédito, los irá señalando a medida que la rotación de los sucesos que tendremos necesidad de citar vengan a esclarecer y poner fuera de duda las cuestiones que nos apresamos a debatir.


  1. Publicada en Julio de 1861