El laberinto del amor: 025

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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


CORNELIO Muy bien te has comparado. Advierte y mira 690

que ya no es Rosamira Rosamira:
    las trenzas de oro y la espaciosa frente,
las cejas y sus arcos celestiales,
el uno y otro sol resplandeciente,
las hileras de perlas orientales, 695
la bella aurora que del nuevo oriente
sale de las mejillas, los corales
de los hermosos labios, todo es feo,
si a quien lo tiene infama infame empleo.
    La buena fama es parte de belleza, 700
y la virtud, perfecta hermosura;
que, a do suele faltar naturaleza,
suple con gran ventaja la cordura;
y, entre personas de subida alteza,
amor hermoso a secas es locura. 705
En fin, quiero decir que no es hermosa,
siéndolo, la mujer no virtuosa.
    Rosamira, en prisión; la causa, infame;
tú, disfrazado y muerto por libralla,
ignoras la verdad; ¿y quiés que llame 710
justa la pretensión desta batalla?


ANASTASIO Tu sangre harás, Cornelio, que derrame,

pues procuras la mía así alteralla
con tus razones vanas y estudiadas,
y entre libres discursos fabricadas. 715
    Vete; déjame y calla; si no, ¡juro...!


CORNELIO Yo callaré; no jures, sino advierte

que gente viene alrededor del muro,
y temo, al fin, que habrán de acometerte.


ANASTASIO Desto puedes estar muy bien seguro, 720

que en la ciudad he estado desta suerte
seis días hace hoy, y estaré ciento:
que salió este disfraz a mi contento.


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