El libro de Job: Capítulo 21 exposición

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El libro de Job
Capítulo 21 exposición
de Fray Luis de León


1. Y respondió Job, y dijo: Toda la razón de Sofar en el capítulo pasado fue insistir en que los malos, o padecen siempre en esta vida, o, si comienzan en ella a florecer, se les marchita la flor luego y antes que mueran, se les muere la buena dicha y caen en calamidad y miseria, de que hizo una larga pintura. Job, al revés agora, está en lo que ha dicho y afirma de nuevo que hay malos felices aquí mientras viven, y que pasan sin revés ni desgusto la vida y que, muertos, vive su sucesión y memoria en los hombres.

Y dice:

2. Oíd con atención mis palabras, y haced penitencia. La atención que les pide es que pongan cuidado en entender lo que dice y que no piensen que loa la vida mala, ni menos pone falta en la justicia divina, por decir que los malos en esta vida pasan bien muchas veces; porque ni es premio de la virtud esta dicha visible, ni lo contrario de ella castigo del vicio. Ansí que pide le entiendan, y que hagan penitencia de lo mal que de él juzgan; o como el original dice, que sean éstos los cohortes de ellos, esto es, que los consuelos que por su miseria le deben y no se los dan, se resuman en esto sólo, y siquiera le consuelen en esto, que es entender con sosiego y sin pasión lo que decir quiere en esto que dice.

Y ansí añade:

3. Soportadme, y yo hablaré, y después de mi hablar escarneced, como diciendo: Y si hasta aquí no me habéis entendido, sufrid un poco, que yo me declararé agora, y si después os desagradare, burlad de mis palabras y de mí. Y en pedirles que, si les pareciere, se burlen entonces, les pide que no escarnezcan agora; porque, o luego que feneció Sofar, pareciéndoles que había convencido su intento, o en viendo que Job respondía, juzgándole por porfiado y sin seso, con palabras y ademanes mofaban de él unos con otros.

Pues dice:

4. ¿Por ventura yo contra hombre me querello, para que no tuviera razón de entristecerme? Prueba que trata verdad en lo que ha dicho, y saca argumento para ello de que se atreve a decirlo; que no es tan loco, que se atreviera a ser falso, sabiendo, como sabe, que habla con Dios.

Esto dice, mas dícelo escuramente ansí, en la traslación como en el original, que dice a la letra: ¿Por ventura yo a hombre mi plática?, y si, ¿por qué no se acortara mi espíritu? ¿Por ventura, dice, hablo yo agora con los hombres? (infiriendo como manifiesto que no habla con ellos, sino con Dios, y que Él lo conoce); y si, esto es, y si es ansí que hablo con Dios, que no puede ser engañado, si no tuviera razón en lo que digo, o si no tratara verdad, ¿no me entristeciera?;esto es, ¿no me encogiera y turbara?

O como el original dice, ¿no se acortara mi espíritu?, esto es, ¿osara boquearlo?; ¿tuviera aliento ni espíritu para hablar de ello? No soy, dice, tan tonto ni tan perdido. Ansí que, pues lo digo y sé que hablo con Dios, que no puede ser engañado, entended que digo verdad.

5. Y catad a mí, y maravillaos, y poned mano sobre boca.

6. Que yo, si me acuerdo, me turbo, y traba temblor de mi carne. Miradme, dice, y atended a lo que hablo y maravillaos, si quisiéredes, de ello tanto que hablar no podáis; que yo mismo que lo digo y tengo por verdadero, me turbo y espanto cuando bien lo pienso, y me ase el temblor por todas partes. Porque a la verdad, el decir Job, como ha dicho y dirá luego, y el ser ello ansí, que muchos malos y injustos tienen aquí sucesos prósperos, es una verdad que pone a los buenos en grande espanto, y los turba mucho y admira, porque no pueden penetrar a la causa de ello, como de secreto que Dios se reserva. De que David en un psalmo decía: [ Yo casi declinados mis pies, como nada fueron derramados mis pasos; porque celé en locos, paz de malos veo. Porque no ligaduras a su muerte, y sana su fuerza. Con trabajo de varón de ellos, y con hombre no son llegados. Por tanto, los ensarta soberbia, encubre fe poniendo robo para sí, etc.] Pues aunque quiere tengan su sentencia por cierta, pero dales licencia que se admiren de ella, porque él mismo se admira; que si su verdad se prueba con experiencia, la causa de ella tiene en su secreto muy escondida Dios y no la alcanzan los hombres.

Y ansí, conociendo que es verdad, tiembla Job:

7. Por causa de que viven los impíos, y se envejecen y pujan en haber y riquezas, que es lo que Sofar negaba, y Job afirmó antes y lo confirma agora y se ratifica en ello con muchas palabras, refiriendo y engrandeciendo la felicidad de su estado. Sofar decía que su canto, si alguna vez le tenían, era breve; Job dice que viven en él y se envejecen, esto es, hasta la fin de la vida, y pujan siempre cuanto más van, y crecen en poder y en riquezas.

8. Y su simiente permanece delante de ellos con ellos; sus pimpollos delante sus ojos. Porque Sofar decía que no quedaba de ellos ni ramo ni raíz; dice él que, al revés, abundan en hijos y gozan de ellos, y los ven con sus ojos alegres y ricos y puestos en estado estimados.

Y ni más ni menos:

9. Sus casas tienen paz con el miedo, y no sobre ellos verdugo de Dios. Paz con el miedo, dice, que tienen hechas sus casas, como diciendo que está de concierto el miedo con ellas, de nunca traspasar sus umbrales ni meter en ellas cosa que, o menoscabe o turbe su buen contento. Por manera que viven no solamente libres del azote y del mal, sino también seguros de su recelo y temor.

Y pasa más adelante y dice:

10. Su buey empreñó, y no desechó: parió su vaca, y no abortó. Que es decir, que la naturaleza que por el encuentro o flaqueza de las causas segundas hace yerros muchas veces con otros, en sus casas de éstos no yerra, sino que la vaca les pare siempre, y el ganado se les multiplica por extraordinaria manera.

Y ansí añade:

11. Envían como greyes sus hijuelos, y sus nacidos dan saltos, porque es parte de esta felicidad tener muchos hijos. Y dice que son muchos, diciendo que son como greyes, esto es, que andan a manadas como ganados y diciendo que sus nacidos dan saltos, sigue la misma semejanza del ganado en los corderos y cabritos pequeños, que retozan saltando, y quiere decir que viven sanos y alegres y en contino placer.

Por lo cual dice:

12. Alzaron voz con adufe y con arpa, y alegráronse con sonido de órgano: que pasar la vida en música es pasarla en contento, porque es compañera de la alegría la música.

Y finalmente:

13. Pasan en bien hasta la vejez con sus días, y en súbito al sepulcro descienden. En súbito, esto es, de improviso sin la pesadumbre de los dolores y enfermedades largas, mueren cuando han de morir. O de súbito, dice, para decir, como se dice en el vulgo, de una boqueada y casi sin sentido de mal y ya de puro viejos, desatándose ella de sí misma de puro madura la vida. Que como un poeta dice, el morir no es tan amargo en sí, como es trabajoso en su vigilia; y lo que antecede a la muerte de dolores y angustias y desatamiento de fuerzas y accidentes fieros que al corazón acometen, es peor que la muerte misma.

Y son, dice Job, tan dichosos algunos de estos que viven sin consciencia y sin Dios, que no sólo la vida, cuanto dura, les es dulce y sabrosa, mas la muerte les es menos pesada, y lo que todos sienten y temen pasa por ellos tan de priesa que no lo sienten, y aun en aquello que es general y común y de que nadie se libra, se hace nueva ley y nueva regla más suave y más blanda para con ellos.

Y porque la muerte es de amarga memoria, como el Sabio dice, para los que tienen aquí su deleite, quítales el acuerdo de ella, la arpa y el adufe y la continuada alegría; y el sentido de su amargor lo tarde y sazonada que viene, y la brevedad súbita y casi no percibida con que se pasa. Y siendo tales en la felicidad de la vida, ¿querréis, dice, saber cuáles son sus costumbres? ¿Cuáles?

14. Y dijeron, dice, a Dios: Apártate de nos, y sabiduría de tus carreras no nos aplace. Que es derechamente lo contrario de lo que Sofar y sus compañeros decían. Y no sé si diga comúnmente, es cierta cosa que se consigue a tanta felicidad tal blasfemia. Porque la mucha felicidad temporal, no rompida con desastrados sucesos, cría un grande amor de esta vida, de que nace primero olvido de la otra, y después odio y aborrecimiento grandísimo, que entrañado una vez en el alma, borra de ella casi sin sentir el crédito y la fe de los bienes del cielo. A que se sigue, no sólo no querer meter el pie en el camino dél, mas desechar también y huir el conocimiento de ese mismo camino, y decir, si no con voces públicas, con secretas a lo menos que son más ciertos allá dentro en su pecho, que o no hay más bien de lo que ellos poseen y ven, o que, si hay algo después, que se lo goce Dios con los que quisiere, que ellos con lo que tienen están satisfechos.

Y eso es decir, que dijeron a Dios, apártate de nos, en que dice, que no sólo no le sirven, mas que se alejan con propósito de él, y que ni quieren sus bienes ni conocer el camino por donde se alcanzan. Que es a sabiendas huir de la luz y pecar, no por ignorancia o flaqueza, sino con malicia desvergonzada y de asiento, que llega a lo que dice luego.

15. ¿Quién es el Poderoso, para que le sirvamos, y qué aprovechamos, si amamos a Él? Y dícenlo porque la experiencia de sí mismos les dice que, desirviéndole y desamándole, pasan próspera y alegremente la vida; por donde se persuaden que el servirle es vano y que Él en sí, aunque le llaman Poderoso, o no lo es, o no cura de mostrarlo a los hombres.

Dice más:

16. Veis; mas porque no en su mano su bien, consejo de malos se alejó de mí. Como diciendo: Esto, pues, para ansí como digo; pero no por eso apruebo la suerte de éstos ni me aplace su vida, ni quiero que vosotros entendáis que me aplace, que aunque la pasan en felicidad y contento, al fin no son señores del contento que tienen, o por mejor decir, le tienen en cosas de que no son señores, y ansí no es verdadero contento.

Y dice esto aquí Job porque se le ofreció que dirían: Si tan bien les sucede a los que tan malos son, ¿de qué sirve ser buenos? Predicas con eso el camino del vicio y persuades la impiedad a los hombres y allánasles las dificultades y temores que los apartan de la injusticia; y pues tanto alabas su felicidad, sin duda apruebas su consejo, y lo que agora dices sentías antes de agora y vivías en las costumbres como ésos, esperando la dicha de ellos, que es confirmar tu maldad.

Pues a esto hace salva y se escuda contra ello, diciendo que no porque conoce su dicha, por eso aprueba su vida, porque agora y siempre condenó su consejo. Y da la razón: Porque, dice, no en su mano su bien; en que significa dos cosas: una, que los bienes de éstos siempre son movedizos; otra, que nunca son duraderos; porque como, según la división de Epicteto, haya dos maneras de bienes, unos que están en nuestro poder y de que somos enteramente señores, cuales son las obras de nuestra alma y el buen uso de ellas; otros, que se nos pueden quitar sin que queramos, cuales son los que nos cercan de fuera, manifiesto es que sus bienes de éstos viven mal y pasan bien, que tienen dañada el alma y descansada vida, son de estos postreros. Y ansí no son señores de ellos, quiero decir, no está en su mano serlo todo cuanto quisieren, sino la fortuna que los da los quita, si se le antoja; y antójasele muchas veces, y puede antojársele siempre; y ansí, por esta parte, no sosiegan el ánimo, porque traen mezclado consigo continamente el recelo que sobresalta el corazón al tiempo del mejor gusto.

Y por la misma causa es gusto muy aguado el suyo, y no verdadera felicidad, sino sombra, porque no es feliz el que puede no serlo y lo teme. Lo cual todo nace de ser, como dije, bienes muebles aquéstos; y también de no ser duraderos, quiero decir, de ser bienes de sola esta vida que tiene fin y se acaba. Y que, cuando avenga que duren cuanto ella dura, al fin fenecen con ella, por manera que su poseedor no los lleva, ni puede, a la otra, que es eterna miseria. Porque la felicidad de una cosa ha de durar cuanto ella dura; que, si fenece antes, es miseria todo lo que resta después, y es una eternidad lo que resta porque son inmortales las almas.

Dice:

17. ¿Cuántas veces candela de malo se amatará, y vendrá sobre ellos quebranto, y repartirá dolores en su furor?

18. Serán como paja delante del viento, y como tamo que le hurtó torbellino.

19. Dios guardará para sus hijos su robo, y pagará él y sabrá.

20. Verán sus ojos su quebranto, y de ponzoña del Abastado beberá. Que se puede declarar por una de dos maneras diferentes: o que lo diga Job en su persona, y continuando lo que acaba de decir y en este sentido, que él reprueba el consejo y determinación de los malos, aunque muchos de ellos viven felices, porque al fin no son señores de sus bienes, y ansí sucede muchas veces que los pierden y quedan ellos y sus hijos perdidos. Y ansí dice: ¿Cuántas veces candela de malos se amatará?, etc., como diciendo, abomino su suerte de éstos, porque algunos de ellos viven en felicidad mientras viven; mas, ¿cuántas veces y cuántas veces acontece que a otros se les apague la candela de la felicidad mucho antes que la vida, y que venga sobre ellos primero que la muerte el quebranto de la miseria y el azote de Dios furioso, y que el viento de la calamidad los arrebate como tamo ligero, y que Dios los castigue en sí y en sus hijos?

Ansí que, o se puede declarar de esta manera, o de otra, y es: que lo diga Job en presencia de sus amigos, y como refiriendo lo que le responden o podrían responder a sus dichos, diciendo: Cuando fuese Job ansí, que algunos malos, como dices, pasasen en alegría su vida, no por eso no es verdadero lo que afirmamos nosotros que los malos siempre son miserables, porque siempre los destruye Dios en sus hijos, y si ellos cuando viven no pagan, en su casa y descendencia lo lastan, que se acaba siempre y fenece miserablemente con ellos. Y dicen ansí: ¿Cuántas veces candela de malos se apagará, y vendrá sobre ellos quebranto?; esto es: ¿cuántas veces aviene, ya que demos ser posible que avenga, ansí que las veces que aviniere, vivir alegres los malos, su candela a lo menos, esto es, sus hijos (porque en ellos luce y vive el padre, y son llamados en estas letras por esta causa candela), pues su candela a lo menos se amatará, y el azote que se detuvo cuando el Padre vivía, vendrá sobre él en los hijos, que los apagará con el quebranto y desventura, que lloverá sobre ellos la furia del castigo de Dios, y serán como paja delante del viento y como tamo que el torbellino lo hurta, que vuela en un momento, y desparece volando? Y ansí ellos, sin poder resistir a la corriente del mal, ni al ímpetu del soplo enemigo, y a quien esfuerza maldad de sus padres, llevados en alto y en el camino deshechos, desparecerán de los ojos; y se vengará Dios del robo de sus padres en ellos y verán los pobres su miseria y conocerán por dónde les viene.

Y los abrevará con su ponzoña el Abastado, esto es, Dios, abastado en todo, ansí en el bien como en la pena y que como es rico en los bienes ansí es copioso en enviar los azotes, les meterá en las entrañas su ira, y les hinchirá los tuétanos de ella; que llama con razón ponzoña, porque ase del corazón luego, esto es, de la raíz de la vida, y causa bascas mortales y desfigura el ser y le corrompe sin reparo y con increíble presteza.

Con lo cual viene bien lo que se sigue, que es:

21. Mas ¿qué se le da a él de su casa después de sí, y que el número de sus meses se medien? En que habla ya Job en persona suya, y responde a lo que refería como dicho en persona de sus amigos.

Y les dice que, cuando sea ansí, que los malos laceren en sus descendientes y paguen después de muertos en los hijos lo que en la vida pecaron, si la pasaron felizmente, sentirán poca pena de ello, o no sentirán pena. ¿Qué se le da a él de su casa, dice, después de sí, y que el número de sus meses (entiende de los meses y duración de su casa y descendencia) se medien?

Y dice luego:

22. ¿Por ventura avezará sabiduría al Señor, y él juzgará las alturas? En que endereza las palabras Job a sus compañeros, y en número de uno habla con todos, y les dice que si por ventura ellos enseñaran a Dios, o serán jueces del que vive en el cielo. Y es muy a propósito de lo que diciendo iba, porque habiendo afirmado que muchos malos viven y mueren prósperos, y que el venir sus hijos a pobreza después, o no acontece siempre, o, cuando acontece, no lo sienten mucho los muertos, estaba en la mano de sus amigos, que tenían la parte contraria, replicar y decir que sería injusto Dios si así fuese.

A lo cual Job pregunta que si por ventura ellos saben más que Dios, o son jueces. En que, preguntándolo, niega serlo, y afirma como cosa sin duda que ni son sus jueces ni sus maestros, y que Dios sabe lo que ellos no saben, y que a quien es por su naturaleza tan alto, no le debe poner leyes el que vive en la tierra; y que Dios, sin ser injusto, según la alteza de sus secretos juicios, dará a uno prosperidad en la vida hasta ponerle en la huesa, y a otro amargos y desventuras hasta llegarle a lo mismo; y que, siendo la fortuna de la vida tan desigual, será igual en ambos la muerte, y que serán por ventura en las costumbres, o ambos buenos o malos ambos.

Y esto es lo que dice:

23. Este morirá en la fuerza de su perfección, todo él quieto y pacífico, que es decir, sin revés ni desgusto.

24. Sus entrañas llenas de pingre, y su meollo de sus huesos regado, que es significación de una vida toda ella alegre y contenta.

25. Y éste morirá en alma amarga, y no comerá nunca en bien, que es morir en dolor y haber vivido siempre en trabajo.

26. Y yacerán a una en el polvo, y los cubijarán los gusanos; conviene a saber, igualmente y por una misma manera, habiendo sido en los sucesos de la vida tan diferentes. Y no por eso es injusto Dios ni parcial en el repartir de la dicha; que por los fines que Él se sabe y no puede nuestra bajeza alcanzar, a vida dichosa y a vida amarga puede rematar de una misma manera.

Esto concluido, prosigue:

27. Bien conozco vuestros pensamientos y imaginaciones que contra mí falseáis; esto es, y vuestras imaginaciones engañadas y falsas.

28. ¿Por qué decís: A dó casa del príncipe, y a dó tiendas de moradas de malos? Dice: ¿por qué hacéis, cuanto a los sucesos de esta vida, diferencia entre el malo y el bueno, diciendo que la casa del príncipe, esto es, del justo, dura, y la tienda del malo perece, y de aquí argüís que yo soy malo, porque estoy derrocado en miseria? O dice: ¿Por qué decís: A dó casa del príncipe?, esto es, ¿adónde ha venido la casa de Job, que era tenido por príncipe? ¿A dó? ¿A dó tiendas de moradas de malos?, esto es, adonde siempre los malos paran, que es en caer al abismo después de haberse empinado, y en volver la comida después de lleno el estómago, y en venir de abundancia a pobreza, de hartura a mendiguez, y de felicidad a miseria.

Más dice:

29. Preguntad a cualquier viandante, y entenderéis que conoce lo mismo; que puede hacer dos sentencias: una, que menosprecie por estas palabras Job el parecer que sus amigos tienen y lo que dicen del caer de los malos, y diga que es opinión de ignorantes y hablilla que se dice en el vulgo y como cantarcillo ordinario.

30. Al día de quebranto guardado el malo, al día de furia llevado: y que no se alzan un dedo del suelo sus amigos en esto, ni dicen sino lo que cualquiera de los que pasan por la calle dijera. Otra declaración es que Job en esto no desprecie la sentencia contraria, sino confirme la suya con el testimonio de los que, discurriendo por las tierras, tienen noticia de varios y diferentes sucesos. Y diga: Bien conozco lo que decís y juzgáis, que es lo que referido tengo, en que vivís con engaño; y más, si a mí no me creéis, preguntad a los que vieron tierras extrañas, y lo que yo os digo eso mismo dirán haber visto, esto es, haber visto no solamente muchos hombres, sino muchos pueblos y muchos reinos enteros llenos de vicios y ajenos de Dios y que adoran los ídolos, que florecen abundantes y prósperos.

Y allégase el original a este sentido, que dice: ¿Por ventura no preguntastes a los que pasan carrera? ¿Y no concedes sus señales?, esto es, lo que dicen de la abundante vida de los pueblos idólatras, que son manifiestas señales y confirmaciones firmes de mi sentencia. Y conforme a esto, lo que dice luego, que al día de quebranto guardado el malo, al día de furor llevado, dícelo como en persona de aquestos con quien disputó, y como diciendo: Mas con ser tan notoriamente falso lo que decís, y con testificar contra ello la voz común de las gentes, todavía porfiáis y decís que al día del quebranto guardado el malo, etc.

Más dice:

31. ¿Quién le dirá en su cara su camino?, y Hizo él, o ¿quién se lo volverá? Esto es: pues llegaos y decídselo a uno de esos poderosos y malos, de esos que no conocen a Dios y mandan las gentes; decidles, pues, que van errados, que han de caer de su mal estado y que se les ha de trocar el viento próspero luego. ¿Quién, dice, les osará decir eso?; o ¿quién les irá a la mano a lo que quisieren hacer? Que es decir que están tan lejos de venir a miseria, como dicen sus compañeros, que no hay quien se les oponga ni por la palabra ni por obra, y en esta prosperidad pasarán la vida.

Y como dice luego:

32. Y será él llevado al sepulcro, y sobre montón velará. Esto es, y aun después de muerto no morirá para con los hombres su vida, y en la manera que puede ser, vivirá su memoria. Que velar sobre montón, o quiere decir perseverar y estar como en atalaya después de la muerte, que como Sant Hierónimo declaró, es el montón de los muertos; o es vivir en los monumentos altos y en los sepulcros sunctuosos y en las pirámides y en las estatuas, que sobre este amontonamiento de piedras labradas ponen los muertos de sí mismos, en que se representan vivos, y que velan y obran, y son sus mismas figuras.

Y prosigue, y dice:

33. Adulzáronse a él terrones de arroyo, y en pos de sí traen a todo hombre, y en pos de sí no habrá cuento. Lo que decimos terrones de arroyo podemos también decir terrones de valle, y es lo uno y lo otro rodeo en que se significa la sepultura. Y quiere decir que a estos poderosos que mienta, aun la sepultura les es menos dura, porque edifican bóvedas y aposentos para reposar, muertos, que otros, vivos, escogieran para su vivienda por muy deleitosos. Por manera que no sólo la vida les es dulce vida, mas aun la muerte les es en esta razón menos muerte. Y si alguno se opusiere diciendo que al fin mueren, y que es desventura amarga el morir, a eso, dice, respondo que no es desventura de ellos propia, sino general de todos los hombres, cualesquiera que sean, y que es mal común, y por consiguiente pena que no se pone a cuenta de su propria malicia, y pena que se consuela con la muchedumbre a quien toca; porque, si ellos mueren, cuantos ante ellos fueron murieron y morirán cuantos les sucedieren después. De que concluye finalmente lo mal que le consuelan sus compañeros, usando para ello de razones injuriosas y falsas; falsas en sí y que se enderezan para su afrenta.

Y ansí dice:

34. ¿Pues cómo me conhortades en vano, y en vuestras respuestas remanece falsía? Esto es, pues según lo dicho, ya veis claramente que vuestro consuelo es ninguno y que vuestro parecer queda por falso; que remanecer falsía en la respuesta es quedarse la falsedad en ella.


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