El general Don Pedro Santana: 04

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IV[editar]

En medio de ese laberinto de contradicciones, suelen escapársele al folletista verdades que honran mucho al general Santana. Dice aquel en la página 8ª: "Dubergé no quería mando, lo que deseaba era una oportunidad para vindicar su nombre de la derrota de Azua, [1] que no había acertado a explicarse. Dios se la presentó en la gran batalla del Número, en donde esta vez su heroico valor fué superior á todo esfuerzo humano. —El triunfo en aquel peligro que la Patria corría, fue suyo; pero Santana dio a la acción de las CARRERAS, subsiguiente, todo el brillo que había tenido la del NUMERO y USURPÓ así la gloria de aquella jornada al modesto héroe." Lo cual equivale a decir: el brillo de la batalla de las CARRERAS deslumbró al de la batalla del NUMERO, y la gloria del general Santana eclipsó la de Dubergé. No tiene otra explicación el párrafo copiado. La palabra usurpar es pues a todas luces impropia. ¡Usurpación llama el folletista a la gloria justamente obtenida a fuerza de valor, de arrojo y de heroísmo, usurpación al brillante resultado que el esfuerzo y la grandeza de ánimo dieron al general Santana, y que convirtieron hacia él las miradas y las simpatías del pueblo dominicano! El autor del libelo, obcecado por la pasión de partido, ignora aún aquello mismo que refiere, no sabe lo que dice. Por lo demás, si Dubergé fue mas tarde al cadalso, cúlpese su carácter débil o rebelde que le indujo a la traición, cúlpese a la ley que lo castigó sin que en ello tuviera participación alguna el general Santana. Si cabe alguna responsabilidad en la muerte de Dubergé, ¡ojalá su sangre no caiga sobre la cabeza del autor o del inspirador del folleto, causa de tantas y tan tristes desgracias como han ensangrentado el infortunado suelo dominicano y cómplices ambos en la gran traición del 25 de marzo!

El folletista dice en la página 9ª: "A pretexto de que había salvado al país de la invasión haitiana, Santana se erigió en juez del gobierno constitucional... El ejército se presentó sublevado con su jefe bajo los muros de la Capital que le cerró sus puertas. Pero fue en vano. La administración de Jiménez ESTABA REALMENTE DESCONCEPTUADA en la opinión pública, y un gran número de ciudadanos se acogieron a los consulados extranjeros para no verse obligados a tomar parte contra el ejército, que calificaban de libertador y a favor de un gobierno que se acusaba de haber comprometido demasiado la República.....

Entró Santana por las puertas de la ciudad sitiada, victoreado y aclamado como héroe, por una multitud, puede decirse inocente, que al llamarle libertador, etc."

El autor debe a menudo experimentar en su conciencia la repulsión moral de su argumentación contraproducente: Su efecto es diametralmente opuesto al que se propone.

El ejército se hallaba sublevado, la multitud aclamaba y victoreaba al general Libertador, la administración Jiménez estaba realmente desconceptuada. Ahora bien; el ejército y el pueblo alentaron al general Santana para derrocar dicha administración. ¿Y que quiere decir esto? Que aquel reunía al prestigio suficiente para con el ejército, el mas eficaz apoyo de parte del pueblo, que los votos de uno y otro se hallaban de su parte, lo cual hizo que legítimamente resignaran en él su dirección y gobierno. Las aceptó, cumpliendo con ello un deber sagrado que le imponía el país. ¿Puede haber honra mayor para el nombre del general Santana? ¿Debe vituperársele por esto?

Llegamos al punto mas culminante y trascendental del folleto, punto que interesa mucho al autor tocar cautelosamente y que, sin embargo, como quiera que defiende intereses bastardos, no puede elevar su narración mas allá del nivel de una calumnia. Dice en la página 10:

"La administración del Sr. Baez había sido de felices resultados para el país: Santana comprendía esto perfectamente; pero incapaz de rivalizar con su émulo con hechos administrativos propios, o llevando a efecto los pensamientos que aquel había dejado indicados o con otras medidas que el país empezaba a reclamar y que le hubieran granjeado la estimación de sus conciudadanos; quiso y prefirió mejor, desconceptuar al Sr. Baez ante la opinión pública; creyendo que una vez desacreditado el autor quedarían desacreditados o a lo menos olvidados los hechos."

A este acontecimiento, narrado así a ciencia y presencia del famoso mandatario, llama traición el escritor puesto a su devoción. Muy bien, y nos felicitamos de ello puesto que nos provoca a establecer un paralelo entre el general Santana y el famoso Baez.

¿Cual es el origen, procedencia y conducta de estos dos hombres tan distintos en aspiraciones y tendencias? ¿Qué hay de común entre ellos?

Veámoslo.

Santana, hijo de una apreciable y honrada familia de Hincha, de grande inclinación hacia la Metrópoli, [2] ha sabido elevarse, sin otros medios que su propio mérito, su abnegación y honradez, a la categoría de jefe supremo de una Nación; sus tendencias han sido siempre el bienestar y la prosperidad del suelo dominicano, trabajado de consuno por la ambición de enemigos interiores y las acometidas haitianas: Baez, dotado de un carácter turbulento, perturbador de oficio y corruptor de la sociedad como su difunto padre, dispuesto siempre, con miras que quisiéramos ignorar, a enajenar el territorio dominicano a la Francia, (no obstante el sin número de circunstancias que a ello se oponen), o a entregarlo a Haití, Baez, decimos, si alguna vez ha logrado asaltar el poder ha sido siempre, o abusando de los mas nobles sentimientos, o valiéndose del soborno y de intrigas de baja ley.

Dispénsenos el lector si, en vista del afán que ha manifestado el folletista por averiguar el origen de Santana, se ha picado nuestra curiosidad hasta el punto de indagar también el de Baez.

Hecha esta ligerísima digresión, cumple a nuestra imparcialidad declarar que, al paso que Santana ha sido censurado por su extremada franqueza y publicidad en todos sus actos, desde el momento de su elevación, Baez lo ha sido siempre y desde un principio por abrazar la intriga y la desmoralización como pedestal único de su fatal encumbramiento.

¡Dice el folletista que "la administración del Sr. Baez había sido de felices resultados para el país!" Para el país! no; lo fué para la fortuna de aquel mandatario que lo saqueó, abusando indignamente de su índole pacífica!....

Hemos procurado indagar las causas de la caída de Baez, acudiendo para ello a fuentes auténticas, a testimonios irrecusables, a los mismos enemigos del general Santana. Ellos son los que nos han dicho: -"Declaramos con pesar que su inmoralidad política y administrativa han perdido a Baez. Sus manejos han sido públicos: ¿a qué ocultarlos? Seria inútil y ridículo."— Esta confesión de parte es una relevación de prueba. ¿Se comprende, pues, que el general Santana tuviese necesidad de acudir al descrédito para que Baez fuese derrocado? Solo al folletista puede ocurrírsele aseveración semejante. El Sr. D. Félix Maria Delmonte, autor de varios decretos en tiempo de aquella administración, mil veces peor que la de Jiménez, y autor a la vez, sino mienten nuestros informes, de las últimas proclamas de Sánchez y Cabral, podría informar mejor que nadie acerca de la verdad política y administrativa en la citada época.

Pero tenemos, sin recurrir directamente al citado testimonio, otros no menos importantes y que produciremos a continuación: Véanse las siguientes líneas que extractamos de la Memoria que, acerca de las circunstancias y principales causas que provocaron los sucesos políticos ocurridos en la República desde el año 1856 hasta el alzamiento Nacional de 1857, dirigió al general Santana en 1859 el Secretario de las Relaciones Exteriores:

"Un hombre funesto, -dice la citada Memoria,- que el cielo en sus inescrutables designios arrojó sobre nuestro suelo como una calamidad, como una prueba terrible, desbarató aquellos designios del patriotismo, los cálculos de la prudencia, las justas previsiones de la razón; y con una perversidad que, por lo audaz e implacable, no merece otro nombre que el de diabólica, convirtió el bien en mal. Del Tratado Dominico-Hispano [con tanto júbilo acogido por nosotros, con tantos extremos de satisfacción celebrado por V, E., que le juzgaba con sobrada razón grande y fausto acontecimiento] de aquel tratado de paz hizo un instrumento de discordia; preparó el advenimiento del tirano; (Baez) y por fin encendió por sí mismo, a sabiendas, con protervas miras, la hoguera apenas extinguida de nuestras discordias intestinas.

"Los Dominicanos y V. E., conocen a D. Antonio Maria Segovia, y al leer las anteriores líneas le han nombrado etc."

En la página 8ª del mismo documento oficial se registran también los siguientes párrafos que retratan las causas que influyeron en la extraña subida de Baez al poder.

"Gracias, -dice,- a los manejos del Sr. Segovia y del partido político que había creado a favor de Buenaventura, Baez, compuesto en su mayor parte de pseudos-Españoles, el Gobierno se desprestigiaba de día en día, y de tal suerte que ni la fama de honradez y probidad de los hombres que le componían, ni el claro nombre de V. E., (apartado hacia meses de los negocios, pero que procuraba asistirlo con sus sanos consejos) alcanzaban ya a prestarle aquella fuerza moral, el mejor y mas firme apoyo de los Gobiernos."

"Descontento general, guerra civil, cierta, rumores de invasión haitiana, Gobierno desautorizado: tal era la situación de la República, situación por todo extremo grave y peligrosa."

El Cónsul Español, Don Antonio Maria Segovia, que veía las cosas llegadas ya al punto que había deseado, indicó a Buenaventura Baez, como el único hombre capaz de restablecer la tranquilidad y gobernar la República en paz y bienandanza. Cundió esta idea, y con tan buena fortuna para sus propaladores, que el Senado y el Gobierno mismo la acogieron, deseosos todos de conjurar los peligros que corría la Patria. ¡Error funesto que a poco comenzamos todos a deplorar, pero que honra a los que le cometieron, por cuanto puso de manifiesto su patriotismo y lealtad! Y V. E. mismo a quien se dio conocimiento del suceso, y a quien el Gobierno y el Senado pidieron, invocando la Unión y el Bien Público, que se reconciliase con Buenaventura Baez, contestó que si la Patria necesitaba esa reconciliación para su felicidad, V. E. la aceptaba!

"Fueron pues abiertas para Buenaventura Baez y demás expulsos las puertas de la Patria: el Ejecutivo dimitió y Baez fue elevado a la Primera Magistratura del Estado."

"Bajo tales auspicios y con tan extrañas condiciones entró Buenaventura Baez a gobernar."

"Cómo lo hizo en la política general del país, en su régimen administrativo y en la Hacienda, de allí a poco se vio; pero semejantes pormenores no entran en el cuadro de esta sucinta Memoria."

No se necesita mas para conocer al célebre Manumiso, [3] al hábil revolucionario a quien en mal hora quedaron, bien que por poco tiempo, encomendados los destinos de la primada de las Antillas! El autor del libelo apela a la conciencia del país para juzgar al general Santana y al agitador Buenaventura Baez! Sea en buen hora; a él apelamos también nosotros.

Hemos consultado y estudiado á fondo la opinión general, hemos seguido y observado todas las diversas manifestaciones de la conciencia pública desde antes de la anexión hasta el presente y nuestras imparciales investigaciones han dado por resultado el criterio histórico que vamos á consignar y que echa por tierra las absurdas apreciaciones del folleto clandestino.


  1. La derrota de Azua fue una composición indigna y aleve hecha con Soulouque, emperador de Haití, para perder el país.
  2. El padre del actual Capitán General de Santo Domingo, se distinguió señaladamente cuando el país se levantó a sacudir la ocupación francesa a principios del siglo. A su decisión, valor y patriotismo se debió que el pueblo dominicano rechazara cuando la célebre conquista a las huestes francesas, alejándolas del territorio dominicano.
  3. Así llaman a Baez aún muchos de sus amigos políticos