El laberinto del amor: 061

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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


JULIA La desdichada

prosiguió en voz doliente
su historia, en desvaríos comenzada, 745
y dijo: «Vi a Manfredo,
vile, y quedé cual declarar no puedo:
    que en un instante pudo
y quiso amor, con mano poderosa,
de pïedad desnudo, 750
la imagen de Manfredo generosa
grabar así en mi alma,
que della luego le entregué la palma.
    Volvíme a mi aposento,
llevando en la memoria y en el seno, 755
con gusto y descontento,
la mirada belleza y el veneno
de amor que me abrasaba
y la virtud honrosa refriaba.
    Hice discursos varios, 760
fundé esperanzas en el aire vano,
atropellé contrarios,
dile al Amor renombre de tirano
y de señor piadoso,
y al cabo el entregarme fue forzoso. 765
    Dejé mi padre, ¡ay cielos!;
dejé mi libertad, dejé mi honra,
y, en su lugar, recelos
y sujeción tomé, muerte y deshonra;
y a buscar he venido 770
este huésped apenas conocido.
    Hoy en tu compañía
le he visto, y, aunque en traje disfrazado,
como en el alma mía
traigo su rostro al vivo dibujado, 775
al punto conocíle;
vile, alegréme, y hasta aquí seguíle.
    "Quiero, pues, ¡oh mancebo!
-y esto cubriendo perlas sus mejillas,
hincándose de nuevo 780
ante mí, visión bella, de rodillas-;
quiero -dijo- que digas
al tuyo, que es mi dueño, mis fatigas.
    Que yo no tengo lengua
para decir mi mal, ni la dolencia 785
mi honestidad y mengua,
para poder ponerme en su presencia.
Tú a solas le relata,
la muerte con que amor mi vida mata;
    que no estará tan duro 790
cual peñasco al tocar de leves ondas,
ni cual está al conjuro
del sabio encantador, en cuevas hondas,
la sierpe, en esto cauta,
ni cual airado viento al Euste nauta. 795
    No le habrán leche dado
leonas fieras de la Libia ardiente,
ni habrá sido engendrado
de algún cíclope bárbaro inclemente,
para que no se ablande 800
oyendo mi dolor y amor tan grande.
    Rica soy y no fea,
tan buena como él en el linaje,
si ya no es que me afea
y me deshonra este trocado traje; 805
mas, cuando amor las causa,
en todas estas cosas pone pausa.
    Rosamira infamada,
justamente impedido el casamiento,
yo dél enamorada, 810
cual la tierra del húmido elemento:
si esto no es desvarío,
¿quién lo podrá estorbar que no sea mío?"»
    Esto dijo, y al punto
dejó caer los brazos desmayados, 815
quedó el rostro difunto,
los labios, que antes eran colorados,
cárdenos se tornaron,
y sus dos bellos soles se eclipsaron.
    Levantósele el pecho, 820
su rostro de un sudor frío cubrióse,
púsela sobre el lecho,
de allí a un pequeño rato estremecióse,
volvió en sí suspirando,
siempre lágrimas tiernas derramando. 825
    Consoléla y roguéla
que en aquel aposento se estuviese,
sin temor de cautela,
hasta que yo su historia te dijese.
Encerrada la dejo: 830
¡mira si es raro de mi cuento el dejo!


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