El laberinto del amor: 103

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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


ROSAMIRA ¿Dónde vas, Dagoberto? No deshagas 900

el buen principio que la suerte muestra
de dar buen fin a la desdicha nuestra.


DAGOBERTO Sabe que soy Dagoberto,

Manfredo, y sabe que soy
aquel que agraviado estoy 905
de tu infame desconcierto.
    ¡Dame a mi hermana, traidor,
de fe falsa y alevosa!


MANFREDO Restituye tú a mi esposa

antes el robado honor. 910
    No te desmiento, porque
de aquí a bien poco verás
en el engaño en que estás
y la bondad de mi fe.


ANASTASIO Primo -mas quédese aparte 915

el parentesco hasta ver
si del justo proceder
os dio el cielo alguna parte-,
    ¿vos decís que es vuestra esposa
Rosamira?


DAGOBERTO Y es verdad. 920



ANASTASIO ¿Tenéis otra claridad

deste hecho no dudosa,
    como es el decirlo vos?


DAGOBERTO ¿Bastará que yo lo diga?



ANASTASIO ¿Quién duda?



DAGOBERTO Pues no se diga 925

más contienda entre los dos
    ni entre los tres, que yo haré
que ella lo declare al punto.


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