El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (Tomo I):0B

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El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Prólogo
El ingenioso hidalgo Don Quijote del Mancha pg 15a.jpg


PRÓLOGO.
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DESOCUPADO lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el mas hermoso, el mas gallardo y mas discreto que pudiera imaginarse; pero no he podido yo contravenir la órden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante: y así ¿qué podia engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mio, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno: bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento, y donde todo triste ruido hace su habitacion? El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu, son grande parte para que las musas mas estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo, que le colmen de maravilla y de contento. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas, antes las juzga por descripcionesy lindezas, y las cuenta á sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que aunque parezco padre, soy padrastro de Don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que perdones ó disimules las faltas que en este mi hijo vieres; y pues ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo, y tu libre albedrio como el mas pintado, y estás en tu casa, donde eres señor della como el rey de sus alcabalas, y sabes lo que comunmente se dice, que debajo de mi manto al rey mato. Todo lo cual te esenta y hace libre de todo respeto y obligacion, y así puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal, ni te premien por el bien que dijeres della.

Solo quisiera dártela monda y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de la innumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse: porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerla, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefcion que vas leyendo. Muchas veces tomé la pluma para escribilla, y muchas la dejé por no saber lo que escribiria; y estando una suspenso con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diria, entró á deshora un amigo mio, gracioso y bien entendido, el cual viéndome tan imaginativo me preguntó la causa, y no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo que habia de hacer á la historia de Don Quijote, y que me tenia de suerte, que ni queria hacerle, ni menos sacar á luz las hazañas de tan noble caballero; porque ¿cómo quereis vos que no me tenga confuso el qué dirá el antiguo legislador, que llaman vulgo, cuando vea que al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años á cuestas, con una leyenda seca como un esparto, agena de invencion, menguada de estilo, pobre de conceptos y falta de toda erudicion y doctrina, sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros (aunque sean fabulosos y profanos) tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platon y de toda la caterva de filósofos, que admiran á los leyentes, y tienen á sus autores por hombres leidos, eruditos y elocuentes? ¡Pues qué cuando citan la Divina Escritura! no dirán sino que son unos Santos Tomases y otros doctores de la iglesia, guardando en esto un decoro tan ingenioso, que en un renglon han pintado un enamorado distraido, y en otro hacen un sermoncico cristiano, que es un contento y un regalo oirle ó leelle. De todo esto ha de carecer mi libro, porque ni tengo que acotar en el márgen, ni que anotar en el fin, ni menos sé qué autores sigo en él, para ponerlos al principio, como hacen todos, por las letras del A B C, comenzando en Aristóteles y acabando en Xenofonte, y en Zoylo ó Zeuxis, aunque fué maldiciente el uno y pintor el otro. Tambien ha de carecer mi libro de sonetos al principio, á lo menos de sonetos cuyos autores sean duques, marqueses, condes, obispos, damas ó poetas celebérrimos; aunque si yo los pidiese á dos ó tres oficiales amigos, yo sé que me los darian, y tales, que no les igualasen los de aquellos que tienen mas nombre en nuestra España. En fin, señor y amigo mio, proseguí, yo determino que el Sr. Don Quijote se quede sepultado en sus archivos en la Mancha, hasta que el cielo depare quien le adorne de tantas cosas como le faltan, porque yo me hallo incapaz de remediarlas por mi insuficiencia y pocas letras, y porque naturalmente soy poltron, y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos. De aquí nace la suspension y elevamiento en que me hallastes: bastante causa para ponerme en ella la que de mí habeis oido.

Oyendo lo cual mi amigo, dándose una palmada en la frente, y disparando en una larga risa, me dijo: Por Dios, hermano, que ahora me acabo de desengañar de un engaño en que he estado todo el mucho tiempo que ha que os conozco, en el cual siempre os he tenido por discreto y prudente en todas vuestras acciones; pero ahora veo que estais tan lejos de serlo, como lo está el cielo de la tierra.

¡Cómo! ¿Qué, es posible que cosas de tan poco momentoy tan fáciles de remediar, puedan tener fuerzas de suspender y absortar un ingenio tan maduro como el vuestro, y tan hecho á romper y atropellar por otras dificultades mayores? Á la fe, esto no nace de falta de habilidad, sino de sobra de pereza y penuria de discurso. ¿Quereis ver si es verdad lo que digo? Pues estadme atento, y vereis como en un abrir y cerrar de ojos confundo todas vuestras dificultades, y remedio todas las faltas que decis que os suspenden y acobardan para dejar de sacar á la luz del mundo la historia de vuestro famoso Don Quijote, luz y espejo de toda la caballería andante. Decid, le repliqué yo, oyendo lo que me decia, de qué modo pensais llenar el vacio de mi temor, y reducir á claridad el cáos de mi confusion?

A lo cual él dijo: Lo primero en que reparais de los sonetos, epigramas ó elogios que os faltan para el principio, y que sean de personages graves y de título, se puede remediar con que vos mesmo tomeis algun trabajo en hacerlos, y despues los podeis bautizar y poner el nombre que quisiéredes, ahijándolos al Preste Juan de las Indias, ó al emperador de Trapisonda, de quien yo sé que hay noticia que fueron famosos poetas: y cuando no lo hayan sido, y hubiere algunos pedantes y bachilleres que por detras os muerdan y murmuren desta verdad, no se os dé dos maravedis, porque ya que os averigüen la mentira, no os han de cortar la mano con que lo escribistes.

En lo de citar en las márgenes los libros y autores de donde sacáredes las sentencias y dichos que pusiéredes en vuestra historia, no hay mas sino hacer de manera que vengan á pelo algunas sentencias ó latines que vos sepais de memoria, ó á lo menos que os cuesten poco trabajo el buscallos, como será poner, tratando de libertad y cautiverio:

Non bene pro tota libertas venditur auro,

y luego en el margen citar á Horacio, ó á quien lo dijo: si tratáredes del poder de la muerte, acudir luego con:

Pallida mors aquo pulsat pede
Pauperum tabernas, Regumque turres:

si de la amistad y amor que Dios manda que se tenga al enemigo, entraros luego al punto por la Escritura divina, que lo podeis hacer con tantico de curiosidad, y decir las palabras por lo menos del mismo Dios: Ego autem dico vobis: Diligite inimicos vestros. Si tratáredes de malos pensamientos , acudid con el Evangelio: De corde exeunt cogitationes malæ: si de la instabilidad de los amigos, ahí está Caton que os dará su dístico:

Donec eris felix, multos numerabis amicos,
Tempora si fuerint nubila, solus eris:

y con estos latinices y otros tales os tendrán siquiera por gramático, que el serlo no es de poca honra y provecho el dia de hoy.

En lo que toca al poner anotaciones al fin del libro, seguramente lo podeis hacer desta manera. Si nombrais algun gigante en vuestro libro, hacedle que sea el gigante Golías, y con solo esto, que os costará casi nada, teneis una grande anotacion, pues podeis poner: "El gigante Golías ó Goliad, fué un filisteo, á quien el pastor David mató de una gran pedrada en el valle de Terebinto, según se cuenta en el libro de los Reyes en el capítulo que vos alláredes que se escribe." Tras esto, para mostraros hombre erudito en letras humanas y cosmógrafo, haced de modo como en vuestra historia se nombre el rio Tajo, y veréisos luego con otra famosa anotacion, poniendo: "El rio Tajo fué así dicho por un rey de las Españas: tiene su nacimiento en tal lugar, y muere en el mar Oceano, besando los muros de la famosa ciudad de Lisboa, y es opinion que tiene las arenas de oro &c." Si tratáredes de ladrones, yo os daré la historia de Caco, que la sé de corro: si de mugeres rameras, ahí está el obispo de Mondoñedo, que os prestará á Lamia, Laida y Flora, cuya anotacion os dará gran crédito: si de crueles, Ovidio os entregará á Medea: si de encantadoras y hechiceras, Humero tiene á Calipso, y Virgilio á Circe: si de capitanes valerosos, el mismo Julio Cesar os prestará á sí mismo en sus comentarios, y Plutarco os dará mil Alejandros: si tratáredes de amores, con dos onzas que sepais de la lengua toscana, topareis con Leon Hebreo que os hincha las medidas: y si no quereis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa teneis á Fonseca del Amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el mas ingenioso acertare á desear en tal materia. En resolucion, no hay mas sino que vos procureis nombrar estos nombres, ó tocar estas historias en la vuestra que aquí he dicho, y dejadme á mí el cargo de poner las anotaciones y acotaciones, que yo os voto á tal de llenaros los márgenes, y de gastar cuatro pliegos en el fin del libro.

Vengamos ahora á la citacion de los autores que los otros libros tienen, que en el vuestro os faltan. El remedio que esto tiene es muy fácil, porque no habeis de hacer otra cosa que buscar un libro que los acote todos desde A hasta la Z como vos decis; pues ese mismo abecedario pondréis vos en vuestro libro: que puesto que á la clara se vea la mentira, por la poca necesidad que vos teniades de aprovecharos dellos, no importa nada; y quizá alguno habrá tan simple, que crea que de todos os habeis aprovechado en la simple y sencilla historia vuestra; y cuando no sirva de otra cosa, por lo menos servirá aquel largo catálogo de autores á dar de improviso autoridad al libro: y mas, que no habrá quien se ponga á averiguar si los seguistes ó no los seguistes, no yéndole nada en ello: cuanto mas, que si bien caigo en la cuenta, este vuestro libro no tiene necesidad de ninguna cosa de aquellas que vos decis que le falta, porque todo él es una invectiva contra los libros de caballerías, de quien nunca se acordó Aristóteles, ni dijo nada San Basilio, ni alcanzó Ciceron: ni caen debajo de la cuenta de sus fabulosos disparates las puntualidades de la verdad, ni las observaciones de la Astrología: ni le son de importancia las medidas geométricas, ni la confutacion de los argumentos de quien se sirve la retórica: ni tiene para que predicar á ninguno, mezclando lo humano con lo divino, que es un género de mezcla, de quien no se ha de vestir ningun cristiano entendimiento: solo tiene que aprovecharse de la imitacion en lo que fuere escribiendo, que cuanto ella fuere mas perfecta, tanto mejor será lo que se escribiere: y pues esta vuestra escritura no mira á mas, que á deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de Caballerías, no hay para que andeis mendigando sentencias de filósofos, consejos de la divina Escritura, fábulas de poetas, oraciones de retóricos, milagros de santos; sino procurar que á la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oracion y periodo sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáredes y fuere posible vuestra intencion, dando á entender vuestros conceptos, sin intrincarlos, y escurecerlos. Procurad tambien que leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva á risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invencion, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla. En efecto, llevad la mira puesta á derribar la máquina mal fundada destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos, y alabados de muchos mas: que si esto alcanzásedes, no habriádes alcanzado poco.

Con silencio grande estuve escuchando lo que mi amigo me decia, y de tal manera se imprimieron en mí sus razones, que sin ponerlas en disputa las aprobé por buenas, y de ellas mismas quise hacer este prólogo: en el cual verás, lector suave, la discrecion de mi amigo, la buena ventura mia en hallar en tiempo tan necesitado tal consejero, y el alivio tuyo en hallar tan sincera y tan sin revueltas la historia del famoso Don Quijote de la Mancha, de quien hay opinion por todos los habitadores del distrito del Campo de Montiel, que fué el mas casto enamorado y el mas valiente caballero que de muchos años á esta parte se vio en aquellos contornos. Yo no quiero encarecerte el servicio que te hago en darte á conocer tan notable y tan honrado caballero; pero quiero que me agradezcas el conocimiento que tendrás del famoso Sancho Panza, su escudero, en quien á mi parecer te doy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterva de los libros vanos de caballerías están esparcidas. Y con esto, Dios te dé salud, y á mí no olvide. Vale.


AL LIBRO

DE

DON QUIJOTE DE LA MANCHA.

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URGANDA LA DESCONOCIDA.


SI de llegarte á los bue-
 Libro, fueres con letu-
 No te dirá el boquirru-
 Que no pones bien los de-
 Mas si el pan no se te cue-
 Por ir á manos de idio-
 Verás de manos á bo-
 Aun no dar una en el cla-
 Si bien se comen las ma-
 Por mostrar que son curio-
Y pues la esperiencia ense-
 Que el que á buen árbol se arri-
 Buena sombra le cobi-
 En Béjar tu buena estre-
 Un árbol real te ofre-
 Qué da príncipes por fru-
 En el cual florece un du-
 Que es nuevo, Alejandro Ma-
 Llega á su sombra, que á osa-
 Favorece la fortu-
De un noble hidalgo manche-
 Contarás la aventu-
 A quien ociosa letu-
 Trastornaron la cabe-
 Damas, armas, caballe-
 Le provocaron de mo-
 Que cual Orlando furio-
 Templado á lo enamora-
 Alcanzó á fuerza de bra-
 A Dulcinea del Tobo-
No indiscretos hieroglí-
 Estampes en el escu-
 Que cuando es todo figu-
 Con ruines punto se embi-
 Si en la direccion te humi-
 No dirá mofante algu-
 Que Don Alvaro de Lu-
 Que Aníbal el de Carta-
 Que el rey Francisco en Espa-
 Se queja de la fortu-
Pues al cielo no le plu-
 Que salieses tan ladi-
 Como el negro Juan Lati-
 Hablar latines rehu-
 No me despuntes de agu-
 Ni me alegues con filo-
 Porque torciendo la bo-
 Dirá el que entiende la le-
 No un palmo de las ore-
 ¿Para qué conmigo flo-?
No te metas en dibu-
 Ni en saber vidas age-
 Que en lo que no va ni vie-
 Pasar de largo es cordu-
 Que suelen en caperu-
 Darles á los que grace-
 Mas tú quémate las ce-
 Solo en cobrar buena fa-
 Que el que imprime neceda-
 Dalas á censo perpe-
Advierte que es desati-
 Siendo de vidrio el teja-
 Tomar piedras en la ma-
 Para tirar al veci-
 Deja que el bombre de jui-
 En las obras que compo-
 Se vaya con piés de plo-
 Que el que saca á luz pape-
 Para entretener donce-
 Escribe á tontas y á lo-

AMADIS DE GAULA Á DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
SONETO.
 Tú, que imitaste la llorosa vida,

Que tuve ausente y desdeñado sobre
El gran ribazo de la pella Pobre,
De alegre á penitencia reducida.
 Tú, á quien los ojos dieron la bebida
De abundante licor, aunque salobre;
Y alzándote la plata, estaño y cobre
Te dio la tierra en tierra la comida:
 Vive seguro de que eternamente,
En tanto al menos que en la cuarta esfera
Sus caballos aguije el rubio Apolo,
 Tendrás claro renombre de valiente,
Tu patria será en todas la primera,

Tu sabio autor al mundo único y solo.
DON BELIANIS DE GRECIA Á DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
SONETO.
 Rompí, corté, abollé y dije y hice

Mas que en el orbe caballero andante:
Fuí diestro, fuí valiente, fuí arrogante,
Mil agravios vengué, cien mil deshice:
 Hazañas di á la fama que eternice,
Fuí comedido y regalado amante,
Fué enano para mí todo gigante,
Y al duelo en cualquier punto satisfice:
 Tuve á mis pies postrada la fortuna,
Y trajo del copete mi cordura
A la calva Ocasion al estricote:
 Mas, aunque sobre el cuerno de la luna
Siempre se vió encumbrada mi ventura,

Tus proezas envidio, ¡O gran Quijote!
LA SEÑORA ORIANA Á DULCINEA DEL TOBOSO.
SONETO.
¡O quién tuviera, hermosa Dulcinea,

Por mas comodidad y mas reposo
A Miraflores puesto en el Toboso,
Y trocara su Lóndres con tu aldea!
 ¡O quién de tus deseos y librea
Alma y cuerpo adornara, y del famoso
Caballero, qne hiciste venturoso,
Mirara alguna desigual pelea!
 ¡O quién tan castamente se escapara
Del señor Amadis, como tú hiciste
Del comedido hidalgo Don Quijote!
 Que así envidiada fuera, y no envidiara,
Y fuera alegre el tiempo que fué triste,
Y gozara los gustos sin escote.

GANDALIN, ESCUDERO DE AMADIS DE GAULA, Á SANCHO PANZA, ESCUDERO DE DON QUIJOTE.
SONETO.
 Salve, varón famoso, á quien fortuna,

Cuando en el trato escuderil te puso,
Tan blanda y cuerdamente lo dispuso,
Que lo pasaste sin desgracia alguna.
 Ya la azada, ó la hoz, poco repugna
Al andante ejercicio, ya está en uso
La llaneza escudera; con que acuso
Al soberbio que intenta hollar la luna.
 Envidio á tu jumento y á tu nombre,
Y á tus alforjas igualmente envidio,
Que mostraron tu cuerda providencia.
 Salve otra vez, ó Sancho, tan buen hombre,
Que á solo tú nuestro español Ovidio,

Con buzcorona y hace reverencia.
DEL DONOSO, POETA ENTREVERADO, Á SANCHO PANZA Y ROCINANTE.
Soy Sancho Panza, escude-

Del Manchego Don Quijo-
Puse pies en polvoro-
Por vivir á lo discre-
Que el Tácito Villadie-
Toda su razón de esta-
Cifró en una retira-
Segun siente Celesti-

Libro en mi opinion dívi-

Si encubriera mas lo huma-
Á ROCINANTE.
Soy Rocinante el famo-

Biznieto del gran Babie-
Por pecados de flaque-
Fuí á poder de un Don Quijo-
Parejas corrí á lo flo-
Mas por uña de caba-
No se me escapó ceba-
Que esto saqué á Lazari-
Cuando para hurtar el vi-

Al ciego le dí la pa-
ORLANDO FURIOSO Á DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
SONETO.
 Si no eres Par, tampoco le has tenido,

Que Par pudieras ser entre mil Pares,
Ni puede haberle donde tú te hallares,
¡Invicto vencedor, jamas vencido!
 Orlando soy, Quijote, que perdido
Por Angélica vi remotos mares,
Ofreciendo á la fama en sus altares
Aquel valor que respetó el olvido.
 No puedo ser tu igual, que este decoro
Se debe á tus proezas y á tu fama,
Puesto que como yo perdiste el seso;
 Mas serlo has mio, si al soberbio Moro
Y Scita fiero domas, que hoy nos llama

Iguales en amor con mal suceso.
EL CABALLERO DEL FEBO Á DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
SONETO.

 A vuestra espada no igualó la mia,
Febo español, curioso cortesano,
Ni á la alta gloria de valor mi mano,
Que rayo fué do nace y muere el dia:
 Imperios desprecié; y la Monarquía,
Que me ofreció el oriente rojo en vano,
Dejé por ver el rostro soberano
De Claridiana, aurora hermosa mia:
 Améla por milagro único y raro,
Y ausente en su desgracia, el propio infierno
Temió mi brazo, que domó su rabia:
 Mas vos, godo Quijote, ilustre y claro,
Por Dulcinea sois al mundo eterno,
y ella por vos famosa, honesta y sabia.

DE SOLISDAN Á DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
SONETO.
 Magüer, señor Quijote, que sandeces

Vos tengan el cerbelo derrumbado,
Nunca sereis de alguno reprochado
Por hombre de obras viles y soeces:
 Serán vuesas fazañas los joeces.
Pues tuertos desfaciendo habeis andado,
Siendo vegadas mil apaleado,
Por follones cautivos y raheces:
 Y si la vuesa linda Dulcinea
Desaguisado contra vos comete,
Ni á vuesas cuitas muestra buen talante,
 En tal desman vueso conorte sea,
Que Sancho Panza fué mal alcahuete,

Necio él, dura ella, y vos no amante.
DIÁLOGO ENTRE BABIECA Y ROCINANTE.
SONETO.
B. ¿Cómo estais, Rocinante, tan delgado?

R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. ¿Pues qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.
B. Andad, señor, que estais muy mal criado,
 Pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna á la mortaja:
 ¿Quereislo ver? miraldo enamorado.
B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia.
B. Metafisico estais. R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero. R. No es bastante.
 ¿Cómo me he de quejar en mi dolencia.
 Si el amo, y escudero ó mayordomo

 Son tan Rocines como Rocinante?
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Lito. callejon de S. Clara Nº. 8.Heredia y Blanco dib