El libro de Job: Capítulo 27 exposición

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El libro de Job
Capítulo 27 exposición
de Fray Luis de León


1. Y añadió Job, prosiguiendo su razonamiento, y dijo. Habiendo burlado Job de la impertinencia de Bildad y loado a Dios más copiosamente que Bildad le loara, y con esto manifestado lo que él sentía de la fortaleza de Dios y de su sabiduría infinita, agora en este capítulo, para mayor claridad de su sentencia y de la opinión que acerca de la divina justicia tenía, dice y certifica que no por mostrársele tan severo Dios se tiene a sí por malo, o él por injusto. No es él malo por ser azotado, pues que muchos malos pasan aquí sin azote; no es injusto Dios, pues que, al fin, al que malo es, en el remate de la vida y en su sucesión le castiga. Y por esta ocasión se extiende a declarar con encarecimiento los últimos desastres del malo, dando a entender por el contrario que, si padecen aquí algunas veces los justos, a la postre tienen ellos y sus cosas felices y prósperos fines, con que queda defendida, y de reprehensión libre y exenta la justicia de Dios.

Dice, pues:

2. Vive Dios, que desvió mi juicio, y Abastado, que hinchó de margura mi alma. Que podemos entender de dos maneras: o que aunque no se guarda orden de juicio en mi causa, y aunque estoy de dolor y de amargura lleno, Dios vive, y Abastado hay, esto es, no por eso juzgo ni pienso que no hay Dios ni Providencia en el cielo; o lo que dice más con la letra, que sea como afirmación, que pasa a los dos siguientes versos, que son:

3. Que en todo cuanto resuello en mí, y espíritu del Señor en mi nariz:

4. Si hablarán mis labios maldad, y si gorjeará mentira mi lengua; diciendo que, aunque Dios le amarga y aflige y no se quiere poner a juicio con él, pero que por Él mismo afirma y certifica que mientras respirare y viviere será poderoso nadie a que hable o sienta, ni contra Dios ni contra sí, cosa falsa o indebida.

Vive Dios, que desvió mi juicio, esto es, que aunque desvió mi juicio, no guardando con él la forma y estilo de juzgar, haciendo primero cargo y oyendo después, como en los capítulos pasados decía. Mas que, sin embargo de esto y de que le tiene lleno de amargor y dolor, en todo cuanto resuello en mí, y espíritu del Señor en mi nariz, esto es, en cuanto durare la vida y el aliento; si hablarán mis labios maldad, y si gorjeará mentira mi lengua, esto es, ni sentirá mi alma ni pronunciará mi boca cosa torcida o falsa, entiéndese en la materia de que agora habla, esto es, acerca de su inocencia o de la rectitud de Dios y de su justicia.

Y ansí dice y añade:

5. Lueñe de mí justificar a vosotros, hasta que fallezca, no desviaré de mí mi inocencia; esto es, jamás consentiré en lo que decís, ni aprobaré en mi condenación vuestra sentencia, ni os tendré por justos y verdaderos en esto, ni os confesaré haber vivido ansí, que merezca por mi culpa esta pena. No desviaré, dice, de mí mi inocencia: defenderla he, ni yo la apartaré ni consentiré que ninguno de mí la desvíe.

Y añade en confirmación de lo mismo:

6. En mi justicia me atendré, o como el original dice, estaré fijo: no la desampararé, no me avergüenza mi corazón en mis días, esto es, no me reprehende mi corazón ni mi consciencia me acusa, y ansí no será ninguno bastante contra el testimonio de ella a persuadir que soy malo.

De que se sigue que:

7. Será como malvado mi adversario, y el que es contra mí como injusto; esto es, el que me contradijere en esto que he dicho, y decir quiero, quien a la verdad de mí y de Dios que profeso, fuere contrario, si no fuere muy ignorante, será forzosamente malvado y injusto. Y porque ha dicho de sí, pasa a declarar de la justicia de Dios lo que siente, y pregúntase primero para que sea más puntual la respuesta.

Y ansí dice:

8. Que ¿cuál esperanza de hipócrita, si roba avariento, y no da libertad Dios a su alma?

9. ¿Por ventura escuchará su vocería Dios, cuando viniere sobre él la apertura?

10. ¿Si se deleitará en el Poderoso, o si le invocará en todo tiempo? Como diciendo: Pues digo que los hipócritas viven con felicidad a las veces, y que no castiga en su vida Dios siempre a los malos, diréis por ventura, ¿cómo es posible que el hipócrita goce de buena esperanza, siendo injusto y de sus pasiones siervo y esclavo? ¿Y cómo podrá confiar que le oirá Dios, si le llamare, ni cómo podrá llamarle, ni gozar de su trato? Y si vive privado de esta esperanza y amparo, ¿cómo será posible que tenga hora feliz?

A lo cual responde y dice:

11. Enseñarvos he en mano de Dios, no asconderé lo que en Él poderoso; esto es, diré a lo que se pregunta lo que Dios me ha enseñado, y lo que Él suele hacer y hace con los semejantes.

Y añade:

12. Y cierto, vosotros, vosotros todos lo visteis; ¿y para qué habláis vanidades? Como diciendo, y verdaderamente lo que yo decir puedo acerca de este propósito no se asconde a vosotros; visto lo habéis por el hecho y entendido lo tenéis claramente, sino que, por contradecirme y por los respectos que vosotros sabéis, os cegáis y habláis lo que no sentís por dañarme.

Y con esto responde luego a lo propuesto, y declara abiertamente lo que se debe sentir, y dice:

13. Ésta es la parte del impío con Dios, y la herencia de los violentos que recibe del Poderoso. Propone lo que ha de decir para manifestar su propósito, que es la manera de castigo que usa Dios con los malos, a la cual llama parte y herencia de los violentos. Parte y herencia, para mostrar que no se les da de gracia, sino de justicia debida, y que como la herencia es del que es hijo, ansí a los malos, por hacerse primero hijos de la maldad, les viene por derecho que hereden la pena. Porque como el hijo sucede por nacimiento, ansí del desconcierto de la vida y del torcimiento del obrar nace la desventura y el desastre y la calamidad y el castigo; que no hay árbol tan cierto en su fructo cuanto es cierto al pecado producir pena y tormento.

Ansí que llama al castigo que da Dios a los malos herencia, por esta causa: y llámala herencia de violentos, o como la letra original dice, de fuertes, porque con ser los malos flacos para vencer sus pasiones, en sus condiciones y en su trato para con los otros son fuertes, que ni la piedad los ablanda, ni el respecto de la razón los mueve, ni hacen mella en ellos las inspiraciones de Dios. Y son fuertes también, porque son poderosos de ordinario, valientes en fuerzas y abastados de riquezas, rodeados de valedores y ansimismo llenos de coraje y soberbia y amadores de su propria excelencia, que confían en sus brazos y ni reconocen juez ni temen ley; como en el libro de la Sabiduría ellos lo confiesan, diciendo: Oprimamos al hombre justo, y no perdonemos a la viuda ni al anciano, ni reverenciemos las muchas canas. Sea nuestra fortaleza el desafuero, que lo flaco es inútil.

Mas veamos ya qué herencia es la de esta gente y qué suerte. Dice:

14. Si multiplicados fueren sus hijos, para el mismo cuchillo sus pimpollos no serán hartos de pan. Como si dijese: el malo podrá a las veces, como dicho tengo, ordenándolo Dios ansí por los fines que Él sabe, vivir próspero y sin revés en cuanto le durare esta vida; mas, fenecida, en todo lo que queda de él reina la desventura y cuchillo. Esto es lo que hereda su alma, y ésta es la parte que ganó por su culpa y con que muestra Dios cuán justo es.

Si multiplicados fueren sus hijos, para el mismo cuchillo; esto es, serán para el cuchillo, morirán a hierro, nacerán muchos para que se ejecute más la pena del padre en ellos. Y llama hijos con propriedad los que según el orden natural nacen del padre, y con semejanza y metáfora, los fructos que en el malo hace la mala vida después de acabada, que son todos cuchillo, esto es, pena y miseria.

Pues dice sus hijos, esto es, lo que, muerto, fructificará su vida en él, será cuchillo y tormento, y esto es siempre infalible; y sus hijos, esto es, los que nacen y descienden dél y le comunican en sangre, nacerán para el hierro, y esto es ordinario y casi siempre perpetuo. Que los tiranos y los que aquí con injuria de otros florecen, o no tienen sucesión o, si la tienen, es para hacer Dios en ella ejemplos manifiestos de su justicia.

Dice más, en el mismo propósito:

15. Los que quedaren de él, serán sepultados en muerte y sus viudas no plañirán. Sepultados en muerte es como decir: la muerte los tragará; que hace significación de violentas y desastradas muertes, por acontecimientos no vistos ni pensados, y infames y muy afrentosos. Y ansí dice que la muerte será su sepultura, porque se hará señora de ellos enteramente y del todo quitándoles la vida y escureciéndoles la honra, y sumiéndoles en perpetuo olvido la memoria y el nombre.

O serán sepultados en muerte, para decir que carecerán de tierra que los cubra, sino que la muerte será su huesa y sepulcro. Y añade, y sus viudas no plañirán, que es acrecentamiento de desventura, cuando aun viene a faltar aquel solo respecto que aquí queda a los muertos, de llorarlos y sepultarlos. Y podemos decir, que lo que quedare de él, que aquí dice, y en su original es seridaiu, es el alma que de él queda, que se sepulta en la muerte porque vive y yace en muerte perpetua.

Más dice:

16. Si amontonare como polvo plata, y como lodo aparejare vestido. Como lodo, dice, para decir en abundancia y en copia. Pues ¿qué, si lo amontonare?

Dice:

17. Aparejará, y justo se vestirá, y la plata dividirá el inocente; esto es, gozarán de sus riquezas otros, y lo que robó y amontonó con violencia, volverá a cabo de tiempo a quien merezca gozarlo, y de lo que él allegó con pecado vendrán a ser señores con inocencia los buenos. Que se verifica, no sólo en estos bienes de la tierra visibles, sino también en las riquezas de la alma y de las buenas obras, que si algunas tuvieron estos que últimamente se pierden, sirvieron mucho más a los escogidos que a ellos. Porque, como Sant Pablo enseña, todo lo que aquí se hace o padece, todo lo bueno o malo que el hombre obra, todo lo que Dios o permite o ordena, todo sirve a los suyos y todo lo ordena para el bien de los escogidos. Por manera que al malo las buenas obras que hizo no le salvaron, y esas mismas fueron medios y como instrumentos con que los escogidos suben a la gloria o a la mayor gloria del cielo, y ansí les fueron más útiles; y con mucha verdad la plata que el malo amontonó, repartió el inocente y se vistió el justo de las vestiduras que aparejaron los malos.

Dice más:

18. Edificó como polilla su casa, y como cabaña que la guarda hizo, que se sigue de eso mismo que viene diciendo. La casa que la polilla en el madero o la vestidura hace, haciéndola la destruye, o por mejor decir, al hacerla es deshacerla, porque horadando el madero o el paño, para vivir en él le deshace; y ansí es casa que no solamente perece, sino que perece por la obra y como por las manos de su mismo autor.

Y lo mismo, dice, acontece a los malos, que su casa, esto es, su memoria, sus descendientes, sus riquezas y mayorazgos fundados, perecen en breve, y no sólo perecen, mas ese mismo fundamento suyo y la manera y los medios por donde se hicieron son su total perdición: Y como cabaña que la guarda hizo, que pasado el tiempo de la guarda, o se cae o la deshace ella misma.

Dice:

19. Rico dormirá, y no congregará; abrirá sus ojos, y no a él. Morirá, dice, rico y dejará sus riquezas; no las allegará a sí y por consiguiente no las llevará ni le harán compañía. En la vida el adquirirlas les es culpa, y en la muerte el dejarlas tormento y pena; lo que no es en los buenos, cuando acaso son ricos. Porque, aunque los unos y los otros, cuando pasan de esta vida, dejan en ellas sus haciendas, mas a los buenos, lo uno, no les duele dejarlas; lo otro, tienen ya allá atesorada y traspuesta la mayor parte de ellas, que transformada en verdadero y mejor género de tesoro, los enriquece perpetuamente.

Abrirá, dice, sus ojos, y no a él, esto es, y no verá nada; que compara la vida al sueño y el morir al despertar de él, y la posesión de estos bienes a lo que se suena durmiendo, que entonces parece algo, y en volando el sueño y en abriendo los ojos, desaparece delante de ellos, volviéndose en viento. Que es lo mismo que decía David: Durmieron su sueño los ricos, y a la postre no hallaron nada en sus manos.

A que es consiguientemente lo que luego añade:

20. Aprehenderá de él como aguas pobreza; de noche le oprimirá tempestad. Porque, si abriendo los ojos después de esta vida, no halla nada de su tesoro en su mano, consiguientemente queda sumido en pobreza, porque queda sin ningún bien de los que tuvo por bienes. Y ansí dice que la pobreza le aprehenderá como aguas, porque le cercará de todas partes, como las aguas cercan al que en ellas se sume, y porque como avenida de río vendrá sobre él de improviso, y cuando por más rico se tenía y por más seguro entonces con la muerte se anegará en el mal de miseria.

Y añade que de noche le oprimirá la tempestad; que se puede entender, o simplemente diciendo, que en la noche de la muerte vendrá sobre él y como tempestad la pobreza; o que sea semejanza de la tempestad que de noche viene, a lo que aviene al pecador cuando muere; que diga de esta manera: Que como en la noche tempestuosa el que camina carece de abrigo y va cercado de peligro y de miedo, ansí cuando muere el malo, no ve sobre sí sino horror y tinieblas, todo lo que ve es espanto y lo que imagina temor.

Y dice bien con esto el original, adonde leemos: Aprehenderán de él como agua temores, noche le robó turbión; esto es, como al que en el campo y de noche el turbión le roba, quiere decir, le arrebata; que ni ve persona que le ayude, ni camino que le guíe, ni árbol do se asconda, ni suelo cierto adonde afirme su paso, y el trueno le espanta, y la lluvia le traspasa, y la avenida le trabuca y anega, envuelto en horror y desesperación.

Dice:

21. Y levantaráse viento solano y llevarále; y torbellino le arrancará de su lugar. Que es decir, que como lo que lleva el viento desparece de presto, y como lo que el torbellino arranca, lo arranca de cuajo, ansí la muerte, sobreviniendo a estos malos, los deshace, los desparece, los desarraiga en la vida de la alma, en la hacienda, en las memorias, en los descendientes y en todo. Y trae a comparación el aire solano, que es violento y furioso, y dice de los torbellinos porque, como nacen de concurso de vientos, suelen tener mayor fuerza. Y porque hizo mención de las aguas y de la tempestad y turbión nocturno, dice bien, en consecuencia de aquello, del viento y del torbellino, que todo suele andar junto. Y en juntar esto dice que la lluvia los cerca, y la noche y la tempestad los espanta, y el viento los arrebata, y el torbellino los arranca de su lugar; y las aguas y la tempestad de la noche y el torbellino y el viento son la muerte cuando les sobreviene, que los trata en el alma y en el cuerpo, y que hace estrago en sus cosas, como el viento, el torbellino, la tempestad y la noche.

Y por concluir en una palabra sola, dice:

22. Arrojará sobre él, y no perdonará, de mano suya irá huyendo; esto es, finalmente arrojará Dios sobre él saetas, rayos y azotes, y no perdonará porque es sin fin la pena de los condenados. De mano suya, esto es, de los golpes que la divina mano en él diere, irá huyendo, o como el original dice, huyendo huirá, porque concebirá miedo espantable, y cuanto fuere el miedo, tan grande es el deseo de huir, y ansí trabajará con agonía por apartarse del golpe, que a la fin huir no podrá.

Y con esto se ayunta, que:

23. Aprestará sus manos sobre él, y viendo su lugar, sobre él dará silbo; que es el escarnio y la mofa que los hombres hacen de los poderosos injustos, cuando los ven deshechos. Pues como ha dicho por diversas maneras el desastrado fin de los malos, concluye con la burla que es remate de los desastres; y dice que quien viere el suceso miserable de éstos que cuenta, y el fin de su grandeza y soberbia, se apretará las manos, que es muestra de encogimiento y espanto, y silbará como escarneciendo su burlada esperanza.

Y lo que decimos apretará, puede ser palmeará, conforme al original, esto es, mostraráse contento, haciendo son con las manos. Que como el mal de los buenos lastima, ansí el castigo de los malos, cuando les sobreviene, alegra y regocija; porque vuelve entonces Dios por sí, y porque el castigo de ellos es salud para otros, y finalmente porque resplandece en ellos la justicia de Dios, y sale de reprensión y de duda su honra, como el Psalmo decía: Alegrarse ha el justo, cuando la venganza viere; bañarse ha en la sangre del malo, y dirá: Al fin es de fructo el ser justo, hay Dios que juzga la tierra.

Capítulo XXVII exposición