El general Don Pedro Santana: 09

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IX[editar]

Volvamos al folleto:

En las páginas 46, 47 y 48 registramos las siguientes líneas:

"El patriota general Francisco Sánchez .... acaba de protestar, al mismo gobierno de Santo Domingo, contra el tráfico de su patria, y se lanza a la revolución con una de esas resoluciones que preludian un gran triunfo. Se fue a Haití etc. ....."

"También el valiente, general José Maria Cabral ha ofrecido su espada a la revolución; y la capital ha llamado a las armas a la República...."

"No dudarnos que nuestros hermanos del Cibao, serán los primeros en abrazar la causa de la regeneración, y que impetuosos como el Yaque se precipitarán a dar su contingente para la grande obra que ha de encaminar al país hacia sus verdaderos destinos." [1]

A los precedentes datos podemos añadir uno muy importante y es, que el autor del folleto fue uno de los principales instigadores y autor de las proclamas de Sánchez y Cabral. —Estos desgraciados generales, vendidos a Haití y sobornados posteriormente por Baez y Geffrad quisieron arrojar de nuevo la discordia en el pueblo dominicano. Nadie ignora el desenlace de la tentativa: toda la parte española y especialmente el Cibao, centro de operaciones de la revolución, se levantó como un solo hombre a rechazarla y combatirla. Una intentona que se ve tan espontánea y unánimemente contrariada, ¿puede creerse que sea la expresión fiel de las aspiraciones de un país? El autor de las proclamas de Sánchez y Cabral, el inspirado por Geffrad y Baez, ¿puede hablar en nombre del patriotismo, calumniar al general Santana, rebajar el buen nombre de la Nación española y erigirse en intérprete de la opinión del pueblo dominicano? Abandonamos la contestación al criterio del menos circunspecto y experimentado.


  1. Se ha olvidado sin duda el folletista de hacer mención del general Valentín Baez, que enviado por su hermano Buenaventura desde París y habiendo llegado a San Thomas, reclutó a cuantos descontentos le fue posible sorprender, con el ánimo de iniciar la revolución. Pero todo inútil: ni los dominicanos, aun los mismos descontentos, ni el Gobierno podrán olvidar jamás las infamias y despilfarro de Baez.