El laberinto del amor: 075

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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


CARCELERO No, sino no le den al delincuente

procurador, y niéguenle abogado,
ciérrenle los caminos y los medios 120
de su defensa, tápenle la boca;
quedarse ha a buenas noches de la vida.
¡Oh señora! ¿Aquí estabas? Yo te hacía
en el otro aposento, donde sueles
en ciega obscuridad pasar los días. 125
Orden es de tu padre que te pongas
mañana, cuando salgas a la plaza,
al triste, temeroso, amargo trance,
este manto que ves, de dos colores.
Ha ordenado también que te acompañen 130
la mitad de su guarda con insignias
de dolor y tristeza, y que asimismo
vaya la otra mitad de gala y fiesta.
Al lado izquierdo has de llevar, señora,
al verdugo, blandiendo el terso acero, 135
instrumento mortal que te amenace
a muerte irreparable si, por dicha,
venciere Dagoberto en tu deshonra.
De verde lauro una corona hermosa
al diestro lado ha de llevar un niño, 140
para que del suceso que resulte,
alegre o triste, o ya el cuchillo corra
por tu bella garganta, o ya tus sienes
del vitorioso lauro veas ceñidas.
Esto vengo a decirte, y no otra cosa. 145
¿No me respondes? Pues a fe que sabes
la voluntad que tengo de servirte,
y que, como el soltarte no me pidas,
porque, en fin, soy leal al señor mío,
que no habrá cosa que por ti no haga, 150
y así, una pura voluntad te ofrezco.
¿Qué me respondes?


PORCIA Que te lo agradezco.


 
(Éntrase PORCIA.)

  

CARCELERO ¡Estraño silencio es éste!

¡Mucho me da que pensar!
¡Mas téngola de ayudar, 155
aunque la vida me cueste!


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