El general Don Pedro Santana: 06

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VI[editar]

Dice el folletista en la página 10 que "el general Santana acusó ante el Congreso al Sr. Baez de traidor a la Patria etc." Es inexacto: el Congreso mismo, con sobrada razón, fue el acusador de Baez y a la generosidad del general Santana debió aquel tal vez que la acusación no se llevara a término.

Siguiendo el autor del folleto por ese mismo camino, se permite acriminar al ilustre general a costa tan solo de la inventiva y enumerando un extenso tejido de hechos calumniosos, tejido cuya grosera urdimbre conocemos y que no puede inspirarnos sino desprecio.

En la página 19 exclama: "Hay en nuestra historia un acontecimiento glorioso para unos, triste para otros y que no tememos de calificar como la primera ingratitud de los dominicanos, y como el primer error político, causa de todos nuestros males durante el último medio siglo."

"Este acontecimiento es el levantamiento de nuestro país contra los franceses y a favor de España, capitaneado por D. Juan Sánchez Ramírez.....

"¿No valía mas, -añade,- habernos quedado unidos a la madre adoptiva, que haber vuelto a los de la madre legítima pero desnaturalizada?.....

"No obstante, D. Juan Sánchez rechazó a los franceses y llamó a los españoles; lo cual, bien que fue el origen de nuestros males le valió el título de Brigadier y la confianza de la Capitanía General de la parte española etc."

"Este nombramiento, -dice el folletista,- ha sido la cansa que ha tenido siempre en expectativa a Santana hacia España, La Capitanía general por toda la vida, la perpetuidad en el mando, he ahí su dorado sueño."

¡Dominicano se titula quien esto escribe! Por honra propia, por honra de este suelo clásico de generosidad debió haber arrojado la pluma antes que deslizarla sobre el papel en que tales insultos estampara. Afortunadamente la Nación española tiene su decoro a la altura de su invicto pabellón y a tal altura no alcanzan los tiros de un español degenerado oculto bajo el sucio velo de un difamador anónimo.

Comprendemos, si, que una provincia o una colonia, separadas de su Metrópoli, tiendan, en circunstancias dadas, a la emancipación; pero que se pida su asimilación ó su incorporación a una potencia cuyos usos, costumbres, idioma, historia y tradiciones sean completamente distintos y hasta antitéticos es lo que nuestra escasa inteligencia no acierta a explicarse. Comprendemos que Haití, por ejemplo, se anexione a la Francia, pero de ningún modo la parte española de la antigua Isabela. Esta, en tanto subsista con las condiciones antes enumeradas, ha de ser por precisión o independiente o ha de formar parte de la Nación que le diera nombre y origen.

He aquí porqué calificamos de alevosas las miras interesadas y bastardas del innoble Baez, acusado de traidor por el Congreso Dominicano cuando quiso poner el país a disposición de la Francia y la que tal vez por uno de esos sentimientos de grandeza y generosidad muy comunes a esa Nación, sentimientos que nosotros los primeros reconocemos, no quiso aceptar la oferta: He aquí porqué los dominicanos, por un movimiento libre, espontáneo, se apresuraron a rechazar indignados la traición que aquel le preparaba y de la que jamás se hubiera hecho cómplice la Nación francesa; he aquí finalmente porqué calificamos con este nombre el proyecto de Baez y llamamos, por el contrario, acto grandioso de abnegación y lealtad la reversión de Santo Domingo a la madre Patria con tan buen éxito iniciada por el ilustre general Santana.

¡Desnaturalizada llama el folletista anónimo a la madre legitima! No se comprende tanta obcecación! A costa de qué sacrificios, de qué violencias, de cuánta sangre se independizó de ella Santo Domingo? ¿Qué luchas tuvo que sostener esta provincia para emanciparse de la Metrópoli? ....

Le bastó para ello la deslealtad de un número cortísimo de individuos a quienes ha juzgado ya la historia. Esto es todo: ¿puede, darse, pues, mayor prueba de desinterés que el de una madre que deja a su hijo la mas amplia libertad de decidir acerca de sus destinos?

Por lo demás, el folletista habrá reconocido ya a estas horas lo equivocado de sus repetidas aseveraciones por lo que respecta al Excmo. Sr. D. Pedro Santana, actual Capitán General de la nueva Provincia española, quien, lejos de reservarse presentar como condición de la anexión la perpetuidad en el mando, no ha tenido ahora ni antes la menor exigencia ni remotamente siquiera, en este sentido, sabiendo solo que el gobierno de S. M. puede a cualquiera hora relevarle del mando, pues sabia ya de antemano que en España no existen Capitanías generales a perpetuidad. [1] Creemos, por lo tanto excusado seguir al autor del folleto en sus ditirambos y elucubraciones, contentándonos con apuntar los siguientes juicios que, a vuelta de una palabrería fatigosa, se han escapado a su imaginación calenturienta.

"Tampoco, -dice,- Santana ha desperdiciado NUNCA la ocasión favorable para encomiar la bondad del gobierno español.... y cuando ha querido persuadir a algunos a abrazar el pensamiento que le DOMINA, ha llegado hasta el extremo de decir que sus servicios no valían gran cosa y que los daría por inútiles con tal de que la España volviese a gobernar en Santo Domingo."

Y casi a continuación añade:

"Mas, cuando se trata, de España, su tono cambia y llega hasta el extremo de conformarse a ser bajo este gobierno, alcalde pedáneo." ¿Se quieren otras pruebas de abnegación, desinterés y franqueza que las mismas que produce el desordenado folletista? ¡Y pretende con ellas dirigir y acumular cargos contra el general Santana! Con algunos argumentos mas del mismo tenor, no habrá quien no exclame: "El general Santana es un español lleno de entusiasmo y ardimiento, el folletista es un insensato sin talento ni argumentos para hacerle oposición."

Pero hay mas todavía: después de la serie de ataques prodigados, truena de nuevo contra la noble nación que tantas glorias atesora y dice textualmente:

"Mas si España, equivocada en sus creencias....ha proyectado por un acto de magnanimidad, la misión de llevar a nuestro suelo, juzgándonos en un estado completo de barbarie, todos los elementos de su civilización, a trueque de dominarnos, los dominicanos pueden decirla: No, no queremos vuestras luces, (porqué?) porqué preferimos vivir en el ultimo grado de atrazo, (sic) a caer por un poco de brillo, en la mas degradante servidumbre. [2]

Alejaos! no vengáis a traer sobre esta nueva raza que ha sabido aun con su ignorancia, hacerse amiga de naciones mas civilizadas que vos los desastres y las calamidades, que en otros tiempos vuestros antecesores trajeron a los antiguos pobladores de esta isla."

Y luego, haciendo lujo el autor del folleto del más lastimoso estado de ignorancia y ensañamiento añade:

"En España hay distinción de clases y de gremios, es decir, está consagrada la desigualdad." [3]

En las páginas 44 y 45, lleno de despecho y de indignidad, como si jamás la vergüenza hubiese asomado en el rostro ni la verdad en los labios del escritor anónimo, apostrofa a los españoles en los siguientes términos:

"Nuestras artes llegarán a su perfección cuando el país lo exija."

"Nuestra agricultura no está arruinada. Es verdad que es mezquina; pero está en relación con el número de habitantes que pueden entregarse a ella. Queremos que sea mejor así y que ese producto mezquino se reparta entre nuestros agricultores y no que vengan dos o tres de los vuestros a monopolizar el trabajo de todos."

"Venís a despojarnos de propiedades adquiridas por derecho perfecto."

Miserable! Solo bajo el tupido velo del anónimo se escriben tamañas infamias. No queremos rebatir calumnias contra las cuales es dable tan solo protestar en nombre del decoro, del proverbial respeto de los españoles a la propiedad y de ese sentimiento levantado y generoso que siempre los animará y ha inmortalizado su nombre en la historia del mundo.

"Queréis explotar, -dice en la página 45,- nuestros bosques vírgenes y sin rival, para proveer vuestros arsenales marítimos de la Carraca, Ferrol y Cartagena."

"Queréis extraer de las entrañas de nuestra tierra el oro y la plata de que es fama [4] abundan."

"Queréis explotar esas moles gigantescas de carbón de piedra que coronan a Samaná y van a perderse en el corazón del Cibao, y nuestras inagotables minas de hierro, no tocadas aun por la mano del hombre; ¡el hierro y el carbón de piedra! los dos elementos de la civilización material moderna, mas importantes aun que el oro y la plata."

Ahora bien: ¿que desea el autor? que el carbón de piedra y el hierro permanezcan eternamente en sus filones y criaderos, es decir, ocultos y negados a la civilización? Es cuanto puede deducirse de su hueca palabrería. ¿O quiere que Santo Domingo se perpetúe así, con su agricultura mezquina, con sus bosques vírgenes, con sus moles de carbón de piedra etc., sin que la civilización utilice jamás esos grandes elementos de bienestar y progreso?

Es decir, ¡quiere que el pueblo dominicano se perpetúe inmóvil en su desgracia, quede eternamente envuelto en el pesar, limitado a permanecer estático, pasivo, en el centro mismo de la riqueza y a la vista de la marcha progresiva de la civilización!


  1. A la hora en que escribimos estas líneas, se sabe de una manera positiva, resuelta, que el Excmo. Sr. Don Pedro Santana ha presentado con el mayor desinterés, con la abnegación mas justificada, su dimisión de la Capitanía General de Santo Domingo. ¿Qué contestará el folletista ante un argumento tan incontrastable? El Gobierno de Madrid que no quería aceptar la renuncia en cuestión, ha tributado un alto testimonio de su merecido aprecio hacia el General Santana, y la opinión del Gobierno de Madrid pesa infinitamente mas que la del folletista en la balanza del buen sentido.
  2. No comprendemos semejante sistema de argumentación.
  3. El folletista desconoce completamente la legislación española y los derechos basados en la Constitución de la Monarquía.
  4. ¿Es posible que el autor no comprenda que los españoles hace tiempo prescinden de esas vulgaridades de la fama?