El laberinto del amor (Versión para imprimir)

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Personas
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El laberinto del amor


Comedia famosa del Laberinto de amor

Miguel de Cervantes Saavedra


Los que hablan en ella son los siguientes:


ANASTASIO, duque.

Dos ciudadanos.

CORNELIO, criado de ANASTASIO.

EL DUQUE DE NOVARA.

UN PAJE.

UN EMBAJADOR DEL DE ROSENA.

UN EMBAJADOR DEL DE DORLÁN.

JULIA.

PORCIA.

TÁCITO.

ANDRONIO.

UN CARCELERO.

DAGOBERTO, duque [de] Utrino.

MANFREDO.

ROSAMIRA.

UN HUÉSPED.

Dos jueces.

UN VERDUGO.

TRINO, correo.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


 
Salen dos ciudadanos de Novara,
y el DUQUE ANASTASIO en hábito de labrador.

  
ANASTASIO Señores, ¿es verdad lo que se suena;

que apenas treinta millas de Novara
está Manfredo, duque de Rosena?

   

CIUDADANO 1 Si esa verdad queréis saber más clara,

aquí un embajador del duque viene, 5
que bien la nueva y su llegada aclara.
    En Roso y sus jardines se entretiene,
hasta que nuestro duque le dé aviso
para venir al tiempo que conviene.


ANASTASIO ¿Y es Manfredo galán?



[CIUDADANO] 2 Es un Narciso, 10

según que sus retratos dan la muestra,
y aun le va bien de discreción y aviso.


ANASTASIO ¿Y Rosamira, la duquesa vuestra,

pone de voluntad el yugo al cuello?


[CIUDADANO] 1 Nunca al querer del padre fue siniestra; 15

    cuanto más, que se vee que gana en ello,
siendo el duque quien es.


ANASTASIO Así parece;

aunque, con todo, algunos dudan dello:


[CIUDADANO] 2 Del duque es esta guarda que se ofrece,

y aquí el embajador vendrá, sin duda. 20


[CIUDADANO] 1 Mucho le honra el duque.



[CIUDADANO] 2 Él lo merece.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


 
(Entra el DUQUE FEDERICO DE NOVARA
y el EMBAJADOR DE EL DE ROSENA,
con acompañamiento.)

  
DUQUE Diréis también que a recrearse acuda.

Y que en Módena o Reza se entretenga
mientras del tiempo este rigor se muda,
    para que en este espacio se prevenga 25
a su venida tal recebimiento,
que más de amor que de grandeza tenga;
    añadiréis el singular contento
que con sus donas recibió su esposa,
y más de su llegada a salvamento. 30


EMBAJADOR Tu condición, señor, tan generosa,

me obliga a que me haga lenguas todo
para decir el bien que en ti reposa;
    pero, aunque no las tenga, me acomodo
a decir por extenso al señor mío 35
de tus grandezas el no visto modo.


[DUQUE] Dellas no, mas de vos muy más confío.


 
(Entra DAGOBERTO, hijo del duque de Utrino.)

  

DAGOBERTO Si no supiera, ¡oh sabio Federico!,

gran duque de Novara generoso,
que sabes bien quién soy, y que me aplico 40
contino al proceder más virtüoso,
juro por lo que puedo y certifico
que a este trance viniera temeroso;
mas tráeme mi bondad aquí sin miedo,
para decir lo que encubrir no puedo. 45
    Tu honra puesta en deshonrado trance
está por quien guardarla más debiera,
haciendo della peligroso alcance
la fama, en esta parte verdadera.
Forzosa es la ocasión, forzoso el lance; 50
las riendas he soltado en la carrera:
imposible es parar hasta que diga
lo que una justa obligación me obliga.
    Tu hija Rosamira en lazo estrecho
yace con quien pudiera declarallo, 55
si a la grande importancia deste hecho
tocara con la lengua publicallo.
Impide una ocasión lo que el derecho
pide, y así, es forzoso el ocultallo;
basta que esto es verdad, y que me obligo 60
a probar con las armas lo que digo.
    Digo que en deshonrado ayuntamiento
se estrecha con un bajo caballero,
sin tener a tus canas miramiento,
ni a la ofensa de Dios, que es lo primero. 65
Y a probar la verdad de lo que cuento
diez días en el campo armado espero;
que ésta es la vía que el derecho halla;
do no hay testigos, suple la batalla.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


DUQUE Confuso estoy; no sé qué responderte; 70

considero quién eres, e imagino
que sólo la verdad pudo traerte
a cerrar de mis glorias el camino.
¿Quién dará medio a estremos de tal suerte?
Es el que acusa un príncipe de Utrino; 75
la acusada, mi hija; él, sabio y justo;
ella, cortada de la honra al justo.
    A que te crea tu valor me incita,
puesto que la bondad de Rosamira
tiene perpleja el alma, y solicita
que no confunda a la razón la ira. 80
Mas, si es que en parte la sospecha quita,
o muestra la verdad o la mentira,
la confesión del reo, oílla quiero,
por ver si he de ser padre o juez severo.
    Traigan a Rosamira a mi presencia, 85
que es bien que la verdad no se confunda:
que el reo a quien le libra su inocencia,
la avisa en gloria y en su honor redunda.


EMBAJADOR Dame, señor, para partir licencia; 90

que, aunque entiendas que el príncipe se funda
en claro o en confuso testimonio,
borrado ha de Manfredo el matrimonio.
    Calunia tal, o falsa o verdadera,
deshará más fundadas intenciones: 95
que no es prenda la honra tan ligera
que se deba traer en opiniones.
Mira si mandas otra cosa.


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Jornada I
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DUQUE Espera;

quizá verás que sin razón te pones
a llevar a Manfredo aquesta nueva, 100
hasta que veas más fundada prueba.
    Tráiganme aquí a mi hija.


GUARDIA Ya son idos

por ella.


DAGOBERTO ¿Poca prueba te parece

la verdad que en mis hechos comedidos
y en mis palabras la razón ofrece? 105


DUQUE Yo he visto engaños por verdad creídos.



DAGOBERTO El que dellos se precia bien merece

que su verdad se tenga por mentira.

 
(Entra ROSAMIRA.)

  

GUARDIA Ya viene mi señora Rosamira.



ROSAMIRA ¿Qué prisa es ésta, buen señor?



DUQUE ¿Qué prisa? 110

Dirála ahora el príncipe de Utrino.


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Jornada I
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DAGOBERTO Diréla, y sabe Dios cuánto me pesa

el venirla a decir por tal camino.
Yo he dicho, ¡oh, hermosísima duquesa!,
lo que callarlo fuera desatino: 115
he dicho que, con torpe ayuntamiento,
un caballero está de ti contento;
    copia de ti le haces en secreto.
Y esta prueba remítola a mi espada,
que ha de ser el testigo más perfecto 120
que se halle en la causa averiguada;
y esto será cuando deste aprieto
se admita tu disculpa mal fundada;
mas sabes que es tan cierta ésta tu culpa,
que no te has de atrever a dar disculpa. 125


DUQUE ¿Qué dices, hija? ¿Cómo no respondes?

¿Empáchate el temor, o la vergüenza?
Sin duda quieres, pues el rostro ascondes,
que tu contrario sin testigos venza.
¡Mal a quien eres hija correspondes! 130


DAGOBERTO Con la verdad bien es que se convenza.



DUQUE Culpada estáis, indicio es manifiesto

tu lengua muda, tu inclinado gesto.
    ¿Quién fue el traidor que te engañó, cuitada?
¿O cuál [fue el que] la honra me ha llevado? 135
¿O qué estrella, en mi daño conjurada,
nos ha puesto a los dos en tal estado?
¿Dó está tu condición tan recatada?
¿Adónde tu juïcio reposado?
¡Mal le tuviste con el vicio a raya! 140


PAJE ¡Señores, mi señora se desmaya!


 
(Desmáyase ROSAMIRA.)

  

DUQUE Llévenla como está luego a esta torre,

y en ella esté en prisión dura y molesta,
hasta que alguna espada o pluma borre
la mancha que en la honra lleva puesta. 145


DAGOBERTO Porque luenga probanza aquí se ahorre,

está mi mano con mi espada presta
a probar lo que [he] dicho en campo abierto.


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Jornada I
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DUQUE Parece que admito ese concierto,

    puesto que al parecer de mi consejo 150
tengo de remitir todo este hecho.


   

DAGOBERTO Pues yo en mi espada y mi verdad lo dejo,

y en la sana intención de mi buen pecho.


EMBAJADOR Confuso voy, atónito y perplejo,

entre el sí y entre el no mal satisfecho. 155
Adiós, señor, porque este estraño caso,
junto con el dolor, acucia el paso.

 
(Vase el EMBAJADOR.)

  

DUQUE ¡Parte con Dios, y lleva mi deshonra

a los oídos de mi yerno honrados,
yerno con quien pensé aumentar la honra 160
que tan por tierra han puesto ya mis hados!
Mostrado me has, Fortuna, que quien honra
tus altares, en humo levantados,
por premio le has de dar infamia y mengua,
pues quita cien mil honras una lengua. 165

 
(Éntrase el DUQUE,
y al entrarse DAGOBERTO,
le detiene ANASTASIO.)

  

ANASTASIO Oye, señor, si no es que tu grandeza

no se suele inclinar a dar oídos
al bajo parecer de mi rudeza
y a los que amenguan rústicos vestidos.


DAGOBERTO La gravedad de confirmada alteza 170

no tiene aquesos puntos admitidos:
habla cuanto te fuere de contento,
que a todo te prometo estar atento.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


ANASTASIO Por esta acusación, que a Rosamira

has puesto tan en mengua de su fama, 175
este rústico pecho, ardiendo en ira,
a su defensa me convida y llama;
que, ora sea verdad, ora mentira
el relatado caso que la infama,
el ser ella mujer, y amor la causa, 180
debieran en tu lengua poner pausa.
    No te azores, escúchame: o tú solo
sabías este caso, o ya [l]a noticia
vino de más de alguno que notólo,
o por curiosidad o por malicia. 185
Si solo lo sabías, mal mirólo
tu discreción, pues, no siendo justicia,
pretende castigar secretas culpas,
teniendo las de amor tantas disculpas.
    Si a muchos era el caso manifiesto, 190
dejaras que otro alguno le dijera:
que no es decente a tu valor, ni honesto,
tener para ofender lengua ligera.
Si notas de mi arenga el presupuesto,
verás que digo, o que decir quisiera, 195
que espadas de los príncipes, cual eres,
no ofenden, mas defienden las mujeres.
    Si amaras al buen duque de Novara,
otro camino hallaras, según creo,
por donde, sin que en nada se infamara 200
su honra, tú cumplieras tu deseo.
Mas tengo para mí, y es cosa clara,
por mil señales que descubro y veo,
que en ese pecho tuyo alberga y lidia,
más que celo y honor, rabia y envidia. 205
    Perdóname que hablo desta suerte,
si es que la verdad, señor, te enoja.


CIUDADANO 1 Apostad que le da el príncipe muerte.

¿No veis el labrador cómo se arroja?


DAGOBERTO Quisiera de otro modo responderte; 210

mas será bien que la razón recoja
las riendas a la ira. Calla y vete,
que más paciencia mi bondad promete.

 
(Éntrase DAGOBERTO.)


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[CIUDADANO] 2 Por Dios, que habéis hablado largamente,

y que, notando bien vuestro lenguaje, 215
es tanto del vestido diferente,
que uno muestra la lengua y otro el traje.


ANASTASIO A veces un enojo hace elocuente

al de más torpe ingenio: que el coraje
levanta los espíritus caídos 220
y aun hace a los cobardes atrevidos.
    En fin, ¿éste es el príncipe de Utrino,
digo, el hijo heredero del Estado?


   

CIUDADANO 1 Él es.



ANASTASIO Pues ¿cómo aquí a Novara vino?



[CIUDADANO] 2 Dicen que del amor blando forzado. 225



ANASTASIO ¿Y a quién daba su alma?



[CIUDADANO] 2 Yo imagino,

si no es que el vulgo en esto se ha engañado,
que Rosamira le tenía rendido;
pero ya lo contrario ha parecido.


ANASTASIO Si eso dijo la fama, cosa es clara, 230

y no van mal fundados mis recelos,
visto que en su deshonra no repara,
que esta su acusación nace de celos.
¡Oh infernal calentura, que a la cara
sale, y aun a la boca! ¡Oh santos cielos! 235
¡Oh amor! ¡Oh confusión jamás oída!
¡Oh vida muerta! ¡Oh libertad rendida!

 
(Éntrase ANASTASIO.)


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Jornada I
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[CIUDADANO] 1 So aquel sayal hay al, sin duda alguna:

o yo sé poco, o no sois vos villano.


[CIUDADANO] 2 Mudan los trajes trances de fortuna, 240

y encubren lo que está más claro y llano.
No sé yo si debajo de la luna
se ha visto lo que hemos visto. ¡Oh mundo insano,
cómo tus glorias son perecederas,
pues vendes burlas, pregonando veras! 245

 
(Éntranse.)
 
(Salen JULIA y PORCIA en hábito de pastorcillos, con pellicos.)

  

JULIA Porcia amiga...



PORCIA ¡Bueno es eso!

Rutilio me has de llamar,
si es que quieres escusar
un desastrado suceso.
    Yo no sé cómo te olvidas 250
de nuestros nombres trocados.


JULIA Suspéndenme los cuidados

de nuestras trocadas vidas;
    y no es bien que así te asombre
ver mi memoria perdida: 255
que, quien de su ser se olvida,
no es mucho olvide su nombre.
    Rutilio amigo, ¡ay de mí!,
que arrepentida me veo,
muerta a manos de un deseo 260
a quien yo la vida di.
    Mientras más, Rutil[i]o, voy
considerando lo hecho,
más temor nace en mi pecho,
más arrepentida estoy. 265


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Jornada I
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PORCIA Eso, amigo, es lo peor

que yo veo en tus dolores:
que adonde sobran temores,
hay siempre falta de amor.
    Si el amor en ti se enfría, 270
cuesta se te hará la palma,
grave tormenta la calma,
noche obscura el claro día.
    Ama más, y verás luego
esparcirse los nublados, 275
todos tus males trocados
en dulce paz y sosiego.
    Pero, quieras o no quieras,
ya estás puesta en la batalla,
y tienes de atropellalla, 280
sea de burlas, sea de veras.
    Ya en el ciego laberinto
te metió el amor crüel;
ya no puedes salir dél
por industria ni distinto. 285
    El hilo de la razón
no hace al caso que prevengas;
todo el toque está en que tengas
un gallardo corazón,
    no para entrar en peleas, 290
que en ellas no es bien te pongas,
sino con que te dispongas
a alcanzar lo que deseas,
    cuéstete lo que costare:
que si tu deseo alcanzas, 295
no hay cumplidas esperanzas
en quien el gusto repare.
    Muestra ser varón en todo,
no te descuides acaso,
algo más alarga el paso, 300
y huella de aqueste modo;
    a la voz da más aliento,
no salga tan delicada;
no estés encogida en nada,
espárcete en tu contento; 305
    y, si fuere menester
disparar un arcabuz,
¡juro a Dios y a ésta que es cruz,
que lo tenéis de hacer!


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JULIA ¡Jesús! ¿Quieres que me asombre, 310

Rutilio, en verte jurar?


PORCIA ¿Con qué podré yo mostrar

más fácilmente ser hombre?
    Un voto de cuando en cuando,
es gran cosa, por mi fe. 315


JULIA Yo, amiga, jurar no sé.



PORCIA Iráte el tiempo enseñando.



JULIA ¿Sabes, Porcia, lo que temo?

¡Ay, que el nombre se me olvida!


PORCIA ¡Juro a Dios que estás perdida! 320



JULIA Ya aqueso pasa de estremo.

    No jures más; si no, a fe,
que te deje y que me vaya.


PORCIA Tanto melindre mal haya.



JULIA Pues, ¿por qué?



PORCIA Yo me lo sé. 325



JULIA En cólera me deshago

en verte jurar por Dios.


PORCIA Pues también soy como vos

medrosa, y a todo hago;
    y no os llevo tantos años, 330
que ellos puedan enseñarme
la experiencia de librarme
de no conocidos daños.
    Avisad y tened brío;
y, pues ya estamos en esto, 335
echad del ánimo el resto,
que yo estaré con el mío.


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Jornada I
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JULIA Porcia amiga, ello es así.

¡Ay, que el nombre se olvidó!


PORCIA ¡Mal haya quien me parió! 340

Di Rutilio, ¡pesia a mí!


JULIA No te enojes, que yo juro

de no olvidarme jamás.


PORCIA Cuando jures, jura más

y estarás muy más seguro. 345


JULIA Témome destos pellicos

que nos han de descubrir.


   

PORCIA Yo lo he querido decir:

que es malo que sean tan ricos.


JULIA No va en esto, sino en ser 350

conocidos.


PORCIA Pues ¿en qué?



JULIA ¿No ves que yo los mandé

de aqueste modo hacer
    para la farsa o comedia
que querían mis doncellas 355
hacer?


PORCIA Haráse sin ellas;

mas quizá será tragedia.


JULIA Y no los echaron menos

cuando nosotras faltamos.
Por esto en peligro estamos, 360
y no por ser ellos buenos.


PORCIA Como a Módena lleguemos,

mudaremos este traje.


JULIA Yo me vestiré de paje.


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Jornada I
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PORCIA Entrambos nos vestiremos. 365


JULIA Témome que está en Novara

mi hermano.

PORCIA ¡Pluguiese al cielo!


JULIA Pues a fe que lo recelo;

mas, sin duda, es cosa clara
    que él de Rosamira está 370
en estremo enamorado
y sírvela disfrazado.

PORCIA Eso importa poco ya;

    que, en llegando el de Rosena,
Celia se casa con él. 375
Podrá tu hermano fïel
morir, o dejar su pena.

JULIA ¡Qué corta es nuestra ventura!

Tú enamorada de quien
tiene a otra por su bien; 380
yo, de quien mi mal procura,
    de quien se casa mañana.
Y la fortuna molesta
nos lleva a morir la fiesta
de nuestra muerte temprana. 385
    ¡Qué de imposibles se oponen
a nuestros buenos deseos!
¡Qué miedos, qué devaneos
nuestra intención descomponen!
    ¡Ay Rutilio, y cuán en vano 390
ha de ser nuestra venida!

PORCIA Mientras esté con la vida,

pienso que en ventura gano.
    Confía y no desesperes,
que puesto en plática está 395
que el diablo no acabará
lo que no acaban mujeres.


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[JULIA] Escucha, que gente suena;

cazadores son; escucha:
gente viene, y gente mucha. 400


PORCIA No te dé ninguna pena;

    saludarlos y pasar,
sin ponernos en razones.

 
(Entran dos cazadores.)

  

CAZADOR 1 ¿Tomó dos esmerejones?



CAZADOR 2 Sí.



[CAZADOR] 1 No hay más que desear. 405

    ¿Y el duque, quédase atrás?


[CAZADOR] 2 No; que veisle aquí a do viene.



[CAZADOR] 1 Mucho en Rezo se detiene.



[CAZADOR] 2 Sabed que no puede más.

    Y hoy vendrá su embajador, 410
y sabrá lo que ha de hacer.


PORCIA Camilo, aquí es menester

ingenio, esfuerzo y valor,
    que el de Rosena es aquél
que allí viene, según creo. 415


JULIA ¡Amor, ayuda al deseo,

pues que me pusiste en él!
 
(Sale el DUQUE DE ROSENA, de caza.)
  

MANFREDO ¿La garza no parece?


   

[CAZADOR] 1 Ayer se descubrió en esta laguna

que a la vista se ofrece. 420


MANFREDO Pues un pastor me ha dicho que ninguna

se ha visto en estos llanos.


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[CAZADOR] 2 Pues de dos me dijeron dos villanos.



MANFREDO Dése a Rezo la vuelta;

que, aunque no es tarde, va creciendo el viento, 425
y aquella nube suelta
señala injuria de turbión violento.
¡Oh, qué bellos zagales!
Mancebos, ¿sois de Rezo naturales?


JULIA En Pavía nacimos. 430



MANFREDO Pues, ¿dónde vais agora?



JULIA Hacia Novara,

no más de porque oímos
que el duque Federico allí prepara
una fiesta que admira,
porque casa a su hija Rosamira 435
    con un señor llamado
Manfredo, que es gran duque de Rosena.


MANFREDO Verdad os han contado.



PORCIA Pues a la fama que será tan buena

la fiesta y boda vamos, 440
y a nuestro padre en cólera dejamos.


MANFREDO ¿Y adónde queda el ganado?



PORCIA Imagino que perdido.



MANFREDO ¡Mucho atrevimiento ha sido!



JULIA A más obliga un cuidado. 445



MANFREDO ¿Úsanse aquestos pellicos

ahora entre los pastores?


PORCIA También muestran sus primores

los villanos, si son ricos.


MANFREDO ¿Y lleváis bien que gastar? 450



JULIA Un tesoro de paciencia.


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Jornada I
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MANFREDO ¿Encargaréis la conciencia

si le acabáis de acabar?


PORCIA Tal puede ser el suceso

que se acabe el sufrimiento. 455


MANFREDO ¡Por Dios, que me dais contento!



JULIA Ya nos viéramos en eso.



MANFREDO ¿Cómo os llamáis?



JULIA Yo, Camilo.



PORCIA Y yo, Rutilio.



MANFREDO En verdad

que parecen de ciudad 460
vuestros nombres y el estilo,
    y que en ellos, y aun en él,
poco es, mentís villanía.


PORCIA Como hay estudio en Pavía,

algo se nos pega dél. 465


JULIA Díganos, señor: ¿qué millas

desde aquí a Novara habrá?


MANFREDO Treinta a lo más que creo está.



CAZADOR 2 Y dos más; son angostillas.



MANFREDO Conmigo os iréis, si os place, 470

que yo ese camino hago.


JULIA Yo, por mí, me satisfago.



PORCIA Pues a mí no me desplace.

    Pero advierta que los dos
vamos poco a poco a pie. 475

   

MANFREDO Bien está: que yo os daré

en que vais.


PORCIA Págueoslo Dios;

    que bien parecéis honrado,
noble y rico y principal.


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Jornada I
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[CAZADOR] 1 Y aun vosotros, de caudal 480

mayor del que habéis mostrado;
    si no, dígalo el lenguaje,
y el uno y otro pellico.


[CAZADOR] 2 Es en Pavía muy rico

casi todo el villanaje, 485
    y éstos hijos deben ser
de algún rico ganadero.


MANFREDO A Rezo volverme quiero;

bien os podéis recoger.

 
(Entra UNO.)

  

UNO Tu embajador ha llegado. 490



MANFREDO ¿Mompesir?



UNO Sí, mi señor.



MANFREDO Esperadme, por mi amor,

que luego vuelvo.


PORCIA Haz tu grado.


 
(Éntranse todos,
si no es PORCIA y JULIA, que quedan.)

  

JULIA Rutilio, ¿qué te parece?



PORCIA Camilo amigo, que estás 495

en punto donde verás
que es bueno el que se te ofrece.
    La Fortuna te ha traído
a poder del duque; advierte
que un principio de tal suerte 500
un buen fin tiene escondido.


JULIA ¿Parécete que le diga

quién soy por un modo honesto?


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PORCIA No te descubras tan presto.



JULIA Pues ¿cómo quies que prosiga? 505



PORCIA El tiempo vendrá a avisarte

de aquello que has de hacer.


JULIA Mi mal no puede tener

en parte del tiempo parte.
    Si no estará el duque apenas 510
tres días sin que se case,
¿cómo dejaré que pase
el tiempo, como me ordenas?


PORCIA Un caso tan grave y tal,

con prisa mal se resuelve. 515
Silencio, que el duque vuelve;
el semblante trae mortal.

 
(Vuelve a entrar el DUQUE
y el EMBAJADOR que entró primero,
y los dos cazadores.)

  

EMBAJADOR Digo, señor, que el príncipe de Utrino,

Dagoberto, heredero del Estado,
en mi presencia y la del duque vino, 520
y allí propuso lo que te he contado.
No con la triste nueva perdió el tino
el padre; padre no, mas recatado
jüez, pues, como tal, mandó traella,
y el príncipe afirmó su culpa ante ella. 525
    Rosamira la oyó, y en su defensa
mover no pudo, o nunca quiso, el labio;
por esto el duque que es culpada piensa,
pues no responde a tan notable agravio.
El caso ponderó, y al fin dispensa, 530
en todo procediendo como sabio,
que, mientras se vee el caso, la duquesa
en una torre esté encerrada y presa.
    Dagoberto se ofrece con su espada
a probar en el campo lo que dice. 535
Yo, viendo a Rosamira así acusada,
tus bodas al instante las deshice.
Esto resulta, en fin, de mi embajada;
mira, señor, si bien o si mal hice:
que el duque, ya rendido a su fortuna, 540
no quiso responderte cosa alguna.


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Jornada I
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MANFREDO ¡Válame Dios, qué miserable caso!

¿Dónde fabricas, mundo, estos vaivenes?
¿Daslos con luenga prevención o acaso?
¿O por qué antes de dallos no previenes? 545


CAZADOR 1 Señor, con largo y con ligero paso,

cubierto de las plantas a las sienes
de luto, un caballero veo que asoma
por el verde recuesto desta loma.


MANFREDO Y aun me parece que hacia aquí endereza 550

la rienda, y del caballo ya se apea.
¡Qué bien con la color de mi tristeza
viene el que trae aquéste por librea!
¿Quién podrá ser?


[CAZADOR] 2 La espada se adereza.



EMBAJADOR Descolorido llega.



MANFREDO Y mal criado. 555


 
(Entra un EMBAJADOR del DUQUE DE DORLÁN,
vestido de luto.)

  

DORLÁN ¡Gracias a Dios, Manfredo, que [te] he hallado!

    Quien viene a lo que yo, Manfredo, vengo,
no le conviene usar de más crianza:
que sólo en las razones me prevengo
que estarán en la lengua o en la lanza. 560
La antigua ley de embajador mantengo:
escúchame, y responde sin tardanza,
que a ti el gran duque de Dorlán me envía
y a guerra a sangre y fuego desafía.
    Dice, y esto es verdad, que habiendo dado 565
a tu corte en la suya alojamiento,
y habiéndote en su casa agasajado,
viniendo a efetuar tu casamiento,
como el troyano huésped, olvidado
del hospedaje, con lascivo intento 570
su hija le robaste y su sobrina:
traición no de tu fama y nombre digna.
    Por esto, si a su intento no te ajustas,
y a la ley no respondes de hidalguïa,
de poder a poder, o, si más gustas, 575
de persona a persona, desafía.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


PORCIA Nuestras [s]andeces causan estas justas.

¿Haslo notado bien? Di, Julia mía.


JULIA Calla, y entre estos árboles te esconde;

veremos lo que el duque le responde. 580


DORLÁN Y tanto a la venganza está dispuesto

de aqueste agravio y malicioso hecho,
que deste paño de color funesto
que se vista su gente toda ha hecho,
en tanto, o ya sea tarde, o ya sea presto, 585
que, a desprecio y pesar de tu despecho,
castiga la insolencia deste ultraje,
transgresor de la ley del hospedaje.
    Éste es el fin de mi embajada; mira
si quieres responderme alguna cosa. 590


MANFREDO Reprima mi inocencia en mí la ira

que alborota tu lengua licenciosa;
yo no sé qué responda a esa mentira;
sólo sé que Fortuna, mentirosa,
debe o quiere probar con su insolencia 595
los quilates que tiene mi paciencia.
    Diréisle al duque que ante él mismo apelo
de aquesta acusación vana que ha hecho,
porque, por la Deidad que rige el cielo,
que jamás tal traición cupo en mi pecho. 600
Leal pisé de su palacio el suelo,
leal salí, guardando aquel derecho
que al hospedaje amigo se debía
y a la ley que profeso de hidalguía.
    Ni vi a su hija, ni jamás la he visto, 605
ni la intención de mi camino era
hacerme con mis huéspedes malquisto,
aunque el lascivo gusto lo pidiera;
que entonces con mayor fuerza resisto,
cuando la torpe inclinación ligera 610
con más regalo acude al pensamiento,
estando al ser quien soy contino atento.
    Ni acepto el desafío, ni desecho;
sólo lo que pretendo es dilatallo
hasta que el duque esté más satisfecho 615
y la misma verdad venga a estorballo.
Y cuando esto no fuese de provecho,
y el engaño prosiga en engañallo,
para entonces acepto el desafío,
ajustando a su gusto el gusto mío. 620
    Esto doy por respuesta y no otra cosa;
mirad si a Rejo queréis ir conmigo.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


DORLÁN Es el camino largo, y presurosa

la gana de volver al suelo amigo.
¡A Dios quedad!

 
[Vase.]

  

MANFREDO Fortuna rigurosa, 625

¿qué es esto? ¿Quién soy yo, o qué pasos sigo
tan malos, que se estrema así tu furia
en hacerme una injuria y otra injuria?
    ¡Infamada mi esposa, y yo infamado,
y por lo menos de traición! ¿Qué es esto? 630
¡En tan triste sazón me tiene puesto!


EMBAJADOR Señor, si en nada desto estás culpado,

no es bien que te congoje nada desto:
tu esposa aún no era tuya: estotra culpa
en tu pura verdad tiene disculpa. 635


MANFREDO No me aconsejes ni me des consuelo,

y a Rosena mi gente luego vuelva;
que este rigor con que me trata el Cielo
quiere que en éste sólo me resuelva.


EMBAJADOR Aunque con vengativo, airado celo, 640

su fuerza el hado contra ti resuelva,
yo no le he de dejar.


MANFREDO Escucha un poco:

quizá dirás de veras que estoy loco.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


PORCIA ¿Qué hemos de hacer, Camilo?



JULIA ¿No está claro?

Seguir del duque las pisadas todas. 645


PORCIA ¿Con qué ocasión?



JULIA En eso no reparo.



PORCIA ¿No ves que se han deshecho ya las bodas?



JULIA Ventura ha sido mía.



MANFREDO No me aclaro

más por agora.


EMBAJADOR En fin, ¿que te acomodas

a ir desa manera?


MANFREDO Ten a punto 650

los vestidos que digo.


EMBAJADOR Harélo al punto.



[MANFREDO] Y no quede ninguno de los míos.

Y en esto no me hagas más instancia,
que la mudable rueda en desvaríos
tiene encerrada a veces la ganancia. 655
Y estos dos pastorcillos, que en sus bríos
muestran más sencillez que no arrogancia,
si dello gustan, quedarán conmigo.


PORCIA ¿Entendístele?


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


JULIA ¡Y cómo, oh cielo amigo!

    Señor, si es que la ida de Novara, 660
según que hemos oído, se te impide,
volver queremos a la patria clara,
si otra cosa tu gusto no nos pide.


MANFREDO Puesto que la fortuna y suerte avara

su querer con el mío jamás mide, 665
por esta vez entiendo que me ha dado
en los dos lo que pide mi cuidado.
    Quedaos conmigo, que a Novara iremos,
donde, puesto que fiestas no veamos,
quizá cosas más raras hallaremos, 670
con que el sentido y vista entretengamos.


PORCIA Por tuyos desde aquí nos ofrecemos:

que bien se nos trasluce que ganamos
en servirte, señor, cuanto es posible.


MANFREDO Haz lo que he dicho.



EMBAJADOR ¡Oh, caso no creíble! 675


 
(Éntranse todos,
y sale ANASTASIO y CORNELIO,
su criado.)

  

ANASTASIO Poco me alegra el campo ni las flores.



CORNELIO Ni a mí tus sinsabores me contentan;

porque es cierto que afrentan los amores
que en tan bajos primores se sustentan,
y en mil partes nos cuentan mil autores 680
cien mil varios dolores que atormentan
al miserable amante no entendido,
poco premiado y menos conocido.


ANASTASIO Ya te he dicho, Cornelio, que te dejes

de darme esos consejos escusados, 685
y nunca a los amantes aconsejes
cuando tienen por gloria sus cuidados;
que es como quien predica a los herejes,
en sus vanos errores obstinados.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


CORNELIO Muy bien te has comparado. Advierte y mira 690

que ya no es Rosamira Rosamira:
    las trenzas de oro y la espaciosa frente,
las cejas y sus arcos celestiales,
el uno y otro sol resplandeciente,
las hileras de perlas orientales, 695
la bella aurora que del nuevo oriente
sale de las mejillas, los corales
de los hermosos labios, todo es feo,
si a quien lo tiene infama infame empleo.
    La buena fama es parte de belleza, 700
y la virtud, perfecta hermosura;
que, a do suele faltar naturaleza,
suple con gran ventaja la cordura;
y, entre personas de subida alteza,
amor hermoso a secas es locura. 705
En fin, quiero decir que no es hermosa,
siéndolo, la mujer no virtuosa.
    Rosamira, en prisión; la causa, infame;
tú, disfrazado y muerto por libralla,
ignoras la verdad; ¿y quiés que llame 710
justa la pretensión desta batalla?


ANASTASIO Tu sangre harás, Cornelio, que derrame,

pues procuras la mía así alteralla
con tus razones vanas y estudiadas,
y entre libres discursos fabricadas. 715
    Vete; déjame y calla; si no, ¡juro...!


CORNELIO Yo callaré; no jures, sino advierte

que gente viene alrededor del muro,
y temo, al fin, que habrán de acometerte.


ANASTASIO Desto puedes estar muy bien seguro, 720

que en la ciudad he estado desta suerte
seis días hace hoy, y estaré ciento:
que salió este disfraz a mi contento.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes



(Entran TÁCITO y ANDRONIO,
estudiantes capigorristas.)

  
ANDRONIO Deja los libros, Tácito;

digo, deja el tomar de coro agora, 725
y, a nuestro beneplácito,
gozando el fresco de la fresca aurora,
por aquí nos andemos.


TÁCITO ¡Por Dios, que es buen encuentro el que tenemos!

    Villano es el morlaco. 730
¿Quieres que le tentemos las corazas,
y veremos si es maco?


ANDRONIO Siempre en las burlas, Tácito, que trazas

salimos mal medrados.
Talle tienen los mozos de avisados. 735


TÁCITO Por esta vez, probemos:

que si el pacho consiente bernardinas,
el tiempo entretendremos.


ANDRONIO ¡Con qué facilidad te determinas

a hacer bellaquerías! 740


CORNELIO Hacia nosotros vienen.



TÁCITO No te rías.

    Díganos, gentilhombre,
así la diosa de la verecundia
reciproque su nombre,
y el blanco pecho de tremante enjundia 745
soborne en confornino:
¿adónde va, si sabe, este camino?


ANASTASIO Mancebo, soy de lejos,

y no sé responder a esa pregunta.


TÁCITO Dígame: ¿son reflejos 750

los marcurcios que asoman por la punta
de aquel monte, compadre?


CORNELIO ¡Bellaco sois, por vida de mi madre!

    ¿Bernardinas a horma?
Yo apostaré que el duque no le entiende. 755


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


ANASTASIO Habláisme de tal suerte,

que no sé responderos.


TÁCITO Pues atienda,

gamicivo, y está atento.


CORNELIO ¡Qué donaire y qué gracioso acento!



TÁCITO Digo que ¿si mi paso 760

tiendo por los barrancos deste llano,
si podrá hacer al caso?


ANASTASIO Digo que no os entiendo, amigo hermano.



TÁCITO Pues bien claro se aclara,

que es clara, si no es turbia, el agua clara. 765
    Quiero decir que el tronto,
por do su curso lleva al horizonte,
está a caballo, y prompto
a propagar la cima de aquel monte.


ANASTASIO ¡Ya, ya; ya estoy en ello! 770



TÁCITO Pues ¿qué quiero decir, gozmio, camello?



ANASTASIO Que son bellacos grandes

los mancebitos de primer tonsura.


TÁCITO Tontón, no te desmandes,

que llevarás del sueño la soltura. 775


CORNELIO Mi señor estudiante,

mire no haga que le asiente el guante.


ANASTASIO Confieso que al principio

yo no entendí la flor de los mancebos.


ANDRONIO Arena, cal y ripio 780

trago, mi señorazo papahuevos.


CORNELIO Su flor se ha descubierto.



TÁCITO Pues zarpo déste y voyme a mejor puerto.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


CORNELIO No se vayan, que asoman

otros dos de su traza y compostura, 785
y este camino toman.
También son éstos de primer tonsura,
y, a lo que yo imagino,
de aquí no son, y vienen de camino.

 
(Entran JULIA y PORCIA,
como estudiantes de camino.)

  

PORCIA Querría que no errásemos 790

en lo que el duque nos mandó, Camilo,
y es que aquí le esperásemos.


JULIA ¿Entendístelo bien?



PORCIA Bien entendílo.



   

ANDRONIO Argumentando vienen.

Lleguémonos, si acaso se detienen, 795
    y déjennos con ellos;
gustarán de la burla.


CORNELIO Que nos place.



ANASTASIO Yo no estoy para vellos:

que mal la alegre burla satisface
al alma que no alcanza 800
a ver, si no es burlada, su esperanza.

 
(Éntranse ANASTASIO y CORNELIO.)

  

JULIA En esta tierra asiste,

en disfrazado traje, aquel mi hermano
a quien tú adoras triste.
Si me encuentra y conoce...


PORCIA Es temor vano; 805

que en tal traje nos vemos,
que a la misma verdad engañaremos.
    A mí una vez me ha visto,
y ésa de noche.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


JULIA A mí, casi ninguna.

Mal al temor resisto; 810
estudiantes son éstos.


TÁCITO La fortuna

mi atrevimiento ayude;
si en trabajo me viere, Andronio, acude.
    ¿Son estudiantes, señores?


PORCIA Sí, señor, y forasteros. 815



TÁCITO ¿Pacacios, o caballeros?



JULIA No somos de los peores.



TÁCITO ¿Y qué han oído?



PORCIA Desgracias.



JULIA Y en ellas somos maestros.



ANDRONIO Por mi vida, que son diestros 820

y que saben decir gracias.
    Pues háganme este latín,
ansí Dios les dé salud:
«Yo soy falto de virtud,
tan bellaco como ruin». 825


PORCIA No venimos dese espacio.



ANDRONIO No se deben de escusar,

si es que nos quieren mostrar
que son hombres de palacio.


JULIA Ni aun de nada somos hombres. 830



ANDRONIO Pues, ya que se escusan desto,

dígannos, y luego, y presto
de dónde son, y sus nombres,
    qué estudian, la edad que tienen,
si es rico o pobre su padre, 835
la estatura de su madre,
dónde van y de a dó vienen.
    ¡Turbados están! ¡Apriesa,
respondan, que tardan mucho!


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


PORCIA Con gran paciencia te escucho, 840

mancebito de traviesa.
    Váyase y déjenos ir,
y serále muy más sano.


ANDRONIO ¡Jesús, qué mal cortesano!

¿Tal se ha dejado decir? 845

   

JULIA Es tarde, y hay que hacer,

y servimos, y tardamos.


TÁCITO Ténganse, que aquí cobramos

la alcabala del saber;
    porque cuando el sacrilegio 850
a Mahoma se entregó,
esta autoridad nos dio
nuestro famoso colegio.
    ¡Miren si voy arguyendo
con razones circunflejas! 855


PORCIA Atruénasme las orejas,

mancebito, y no te entiendo.


TÁCITO Andronio.



ANDRONIO Ya estoy al cabo.


 
(Pónese ANDRONIO detrás de JULIA
para hacerla caer;
pero no la ha de derribar.)

  

TÁCITO Volviendo a nuestro comienzo,

el asado San Lorenzo, 860
cuyas virtudes alabo,
    en sus Cuntiloquios dice...


JULIA ¡Ésta es gran bellaquería,

y juro por vida mía...!


TÁCITO Y dirán que yo lo hice. 865



JULIA Pero aquí viene nuestro amo,

y mala ventura os mando.


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


TÁCITO Signori, me recomendo,

y a la corona me llamo.
    Y a revederci altra volta, 870
dove finitemo el resto,
or non piu, & visogna presto
fugiré de qui si ascolta.

 
(Éntrase TÁCITO y ANDRONIO.)
 
(Entra MANFREDO, como estudiante, de camino.)

  

MANFREDO Rutilio y Camilo, pues,

¿he, por ventura, tardado? 875


PORCIA Más de un hora hemos estado

esperando, como ves;
    y aun nos han dado mal rato
dos bonitos estudiantes,
que tienen más de chocantes, 880
que no de letras su trato.
    Pero ¿en qué te has detenido
tanto tiempo?


MANFREDO Fui escuchando

dos que iban razonando
deste caso sucedido. 885
    Y apostaré que estos dos
que vienen tratan también
deste hecho. Escucha bien
si acierto, así os guarde Dios.


JULIA ¿De qué sirve el escuchar, 890

pues podemos preguntallo?


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


 
(Entran los dos ciudadanos que entraron al principio.)

  
CIUDADANO 1 Por mil conjeturas hallo

que ella habrá de peligrar.


[CIUDADANO] 2 En fin: que no se disculpa.



[CIUDADANO] 1 ¡Ésa es una cosa estraña! 895



[CIUDADANO] 2 El pensamiento me engaña,

o ella no tiene culpa.


MANFREDO Mis señores, ¿qué se suena

del caso de la duquesa?


[CIUDADANO] 1 Que se está todavía presa, 900

y el silencio la condena.


MANFREDO ¿Quién la acusa?



[CIUDADANO] 2 Dagoberto.



MANFREDO ¿Da testigos?



[CIUDADANO] 2 Ni aun indicio.



MANFREDO Cierto que no es ése oficio

de caballero.


[CIUDADANO] 1 No, cierto. 905



MANFREDO ¿Y su padre?



[CIUDADANO] 1 ¿Qué ha de hacer?

Sólo ha hecho pregonar
que a quien la acierte a librar
se la dará por mujer,
    como sea caballero 910
el que se oponga a la empresa.


MANFREDO ¿Y que calla la duquesa?



[CIUDADANO] 2 Como si fuese un madero.



MANFREDO ¿Y del duque que se suena

que había de ser su esposo? 915


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Jornada I
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El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


[CIUDADANO] 1 Que, en sabiendo el caso astroso,

dio la vuelta hacia Rosena.
    Y aun otras nuevas nos dan,
ni sé si es verdad o no:
que, estando en Dorlán, sacó 920
una hija al de Dorlán,
    y también a una parienta,
del mismo duque sobrina,
y que el duque determina
vengarse de aquesta afrenta. 925
    Y que se tiene por cierto
que la sacó el de Rosena.


[CIUDADANO] 2 Hasta agora, ansí se suena;

ni sé si es cierto o incierto.


MANFREDO Y, si como eso es mentira, 930

como me doy a entender,
podrá ser que venga a ser
bien mismo de Rosamira:
    que sé que el duque es muy bueno,
y que traición ni ruindad, 935
si no es razón y bondad,
jamás albergó en su seno.


[CIUDADANO] 1 ¿Sois acaso milanés?

Porque de sello dais muestra.


MANFREDO Aunque la lengua lo muestra, 940

no soy sino boloniés;
    mas he estudiado en Pavía,
y algo la lengua he tomado.


[CIUDADANO] 2 ¿Y qué es lo que se ha estudiado?



MANFREDO Humanidad.



[CIUDADANO] 1 Sí haría: 945

    que todos los de su edad
eso es lo que estudian más.


MANFREDO Sin estudiarla, jamás

se aprende esta facultad.


[CIUDADANO] 1 ¿Y a qué venís a Novara? 950


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Jornada I
Pág. 034 de 107
El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


MANFREDO A ver la boda venía.



[CIUDADANO] 2 No quiso en tanta alegría

ponernos la suerte avara;
    y en lugar della, podréis
ver, si gustáis, la batalla. 955


MANFREDO Si no hay quien salga a tomalla.



[CIUDADANO] 1 Poco tiempo os detendréis:

    que no quedan más de seis
días para el plazo puesto.


MANFREDO De quedarme estoy dispuesto. 960



[CIUDADANO] 1 Sin duda, lo acertaréis.

    Y ¡adiós!


MANFREDO Con él vais los dos.



[CIUDADANO] 2 ¿Luego aquí os queréis quedar?



MANFREDO Sí; porque aquí he de aguardar

a un amigo.


[CIUDADANO] 2 Pues, ¡adiós! 965



MANFREDO Yo no sé en qué se confía

mi dudosa voluntad,
y, si no es curiosidad,
¿qué locura es ésta mía?
    Creo que [a] darme deshonra, 970
ingrato amor, te dispones,
pues cuando está en opiniones
la honra, no hay tener honra.

 
(Éntrase JULIA, PORCIA y MANFREDO.)


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Jornada I
Pág. 035 de 107
El laberinto del amor Jornada I Miguel de Cervantes


(Sale el DUQUE FEDERICO
y el CARCELERO
que tiene a la DUQUESA ROSAMIRA.)

  
DUQUE ¿Cómo está la duquesa?



CARCELERO Negro luto

cubre su faz, y, sola en su aposento, 975
al suelo da de lágrimas tributo
con doloroso, amargo sentimiento.


DUQUE ¡Oh bien hermoso y mal nacido fruto,

marchito en la sazón de más contento,
y cómo al mejor tiempo me has burlado, 980
quedando en mis designios defraudado!
    ¿Y que no se disculpa?


CARCELERO Ni por pienso.



DUQUE ¿De quién se queja?



CARCELERO De su corta suerte.



[DUQUE] En breve tiempo de su vida el censo

dará a una infame, inevitable muerte. 985


CARCELERO ¿Sabes, señor, lo que imagino y pienso?



DUQUE ¿Qué piensas o imaginas?



CARCELERO Que es muy fuerte

de creer que el de Utrino verdad diga.


DUQUE A que lo crea su bondad me obliga,

    y el ver que Rosamira, en su disculpa, 990
el labio no ha movido ni le mueve;
y es muy cierta señal de tener culpa
el que a volver por sí nunca se atreve.
La culpa es grave; grave el que la culpa;
el plazo a la batalla, corto y breve; 995
defensor no se ofrece: indicio claro
que a su desdicha no ha de hallar reparo.


CARCELERO ¿Si quisiere, por dicha, dar descargo

con otro, pues no quiere en tu presencia,
quizá turbada del infame cargo, 1000
dejarla he visitar?


DUQUE Con mi licencia.



CARCELERO Puesto que el bien guardalla está a mi cargo,

no está a mi cargo usar desta inclemencia:
que, a fe, si su remedio se hallase,
que muy poco tus órdenes guardase. 1005


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


Entran CORNELIO y ANASTASIO.

  
CORNELIO Volviendo a lo comenzado,

señor, ¿qué piensas hacer?


ANASTASIO Lo que procuro es saber

si el príncipe se ha engañado,
    o qué causa le ha movido 5
a acusar a Rosamira:
si fueron celos, o ira,
ser llamado y no escogido;
    y, cuando desta querella
no sepa verdad jamás, 10
por gentileza no más
me dispongo a defendella.


CORNELIO Propongo que Dagoberto

es vencido en la batalla,
y que ella libre se halla 15
de la tormenta en el puerto:
    ¿tendrás por cosa notoria
el poder asegurarte
que la razón vino a darte,
y no fuerza, la vitoria? 20
    Porque de Dios los secretos
son tan incomprehensibles,
que a veces vemos visibles,
de bienes, malos efetos.


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Jornada II
Pág. 037 de 107
El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ANASTASIO Ya entiendo tus argumentos, 25

y con ellos me das pena.
Haga el Cielo lo que ordena;
yo honraré mis pensamientos.

 
(Entran JULIA y PORCIA.)

  

CORNELIO Los estudiantes son estos

de quien los otros burlaron. 30


ANASTASIO Sus burlas, ¿en qué pararon?



CORNELIO Eran algo descompuestos.

    Forastero me parece
en cierto modo su traje;
eso veré en su lenguaje, 35
si el hablallos se me ofrece.


PORCIA Camilo, no te descuides

en mostrar en dicho y hecho
que eres varón, a despecho
de cuantos cuidados cuides. 40
    Deja melindres aparte,
da a las ternezas de mano,
y mira que está en tu mano
el perderte o el ganarte.
    Mira que amor te ha traído, 45
por un nunca visto enredo
a ser paje de Manfredo,
y paje favorecido:
    que es principio que asegura
buen fin a tu pretensión. 50


JULIA Tienes, Rutilio, razón;

mas no tengo yo ventura,
    pues, cuando más me acomodo
a hacer lo que me ordenas,
embebecida en mis penas, 55
se me olvida a veces todo.
    Mas, ¡ay de mí, desdichada,
que éste es el duque, mi hermano!


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Jornada II
Pág. 038 de 107
El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


PORCIA Vuelve el rostro a esotra mano,

y vuélvete a la posada; 60
    que él no me conoce a mí,
y conviéneme hablalle.


JULIA ¿Por dó he de ir?



PORCIA Por esa calle.



JULIA ¿Vendrás presto?



PORCIA Voy tras ti.

 
(Vase JULIA.)

  
    Buen hombre, ¿sois desta tierra? 65


ANASTASIO Ni soy della, ni buen hombre.



PORCIA Pues, ¿cómo la vuestra ha nombre?



ANASTASIO Como el cielo que la encierra.



CORNELIO [Aparte.]

 
   Querrá decir Rosamira,
que es tierra y cielo a do vive. 70
Estas quimeras concibe
quien más por amor suspira.


ANASTASIO Y vos, ¿sois deste lugar,

señor estudiante?


PORCIA No.



ANASTASIO ¿Pues de dónde?



PORCIA Aún no sé yo 75

de a dó me podré llamar:
    que el cielo y tierra, hasta agora,
me tratan como estranjero,
y ni dél ni della espero
ver en mis cuitas mejora. 80


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ANASTASIO ¿Vos con cuitas en edad

tan tierna? ¡A fe que me espanta!


[PORCIA] A los años se adelanta

tal vez la calamidad;
    y más cuando son de aquellas 85
que trae el amor en sus alas.


CORNELIO Sus razones no son malas,

aunque yo no sé entendellas;
    mas, con todo, apostaré
que está el rapaz traspasado 90
del agudo arpón dorado,
como el señor su mercé.


ANASTASIO ¿Amáis, por ventura?



PORCIA Sí;

mas no sé si por ventura,
aunque alguna me asegura 95
ver ahora lo que vi.


ANASTASIO Pues, ¿qué veis?



PORCIA No será honesto

hacer que me ponga en mengua
tan fácilmente mi lengua
como mis ojos me han puesto; 100
    ni vuestro traje me mueve,
ni mi deseo, a mostrar
lo que en silencio ha de estar
hasta que otras cosas pruebe.


ANASTASIO ¿Tan mal os parece el traje? 105



PORCIA No, por cierto; porque veo

que dese rústico aseo
es muy contrario el lenguaje,
    y podrá ser que el sayal
encubra el al del refrán. 110


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ANASTASIO ¿De dónde sois?



PORCIA De Dorlán.



ANASTASIO De ahí soy yo natural.

    ¿Cuánto ha que de allá venistes?


PORCIA Poco más de doce días.



ANASTASIO ¿Qué hay de nuevo?



PORCIA Niñerías, 115

aunque son un poco tristes.


ANASTASIO ¿Y qué son?



PORCIA Que el de Rosena,

que el de Dorlán hospedó,
a Julia y Porcia robó,
como Paris hizo a Helena. 120


ANASTASIO ¿Tiénese eso por verdad?



PORCIA Sí tiene; mas yo imagino

que no lleva más camino
que del cielo la maldad.


ANASTASIO ¿Pues qué dicen?



PORCIA Yo entreoí 125

que la Porcia quería bien
a Anastasio.


ANASTASIO ¿Cómo? ¿A quién?



PORCIA A Anastasio.



ANASTASIO [Aparte.]

¿Cómo? ¿A mí?
    ¿A su primo hermano? ¡Bueno!


PORCIA Quizá guiaba su intento 130

por vía de casamiento.


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ANASTASIO Deso está mi bien ajeno.

    Mas, ¿eso qué importa al hecho
de roballa?


PORCIA No sé yo;

dícese que la sacó 135
el mismo amor de su pecho.
    Mas deben de ser hablillas
del vulgo mal informado.


CORNELIO A mí me han maravillado.



ANASTASIO ¿Pues de qué te maravillas? 140

    Di: ¿no puede acontecer,
sin admiración que asombre,
que una mujer busque a un hombre,
como un hombre a una mujer?


CORNELIO Sí puede; y es tan agible 145

lo que dices, que se ve
que, en las posibles, no sé
otra cosa más posible.


ANASTASIO Como a su centro camina,

esté cerca o apartado, 150
lo leve o lo que es pesado,
y a procuralle se inclina,
    tal la hembra y el varón
el uno al otro apetece,
y a veces más se parece 155
en ella esta inclinación;
    y si la naturaleza
quitase a su calidad
el freno de honestidad,
que tiempla su ligereza, 160
    correría a rienda suelta
por do más se le antojase,
sin que la razón bastase
a hacerla dar la vuelta;
    y ansí, cuando el freno toma 165
entre los dientes del gusto,
ni la detiene lo justo,
ni algún respeto la doma.


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


PORCIA ¡En poca deuda os están

las mujeres!


CORNELIO Si así fuera, 170

ni yo este traje trujera,
ni él vistiera aquel gabán.


ANASTASIO No es tan poca: que si hago

la cuenta, no sé yo paga
que a la deuda satisfaga, 175
puesto que en ella me pago.


PORCIA En fin: ¿amáis?



ANASTASIO Alma tengo,

y no he de estar sin amor.


PORCIA Hay amor bueno y mejor.



ANASTASIO Yo con el mejor me avengo. 180



PORCIA ¿Es labradora?



ANASTASIO El tabarro

que me cubre así lo dice.


PORCIA Pues todo lo contradice

el talle y horro bizarro;
    que el tabarro es tosca caja 185
que encierra el fino diamante.


CORNELIO ¡El diablo es el estudiante!

¡Qué bien su razón encaja!
    Apostaré que mi amo,
sin más ni más, le da cuenta 190
de quién es y lo que intenta.
Por aquesto le desamo:
    que presume de discreto,
y no ve que es ignorancia,
en las cosas de importancia, 195
fiar de nadie el secreto.


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ANASTASIO Ahora bien, si vuestra estada

no es de asiento en el lugar
y queréis conmigo estar
en una misma posada, 200
    en la que tengo os ofrezco
el género de amistad
que engrandece la igualdad.


PORCIA Daisme lo que no merezco.

    Mas heme de despedir 205
primero de un cierto amigo.


CORNELIO Aquesto es lo que yo digo:

él se vendrá a descubrir.


ANASTASIO A la insignia del Pavón

es mi estancia.


PORCIA Andad con Dios, 210

que mañana soy con vos.
¡Oh venturosa ocasión!
 
(Éntrase ANASTASIO y CORNELIO.)

  
    Si al fuego natural no se le pone
materia que en la tierra le sustente,
volveráse a su esfera fácilmente, 215
que así naturaleza lo dispone.
    Y el amante que quiere que se abone
su fe con afirmar que no consiente
en su alma esperanza, poco siente
de amor, pues que a su ley justa se opone. 220
    Cual sin el agua quedaría la tierra,
sin sol el cielo, el aire sin vacío,
el mar en tempestad, nunca en bonanza,
    y sin su objeto, que es la paz, la guerra,
forzado sin su gusto el albedrío, 225
tal quedara amor sin esperanza.

(Éntrase PORCIA.)


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


(Salen TÁCITO y ANDRONIO.)
ANDRONIO Vamos hacia la prisión

de la duquesa, que importa.


TÁCITO Reporta, Andronio, reporta

tu arrojada condición: 230
    que siempre quieres saber
lo que no te importa un pelo.


ANDRONIO Soy curioso.



TÁCITO Yo recelo

que aqueso te ha de ofender.
    Necio llamaré del todo, 235
no curioso, al que se mete
en lo que no le compete
ni toca por algún modo.
    Hay algunos tan simplones,
que desde su muladar 240
se ponen a gobernar
mil reinos y mil naciones;
    dan trazas, forman Estados
y repúblicas sin tasa,
y no saben en su casa 245
gobernar a dos criados.
    De aquéllos mi Andronio es,
y esto lo sé con certeza,
que emiendan a la cabeza,
y apenas son ellos pies. 250
   Llaman con su ceguedad
y mal fundada opinión,
al recato, remisión;
al castigo, crüeldad.
    El gobierno no les cuadra 255
más justo y más nivelado;
siguen del vulgo engañado
la siempre mudable escuadra.
    El que es buen vasallo, atiende
a rogar por su señor, 260
si es bueno, que sea mejor;
y si es malo, que se emiende.
    De los viejos que enterramos,
fue sentencia singular
que el mundo hemos de dejar 265
del modo que le hallamos.
    ¿Qué te importa a ti si hace
bien o mal el duque en esto?


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ANDRONIO ¿Hasme oído tratar desto?



TÁCITO Y tanto, que me desplace. 270

    Que quemen a la duquesa,
no se te dé a ti un ardite.


ANDRONIO Desde hoy más guardaré el chite,

y de lo hablado me pesa.


TÁCITO A la espada me remito 275

de Dagoberto en la riña.


ANDRONIO ¿Si vence...?



TÁCITO Pague la niña:

que a buen bocado, buen grito.
    Quien de honestidad los muros
rompe, mil males se aplica. 280


ANDRONIO Cuando la zorra predica,

no están los pollos seguros.

 
(Éntranse TÁCITO y ANDRONIO.
Sale PORCIA, como labrador,
y JULIA, como estudiante.)

  

JULIA ¿Por qué quieres intentar,

Rutilio, tan gran locura?


PORCIA Porque en el mal es cordura 285

no temer, sino esperar;
    y la negligencia estraga
los remedios del dolor,
y no quiero yo que amor
conmigo milagros haga. 290
    El que padece tormenta,
si es que de piloto sabe,
si puede, guíe la nave
a donde menos la sienta.
    Yo en la mía un puerto veo 295
a los ojos de mi fe,
y allá me encaminaré
con los soplos del deseo.
    Ya viste que era tu hermano
el labrador que aquí vimos: 300
que los dos le conocimos,
aunque en el traje villano;
    y ha muchos días que sabes,
y yo también, por mi mal,
que tiene de su caudal 305
el amor todas las llaves,
    y que Rosamira es
la que así le tiene aquí.


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


JULIA Ya yo te he dicho que sí.



PORCIA Pues dime: ¿ahora no ves 310

    que será muy acertada
la traza que te he contado?


JULIA Caminas tras tu cuidado;

en fin, como enamorada.
    ¿Que podrás dejarme a solas? 315


PORCIA ¿A solas dices que estás,

quedando con quien podrás
contrastar de amor las olas?
    Ingenio tienes, y brío,
y ocasión tienes también 320
para procurar tu bien,
como yo procuro el mío.


JULIA ¿Y si te conoce, a dicha?



PORCIA Engañada en eso estás:

que él no me ha visto jamás. 325


JULIA Puede mucho una desdicha.



[PORCIA] Nuestro mucho encerramiento

y libertad oprimida,
como causó esta venida,
cegará su entendimiento. 330


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


JULIA Pues si el cielo, mi enemigo,

te hiciere conocer,
nunca lo des a entender
que te veniste conmigo.
    Sigue a solas tu ventura, 335
que yo seguiré la mía,
y el blando amor que nos guía
abone nuestra locura.
    Yo a Manfredo le diré
que a la patria te volviste. 340
Mas, ¿qué gente es ésta? ¡Ay triste!


PORCIA No sé; disimúlate.


 
(Entran ANASTASIO, MANFREDO
y los dos ciudadanos.)

  

CIUDADANO 1 Es el caso inaudito, y la insolencia

del duque de Rosena demasiada,
mala en el hecho y mala en la apariencia. 345


ANASTASIO Cuando del apetito es sojuzgada

la razón, no hay respeto que se mire,
ni justa obligación que sea guardada.


CIUDADANO 2 ¿Quién lo vendrá a entender que no se admire?:

que, faltando a la ley del hospedaje, 350
con las prendas del huésped se retire.
Y más aquel que debe por linaje,
por ser, por calidad, por gentileza,
hacer a todos bien, a nadie ultraje.


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ANASTASIO Debe de ser de vil naturaleza, 355

o a quien soberbia natural inclina
a tan infames hechos de bajeza.
Pues a fe que fabricas tu ruïna,
Manfredo ingrato: que Dorlán bien suele
amansar tu arrogancia repentina. 360


MANFREDO A un pobre labrador, ¿por qué le duele

tanto de Julia y Porcia el robo incierto?
Quizá miente la fama.


PORCIA ¿Hablaréle?



JULIA Háblale; pero no te ha descubierto.



ANASTASIO ¡Siempre son ciertas las desdichas mías! 365



MANFREDO ¿Desdichas tuyas? ¡Bueno estás, por cierto!



ANASTASIO ¿Qué scita vive en sus regiones fieras,

qué garamanta en su abrasada arena,
o en tierras, si las hay, de amubaceas,
que apruebe que un gran duque de Rosena, 370
siendo del de Dorlán huésped y amigo...


JULIA Aquestos argumentos me dan pena.



ANASTASIO ...como astuto ladrón, como enemigo,

haberle de sus prendas despojado,
sin que diga lo mismo que yo digo: 375
que fue Manfredo ingrato y mal mirado?


JULIA Apostaré que el duque te conoce.



PORCIA Desvíate en buen hora a esotro lado.



MANFREDO Buen hombre, no es razón que se alboroce

así vuestro sentido: que a Manfredo 380
no le estima cual vos quien le conoce.


JULIA Que han de reñir los dos tengo gran miedo.



PORCIA Pues, por Dios, que si riñen...



JULIA Calla o vete.


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


PORCIA Añade a lo que dices: si es que puedo.



ANASTASIO Tampoco no sé yo a qué se entremete 385

a defender un hecho un estudiante
donde tan gran pecado se comete.


[CIUDADANO] 2 Señores, no paséis más adelante:

que si es verdad que el duque hizo tal hecho,
aquel que lo defienda es ignorante. 390


ANASTASIO ¡Vive Dios, que se me arde en rabia el pecho!



MANFREDO ¡Por Dios, que está el villano muy donoso!



JULIA Cuajóse la cuestión; ello está hecho.



ANASTASIO ¿Villano a mí? ¡Escolar sucio y astroso,

capigorrón, brodista, pordiosero! 395


MANFREDO ¡Oh villano otra vez, loco furioso!



PORCIA Mal haré si no ayudo a quien bien quiero.



[CIUDADANO] 1 ¿Qué es esto? ¿Con puñal a un desarmado?



ANASTASIO Dejad que llegue aqueste vil grosero.



[CIUDADANO] 2 Cada cual de los dos sea bien mirado: 400

miren quién está en medio.


MANFREDO ¿Tanto brío

en un villano pecho está encerrado?


JULIA ¿Piedras a mi señor?



PORCIA ¿Piedras tú al mío?



JULIA ¡Oh! ¿También tú, villano?



PORCIA ¡Oh sucio paje!



JULIA Rutilio, di: ¿no es éste desvarío? 405

¿Bofetada en mi rostro? ¡Ya el coraje
ha llegado a su punto, y no es posible
que temor o respeto aquí le ataje!


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


[CIUDADANO] 1 Los dos criados, con furor terrible,

se han asido también.


[CIUDADANO] 2 ¡Ténganse, digo! 410



MANFREDO ¡Hasta que mate a éste, es imposible!



ANASTASIO ¡No estimo su puñal en sólo un higo!



[CIUDADANO] 2 ¡Otra vez digo que se tengan, ea!



JULIA ¡Deja estar los cabellos, enemigo!

    ¿Quieres, con esparcirlos, que se vea 415
quién somos?


PORCIA Pues, hereje, ¿estásme dando,

y no te he yo de dar?


[CIUDADANO] 1 Otra pelea

es ésta más crüel que estoy mirando.


JULIA ¡Ay, que la boca toda me deshaces!



PORCIA ¡Suelta tú el labio!



JULIA ¡Ya le voy soltando! 420



PORCIA ¡Acaba de soltar!



[CIUDADANO] 1 ¡Quitad, rapaces!



JULIA ¡Ay, que me muerde!



PORCIA ¿Echáisme zancadilla?



JULIA ¿Qué haces, enemigo?



PORCIA Y tú, ¿qué haces?



[CIUDADANO] 2 Envainad vos, señor, y esta rencilla

quédese así, pues no os importa nada. 425


MANFREDO ¡Dios sabe por qué gusto diferilla!



PORCIA Quitásteme el gabán, desvergonzada;

la mano, digo, que tal fuerza tiene;
pero ésta mía me hará vengada.


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


[CIUDADANO] 1 ¿Han visto con qué brío el mozo viene? 430

¿Y éste es vuestro criado?


ANASTASIO No, por cierto.



MANFREDO Rutilio, ¿cómo es esto?



PORCIA No conviene

    que mi designio aquí sea descubierto.


MANFREDO Pues, ¿por qué peleabas con tu hermano?



PORCIA De ignorancia nació mi desconcierto; 435

que, como vi este traje de villano,
tan parecido a aquellos de mi tierra,
dejarle de ayudar no fue en mi mano.
    Y creo, si la vista no se yerra,
que éste es un mi pariente conocido, 440
que de todo mi gusto me destierra.


MANFREDO El seso, al parecer, tienes perdido;

mas no le pierdas tanto que señales
pieza por donde yo sea conocido.


PORCIA Seguro está, señor, que ni por males 445

ni bienes que a Rutilio el cielo envíe,
dará de ser quién eres las señales,
y en tal seguro el tuyo se confíe.


MANFREDO ¿De modo que a la patria quies volverte?



PORCIA Antes que el tiempo cargue y más enfríe. 450



MANFREDO ¡Adiós, que yo no quiero detenerte!



PORCIA Mi hermano queda acá.



MANFREDO Gusto infinito.



PORCIA Plega a Dios que en servirte en todo acierte.


 
(Vase MANFREDO y los dos ciudadanos.)


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


JULIA Dime, Rutilio: ¿a dicha, queda escrito

en el alma el rencor que hemos mostrado? 455


PORCIA A la ocasión y al gusto le remito.



JULIA ¿Iré de tu buen pecho confiado?



PORCIA Pues, ¿quién lo duda?



JULIA ¡Adiós, pues, firme amigo!


 
(Vase JULIA.)

  

PORCIA ¡Adiós, mocito mal aconsejado!

Ya me tienes, señor, aquí contigo; 460
a tu gusto me manda, que yo espero
que amor me ha de ayudar al bien que sigo.

   

ANASTASIO Pues yo de todo bien ya desespero.

¡Oh amor, que con la vida me atropellas
la honra, pues sin ella vivo y muero! 465
Allí llega el ardor de sus centellas,
donde pueda quitar el sentimiento
de las cosas que es muerte el no tenellas.
    Julia, robada; el duque, en salvamento;
yo, a quien el caso toca, descuidado 470
con el cuidado que en el alma siento.
De un estudiante vil mal afrentado;
socorrido de un pobre pastorcillo,
aunque en esto me doy por bien pagado.
    Padezco el mal; no sé a quién descubrillo; 475
mas, aunque lo supiese, no osaría,
pues no es para sufrillo ni decillo.


PORCIA Si acaso éste no fuera el primer día

que de buena amistad te doy la mano,
pudiéraste fiar de la fe mía. 480
    Acomódome al traje de villano
por servirte en el tuyo: señal clara
que soy de proceder fácil y llano.
Si en algunos escrúpulos repara
tu voluntad, el tiempo tendrá cargo 485
de mostrarte la mía abierta y clara.
    Yo de serte fïel sólo me encargo,
con pecho noble, sin torcido enredo,
sin que dificultad me ponga embargo.


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Jornada II
Pág. 053 de 107
El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ANASTASIO Sabrás...; basta, no más.



PORCIA ¿Que tienes miedo 490

de descubrirte a mí? Pues yo te juro,
por todo aquello que jurarte puedo,
    que puedes sin escrúpulo, al seguro,
fiar de mí cualquier tu pensamiento.


ANASTASIO Conviéneme creer que estoy seguro; 495

porque para salir con el intento
que tengo, sólo entiendo que tú eres
el más fácil y cómodo instrumento;
    y es menester, si gusto darme quieres,
que, fingiendo ser moza labradora... 500
¿De qué te ríes?


PORCIA Di lo que quisieres,

que no me río, a fe.


ANASTASIO Si es que no mora

voluntad en tu pecho de servirme,
dímelo, y callaré luego a la hora.


PORCIA No digo de mujer; pero vestirme 505

de diablo lo haré, pues que te agrada,
con prompta voluntad y ánimo firme.


ANASTASIO Serás de mí tan bien gratificado,

que iguale a tu deseo el beneficio.


PORCIA Quedo en sólo servirte bien pagado. 510

    Prosigue, pues.


ANASTASIO Ha dado en sacrificio

un amigo su alma a la duquesa,
que está acusada de un infame vicio.
No se puede saber, como está presa,
si tiene culpa o no, y él, sin sabello, 515
duda el ser defensor de tal empresa.
    A mí me ha dado el cargo de entendello,
y, con este gabán disimulado,
ha algunos días que he entendido en ello.


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Jornada II
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PORCIA ¿Y has alguna verdad averiguado? 520



ANASTASIO Ninguna.



PORCIA Pues, ¿qué ordenas?



ANASTASIO Que te pongas

en el traje que digo disfrazado,
    y a dar a Rosamira te dispongas
un papel, y a sacarle de su pecho
cuanto tuviere en él.


PORCIA Como compongas 525

bien el rústico traje, ten por hecho
lo que pides.


ANASTASIO La entrada está segura,

dejando al carcelero satisfecho.
    Has de llevar el rostro con mesura.


PORCIA Para una labradora, poco importa; 530

basta que lleve el pecho con cordura.
La carta escribe y la partida acorta,
que yo de parecer mujer no dudo.


ANASTASIO Habla sutil, y en pláticas sé corta.



PORCIA ¡Ah ciego amor, de pïedad desnudo, 535

y en qué trance me pones!


ANASTASIO ¿Te arrepientes?



PORCIA Nunca del buen intento yo me mudo.

Aunque tuviera el caso inconvenientes
mayores, con mi industria los venciera
y buscara los medios suficientes. 540


ANASTASIO Si supieses la paga que te espera,

cual yo la sé, mancebo generoso,
a más tu voluntad se dispusiera:
que soy otra persona que este astroso
hábito muestra.


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Jornada II
Pág. 055 de 107
El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


PORCIA Y yo seré un criado 545

para ti el más fïel y cuidadoso
que se pueda hallar en lo criado.

 
(Éntranse.)
 
(Sale MANFREDO y JULIA.)

  

MANFREDO ¡Brioso era el villano!



JULIA Y atrevido además, según dio muestra.



MANFREDO Y muy necio tu hermano. 550



JULIA La juventud lo causa, poco diestra

en lazos de importancia.


MANFREDO ¿Volvióse?



JULIA ¡Y no le arriendo la ganancia!



MANFREDO Torna, pues, ¡oh Camilo!,

y dime aquello que decías agora, 555
usando el mismo estilo:
que el modo de decirlo me enamora,
y el caso me suspende.


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Jornada II
Pág. 056 de 107
El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


JULIA Pues dello gustas, buen señor, atiende.

    «Llegóse a mí un mancebo 560
de agradable presencia, bien tratado,
con un vestido nuevo,
que creo que por éste fue trazado;
llegóse, como digo,
y díjome: "Escuchadme, buen amigo". 565
    Volví, miréle, y vile
lloviendo perlas de sus bellos ojos;
la mano entonces dile,
de lástima movido, y él, de hinojos,
temeroso tomóla, 570
y, bañándola en lágrimas, besóla.
    Yo, del caso espantado,
le alcé y le pregunté lo que quería;
él, casi desmayado,
me dijo que merced recibiría 575
si un poco le escuchase
en parte donde naide nos notase.
    Llevéle a mi aposento;
sentóse, sosegóse, y después dijo
con desmayado aliento, 580
con voz turbada y anhelar prolijo:
"Yo soy...", y calló luego,
y el rostro se le puso como un fuego.
    Por estos movimientos
conocí que vergüenza le estorbaba 585
a decir sus intentos;
y como yo sabellos deseaba,
lleguéme a él, diciendo
razones que le fueron convenciendo.
    En fin, dellas vencido, 590
tras de un suspiro doloroso, ardiente,
ya el rostro amortecido,
el codo y palma en la rodilla y frente,
dijo: "Yo soy aquella
a quien persigue su contraria estrella; 595
    yo soy la sin ventura
que, a la primera vista de unos ojos,
sin valor ni cordura,
rendí la libertad de los despojos
de la honra y la vida, 600
pues una y otra cuento por perdida:
    yo soy Julia, la hija
del duque de Dorlán, cuyo deseo
ya no hay quien le corrija;
ni el cielo ofrece, ni en la tierra veo 605
remedio al dolor mío,
y es bien que no le tenga un desvarío".
    Quedé, en oyendo aquesto,
bien como estatua mudo, y, sin hablalla,
quise escuchar el resto, 610
temiendo con mi plática estorballa;
y prosiguió diciendo
lo que me fue encantando y suspendiendo:
    "Yo -dijo- vi a Manfredo,
aqueste dueño venturoso tuyo 615
-que ya no tengo miedo,
ni de contar, y más a ti, rehuyo
la mal tejida historia,
digna de infame y de inmortal memoria-.
    Teníame mi padre 620
encerrada do el sol entraba apenas;
era muerta mi madre,
y eran mi compañía las almenas
de torres levantadas,
sobre vanos temores fabricadas. 625
    Avivóme el deseo
la privación de lo que no tenía
-que crece, a lo que creo,
la hambre que imagina carestía-;
mas no era de manera 630
que yo no respondiese a ser quien era.
    Hasta que mi desdicha
hizo que este Manfredo huésped fuese
de mi padre, que a dicha
tuvo que la ocasión se le ofreciese 635
de mostrar su grandeza
sirviendo a un duque de tan grande alteza.
    En fin, yo, de curiosa,
un agujero hice en una puerta,
que a la vista medrosa, 640
y aun al alma, mostró ventana abierta
para ver a Manfredo.
Vile, y quedé cual declarar no puedo".»
    Ni aun yo puedo contarte
más por agora, porque gente viene. 645


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Jornada II
Pág. 057 de 107
El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


(Sale PORCIA, como labradora,
con un canastico de flores y fruta.)
PORCIA Amor, bien será que abajes 650

mi vida a tu proceder,
pues no me quieres comer,
aun hecha tantos potajes.
    Primeramente pastor
me hiciste, y luego estudiante, 655
y, andando un poco adelante,
me volviste en labrador,
    para labrar mis desdichas
con yerros de tus marañas:
que éstas son de tus hazañas 660
las más venturosas dichas.
    Flores llevo, donde el fruto
que cogeré ha de ser tal,
que al corazón de mortal
le sirva [y] de triste luto. 665
    Papel que vas encerrado
entre estas flores, advierte
que eres sierpe que a mi muerte
ha el amor determinado.
    No pienses, yendo conmigo, 670
ver tu intención declarada:
que no he de poner la espada
en manos de mi enemigo.
    Tú de mi alma lo eres,
y éstos del cuerpo lo son.

 
(Entra TÁCITO y ANDRONIO.)

  
¡Del diablo es esta visión!
Vade retro! ¿Qué me quieres?


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Jornada II
Pág. 058 de 107
El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


MANFREDO Vamos por esta parte,

que está mas fresca y menos gente tiene.
Anda, que estoy suspenso,
y vame dando el cuento gusto inmenso.

 
(Éntranse MANFREDO y JULIA.)


TÁCITO ¡Oh, qué buen rato se ofrece

con la pulida villana!


PORCIA ¡Por Dios, que vengo de gana! 680



ANDRONIO Bonísima me parece.

    ¿Qué es lo que cogió del suelo?


TÁCITO Algo que se le cayó;

o tú llega, o llego yo.


PORCIA Algún mal caso recelo; 685

    que éstos son grandes bellacos,
y me tienen de embestir.
¡Oh, quien pudiera huir
el encuentro destos cacos!


TÁCITO Mi señora labradora, 690

vengáis con los años buenos,
de paz y abundancia llenos.


ANDRONIO Vengáis muy mucho en buen hora.



TÁCITO ¿Qué trae aquí, por mi vida?

¡Oh, pese a quien me parió! 695


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Jornada II
Pág. 059 de 107
El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ANDRONIO ¿Diote?



TÁCITO Sí. ¡Y cómo que me dio!

La mano tengo aturdida.
   ¡Con otro me has de pagar
el garrote que me has dado!


PORCIA ¡Que me roban en poblado! 700

¿No hay quien me venga a ayudar?
    ¡Que me roban, ay de mí!
¡Ladrones, dejad la cesta!
 
(Sale el CARCELERO.)

  
¿Qué soledad es aquésta?
¿Naide pasa por aquí? 705


CARCELERO ¿Qué es esto, desvergonzados?



TÁCITO Ojo, el señor, ¿con qué viene?

Bien parece que no tiene
los amplíficos cuidados
    ni la cuenta del negocio 710
de los dolientes distintos,
cuando destos laberintos
es la propria causa el ocio.


CARCELERO ¿Qué es lo que decís, malditos?



ANDRONIO Que se vaya dilatando 715

en paz, con el cómo y cuándo;
tenga los ojos marchitos,
    porque nos cumple acabar
con aquesta labradora.


CARCELERO Y vos, ¿qué decís, señora? 720


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Jornada II
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PORCIA Que me querían robar

    aquesta fruta que llevo
a la señora duquesa.


CARCELERO ¿A la presa?



PORCIA Sí, a la presa.



TÁCITO Nego.



ANDRONIO Probo.


 
(Meten la mano en el canastillo
y comen de la fruta.)

  

TÁCITO Y yo las pruebo. 725



CARCELERO ¡Hideputa, sinvergüenza!

¡Andad, bellacos, de aquí!}}


TÁCITO Nunca el comer puso en mí

género de desvergüenza.


ANDRONIO Agradezca la villana 730

que ha tenido buen padrino;
mas si hacéis otro camino,
yo reharé mi sotana.


TÁCITO ¡Mal haya la suerte avara!



ANDRONIO Vamos, amigo, a lición... 735


 
(Éntranse TÁCITO y ANDRONIO.)

  

CARCELERO Tan grandes bellacos son

como los hay en Ferrara.
    Vamos, labradora, a donde
podáis ver a la duquesa,
que en mi poder está presa. 740


PORCIA Guíe, que no sé por dónde.


 
(Éntranse.)
 
(Salen MANFREDO y JULIA.)

  

MANFREDO Prosigue, que no hay gente

que aquí nos pueda oír.


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Jornada II
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JULIA La desdichada

prosiguió en voz doliente
su historia, en desvaríos comenzada, 745
y dijo: «Vi a Manfredo,
vile, y quedé cual declarar no puedo:
    que en un instante pudo
y quiso amor, con mano poderosa,
de pïedad desnudo, 750
la imagen de Manfredo generosa
grabar así en mi alma,
que della luego le entregué la palma.
    Volvíme a mi aposento,
llevando en la memoria y en el seno, 755
con gusto y descontento,
la mirada belleza y el veneno
de amor que me abrasaba
y la virtud honrosa refriaba.
    Hice discursos varios, 760
fundé esperanzas en el aire vano,
atropellé contrarios,
dile al Amor renombre de tirano
y de señor piadoso,
y al cabo el entregarme fue forzoso. 765
    Dejé mi padre, ¡ay cielos!;
dejé mi libertad, dejé mi honra,
y, en su lugar, recelos
y sujeción tomé, muerte y deshonra;
y a buscar he venido 770
este huésped apenas conocido.
    Hoy en tu compañía
le he visto, y, aunque en traje disfrazado,
como en el alma mía
traigo su rostro al vivo dibujado, 775
al punto conocíle;
vile, alegréme, y hasta aquí seguíle.
    "Quiero, pues, ¡oh mancebo!
-y esto cubriendo perlas sus mejillas,
hincándose de nuevo 780
ante mí, visión bella, de rodillas-;
quiero -dijo- que digas
al tuyo, que es mi dueño, mis fatigas.
    Que yo no tengo lengua
para decir mi mal, ni la dolencia 785
mi honestidad y mengua,
para poder ponerme en su presencia.
Tú a solas le relata,
la muerte con que amor mi vida mata;
    que no estará tan duro 790
cual peñasco al tocar de leves ondas,
ni cual está al conjuro
del sabio encantador, en cuevas hondas,
la sierpe, en esto cauta,
ni cual airado viento al Euste nauta. 795
    No le habrán leche dado
leonas fieras de la Libia ardiente,
ni habrá sido engendrado
de algún cíclope bárbaro inclemente,
para que no se ablande 800
oyendo mi dolor y amor tan grande.
    Rica soy y no fea,
tan buena como él en el linaje,
si ya no es que me afea
y me deshonra este trocado traje; 805
mas, cuando amor las causa,
en todas estas cosas pone pausa.
    Rosamira infamada,
justamente impedido el casamiento,
yo dél enamorada, 810
cual la tierra del húmido elemento:
si esto no es desvarío,
¿quién lo podrá estorbar que no sea mío?"»
    Esto dijo, y al punto
dejó caer los brazos desmayados, 815
quedó el rostro difunto,
los labios, que antes eran colorados,
cárdenos se tornaron,
y sus dos bellos soles se eclipsaron.
    Levantósele el pecho, 820
su rostro de un sudor frío cubrióse,
púsela sobre el lecho,
de allí a un pequeño rato estremecióse,
volvió en sí suspirando,
siempre lágrimas tiernas derramando. 825
    Consoléla y roguéla
que en aquel aposento se estuviese,
sin temor de cautela,
hasta que yo su historia te dijese.
Encerrada la dejo: 830
¡mira si es raro de mi cuento el dejo!


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


MANFREDO Y tan raro, que no puedo

persuadirme a que es verdad;
aunque amor y liviandad
no se apartan por un dedo. 835
    ¿Y que queda en tu aposento?


JULIA Como digo, sin mentir.



MANFREDO No me pudiera venir

nueva de mayor contento.


JULIA Luego, ¿piénsasla gozar? 840



MANFREDO Mal me conoces, Camilo:

que tan mal mirado estilo
no se puede en mí hallar.


JULIA Pues, ¿qué piensas hacer della?



MANFREDO Envialla al padre suyo: 845

que con esto restituyo
mi inocencia y su querella.


JULIA ¡Mal pagas lo que te quiere!



MANFREDO La honra se satisfaga:

que un torpe amor esta paga 850
y aun otra peor requiere.


JULIA ¿Amar tan alto sujeto

es error?


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Jornada II
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MANFREDO Y conocido:

porque amor tan atrevido,
aunque es amor, no es perfeto. 855
    Es el amor, cuando es bueno,
deseo de lo mejor;
si esto falta, no es amor,
sino apetito sin freno.
    Con todo, vamos a vella; 860
pero no es bien miralla,
que en tales visitas se halla
ocasión para perdella;
    que yo no soy Scipión
ni Alejandro en continencia, 865
para hacer la esperiencia
de mi blanda condición;
    y yo soy de parecer,
y la experiencia lo enseña,
que ablandarán una peña 870
lágrimas de una mujer.


JULIA Si no te ablanda su amor,

no lo hará su hermosura.


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


MANFREDO Con todo, será cordura

huir del daño mayor. 875
    Si la recibo, me hago
en su huida culpado;
si la vuelvo, habré mostrado
que a ser quien soy satisfago,
    escusaré el desafío, 880
cobraré el perdido honor.


JULIA ¡Oh! ¡Mal haya tanto amor,

mal pagado y mal nacido!
    ¡Desdichada de la triste
que te quiso sin porqué! 885


[MANFREDO] En esos trances se ve

quien su gusto no resiste.
    Pero vámonos a casa,
que, con todo, pienso vella.


JULIA Quizá vendrás a querella. 890



MANFREDO No es mi fuego desa brasa.


 
(Éntrase MANFREDO.)

  

JULIA ¡Ay, crüel, cómo te vas

triunfando de mis despojos!
¿Qué consejo en mis enojos
es, ¡oh Amor!, el que me das? 895
    En gran confusión me veo.
¿Quién me podrá aconsejar?
En fin, habré de acabar
a las manos del deseo.


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Jornada II
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[Éntrase JULIA.]
 
(Sale ROSAMIRA con un manto hasta los ojos.)
ROSAMIRA Quien me viere desta suerte, 900

juzgará, sin duda alguna,
que me tiene la fortuna
en los brazos de la muerte.
    Pues no es así: porque Amor,
cuando se quiere extremar, 905
con el velo del pesar
suele encubrir su favor.
    Honra, eclipse padecéis
porque entre vos y mi gusto
la industria ha puesto un disgusto, 910
por el cual escura os veis;
    mas pasará esta fortuna
que así vuestra luz atierra
como sombra de la tierra,
puesta entre el sol y la luna. 915


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Jornada II
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(Entran el CARCELERO y PORCIA.)
CARCELERO Veisla ahí; habladla, y luego

os salid con brevedad.


[PORCIA] ¡Ay obscura claridad!

¡Mal haya el vendado ciego!
    ¡Mirad cuál la tiene puesta! 920


ROSAMIRA Pues, amiga, ¿qué buscáis?



PORCIA Señora, que recibáis

lo que traigo en esta cesta,
    que son unas bellas flores
con alguna fruta nueva. 925


ROSAMIRA ¡Vos sola habéis hecho prueba

de consolar mis dolores!
    Sentaos aquí par de mí,
y esas flores me mostrad,
y ese rebozo os quitad. 930


PORCIA Señora, veislas aquí;

    pero sentarme, eso no.
El embozo, ya le quito.

   

ROSAMIRA Sentaos conmigo un poquito;

basta que lo diga yo. 935


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Jornada II
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PORCIA Estaba determinada,

señora, de no lo hacer;
mas dicen que es mejor ser
necia, que no porfiada,
    y así, me asiento y suplico, 940
si mi ruego puede tanto,
que os alcéis del rostro el manto
otro poco, otro tantico.


ROSAMIRA Vesme descubierta, amiga;

que a más fuerza tu cordura. 945


PORCIA ¡Jesús! ¿Que tanta hermosura

ha puesto en tanta fatiga?


ROSAMIRA Amiga, déjate deso,

y dime: ¿qué te movió
a venirme a ver?


PORCIA Sé yo 950

que fue de amor el exceso,
    y el ver que ya el señalado
plazo llega a más correr,
adonde el mundo ha de ver
tu inocencia o tu pecado; 955
    y querría ver si puedo
serte en algo de provecho,
antes de llegar al hecho
que al más fuerte pone miedo;
    que es Dagoberto valiente. 960


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ROSAMIRA Así le conviene ser

quien tiene de defender
que es culpada la inocente.
    Sale del curso ordinario
el caso de mi porfía, 965
porque está la salud mía
en la lengua del contrario.
    Quien me deshonra ha de ser
el mismo que me ha de honrar,
y esto me hace callar 970
y culpada parecer.
    Mas, dime: ¿acaso has oído
qué se hizo el de Rosena?


PORCIA Por todo el lugar se suena

que volvió al suyo corrido. 975
    Otros la culpa le dan
de que la hija sacó,
cuando alegre le hospedó
el gran duque de Dorlán,
    y con ella otra su prima; 980
pero yo sé que es mentira.


ROSAMIRA ¡Ya no es sola Rosamira

a quien Fortuna lastima!


PORCIA Y esta su prima es hermana

de Dagoberto el traidor. 985


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Jornada II
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El laberinto del amor Jornada II Miguel de Cervantes


ROSAMIRA ¡Sabes muy poco de amor,

discreta y bella aldeana!


PORCIA El hijo del de Dorlán

se suena que te defiende.


ROSAMIRA ¿Quién lo dice?



PORCIA Quien lo entiende. 990



ROSAMIRA ¡En vano toma ese afán!

    Mas su intención le agradezco,
porque, al fin, es de quien es.


PORCIA Que él no pida el interés,

aunque venza, yo me ofrezco; 995
    porque por su gentileza
lo hace, y no por su amor.


ROSAMIRA Así mostrará mejor

su valentía y nobleza.
    Pero, puesto que él venciese, 1000
con él no me casaré.


PORCIA Pues, ¿por qué?



ROSAMIRA Yo sé el porqué.



PORCIA ¿Y si él el premio pidiese?



ROSAMIRA No llegará a aquese estremo,

si me vale mi justicia; 1005
mas, como reina malicia,
de cien mil azares temo.
    Ven conmigo a otro aposento,
labradora de mi vida,
que en parte más escondida 1010
te quiero hablar un momento;
    que me ha dado el corazón
que el Cielo aquí te ha traído
para que en gozo cumplido
vuelvas mi amarga prisión. 1015
    Ven, que ya en tu voluntad
está mi vida o mi muerte,
mi buena o mi mala suerte,
mi prisión o libertad.


PORCIA Vamos, señora, do quieres, 1020

y de mí daré a entender
que te puedes prometer
aun más de lo que quisieres:
    que desde aquí te consagro
la voluntad y la vida. 1025


ROSAMIRA Sin duda que tu venida

ha sido aquí por milagro.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


 
Salen MANFREDO y JULIA.
MANFREDO ¿Que se fue?



JULIA Como lo cuento.



MANFREDO Pues ¿por qué no la tuviste?



JULIA Porque muy mal se resiste

un determinado intento.
    Apenas abrí la puerta, 5
cuando dijo: «Amigo mío,
yo sé que mi desvarío
en ninguna cosa acierta.
    No digas al duque nada,
pues sé que no ha de importar, 10
y es mejor el acabar
con mi muerte esta jornada.
   ¡Quédate a Dios!» Y salióse,
sin podella resistir;
y, aunque la quise seguir, 15
al punto desparecióse.


MANFREDO Mucho descuido has tenido.

¿Por dó se fue?


JULIA No sé, a fe.



MANFREDO ¿Que es posible que se fue?



JULIA Del modo que he referido. 20

    Mas, si no la puedes ver,
mejor es que no esté en casa.


MANFREDO ¿No sabes ya lo que pasa?



JULIA Más de lo que he menester.

  [Aparte.]
   ¡Ay de mí, cómo me veo, 25
puesta en dudosa balanza,
esperando la esperanza
cuando revive el deseo!


MANFREDO ¿Qué es lo que dices?


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


JULIA No, nada:

sólo digo que va tal, 30
que será el fin de su mal
acabar desesperada.


MANFREDO En eso echarás de ver,

Camilo, bien claramente,
que apenas hay acidente 35
que sea bueno en la mujer.
    Quieren do han de aborrecer,
vanse de adonde han de estar,
temen donde han de esperar,
esperan do han de temer. 40


JULIA Pues si la vuelvo a encontrar,

¿quieres, señor, que la diga
que te duele su fatiga?


MANFREDO A nadie supe engañar;

    mas dile lo que quisieres, 45
como hagas que la vea.


JULIA De modo haré que así sea,

si haces como quien eres.


MANFREDO ¿Qué es lo que tengo de hacer?



JULIA Ni reñilla, ni afrentalla, 50

ni al padre suyo envialla.


MANFREDO No sé cómo podrá ser.

    Sin duda, te dejó el pecho
blando Julia con su llanto.


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Jornada III
Pág. 072 de 107
El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


JULIA Tanto, que, a entender tú el cuánto, 55

ya la hubieras satisfecho.
    ¿Lágrimas eran aquellas
para no ablandar un canto?
Y ¿hay cielo que se alce tanto
do no alcancen sus querellas? 60
    ¡Ah, señor Manfredo!


MANFREDO A fe,

Camilo, que estás rendido.


JULIA Tengo el corazón herido

de lo que en Julia noté.
    El agradable reposo, 65
las razones tan sentidas,
aquellas perlas vertidas
por aquel rostro hermoso;
    los desmayos, los temores,
la vergüenza y sobresaltos, 70
el darle el corazón saltos,
en fin, el morir de amores,
    con otras cosas que, a vellas
tú, señor, como las vi,
así como han hecho a mí, 75
te ablandaran sus querellas.


MANFREDO Vamos; que, pues ya se fue,

no hay della tratarme más;
mas si vuelve, le dirás...


JULIA ¿Qué?



MANFREDO ¡Por Dios, que no sé qué! 80

    Dicen que dejan hablar
ya a la presa Rosamira.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


JULIA Esa cuerda es la que tira

de tu gusto y mi pesar.


MANFREDO Y he de procurar, si puedo, 85

hablalla, porque me importa.


JULIA [Aparte.]

¡En fin, mi ventura es corta;
no hay que esperar en Manfredo!
    Mas, antes que el fin funesto
llegue que temo y deseo, 90
yo echaré de mi deseo
en la plaza todo el resto.

 
(Éntranse JULIA y MANFREDO.)
 
(Sale ROSAMIRA con el vestido
y rebozo de PORCIA,
y PORCIA sale con el de ROSAMIRA,
con el manto hasta cubrirse todo el rostro.)

  

ROSAMIRA Abrázame, y a Dios queda,

y de mi palabra fía.


PORCIA Advertid, señora mía, 95

que es variable la rüeda
    de la Fortuna, y que es bien
que a la prisión no volváis;
porque, aunque sin culpa estáis,
hasta agora no veo quién 100
    os defienda.


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Jornada III
Pág. 074 de 107
El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


ROSAMIRA Yo haré en eso

lo que a entrambas más importe.


PORCIA Dad en vuestras cosas corte

sin temor de mi suceso:
    que a mí no me han de matar 105
por hacer tan buena obra,
y yo sé que mi alma cobra
en ella un bien singular,
    y en que vos no parezcáis
está este bien escondido. 110
Idos, que siento rüido.


ROSAMIRA Yo volveré.

 
[Vase.]
  

PORCIA No volváis.

 
(Entra el CARCELERO,
en la mano un manto,
la mitad de arriba abajo de tafetán negro,
y la otra mitad de tafetán verde.)

  

CARCELERO ¡Vais norabuena, labradora hermosa!

Si de volver gustáredes, prometo
de daros puerta franca a todas horas, 115
y aun a todos aquellos que quisieren
comunicar con mi señora.


PORCIA Bueno.


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Jornada III
Pág. 075 de 107
El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


CARCELERO No, sino no le den al delincuente

procurador, y niéguenle abogado,
ciérrenle los caminos y los medios 120
de su defensa, tápenle la boca;
quedarse ha a buenas noches de la vida.
¡Oh señora! ¿Aquí estabas? Yo te hacía
en el otro aposento, donde sueles
en ciega obscuridad pasar los días. 125
Orden es de tu padre que te pongas
mañana, cuando salgas a la plaza,
al triste, temeroso, amargo trance,
este manto que ves, de dos colores.
Ha ordenado también que te acompañen 130
la mitad de su guarda con insignias
de dolor y tristeza, y que asimismo
vaya la otra mitad de gala y fiesta.
Al lado izquierdo has de llevar, señora,
al verdugo, blandiendo el terso acero, 135
instrumento mortal que te amenace
a muerte irreparable si, por dicha,
venciere Dagoberto en tu deshonra.
De verde lauro una corona hermosa
al diestro lado ha de llevar un niño, 140
para que del suceso que resulte,
alegre o triste, o ya el cuchillo corra
por tu bella garganta, o ya tus sienes
del vitorioso lauro veas ceñidas.
Esto vengo a decirte, y no otra cosa. 145
¿No me respondes? Pues a fe que sabes
la voluntad que tengo de servirte,
y que, como el soltarte no me pidas,
porque, en fin, soy leal al señor mío,
que no habrá cosa que por ti no haga, 150
y así, una pura voluntad te ofrezco.
¿Qué me respondes?


PORCIA Que te lo agradezco.


 
(Éntrase PORCIA.)

  

CARCELERO ¡Estraño silencio es éste!

¡Mucho me da que pensar!
¡Mas téngola de ayudar, 155
aunque la vida me cueste!


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Jornada III
Pág. 076 de 107
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(Entran ANASTASIO y CORNELIO.)

CORNELIO De un mozo no conocido

fiarte así, ¿quién tal vio?


ANASTASIO ¿Pues qué he de hacer?



CORNELIO ¿Qué sé yo?



ANASTASIO ¿Hase de ir así vestido? 160



CORNELIO Con todo, digo que fue

error conocido y claro.


ANASTASIO A lo hecho no hay reparo.

Mas, ¿no es éste?


CORNELIO ¿Yo qué sé?


 
(Sale ROSAMIRA con el embozo.)

  

ANASTASIO Él es. Vengas en buen hora, 165

Rutilio, mi buen amigo.


CORNELIO Tal estás, que afirmo y digo

que eres pura labradora.


ANASTASIO No porque estemos los dos,

vayas el caso encubriendo. 170


ROSAMIRA Hermanos, yo no os entiendo;

dejadme, y andad con Dios,
    que no soy la que pensáis.


ANASTASIO No es de Rutilio la habla.

¡Mal mi negocio se entabla! 175
¿Pues quién sois? ¿Adónde vais?
    O ¿quién os dio este vestido?
Porque le conozco yo.


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Jornada III
Pág. 077 de 107
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ROSAMIRA Mi dinero me le dio.



ANASTASIO Y el vendedor, ¿quién ha sido? 180

    Porque hasta que lo digáis,
no habéis de pasar de aquí.


ROSAMIRA ¡Desventurada de mí;

mal término es el que usáis!
    No me quitéis el embozo, 185
porque a fe que os cueste caro.


ANASTASIO ¡En amenazas reparo!

Venga el vestido, o el mozo.
    ¿Qué dije? Muy mal hablé:
este vestido os demando. 190

 
(Sale DAGOBERTO y un criado suyo.)

  

DAGOBERTO Alza los ojos, mirando

si la ves.


ROSAMIRA Ya me escapé;

    porque aquéste es Dagoberto,
a quien yo vengo a buscar.


ANASTASIO Pues qué, ¿piénsaste escapar? 195



ROSAMIRA Tenga; si no, juro, cierto...



DAGOBERTO ¿Qué pendencia es ésta, amigos?



ROSAMIRA Príncipe, hablarte quisiera

a solas, si ser pudiera,
o no con tantos testigos. 200
    Y, para facilitallo,
mira quién soy.


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Jornada III
Pág. 078 de 107
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(Descúbrese ROSAMIRA a sólo DAGOBERTO.)

  
DAGOBERTO ¿Qué es aquesto?

Amigos, váyanse presto.


ANASTASIO En gran confusión me hallo:

    que éste no es Rutil[i]o; no, 205
puesto que trae su vestido.


CORNELIO Algún mal le ha sucedido.



ANASTASIO ¿Mal ha de ser?



CORNELIO No sé yo.



ANASTASIO Yo he de hablar a Rosamira,

y della lo he de saber. 210


CORNELIO A mucho te quiés poner.



DAGOBERTO Señora, el verte me admira.

    ¿Cómo vienes deste modo?
¿Quién te puso en este traje?


[ROSAMIRA] El tiempo, que es corto, ataje 215

el darte cuenta de todo.
    Sólo vengo a que me lleves
luego a Utrino.


DAGOBERTO ¿Cómo así?



ROSAMIRA Y lo ordenado hasta aquí,

ni lo intentes, ni lo pruebes. 220
    No quiero en un cadahalso
verme puesta, hecha terrero
del vulgo bajo y grosero,
ni a ti juzgado por falso.


DAGOBERTO ¿Tienes más que me decir? 225



ROSAMIRA No.



DAGOBERTO ¿Ni veniste a otra cosa?



ROSAMIRA No.


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Jornada III
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DAGOBERTO Mi aldeana hermosa,

mal me sabéis persuadir.
    Vamos; que yo daré medio
a lo que más nos importe. 230


ROSAMIRA Yo no sé otro mejor corte.



DAGOBERTO Mil tiene nuestro remedio.


 
(Éntrase ROSAMIRA, DAGOBERTO y su criado.)
 
(Salen el CARCELERO, MANFREDO y JULIA.)

  

CARCELERO Señor, yo os pondré con ella;

y, pues venís por su bien,
a los dos nos está bien: 235
a mí, mostralla; a vos, vella.
    Si la prisión os he abierto,
es que me da el corazón
que tiene poca razón
el príncipe Dagoberto. 240
    Esperad aquí un poquito;
entraré a llamalla yo.


MANFREDO Camilo, vete.



CARCELERO No, no;

estése aquí el pajecito:
    que mejor es que haya gente, 245
por carecer de sospechas.

 
(Éntrase el CARCELERO.)

  

JULIA ¡Ay triste, con cuántas flechas

me hiere Amor inclemente!


MANFREDO ¿Qué dices, Camilo?



JULIA Digo

que es Julia muy desdichada. 250


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Jornada III
Pág. 080 de 107
El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


MANFREDO No anduvo en irse acertada.



JULIA Fue huyendo de su enemigo.



MANFREDO Ésta es la duquesa; calla.



JULIA ¡Qué cubierto el rostro tiene!



CARCELERO Digo, señora, que viene 255

a hacer por vos batalla;
 
(Sale PORCIA y el CARCELERO.)
  
    y es de gentil contenencia
y de persona despierta.
Yo me quiero ir a la puerta,
por si viene su excelencia. 260

 
(Vase el CARCELERO.)

  

MANFREDO Aunque de quien sois se infiere

y nace seguridad
que no os toca la maldad
que os ahíja el que no os quiere,
    será bien que vuestra lengua 265
descubra lo que hay en esto,
porque su silencio ha puesto
a vuestro crédito en mengua.
    Quien lleva en el desafío
a la razón de su parte, 270
de hombre tierno, se hace un Marte;
de flaco y torpe, con brío.
    Si estáis sin culpa, no os pene
que Dagoberto sea tal,
que el mundo no le dé igual 275
en cuantos valientes tiene;
    porque sabed, Rosamira,
que los filos de verdad
cortan con facilidad
las armas de la mentira. 280
    Y si acaso estáis culpada,
y de amor la culpa fue,
asimismo probaré
con el contrario mi espada:
    que en fe de que él no hizo bien 285
en descubrir lo secreto,
de mi vitoria os prometo
que os den más de un parabién.
    Y soy persona que puedo
prometer esto y aun más. 290
¿Para qué en silencio estás?
Habla: desecha ya el miedo.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


PORCIA Esta noche, y no durmiendo,

porque entre el sueño y mis cuitas
nunca el reposo hizo treguas, 295
ni de veras ni de burlas,
digo que, estando despierta,
desvelada en mis angustias,
se me ofreció ante mis ojos
de ti mesmo una figura. 300
Las razones que aquí has dicho
dijo aquel tú, y otras muchas,
que todas se encaminaban
a desear mi ventura.
Dijo que le asegurase 305
de mi inocencia o mi culpa,
aunque, de cualquier manera,
se ofrecía a darme ayuda.
Yo, sepultada en silencio
y con el miedo confusa, 310
hice lengua de los ojos,
por tener la lengua muda;
con ellos le di a entender
ser traidor el que me acusa,
y que mi silencio nace 315
de considerada astucia.
Ya la visión se volvía,
cuando vi, sin poner duda,
entre el sí y el no una sombra;
¿qué digo sombra?, a la luna 320
vi y al sol en dos mejillas
de una doncella importuna
que, arrodillada a tu imagen,
tales razones pronuncia:
«Yo soy -dijo-, señor mío, 325
la desventurada Julia,
que, cual Clicia, voy siguiendo
esa luz del sol y tuya.
Soy quien te ha entregado el alma
con la fe más tierna y pura 330
que vio Amor en cuantos pechos
ha rendido a su ley justa.
Tú ofreces favor a quien
ni te quiere ni te escucha,
y niegas de dar oídos 335
a quien te sigue aunque huyas.
Promete, acorre, defiende,
ofrece, trabaja y suda:
que amor tiene decretado
que al fin fin yo he de ser tuya». 340
A estas sentidas razones
acompañaba una lluvia
de vivas líquidas perlas,
correos de su tristura.
Tu imagen se le humilló, 345
y aun le dijo: «Estad segura,
señora, que he de ser vuestro,
a pesar de la fortuna».
Si esto es así, ¿qué me ofreces?
¿Para qué siempre procuras 350
otro bien, si te da el cielo
el mayor, dándote a Julia?
Mas, ¿con quién hablo, cuitada?
La misma visión, sin duda,
es aquesta que vi anoche, 355
o en muy poquito se muda.
Del varón, ésta es la imagen;
la de aquéste, la de Julia.
¡Oh visiones amorosas,
dejadme en mi desventura, 360
idos a buscar verdades,
y no os curéis de mis burlas;
haced cierto lo que amor
os da a entender por figuras!
¿No os vais? Por Dios que dé gritos: 365
que mis ojos no acostumbran
a ver visiones, aunque éstas
más alegran que atribulan.
¿No os vais? A fe que dé voces.
¿No hay ninguno que me acuda? 370


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


MANFREDO Ya nos vamos; calla un poco.

¡Ella está loca, sin duda!


JULIA Antes parece profeta.

¿Quién le ha dicho lo de Julia?


MANFREDO ¡Calla, que su guarda vuelve! 375

¡El alma llevo confusa!

 
(Vanse MANFREDO y JULIA, y entra el CARCELERO.)

  

CARCELERO Otro Cipión está abajo,

que, si aqueste no os contenta,
por sacaros desta afrenta,
se pondrá en cualquier trabajo. 380
    Vestido trae de villano;
pero a fe que es caballero:
que el lenguaje no es grosero
y el brío es de cortesano.
    Dice que os quiere hablar, 385
y yo estoy puesto en que os hable.
Hablad más, mostraos afable,
que os mata tanto callar.
 
(Vuelve a salir el CARCELERO.)


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


PORCIA Si fuese Anastasio... ¡Ay cielos!

¿Qué he de hacer si acaso es él? 390
¿He de estar muda con él,
o hele de decir mis duelos?
    ¡En gran confusión me veo!
Ingenio, cielos, ayuda:
que no es posible estar muda 395
con tan parlero deseo.

 
(Entra ANASTASIO y CORNELIO,
su criado, y el CARCELERO.)

  

CARCELERO Despachad con brevedad,

no os suceda algún desmán,
que estos negocios están
de muy mala calidad. 400
    Que el silencio desta dama
tiene a Novara suspensa,
y no imagino en qué piensa
la que no piensa en su fama.
   Yo estaré con ojo alerta 405
por algún pequeño espacio,
mirando si de palacio
alguno llega a esta puerta.


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Jornada III
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(Éntrase el CARCELERO.)
  
PORCIA ¿Sois vos Anastasio?



ANASTASIO Sí.



PORCIA ¿El que envió este papel? 410



ANASTASIO Señora, yo soy aquel

que ha mucho que el alma os di;
    soy quien por vuestra desgracia
a más desventuras vino
que las que vio en su camino 415
el gran músico de Tracia;
    soy aquel que alegre piensa,
fiado en vuestro valor,
poner la vida y honor
y el alma en vuestra defensa. 420


PORCIA ¿No leístes la respuesta

que os llevó la labradora?


ANASTASIO No la he visto más, señora,

y harto el buscarla me cuesta..


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(Éntrase el CARCELERO.)
PORCIA ¿Sois vos Anastasio?



ANASTASIO Sí.



PORCIA ¿El que envió este papel? 410



ANASTASIO Señora, yo soy aquel

que ha mucho que el alma os di;
    soy quien por vuestra desgracia
a más desventuras vino
que las que vio en su camino 415
el gran músico de Tracia;
    soy aquel que alegre piensa,
fiado en vuestro valor,
poner la vida y honor
y el alma en vuestra defensa. 420}}


PORCIA ¿No leístes la respuesta

que os llevó la labradora?


ANASTASIO No la he visto más, señora,

y harto el buscarla me cuesta.


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Jornada III
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PORCIA Quizá, como forastera, 425

debió de errar la posada.
¡Pues a fe que es avisada,
y que os fue buena tercera!
    En efeto, correspondía
con justos comedimientos, 430
que vuestros ofrecimientos
con el alma agradecía,
    y que de mi honestidad,
que ahora la infamia lleva,
hiciésedes vos la prueba 435
que os mostrase la verdad.
    Jurábaos que Dagoberto
jamás en dicho o en hecho
pudo ver cosa en mi pecho
que apruebe su desconcierto. 440
    En vuestros brazos valientes
me resignaba, y ponía
en ellos la suerte mía,
segura de inconvenientes.
    Ofrecía, finalmente, 445
de tomaros por esposo:
señal de que es mentiroso
Dagoberto, y yo inocente.


ANASTASIO ¡Oh dulce fin de mis males

y principio de mis bienes, 450
cielo que en la tierra tienes
glorias que son sin iguales!
    Vesme rendido a tus pies;
dispón a tu voluntad
con toda seguridad 455
de cuanto valgo.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


PORCIA ¿No ves

    que soy tuya y que a ti toca
disponer de mí a tu gusto?


ANASTASIO ¡Alma, ahora sí que es justo

que os vuelva este gusto loca! 460


CORNELIO Déjate desas sandeces;

haz, señor, lo que has de hacer:
que no es tiempo de expender
el tiempo así todas veces.
    Recíbela por esposa; 465
acaba, y vamos de aquí.


ANASTASIO Señora, ¿queréislo ansí?



PORCIA Sí, y me tengo por dichosa.



ANASTASIO Pues dadme esa hermosa mano,

y tomad mi fe y la mía. 470

(Danse las manos.)

  

PORCIA Veisla ahí; que una porfía,

cualquier risco vuelve en llano.


ANASTASIO Ya, pues, que hasta vuestro cielo

levantaste mi caída,
sed, mi señora, servida 475
de alzar dél el negro velo,
    para que las luces bellas
vea cúyos rayos fueron
los que han hecho y deshicieron
las nubes de mis querellas, 480
    y para que, con su llama
alentado el corazón,
de la esperada quistión
se prometa triunfo y fama.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


JULIA Él está en lo cierto;

que son livianas y prestas,
    y él tiene fama de diestro
y de ligero además. 510

 
(Toma MANFREDO la espada y la rodela.)

  

MANFREDO Muestra, Camilo, y verás

cómo soy dellas maestro.


JULIA Pues ¿con quién te has de probar?



MANFREDO Llama al huésped.



JULIA Vesle aquí.



GÜÉSPED ¡Ah, Camilo, pesia mí! 515

Venid, que os ando a buscar
    más ha de un hora.


JULIA Pues bien,

¿qué hay de nuevo?


GÜÉSPED Que os espera

vuestra mujer allí fuera.


JULIA ¿Mujer a mí?



GÜÉSPED Y aun de bien, 520

    según su traje.


JULIA Imagino

que es Julia.


MANFREDO Si Julia es,

hazla entrar.


JULIA ¿Qué harás después

de entrada?


MANFREDO Yo determino

    de hablarla y ver qué es su intento. 525


JULIA ¿Y enviarásla do dijiste?



MANFREDO No, por Dios.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


JULIA No; que la triste

no puede más, según siento.
    ¡Oh, a qué buen tiempo llegaste!
Güésped, yo os lo serviré. 530
¿Y el vestido que ordené?


GÜÉSPED Está donde lo ordenaste.


 
(Éntrase JULIA a vestirse de mujer
lo más breve que se pueda.)}}

  

MANFREDO Si otra rodela tenéis,

id por ella, y volved luego.


GÜÉSPED ¿Queréis probar en el juego 535

lo que en las veras haréis?


MANFREDO Sí, amigo.



GÜÉSPED Yo vuelvo presto

con una que es de provecho.

 
(Éntrase el HUÉSPED.)

  

MANFREDO El corazón en el pecho

me da saltos. ¿Qué es aquesto? 540
    Mas, si anuncia que es verdad
lo que Rosamira dijo,
por vanas cuentas me rijo.
¿No tengo yo voluntad?
    ¿Cómo? ¿Sentidos no tengo? 545
¿No tengo libre albedrío?
¿Pues qué miedo es éste mío?
¡Mal con mi esfuerzo me avengo!
    ¿Con qué, para que me venza,
Julia me ha obligado a mí? 550
Pues no es señal verla aquí
de amor, mas de desvergüenza.
    ¿A dicha, solicitéla?
¿Dónde vee ricos despojos?
¿Viéronla jamás mis ojos, 555
o, por ventura, habléla?
    No, por cierto. ¿Pues qué cargo
me puede Julia hacer?
¿Que me quiere y es mujer?
No me faltará descargo. 560


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


(Vuelve a entrar el GÜÉSPED con una rodela.)
GÜÉSPED Vesla aquí.



MANFREDO Toma tu espada,

y vente hacia mí con ella.
Muy mejor fuera no vella.


GÜÉSPED ¿Qué dices?



MANFREDO No digo nada.



GÜÉSPED ¿Hela de desenvainar? 565



MANFREDO Poco importa; desenvaina.



GÜÉSPED Más seguro es con la vaina.



MANFREDO ¡Mucho me das que pensar,

    Julia!


GÜÉSPED Mas yo desenvaino.

¿Estoy bien puesto? ¿No entiendes, 570
señor? ¿De qué te suspendes?
Si no te ensayas, envaino.


MANFREDO No vella fuera mejor,

digo otra vez y otras ciento.
Vente a mí.


GÜÉSPED ¡Dios ponga tiento 575

en sus manos!


MANFREDO ¡Las de amor

    son las que me desatientan!


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Jornada III
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GÜÉSPED ¿Qué es lo que entre dientes hablas?



MANFREDO ¡Mal tus negocios entablas,

amor, cuando al fin afrentan! 580
    Ponte en aquesta postura,
la rodela junto al pecho,
y parte con pie derecho.
¡Estraña desenvoltura
    ha sido la desta loca! 585


GÜÉSPED ¿Qué es lo que dices, señor?



MANFREDO ¡A qué locura, oh Amor,

tu locura me provoca!
    No hay piloto tan famoso
que en tus mares no se ahogue; 590
hieres, amor, como azogue
penetrante y bullicioso.


GÜÉSPED Cordura será dejarte,

mejor sazón aguardando:
que estás del Amor tratando, 595
cuando has de tratar de Marte.


MANFREDO Mas quizá no será ella.



GÜÉSPED El temor le desatienta.



MANFREDO Si él aquesta treta tienta,

bien sé yo la contra della. 600
    ¡Válate Dios, la mujer,
cuál me tienes sin porqué!
 
(Entra TÁCITO.)

  

TÁCITO Señor güésped, oígame,

que una merced me ha de hacer,
    y es que me preste su haca 605
para ver el desafío
mañana.


GÜÉSPED A la fe, hijo mío,

ya no puede andar de flaca.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


TÁCITO No importa: que poco peso

y no he de estar mucho en ella. 610


GÜÉSPED Sobre su espinazo está

subido un palmo de hueso.


TÁCITO Haréle la silla atrás

o adelante, si es que importa.


GÜÉSPED ¿No sabéis que es pasicorta, 615

y que es rijosa además?


TÁCITO Yo le tiraré del freno

y me pondré desviado
de otras bestias.


GÜÉSPED Hale dado

torozón de comer feno. 620


TÁCITO Tendréla yo sin comer

dos días y sanará.


GÜÉSPED Para comer, sana está;

pero no para correr.

   

TÁCITO ¿Yo corrella? ¡Ni por lumbre! 625



GÜÉSPED Digo que está ciega y manca.



[TÁCITO] Eso no importa una blanca.

¿No sabe ya mi costumbre?
    Que correré sobre un palo,
sin pies y manos, si quiero. 630


MANFREDO ¡Qué gracioso chocarrero!



GÜÉSPED No es el jinete muy malo,

    que no acaba de entender
que no la quiero prestar.


TÁCITO ¡Acabara yo de hablar! 635



MANFREDO Y vos de importuno ser.



TÁCITO Pues présteme seis reales

para alquilar un rocín.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


GÜÉSPED ¿Yo prestar? ¡Ni aun un cuatrín!



TÁCITO ¿Tanto era, pesia mis males? 640

    ¿Pedíalo algún chocante
o algún mozuelo ordinario,
sino un mero bacalario,
diestro músico estudiante?


MANFREDO Veislos aquí. Andad con Dios, 645

que vuestro donaire fuerza
a que os den más.


TÁCITO Y esme fuerza,

señor, llevar otros dos
    para alquilar un pretal
de cascabeles.


MANFREDO Tomad. 650



TÁCITO Vuestra liberalidad

es de persona real.
    ¡Oh, si al pretal se añadieran
un par de espuelas!


MANFREDO Compraldas.



GÜÉSPED Pedí un puño de esmeraldas. 655



TÁCITO ¿Qué mucho que las pidieran?

    Tan aína este señor
las tuviera aquí a la mano.


GÜÉSPED Idos en buen hora, hermano.



TÁCITO Prospere el cielo tu honor, 660

    y a tu haca dé salud,
y a mí gracia de corrella.


GÜÉSPED ¡No echaréis la pierna en ella,

por vida de Cafalud!,
 
(Vase TÁCITO.)

  
    que éste es mi nombre.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


MANFREDO Camina, 665

que me importa quedar solo.


GÜÉSPED Encubierta trae este Apolo

su angélica faz divina.

 
(Vase el GÜÉSPED
y entra JULIA muy bien adrezada de mujer,
cubierta con su manto hasta los ojos,
y pónese de rodillas ante MANFREDO.)

  

JULIA Si no halla en tu valor

disculpa mi atrevimiento, 670
en las disculpas no siento
que la puede haber mejor;
y si no tiempla el rigor
    de tu indignación mi pena,
acabaré esta jornada 675
culpada y desesperada,
como mi suerte lo ordena.


MANFREDO Levanta, señora mía,

que esta tu tamaña culpa
el deseo la disculpa 680
que en tus entrañas se cría:
que de Amor la tiranía
    a peores cosas fuerza,
y sé yo por experiencia
que no hay hacer resistencia 685
a los golpes de su fuerza.
    Pues ya Amor me ha descubierto
tus pasos, tu intento y celo,
descúbreme tú ese cielo
que traes con nubes cubierto; 690
y si lo ignoras, te advierto
    que son seguras verdades
las que la experiencia apura:
que es parte la hermosura
para mudar voluntades. 695


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Jornada III
Pág. 095 de 107
El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


JULIA Harélo, como es razón;

mas, ¡ay de mí!, que barrunto
que ha de llegar en un punto
mi muerte y tu admiración.
No te espante esta visión 700
    ni este nunca visto estilo;
que el amor que en mí se esmera,
de Julia la verdadera
hizo un fingido Camilo.


MANFREDO Gran desenvoltura es ésta, 705

Camilo, y pensando voy
por qué te burlas si estoy
más de luto que de fiesta;
y es cosa muy descompuesta
    burla de tal proceder 710
en tiempo turbado y triste;
y el que de mujer se viste,
mucho tiene de mujer.


JULIA Julia soy la desdichada,

y, entre mi pena crecida, 715
más siento el no ser creída,
que siento el ser mal pagada.
Como no repara en nada
    aquel que llaman Amor,
quiere que sus hechos cante 720
Julia vuelta en estudiante,
que primero fue pastor.
    Soy la que vio Rosamira
en visión ante tus pies;
soy, señor, la que no es 725
en los ojos de tu ira;
soy la que de sí se admira,
    viendo las muchas mudanzas
que Amor en sus trajes pone,
y que en ninguno dispone, 730
el fin de sus esperanzas.


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Jornada III
Pág. 096 de 107
El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


MANFREDO Yo te creo, pues tus ojos

no pudieran fingir tanto
que mostraran con su llanto
entregarme tus despojos. 735
Pon ya tregua a tus enojos,
    Julia hermosa, y ven conmigo:
que quizá en estos rodeos
descubrirán tus deseos
que no es Amor tu enemigo. 740
    Servirásme de padrino
en la batalla que espero:
que por gentileza quiero
ponerme en este camino;
y si el cielo y el destino 745
    ordenan que yo sea tuyo,
no por salir a este trance
se ha de borrar este lance,
y más si yo no le huyo.
    No te arrodilles; levanta, 750
que eres mi igual, y aun mejor.

 
(Éntrase MANFREDO.)

  

JULIA De hoy más diré que es, Amor,

tu rigor blandura santa;
ya [a] mi pena se adelanta
    mi gozo; ya me contemplo, 755
libre del mar de mis penas,
colgar, ¡oh Amor!, las cadenas,
en los muros de tu templo.
 

(Éntrase JULIA.)
 
(Suenan trompetas tristes:
sale el DUQUE DE NOVARA con su acompañamiento
y dos jueces; siéntase en su trono,
que ha de estar cubierto de luto, y dice:)
  
   

DUQUE Traigan a Rosamira de aquel modo

que yo tengo ordenado.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


UNO Ya ella viene, 760

según lo dice el triste son que suena.



 
(Sale PORCIA cubierta con el manto que le dio el CARCELERO,
acompañada de la mesma manera que dijo,
con la mitad del acompañamiento enlutado y la otra mitad de fiesta;
el VERDUGO al lado izquierdo, desenvainado el cuchillo,
y al siniestro, el niño con la corona de laurel;
los atambores delante sonando triste y ronco,
la mitad de la caja de verde y la otra mitad de negro,
que será un estraño espectáculo. Siéntase PORCIA, cubierta,
en un asiento alto que ha de estar a un lado del teatro,
desviado del de su padre; entran asimismo DAGOBERTO y ROSAMIRA,
como peregrinos embozados, [y TÁCITO].)

  

DUQUE ¿Cómo no viene Dagoberto? ¿Espera

que se le pase el día, pues ya es hora?


JUEZ Sin duda, debe ser éste que viene:

que el actor es costumbre se presente 765
antes que el reo en la estacada.


DUQUE Es claro.

 
(Entra ANASTASIO, y CORNELIO por padrino,
y ANASTASIO viene cubierto el rostro con un tafetán;
viene con sus atambores;
serán los mismos que trujeron a PORCIA.)

  
¿No es éste Dagoberto?


ANASTASIO Ni aun quisiera

serlo por la mitad de todo el mundo.


DUQUE ¿Pues quién sois?



ANASTASIO Su enemigo, sólo en cuanto

lo es de la duquesa Rosamira, 770
cuya defensa tomo yo a mi cargo.


DUQUE Yo os lo agradezco.



JUEZ Dagoberto tarda.



DUQUE Cajas oigo sonar; él es, sin duda.


 
(Entra MANFREDO con un tafetán por el rostro;
trae a JULIA por padrino,
que asimesmo viene embozada.)}}


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


JUEZ Tampoco es éste Dagoberto.



DUQUE El talle

no nos dice que es él.


JUEZ Sin duda, pienso 775

que ha de tener de sobra defensores
la duquesa.


DUQUE Sepamos quién es éste.



JUEZ ¿Quién sois o a qué venís, buen caballero?



MANFREDO El saber quién yo sea importa poco;

saber a lo que vengo, sí que importa: 780
a defender a la duquesa vengo.


DAGOBERTO ¿Quién serán estos dos?



ROSAMIRA No los conozco

ni sé quién puedan ser.


ANASTASIO A mí me toca

por derecho y razón esa defensa,
pues fui el primero que llegué a este punto. 785


TÁCITO Razón tiene el primero, o yo sé poco

desto de desafíos y estacadas.


JUEZ A la duquesa toca el declararse

cuál quiere de los dos que la defienda.


DUQUE Eso es razón.



ANASTASIO Y yo por tal la tengo. 790



MANFREDO Y yo también: que no me queda cosa

por saber de las leyes de la guerra.


DUQUE Pregúntenselo, pues, y vean qué dice

mi hija. ¡Oh nombre dulce, cuando el cielo
quiso que sin escrúpulo llegase 795
a mis oídos!


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


JUEZ Id vos, y sabeldo.



UNO El duque, mi señor, dice, señora,

que estos caballeros han venido
a ser tus defensores, y que escojas
cuál quieres de los dos que te defienda. 800


PORCIA En Dios y en el primero deposito

mi agravio, mi inocencia y esperanza.


DAGOBERTO ¿Labradora es ésta? Mejor me ayude

el cielo que la crea. Ya se tarda
mi criado.


ROSAMIRA Confusa estoy, amigo. 805

No sé en qué ha de parar tan grande enredo.


JUEZ Bien se oyó lo que dijo; a vos os toca,

señor, su defensa.


MANFREDO Tener paciencia

es lo que más importa en este caso;
basta que se ha mostrado al descubierto 810
mi voluntad.


DUQUE El cielo así os lo pague

como yo os lo agradezco.


JUEZ No hay disculpa

que pueda disculpar ya la tardanza
de Dagoberto.


DUQUE ¡Mas, que nunca venga!



TÁCITO Ciégale, San Antón; quémale un brazo; 815

destróncale un tobillo; nunca acierte
a venir a este sitio; salga en palmas
nuestra buena duquesa, que es un ángel,
una paloma duenda, una cordera,
que no tiene más hiel que cuatro toros.


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Jornada III
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(Entra un CORREO con una carta.)
CORREO Es de tanta importancia este despacho

que traigo, ¡oh buen señor!, que me es forzoso
dártele aquí; que así me lo mandaron,
porque es de Dagoberto, y que te importa.


DUQUE ¿De Dagoberto? Muestra cómo es esto. 825

¿Cómo toma la pluma por la espada?
¿Tiempo es éste de cartas?


CORREO No sé nada:

ello dirá.


JUEZ Vuestra excelencia vea

lo que la carta dice.


DUQUE Así lo hago.



DAGOBERTO Parece que se turba el duque.



ROSAMIRA ¡Ay triste! 830

¡Cuánto mejor nos fuera habernos ido
y esperar desde lejos el suceso
deste tan grande enredo y desventura!
¡Temblando estoy!


TÁCITO ¿Carticas a tal tiempo?

Apostaré que no llega esta danza 835
a hacer con las cindojas el tretoque.


DUQUE ¿Hay cosa igual? Leed aquesa carta

en alta voz, que es bien que la oigan todos.

 
(Después de haber leído el DUQUE la carta,
se la da al JUEZ, que la lee en alta voz.)
  

[JUEZ]

(Carta.)


La presta resolución que tomaste de entregar a Manfredo por esposa a tu hija Rosamira me forzó a usar de la industria de acusalla, por evitar por entonces el peligro de perdella. La mejor señal que te podré dar de que es buena es el haberla yo escogido por mi legítima mujer. Considera, señor, antes que del todo me culpes, que soy tan bueno como Manfredo, y que tu hija escogió lo que quizá tú no le dieras casándola contra su voluntad. Si con ella usare[s] término de piadoso padre, usaré yo contigo el de obediente hijo; aunque, de cualquier manera que me trates lo habré de ser hasta la muerte.

Tu hijo Dagoberto.




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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


ANASTASIO ¿Hase visto maldad tan insolente?

A no estar seguro deste hecho, 840
¿saliera Dagoberto fácilmente
con el embuste que forjó en su pecho?


DUQUE Si esto permite el cielo y lo consiente,

¿qué puedo yo hacer? Ello está hecho;
gócela en paz.


ANASTASIO Aqueso es sin justicia 845

y contra todo estilo de milicia.
    Según tu bando, mía es Rosamira:
porque tú prometiste de entregalla
por legítima esposa al que la mira
pusiese en defendella y libertalla. 850
Lo que el de Utrino dice es gran mentira,
y podrá la experiencia averigualla;
luego en este momento yo he vencido,
pues mi contrario al puesto no ha venido,
    y la escusa que da no es de importancia, 855
porque es todo al revés de lo que cuenta.


MANFREDO Venciste; pero mía es tu ganancia,

si aquí al buen proceder se tiene cuenta.
Si de otro es Rosamira, es ignorancia
pensar que ha de ser tuya.


ANASTASIO ¡No consienta 860

el Cielo que mi esposa de otro sea!


MANFREDO Esta verdad haré que aquí se vea.



ANASTASIO ¿En qué la fundas?


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Jornada III
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MANFREDO En que soy Manfredo,

de Rosamira, por concierto, esposo.
Que la has librado tú, yo lo concedo, 865
no más de porque yo fui perezoso.
Por cuatro pasos, bien decirlo puedo,
que llevaste a los míos, fin dichoso
has alcanzado en la dudosa empresa;
mas no por esto es tuya la duquesa: 870
    que la razón que así te da el derecho,
por primer defensor que llegó al puesto,
la turba, según siento, estar ya hecho
conmigo el casamiento antes de aquesto.


PORCIA ¡Saltando el corazón me está en el pecho! 875



JULIA ¡Válame Dios! ¿En qué ha de parar esto?



ROSAMIRA ¿Adónde vas?



DAGOBERTO Sosiégate.



ROSAMIRA Recelo...



DUQUE ¿Ha visto caso semejante el suelo?



ANASTASIO Quedaos, amor, un poco aquí arrimado;

venid en su lugar, honra, conmigo. 880
Oye, Manfredo, güésped mal mirado,
ladrón de paz y engañador amigo:
¿dó están las ricas prendas que has robado?
¿Por qué tan sin porqué, como enemigo,
usando en la amistad tan mal decoro, 885
a mi padre robaste su tesoro?


MANFREDO ¿Quién eres?



ANASTASIO Anastasio, el heredero

de Dorlán, y de Julia único hermano,
de Porcia primo, por las cuales quiero
probar que eres ladrón torpe y villano. 890


MANFREDO Si como eres valiente caballero

fueras más atentado, claro y llano,
vieras que esas razones afrentosas
se fundan en quimeras fabulosas.
    Yo no robé a tu hermana ni a tu prima; 895
mas de alguna sabrás, como tú hagas
que a la quistión primera se dé cima,
con que tu gusto al mío satisfagas.


DAGOBERTO La honra de mi hermana me lastima.


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Jornada III
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ROSAMIRA ¿Dónde vas, Dagoberto? No deshagas 900

el buen principio que la suerte muestra
de dar buen fin a la desdicha nuestra.


DAGOBERTO Sabe que soy Dagoberto,

Manfredo, y sabe que soy
aquel que agraviado estoy 905
de tu infame desconcierto.
    ¡Dame a mi hermana, traidor,
de fe falsa y alevosa!


MANFREDO Restituye tú a mi esposa

antes el robado honor. 910
    No te desmiento, porque
de aquí a bien poco verás
en el engaño en que estás
y la bondad de mi fe.


ANASTASIO Primo -mas quédese aparte 915

el parentesco hasta ver
si del justo proceder
os dio el cielo alguna parte-,
    ¿vos decís que es vuestra esposa
Rosamira?


DAGOBERTO Y es verdad. 920



ANASTASIO ¿Tenéis otra claridad

deste hecho no dudosa,
    como es el decirlo vos?


DAGOBERTO ¿Bastará que yo lo diga?



ANASTASIO ¿Quién duda?



DAGOBERTO Pues no se diga 925

más contienda entre los dos
    ni entre los tres, que yo haré
que ella lo declare al punto.


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Jornada III
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El laberinto del amor Jornada III Miguel de Cervantes


DUQUE El bien me ha venido junto

cuando menos lo pensé. 930
    Escoja mi hija, y haga
su gusto: que todos tres
son iguales.


JUEZ Así es.



MANFREDO Bien cierta tengo la paga,

    pues tan de su voluntad 935
se entregaba por mi esposa.


ANASTASIO No está mi suerte dudosa,

si es que es firme la verdad.


DAGOBERTO ¡Qué engañados quedarán

los dos en este suceso! 940


JULIA Cerrado está ya el proceso;

mirad qué sentencia os dan,
    corazón. ¡Ay de mí, triste,
que el miedo crece, y desmengua
la esperanza! Callad, lengua, 945
que mal tal, mal se resiste.


PORCIA [Aparte.]

   ¿Si es tiempo de descubrir
la verdad de mi mentira?


MANFREDO Señor, manda a Rosamira

diga a quién quiere admitir. 950


DUQUE Dígalo en buen hora.



PORCIA Digo

que es Anastasio mi esposo.


JULIA ¡Alentad, pecho amoroso!



ROSAMIRA Lo que tú dices desdigo:

    que Dagoberto es mi bien. 955


ANASTASIO Y vos, señora, mi gloria.



MANFREDO Tragedia ha sido mi historia.



JULIA Aún quedan glorias que os den.

    ¿Tuya no soy, pena vuestra?


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Jornada III
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(Tome la mano ROSAMIRA a DAGOBERTO
y ANASTASIO a PORCIA,
y a este instante se declaren entrambas.)

  
TÁCITO ¿De qué Anastasio se admira? 960



JULIA Aquélla no es Rosamira.



ANASTASIO ¡Ay suerte airada y siniestra!

    ¿Quién eres?


PORCIA Soy la que quiso

el Cielo, en todo piadoso,
sacarla de un riguroso 965
infierno a tu paraíso;
    soy la que, en traje mudado,
trayendo amor en el pecho,
procurando tu provecho
he mi gusto procurado; 970
    soy aquélla a quien tú diste
de esposa la fe y la mano;
soy quien tiene amor ufano
por ver que no se resiste;
    soy de Dagoberto hermana 975
y soy tu prima, y soy quien,
cuando me falte tu bien,
no soy más que sombra vana.


ANASTASIO ¿Dónde está Julia?



PORCIA Señor,

yo sé que la verás presto. 980


JULIA ¿Podré esperar, según esto,

blandura de tu rigor?
    Mira con qué mansedumbre
Anastasio a Porcia mira;
mira que es de Rosamira 985
ya Dagoberto su lumbre;
   mira que yo sola quedo
en los brazos de la muerte,
si tu clemencia no advierte
que soy Julia y tú Manfredo. 990


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Jornada III
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MANFREDO Levanta, pues que ya el Cielo

tus deseos asegura,
gracias a tu hermosura
y a mi siempre honrado celo.
    Anastasio, mira agora 995
con gusto y admiración
que yo nunca fui ladrón
ni de condición traidora.
    Aquésta es Julia, tu hermana,
y ésa, tu prima, cual dice, 1000
con las cuales nunca hice
traición ni fuerza villana.
    Ellas te dirán después
del modo que aquí vinieron;
basta que el fin consiguieron, 1005
y es gusto de su interés.
    Tu industria y el cielo han hecho
que les seamos esposos;
ellos son lances forzosos;
no hay sino hacerles buen pecho. 1010
    Quien se pudiera quejar
de Rosamira era yo;
mas si el Cielo esto ordenó...


ANASTASIO Que paciencia y barajar.



DAGOBERTO ¡Oh hermana mía!



PORCIA ¡Oh mi hermano! 1015



DAGOBERTO ¡Buenos pasos son aquéstos!


PORCIA Nunca pasos descompuestos

ganaron lo que yo gano.


ANASTASIO Más es tiempo de aliviallas

aquéste, que de reñillas. 1020


DUQUE Aquéstas son maravillas

dignas solas de admirallas.


ANASTASIO En fin, mi hermana es tu esposa.



MANFREDO Así es.


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ANASTASIO Y Porcia es mía,

si no lo impide y desvía 1025
ser mi prima.


DUQUE Fácil cosa

    es haber dispensación
en caso tan importante.


TÁCITO Hoy del campo de Agramante

he visto la confusión, 1030
    y la paz de Otavïano
he visto en espacio breve.
¡No hay camino que amor pruebe,
difícil, que no sea llano!


DUQUE Entremos en la ciudad, 1035

donde despacio sabremos
destos no vistos estremos
toda la puntualidad,
    y allí se harán regocijos
y desposorios honrosos 1040
de los seis tan venturosos
que ya los tengo por hijos.


TÁCITO Éstas son, ¡oh Amor!, en fin,

tus disparates y hazañas;
y aquí acaban las marañas 1045
tuyas, que no tienen fin.

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