El laberinto del amor: 099

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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


JUEZ Id vos, y sabeldo.



UNO El duque, mi señor, dice, señora,

que estos caballeros han venido
a ser tus defensores, y que escojas
cuál quieres de los dos que te defienda. 800


PORCIA En Dios y en el primero deposito

mi agravio, mi inocencia y esperanza.


DAGOBERTO ¿Labradora es ésta? Mejor me ayude

el cielo que la crea. Ya se tarda
mi criado.


ROSAMIRA Confusa estoy, amigo. 805

No sé en qué ha de parar tan grande enredo.


JUEZ Bien se oyó lo que dijo; a vos os toca,

señor, su defensa.


MANFREDO Tener paciencia

es lo que más importa en este caso;
basta que se ha mostrado al descubierto 810
mi voluntad.


DUQUE El cielo así os lo pague

como yo os lo agradezco.


JUEZ No hay disculpa

que pueda disculpar ya la tardanza
de Dagoberto.


DUQUE ¡Mas, que nunca venga!



TÁCITO Ciégale, San Antón; quémale un brazo; 815

destróncale un tobillo; nunca acierte
a venir a este sitio; salga en palmas
nuestra buena duquesa, que es un ángel,
una paloma duenda, una cordera,
que no tiene más hiel que cuatro toros.


El laberinto del amor de Miguel de Cervantes

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