El laberinto del amor: 100

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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


(Entra un CORREO con una carta.)
CORREO Es de tanta importancia este despacho

que traigo, ¡oh buen señor!, que me es forzoso
dártele aquí; que así me lo mandaron,
porque es de Dagoberto, y que te importa.


DUQUE ¿De Dagoberto? Muestra cómo es esto. 825

¿Cómo toma la pluma por la espada?
¿Tiempo es éste de cartas?


CORREO No sé nada:

ello dirá.


JUEZ Vuestra excelencia vea

lo que la carta dice.


DUQUE Así lo hago.



DAGOBERTO Parece que se turba el duque.



ROSAMIRA ¡Ay triste! 830

¡Cuánto mejor nos fuera habernos ido
y esperar desde lejos el suceso
deste tan grande enredo y desventura!
¡Temblando estoy!


TÁCITO ¿Carticas a tal tiempo?

Apostaré que no llega esta danza 835
a hacer con las cindojas el tretoque.


DUQUE ¿Hay cosa igual? Leed aquesa carta

en alta voz, que es bien que la oigan todos.

 
(Después de haber leído el DUQUE la carta,
se la da al JUEZ, que la lee en alta voz.)
  

[JUEZ]

(Carta.)


La presta resolución que tomaste de entregar a Manfredo por esposa a tu hija Rosamira me forzó a usar de la industria de acusalla, por evitar por entonces el peligro de perdella. La mejor señal que te podré dar de que es buena es el haberla yo escogido por mi legítima mujer. Considera, señor, antes que del todo me culpes, que soy tan bueno como Manfredo, y que tu hija escogió lo que quizá tú no le dieras casándola contra su voluntad. Si con ella usare[s] término de piadoso padre, usaré yo contigo el de obediente hijo; aunque, de cualquier manera que me trates lo habré de ser hasta la muerte.

Tu hijo Dagoberto.




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