El libro de Job: Capítulo 23 exposición

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El libro de Job
Capítulo 23 exposición
de Fray Luis de León


1. Y respondió Job, y dijo. Responde Job a Elifaz, repitiendo lo que dicho tiene y perseverando en ello y en la defensa de su vida y limpieza. Y como ve que no persuade a los hombres, vuélvese a Dios que lo sabe, no atestiguando con Él, sino deseando haberlas con Él, y oírle y ser oído de Él en su causa, que es confianza de buena consciencia nacida.

Pues dice:

2. También hoy en amargura mi habla; mi mano se engraveció sobre mi gemido. En que comienza a responder a Elifaz, y no tanto a las palabras que ha dicho, cuanto a lo que le conoce en el ánimo, que se admiraba y ofendía de que Job se querelle tan agramente. Y ansí le dice que esté cierto que toda su querella, y lo que dice agora cuando más se querella, y su queja que tan agra y encarecida y excesiva parece, comparada con la razón que para querellarse tiene y con la causa que a querellarse le mueve, y con el mal interior y exterior que padece, es como si no fuese ninguna. Porque dice: También hoy en amargura mi habla; mi mano se engraveció sobre mi gemido, que es razón falta de alguna palabra, cuales suelen ser las que se dicen con alguna vehemente pena o pasión. Y dirá enteramente: Paréceos que encarezco mi pena y que excedo los límites de la razón y paciencia quejándome, y ofendéisos de mí como de ciego y blasfemo. Pues estad ciertos que hoy, cuando es mi querella más amarga que nunca, que agora cuando publico lo que siento con más sentimiento, mi mano, esto es, mi plaga, esta mano que Dios pone sobre mí de castigo excede sin medida a lo que gimo, esto es, a lo que publico y me quejo. Mas como no me veis mis dolores y solamente oís mis palabras, como no conocéis la verdad de mis obras y veis el rigor de mis castigos y penas, padecéis engaño en mi agravio.

Y por eso dice:

3. ¡Quién me diese, supiese yo, y le hallase; viniese hasta su asiento! Por eso, dice, deseo averiguar mi causa, no con vosotros, que veis sólo lo que parece de fuera, sino con Dios, que sabe la verdad sin engaño. ¡Quién me diese, supiese yo! Desea saber dónde Dios está, y hallarle y parecer en su audiencia.

Porque dice:

4. Ordenaría ante Él juicio, y mi boca henchiría de razonamientos. Ordenar aquí es la palabra de guerra y que se dice propriamente en el ejército o escuadrón, cuando se ponen los soldados en ordenanza; y pásalo a la audiencia del pleito, porque es guerra también lo que allí pasa, y no poco sangrienta, acometiéndose y defendiéndose, y usando de ardides y de celadas, y mejorándose en razón y lugar. Pues viniendo, dice, al tribunal en que Dios residía, pondría en orden mi defensa. Como si dijese, mi gente haría alarde de mis razones en mi pecho, y del pecho en buena orden las pondría en la boca, y razonaría mi causa.

Y dice:

5. Sabría palabras que me respondiese, y entendería. Esto es, y habiendo yo hablado por mí, oiría a Dios con paciencia, y entendería lo que pretende en herirme, y o la culpa mía, o la razón que le mueve. Mas porque le pudiera decir alguno aquí, o porque se le ofreció su pensamiento a él cuando esto decía, que le asombraría Dios puesto en su presencia, y le enmudecería con espanto, y le ataría la lengua, asegúrase de esto, y dice:

6. No con muchedumbre de fuerzas baraje conmigo, no cierto ponga Él su brazo sobre mí. O como está en el original, a la letra: ¿Si por ventura con muchedumbre de fuerzas barajará conmigo? No, cierto. Él pondrá sobre mí. En que, o según la primera manera, saca por condición que no use Dios de su poder contra él; o, según la postrera, se asegura y certifica de que no usará. Como diciendo: Y no tengo por qué me recelar de su fuerza, que, si es poderoso, como lo es, también es igual y justísimo, y, puesto en juicio, no usará de violencia. ¿Si por ventura, dice, con muchedumbre de fuerzas barajará conmigo? Esto es, en ninguna manera barajará, esto es, pleiteará, porque una cosa es fuerza y otra estar a juicio. Pues si decimos: No con muchedumbre de fuerzas baraje conmigo, limita lo que dicho tiene y dase a entender, y dice: Cuando deseo averiguar con Dios mi causa y delante de su tribunal ser oído, entiéndolo, si pone Dios su fuerza aparte, y si se allana a razones y no quiere usar de su poder absoluto.

Y ansí dice:

7. Ponga derecheza de argumentos conmigo, y saldrá vencedor mi juicio. No use de fuerza, dice, sino estemos a buena y justa razón; hablen los argumentos y estén quedas las manos, y yo, dice, saldré con mi causa. Y la razón es, no porque le falta a Dios en lo que hace, sino porque es tan justo y verdadero que no dirá que lo hace por culpa mía:

Mas el original dice ansí: Allí derechero argüiría con Él, y escaparía del todo libre del que me juzga, que casi viene a lo mismo. Porque, dice, no usará de fuerza, ni me oprimirá sin oírme ni entenderme, como vosotros hacéis agora, sino allí valdrá la razón solamente; y la verdad no ama pasión que turbe, ni ignorancia que ciegue, sino juicio claro y desapasionado y derecho. No hará Dios honra de condenarme, ni pondrá su justicia en mi culpa, ni juzgará lo que vosotros juzgáis, que le conviene ser yo malo para que él sea justo; Él quedará por bueno, como lo es, y yo por libre y inocente; con que escaparé libre de quien me juzga, esto es, de vosotros y de vuestros juicios errados, que tan sin razón me condenan.

Mas, llegado aquí, ofrécesele a Job la imposibilidad de lo que desea, y ve que no está en su mano, ni ver a Dios, ni hablarle, ni llegar donde está.

Y ansí dice:

8. Mas veis; a Oriente iré, y no Él; y a Poniente, y no le entenderé. Mas es hablar, dice, de balde, y tratar de lo que nunca será, porque, ¿adónde iré que le halle?; que, si adelante voy, como dice el original a la letra, no le veré, y si vuelvo a las espaldas, tampoco le hallo, ni se me descubre en Oriente, ni le hallo en Poniente. Y por decirlo del todo, añade que ni en Setentrión ni en Mediodía, que son todas las partes del mundo.

Y dice:

9. Si a la izquierda, ¿qué haré? No le asiré; si a la derecha vuelvo, no le veré a Él. O como el original a la letra: Izquierda en obrar suyo, y no le otearé; encubrir derecha, y no le veré. Que llama izquierda el Setentrión y la parte del Norte, y derecha la que está al Mediodía, como los filósofos también la llaman; o porque el movimiento y camino del Sol va por aquella parte contino, o porque vuelto uno al Oriente, y extendiendo los brazos tendería al Mediodía el derecho. Pues dice que en la izquierda, esto es, en la parte del Norte, en obrar suyo, esto es, que es parte descubierta y que obra porque se levanta sobre nuestro horizonte, y se rodea sobre él sin ponerse jamás ni encubrirse; encubrir derecha, esto es, ni en la derecha que encubre, porque la parte del Mediodía y las estrellas de su Norte nunca se levantan sobre nuestra horizonte; pues ni en el Setentrión, dice, le veo, ni en el Mediodía le hallo; ni en el Setentrión que se descubre, ni en el Mediodía que se asconde, ni adonde vemos claras sus obras, ni adonde nos las tiene ascondidas; ni en la parte que se levanta sobre nuestras cabezas, ni en la que tenemos debajo los pies.

Porque, a la verdad, ansí como es fácil al que camina por la gracia hallar a Dios cerca de sí, porque como Él dice, está cerca de los que le temen, y sus pláticas son con los sencillos y puros, ansí es dificultoso al que le busca por los medios de su ingenio y industria. No hay cosa más cerca ni más lejos, más encubierta ni más descubierta, que Dios. Demás de que veces hay que se asconde a los suyos para fin de probarlos; y ascóndeseles tanto, que les parece no tienen acuerdo de ellos, ni ellos hallan rastro de Él por más que le busquen, en que padecen lo que decir no se puede. Y Job lo sentía agora ansí.

Pero dice:

10. Mas Él supo mi carrera, examinaráme como oro que por juego pasa. Como diciendo, mas ya que no puedo verme con Dios, ni averiguar mi causa con Él, esto sé ciertamente, que Él sabe bien mi inocencia y que este su azote no es castigo de culpa, no, sino examen de oro que se pone en el fuego, no por su escoria, sino para que más resplandezca, no por limpieza, sino para más resplandor.

O de otra manera, porque el original dice ansí: Porque conoció carrera conmigo, examínese; como oro saldré. En que no dice lo que ha hecho Dios con él, sino dice la razón por qué desea el examen de Dios. Porque, dice, conoce mi carrera conmigo, esto es, la que yo anduve; o también, como yo la conozco, por eso deseaba venir a su examen, seguro de que su justicia haría en mi inocencia lo que en el oro la fragua.

Porque como añade:

11. En sus carreras asió mi pie; su carrera guardé, y no me acosté. Que la buena consciencia es madre de la confianza; y entender Job de sí que siguió siempre en sus caminos a Dios, le da ánimo para esperar salir libre del juicio de Dios. Porque, aunque en su comparación es torpeza toda la limpieza nuestra, mas no juzga al hombre Dios midiéndole consigo mismo, sino con aquello que le tiene mandado; y nuestra regla es no su perfección de Él, a quien no es posible que la criatura iguale o arribe, sino la ley que nos tiene puesta, que es conforme a nuestras fuerzas, a lo menos a las que Él nos da con su gracia, si nuestra culpa y mala disposición no lo estorba o impide. Pues prométese Job buen suceso en el juicio de Dios, porque ayudado de Él, ha puesto siempre en sus caminos sus pies.

Y dice que asió su pie en sus pisadas, esto es, las de Dios, que son las que nos manda que demos; y llama ansí sus Mandamientos y leyes, en que dice asió su pie, para dar a entender que no entró en ellas y las quebrantó después, habiéndolas primero guardado, sino que asió con firmeza de ellas y fizo asiento en su guarda. En que responde y gana por la mano a lo que le pudieran decir, que si fue bueno en algún tiempo, fue malo después y se salió del camino.

Y dice en el mismo propósito:

12. De mandamiento de su boca no me retiré, y ascondí en mi seno sus palabras. En que dice por nombres proprios lo que dijera por figura en el verso pasado, que su carrera son sus Mandamientos, y sus pisadas sus leyes. Y lo que dice ascondí en mi seno, el original dice más que mi fuero guardé ley de su boca; en que encarece más el cuidado y amor con que cumplió lo que Dios le mandaba. Porque llama su fuero sus deseos mismos y sus inclinaciones, y aquello que él amaba y juzgaba.

Y la causa es lo que dice:

13. Y Él uno; ¿y quién le hará tornar? Su alma deseó, y fizo. Porque si ha servido a Dios y guardado con el cuidado y amor que dice sus leyes, la causa es porque Él es uno, o como dice el original, es en uno, conviene a saber, está siempre en un parecer, sin mudar ni voluntad ni juicio, como mudan los hombres. Y no solamente es sencillo y no mudable, sino lo que a esto se consigue, poderoso y eficaz para todo lo que determina y quiere; y ansí no se puede esperar que, o mudará lo que tiene mandado, o no ejecutará, en quien no lo cumpliere, la pena; que ni es flaco ni mudable, y ansí el que esto conoce está obligado a no ofenderle por ambas maneras.

Y añade:

14. Y cuando cumpliere su voluntad en mí, y todo cuanto quisiere, aparejado le estoy. Porque había afirmado su inocencia y su vida sin culpa, y porque confiando en ella deseaba averiguar su causa con Dios, lo cual en él nacía de buena consciencia; y parecía a los de fuera nacer de soberbia y de arrogancia, por eso y por alanzar esa sospecha, muestra agora y confiesa cuán llena está su alma de Dios y cuán sujeta a todo lo que en él ordenare.

Y dice en esta manera: Aunque mi consciencia me absuelve, y aunque no dudaría de ser absuelto de Dios, cada y cuando que en su juicio pareciese, no por eso le acuso porque me azota, ni me enciendo contra Él en coraje; presto estoy y aparejado a llevar con ánimo rendido y humilde todo lo que en mí su mano pusiere. Verdad es que el original, a lo que parece, sigue otro camino, porque dice ansí: Porque cumplirá mi fuero, y como éstas muchas con Él. Que porque dijera lo que Dios puede y cuán inmudable es y cómo sale con su voluntad de contino, prueba ser ansí, por lo que en él ha hecho y agora hace. Y dice lo que de Dios agora digo, que su alma deseó y fizo, esto es, que hace cuanto quiere y como lo quiere, cuanto no lo supiera por otra vía, esto mismo que pasa en mí me lo enseña; porque Él cumple y ejecuta en mí eso mismo que tenía determinado de hacer, sin que ni mis fuerzas se lo impidan, ni mi inocencia se lo estorbe. Que ni me valió ser rico, ni poderoso, ni bienquisto con todos, ni amado de los míos, ni respectado de los ajenos, ni sencillo y puro y justificado en mis obras, para que no cumpliese en mí lo que tenía determinado de mí por su voluntad y secreto juicio.

Y esta determinación y decreto de Dios acerca de los sucesos de Job, llama Job fuero suyo, o establecimiento suyo, y como si dijésemos, su hado, porque estaba establecido de Dios para él. Y dice, y como éstas muchas con Él, para decir que de estos hechos como el suyo, y de otros semejantes, hace Dios cada día muchos, en demostración de lo mucho que puede y sabe.

De donde resulta lo que luego se sigue y es decir:

15. Por tanto de sus faces soy conturbado, consideraré, y habré pavor de él. Porque de la consideración y experiencia del sumo poder de Dios y de cómo trae a efecto continamente lo que le place, sin que ningún poder ni saber se lo estorbe, nace naturalmente un respecto y temor en quien lo considera, o en quien tiene de ello experiencia.

Pertenece a lo mismo:

16. Dios enflaqueció mi corazón, y el Abastado me conturbó. O ansí este verso como el pasado llaman pavor y turbación y estremecimiento la calamidad que Job padece, como quien nombra por sus efectos la causa; y son de esta manera como declaraciones encarecidas de lo que precedió en el verso de antes, do dijo que Dios había cumplido su fuero en él y ejecutado lo que establecido tenía, que era turbarle y asombrarle y enflaquecerle el corazón asolándole la hacienda y quitándole los hijos y destruyéndole la salud y cercándole de miserias y gemidos. A cuya consideración es natural salir luego en el deseo que añade.

Porque dice:

17. No fui cortado por tinieblas que sobrevenían, ni cubrió tiniebla mi cara. Que es decir: ¿No fuera yo cortado de esta vida y sacado de ella, sobreviniendo la muerte, por tinieblas que sobrevenían, esto es, para hurtar el cuerpo a la calamidad que aparejada me estaba? Que llama tinieblas y escuridad a la desventura y miseria, porque despoja al corazón de alegría y todo se le ennegrece al corazón que está triste. ¿O siquiera, dice, no fuera yo un hombre no conocido y escuro, de manera que no supiera nadie mi felicidad ni miseria? Porque es mayor sin duda, puesta en los ojos de muchos, y la publicidad la acrecienta. Y el que todos conocen y ven puesto en grado alto, si cae, siente más su caída, porque es más la afrenta, y tiene amigos que se duelan y enemigos que se bañen en gozo, y todo le acarrea mayor dolor, la pena de los unos y el placer de los otros.

Y por eso añadió, ni cubrió tiniebla mi cara, como diciendo: o, a lo menos, no fuera yo tan escuro que nadie tuviera noticia de mí y me sepultara en sí la noche del olvido, o mi desventura tan cerrada y tan presta, que me quitara en un punto de la vista y acuerdo de todos. Sino, dice, escuréceme el corazón, y déjame descubierta la cara, ciégame la alma, no con sintiendo en ella luz de consuelo, y descúbreme a los ojos de esta luz pública, ciego y visto, claro y escuro, entenebrecido y colocado en la luz, esto es, asentado en tinieblas claras y en escuridad manifiesta, y en afrenta y calamidad que a nadie se encubre. Y con esto mismo viene el original, porque dice: ¿Por qué no fui cortado delante de tinieblas?, esto es, mucho antes que viniese esta noche. ¿Y por qué delante de mis faces ascondió tinieblas? Que asconder las tinieblas es resplandecer con la luz; y ansí asconder Dios las tinieblas delante de las faces de Job, fue dejarle su cara descubierta y hacerle a él conocido, y pública y notoria a todos su desventura y afrenta.

O digamos lo que es más conforme a la propriedad de la letra, que no pregunta Job aquí, ni por manera de pregunta desea, sino antes da razón de lo que poco antes decía, que le tiene Dios espantado y turbado. Porque, dice, no me cortó, esto es, no me quita delante de las tinieblas y mal que padezco, que es decir, susténtame en esta miseria, y con ser mortal no me consume.

Y añade y de mis faces ascondió tiniebla, que vale, y no ascondió (porque se repite la negación primera), es decir que no ascondía aquella noche de calamidad a sus ojos, conviene a saber, cerrándoselos con la muerte y acabando ya con él, para que no vea tan grande miseria.


Capítulo XXIII exposición