El libro de Job: Capítulo 32 exposición

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El libro de Job
Capítulo 32 exposición
de Fray Luis de León


1. Y cesaron estos tres varones de responder a Job, porque él justo en ojos suyos. Responder, como está dicho, en la lengua original en que este libro se escribió, se toma por razonar o hablar con otro; y ansí dice que se cansaron ya estos amigos de razonar más con Job, y lo dejaron. Y añade la causa de ello, porque dice y él justo en sus ojos, esto es, porque se tenía por justo, o porque era justo a su mismo juicio, y entiéndese esto al parecer de ellos. Como si dijese, no quisieron más disputar o razonar sobre el propósito comenzado, porque les pareció que Job estaba tan persuadido de su inocencia, o, a su parecer, tan ciego en el amor y presunción de sí mismo, que no le quedaba vista para entender ninguna buena razón que en contrario se le hiciese, y la imaginación de su justicia que tenía delante sus ojos le hacía que no los tuviese para ver su desengaño. Porque como de lo arriba dicho parece, toda su razón de éstos para convencer a Job de pecado era decirle que estaba azotado y castigado de Dios, lo cual era claro; y parecíales que no rendirse él a un argumento tan manifiesto nacía de estar muy ciego, y que la ceguedad era presumir gran bien de sí mismo, y que ansí era negocio excusado razonar más con él.

2. Y encendió su nariz Eliú. Ansí dicen en aquella lengua cuando uno se enoja, como en la nuestra decimos que se hinchan las narices cuando queremos hablar de la ira; porque la ira y el enojo dilata aquellas partes y las enciende, enviando por ellas mayor copia de espíritu.

Mas ¿con quién se enojó y por qué se enojó tanto Eliú? Añade y dice: Contra Job encendió su nariz, porque justificaba su alma ante Dios. En el hebreo dice meelohin, que quiere decir más que Dios, o en comparación de Dios; lo cual se dice, no porque Job lo hacía ansí en el hecho de la verdad, sino porque le pareció ansí a Eliú que lo hacía. Porque afirmar Job, como afirmaba que no se debía a sus pecados el azote que padecía, parecíale a Eliú que era poner injusticia en Dios que le castigaba y azotaba sin culpa, y que era, haciéndose a sí bueno, poner en Dios nota de injusto. Por donde, encendido en celo, conforme a lo que le dictaba su imaginación, enojóse contra Job, porque se hacía justo más a sí que a Dios, según lo que él entendía.

3. Y contra los tres amigos. También dice que se enojó contra los tres amigos de Job, pero por causa diferente; y la causa fue porque no hallaron respuesta y condenaron por malo a Job. Que no hallaron respuesta, dice, porque no tuvieron réplica a lo que Job alegaba por sí, y no obstante esto le condenaban por malo; que es como decir que se enojó con ellos porque no le supieron convencer y tuvieron ánimo para le condenar. Y con razón se enojó de ellos por esto; porque es proprio de gente a quien la pasión ciega faltarles los ojos y el discurso de razón para ver las razones que hay para condenar lo que oyen, y perseverar con todo eso en el juicio de condenallo, sin saber decir la causa porque lo condenan; como testificando contra sí mismos que condenan, porque desean condenar, y no porque hallan causa que lo merezca. Y si no habló hasta este punto Eliú, es por lo que en el texto se sigue:

4. Y Eliú sostuvo a Job en palabras, porque viejos ellos más que él en días.

5. [Y vio Eliú que no respuesta en boca de aquellos tres varones, y encendió nariz suya.] Sostuvo, dice, en palabras, esto es, aguardó sufridamente, callando a todo lo que decía Job, aunque le parecían no dignas de ser sufridas; mas sufriólas él y calló hasta entonces, porque los otros tres habían tomado la mano de respondelle y eran mayores en edad que Eliú; y parecióle cosa justa callar él cuando ellos hablaban, y como menor guardarles este respecto. Que es respecto que deben a los ancianos los mozos, como se dice en el Eclesiástico, y como se prueba bien de este lugar. Mas como ellos callaron, habló él, y lo que habló es lo que se sigue:

6. Y respondió, esto es, habló Eliú, hijo de Barzel, buzites, y dijo: Zaguero yo de días, y vosotros ancianos, y ansí me estremecí, y temí de significar mi saber a vosotros. Comienza de la razón por que había callado hasta allí, y hablaba entonces, que es su modestia y el respecto que había tenido a los que eran mayores que él; con lo cual se hace a sí más digno de ser oído y como sin sentir se lanza en los sentidos de los oyentes, demostrando que ni había callado antes por no saber, ni hablaba agora por antojo, sino como forzado por la misma necesidad.

Y lo que añade:

7. Dije: días hablarán, y muchedumbre de años notificarán sabiduría, es confirmar lo que dijo, que había callado porque hablaban ellos, que eran mayores. Porque, dice, yo me persuadía que todo el buen hablar y el buen sentir era proprio de los hombres a quien con los largos años la experiencia tenía muy enseñados, y que ansí adonde ellos metían la mano, los que éramos de menos días podíamos descansar.

Dije, esto es, porque decía yo y me persuadía. Días hablarán; la palabra original, en la forma en que está, no sólo significa hablar, sino hablar con vehemencia y con estudio y diligencia, esto es, hablar acertada y discretamente.

Y años enseñarán sabiduría, adonde la palabra años se puede entender de dos maneras; o sencillamente y sin figura ninguna, y querrá ansí decir que los años, esto es, el tiempo y la vida larga, con la experiencia de las cosas que en su discurso acontecen enseñan sabiduría, conviene a saber, a esos mismos que han vivido muchos años, que es decir, que los que han vivido muchos años son sabios; o en otra forma, la cual me parece mejor, en la palabra años hay figura, y diciendo años significa Eliú los que tienen muchos años, esto es, los ancianos y viejos.

Y dice que éstos enseñan sabiduría, como diciendo que el enseñar la verdad y el ser maestros de las cosas sabias y ocultas era, según que a él le había parecido, proprio de los hombres ancianos y que, como ellos lo eran, confiado él que respondería el saber a los años, había callado esperando; mas desengañado con la experiencia presente, conoce que no anda siempre con la luenga edad el saber.

Y ansí dice:

8. Verdaderamente espíritu ese en el hombre, y aliento de Omnipotente les da entendimiento, lo cual se declara por diferentes maneras. Unos dicen ansí: verdaderamente el hombre de suyo es espíritu, esto es, es aire y viento, y si es algo, o si tiene saber alguno, eso le viene de sólo Dios. Por manera que Eliú, desengañándose de la opinión buena que tenía de los ancianos, cuanto toca al saber, diga agora que conoce y entiende que el ser sabio uno es gracia de Dios que da Él a quien le place y cuando le place; porque el hombre de suyo, o sea de poca o sea de mucha edad, no tiene ser sabio, sino ser aire y viento.

Otros lo declaran por otra manera, diciendo que porque había dicho Eliú que, según su imaginación, la que tenía antes de agora, eran sabios los viejos, diga agora, desengañado, que el espíritu es el que hace al hombre y no la grandeza de la edad, y que en el tener aliento y brío de ingenio está el saber, y no en el ser viejo y anciano; que es decir que la sabiduría nace de la ánima, que llama espíritu, por quien no pasan los años ni se envejece, y no de la vejez y ancianía del cuerpo. Y porque habló de la anima, para que entendamos que habla de ella cuando dice aliento o espíritu, añade para mayor claridad y aliento de Omnipotente les da entendimiento. Como si dijese, el espíritu, y no la edad ese que da ser al hombre, digo, el espíritu que es aliento del Omnipotente, conviene a saber, la ánima que le vivifica y informa. La cual llama aliento del Omnipotente porque se la inspiró Dios, como si dijésemos, a manera de soplo, como Moisén lo dijo en el Génesis: Fabricó Dios al hombre del lodo de la tierra, y inspiró en su cara respiración de vida, y quedó con ánima de vida.

Lo que a mí me parece, atenta la propriedad de la lengua original y su estilo común de hablar, es que en este verso hay una secreta comparación, hecha de la primera parte dél a lo que la segunda contiene; en la cual, afirmando la certidumbre de una cosa notoriamente sabida, se afirma y notifica la verdad de una cosa ascondida. Como diciendo: Cuan cierto es esto, tan cierto es aquello; como el hombre vive y es hombre por el espíritu, ansí es sabio, no por la edad, sino por el soplo y aliento divino; y como en nuestra lengua común solemos decir ésta es luz y Dios es verdad, en lo cual ninguna otra cosa decimos, sino que ser Dios verdad es tan notorio cuanto es manifiesto ser luz aquesta que vemos.

Y de la misma manera Eliú en este lugar, afirmando que es gracia de Dios y no fructo de los luengos días la sabiduría, dice que verdaderamente espíritu ese es hombre, como diciendo, cuanto es verdad que el hombre vive respirando, tanto lo es ser sabio porque Dios se lo da, y que el aliento natural le da vida y el resuello de Dios y su secreta inspiración sabiduría.

Y ansí, insistiendo en esto mismo, y declarándose más, añade y dice:

9. No los prolongados son hechos sabios, y viejos entenderán fuero. Hase de repetir el no del principio en la segunda parte del verso, y decir ni los viejos entenderán fuero. Do decimos prolongados, la palabra original, según su sonido, quiere decir muchos, y en aquella lengua los grandes y los que profesan el saber, y las personas públicas y principales se llaman con aquella palabra; porque en representación cada uno de éstos es muchos, y ni más ni menos lo han de ser en sostancia y valor si responden a lo que representan.

Mas porque acontece que lo que estos títulos y personas encubren es muy otro y mucho menos de lo que prometen, por eso, repitiendo lo mismo que había dicho por diferentes palabras, dice Eliú que no es de éstos la sabiduría, esto es, que no por ser un gran personaje uno se ha de entender que tiene ni el pecho más sabio, ni más discreta la lengua, ni que acertará más con la verdad en lo dudoso cuando altercare con otros. Porque en resolución el buen seso y buen saber, como no nace de los años, ansí tampoco viene de los oficios preeminentes.

10. Por tanto, fablaré; oídme a mí, significaré saber mío también. Pues, dice, no andan siempre juntos el saber y los años y el seso y los grandes oficios, yo agora, aunque en edad y en dignidad soy menor, podré también decir mi razón, y vosotros estaréis obligados a oírme atentamente cuanto dijere. Y decir esto es descubrir el fin adonde ordenaba todo lo dicho, que es desculpar su atrevimiento y quitar de sí la opinión de arrogante en que parecía incurrir, ansí por querer hablar delante de hombres tan principales y ancianos, siendo él en ambas cosas menor, como por querer razonar en aquello mismo de que los otros habían tan luengamente hablado.

Y dice:

11. Veis; sostuve yo palabras vuestras, oí agudezas vuestras basta que escudriñasteis razones. En lo cual dice dos cosas: una, que le sufran y oigan, pues él los ha oído y sufrido, que es hacerse más atención obligándolos a ella por ley de toda cortesía y justicia; otra, que no le tengan por desmesurado como a hombre que habla antes de tiempo, o como quien corta la razón de los otros y les quita de la boca la palabra. Porque dice que los sostuvo, esto es, que los ha esperado con paciencia, escuchando hasta que dijeron todo cuando con la agudeza de su ingenio pudieron escudriñar. Y porque le pudieran decir todavía que, pues confesaba de sus compañeros que habían dicho mucho y con mucho cuidado, no se excusaba de atrevido en querer él, sobre lo dicho añadir más dice y añade:

12. Y del todo atendí por entenderos, y veis aquí, no a Job arguyente, no respondiente a palabras de él entre vosotros. Como si dijese, y si hablo agora habiendo hablado y razonado tanto vosotros es porque cuanto habéis dicho no ha sido a propósito. Y dice: del todo atendí por entenderos, porque no pensase alguno que por no haber estado atento él a las razones de sus compañeros, le parecían impertinentes. Porque él, según dice, no solamente los oyó cuanto quisieron decir, mas mientras decían puso atención y cuidado, y como si dijésemos ansí, aguzó todo su entendimiento y ingenio para penetrar lo que decían, y con todo ello vio lo que ha dicho. Por manera que a dos cosas que calladamente le eran opuestas, y que si no respondiera a ellos ni las quitara de la secreta imaginación del oyente, pudieran enajenársele, teniéndole en opinión de atrevido; una, que osaba hablar delante de sus mayores; otra, que hablaba ya sobre negocio suficientemente hablado. A la primera respondió con todo lo que arriba se dijo, con que probó que el saber no siempre responde a los años; y a la postrera responde agora con esto, en que muestra que dado que sus compañeros hablaron mucho, nunca habían hablado de manera que ni él quedase excusado, ni cualquiera otro que quisiese entrar de nuevo en razones con Job.

Y lo que dice no arguyente a Job, es tanto como si dijese: Y ninguno de vosotros le convenció ni trató como él merecía. Porque la palabra original ansí suena argüir, que significa convencer arguyendo, y no convencer solamente, sino reprender convenciendo y castigar agramente con las palabras; por manera que significa alteración de razones, con quien se mezcla convencimiento y castigo.

Síguese:

13. Y porque no digáis. Hallado habemos sabiduría, Dios le alanzó y no hombre. Decía de sus compañeros que no supieron convencer con razones a Job; dice agora lo que ellos pudieran a esto responder por sí, y deshácelo luego. Que pudieran decir no nos faltó saber y si no habemos llevado adelante la disputa con Job, no ha sido la causa faltarnos razones. Que hallado habemos sabiduría, esto es, que muy bien se nos alcanza lo que acerca de este artículo que tratamos se pudiera decir, mas la causa por que le dejamos ansí es no porque nosotros no tenemos palabras, sino porque vemos claramente que él no es capaz de ellas como hombre a quien Dios ha dejado, y por el mismo caso está obstinado y endurecido y del todo ciego en su error.

O de otra manera: Decir hallado habemos sabiduría, es como si respondiendo a Eliú que los reprendía porque no disputaban con Job, le dijesen antes, eso mismo que condenas y dices que nace en nosotros de poco saber, lo tenemos por aviso y por buen seso nosotros; porque ¿de qué sirve poner nuestro seso con el de un hombre tonto como éste y perdido? ¿Ni qué fructo se espera de tratar de razones con quien la ira de Dios tiene como entontecido sin seso y sin razón? Hale desechado Dios, dicen, y alanzado de sí, ¿y no le dejarán como cosa perdida los hombres?

O sea lo tercero, y lo que a mi juicio parece mejor, que en decir hallado habemos sabiduría, defiendan las razones con que disputaron con Job, afirmando que fueron sabías y eficaces, y no inútiles como Eliú les decía. Ansí que hallado habemos sabiduría, esto es, antes lo que dijimos fue sabio, y el argumento de que usamos eficaz para convencelle a Job de pecador, porque le desechó Dios y no hombre, quieren decir, porque el argumento que hicimos es éste: Dios le desechó castigándole y azotándole, como vemos, y Dios, que no puede errar en lo que hace, como los hombres; luego él merece ser por sus pecados ansí castigado. Mas deshace Eliú esta disculpa, y muestra que es más disimulación de su ignorancia que respuesta verdadera, diciendo:

14. Y no ordenó contra mí razones, y en palabras vuestras no le tornaré yo. Como si más claro dijese, y porque no digáis que sois sabios y que no es mucho que dejéis de altercar con quien Dios tiene tan desechado, aunque es verdad que Job nunca ha hablado conmigo ni enderezado sus razones, yo disputaré agora con él, y por diferente camino de lo que habéis hecho y dicho vosotros, convenceré sus razones con debida respuesta.

15. Pasmaron; no respondieron más; quitaron de sí respuesta;

16. Y esperé porque no razonaron, y hechos estatuas no respondieron más;

17. Responderé yo también parte mía; platicaré sciencia. mía también yo. Resume repitiendo, para concluir su razón, lo que ya antes ha dicho, como si dijese de esta manera: Ansí que puestos estos mis compañeros han quedado como pasmados callando, y cerradas sus bocas, les han faltado palabras con que responder, y pues habiéndolos esperado gran rato hechos estatuas no hablan, quiero yo, pues me dan lugar, hablar mi razón y hacer prueba de lo que acerca de esto alcanzo y entiendo.

18. Lleno estoy de razones, y espíritu hace ondear vientre mío. Es otra causa por donde Eliú no puede callar; porque dice que las razones que se le ofrecen son tantas que le revientan el pecho. Espíritu llama el coraje en que se había encendido con la falta de sus amigos en esta disputa, y llama también espíritu al deseo que le ardía en el pecho por declarar lo que en ella sentía; y éste dice que le hacía ondear el vientre, que es, como con una semejanza, declarar lo que hace en el ánimo la fuerza de este coraje y deseo. Porque ansí como el aire, en mucha cantidad encerrado en el vientre, le hincha todo y le mueve, meneando con ruido de una a otra parte todos los intestinos que se encierra en él, ansí este deseo mueve el ánimo y le desasosiega y como le revienta en el pecho.

O digamos que en decir y espíritu hace ondear vientre mío, significa y demuestra el contino movimiento del pecho con que está cogiendo apriesa y volviendo el aliento, y como decimos en español anhelando, el que tiene gran deseo de, en alguna apretada ocasión, descubrir y publicar algún gran concepto que siente.

Ansí que como dijo lleno estoy de razones, y como de estar lleno de ellas se seguía haber en él gran deseo de publicallas, dijo luego lo que de este deseo por natural orden se sigue, que es aquel anhelar por decillo; lo cual llama por elegante manera ondear el vientre con el espíritu.

Y para mayor significación de aquesto mismo, añade diciendo:

19. Veis; mi vientre como vino no abierto, como odres nuevos reventado. En que por semejanza de lo que al vino nuevo o al mosto acontece, declara lo que él sentía en sí mismo, diciendo: Como el mosto, cuando cuece, si no le dan por donde respire, quiebra las vasijas donde se cuece, y aunque le pongan en odres nuevos los rompe y revienta, ansí le acontecía a él con las razones que le ardían en el pecho, que casi se le rompían si no les daba por la lengua salida.

Mi vientre, dice, esto es, mi pecho o mi alma, porque en la lengua en que este libro se escribió al principio, esta palabra vientre, por metáfora, significa el entendimiento y el ánimo como en el Psalmo: Y tu ley en medio de mi vientre, esto es, de mi corazón y entendimiento, y en otros muchos lugares. Pues dice que su vientre, esto es, su entendimiento, preñado con las razones que se le ofrecían para decir, está como el vino no abierto; quiere decir, no como el vino, sino por figura significando por lo contenido aquello do se contiene, como el vaso que está lleno de vino y no tiene respiradero, y por eso dice no abierto. Y como odres nuevos reventado, quiere decir, y como vino que hierve, que, aunque está en odres nuevos, los revienta.

O por mejor decir, de las dos partes de este verso, que cada una de ellas parece estar falta y dicha a la vizcaína, juntándolas y poniendo en lo que falta a cada uno lo que hay en la otra, y destrocando las palabras y dándoles su proprio lugar, se hace una razón entera y cabal. Porque se ha de advertir que es gentileza propria de aquella lengua trocar ansí las palabras, y suplir de la primera parte del verso lo que falta a la segunda, y de la segunda lo que en la primera faltó, como parece en este lugar. Porque cuando dice como vino no abierto, dejó de nombrar el vaso donde está el vino encerrado; y cuando añade como odres nuevos reventado, no dijo el vino que contienen los odres; y ansí, emprestándose entre sí ambas partes lo que a cada una le falta, dicen ambas enteramente una sola cosa, y es que su vientre está como odre nuevo lleno de mosto no abierto y reventado, esto es, que revienta por no estar abierto ni tener por do respirar.

Y añade:

20. Hablaré y descanso a mí; abriré labios míos y responderé. Porque reventaba por hablar, como vaso de mosto lleno; por eso dice que hablaba para descansar; que es otra tercera razón por donde nos persuade que, si habla, habla porque la razón y necesidad a ello le fuerza. Y en lo que se sigue, demuestra cómo se ha de haber en la plática, porque dice:

21. No, cierto, atenderé a faces de varón, ni Dios a hombre nombraré. Que es decir que, en lo que dijere, no tendrá respecto a la persona de Job, ni por lisonjealle a él o por condescender con su juicio, no disimulará lo que siente, ni por aplacer al hombre hará falta a Dios. Ésta es la sentencia; mas en las palabras hay alguna escuridad. Atenderé a faces; la palabra original, por la cual pusimos atenderé, propriamente suena levantar en alto; y levantar faces de otro, dicen los hebreos por lo que nosotros decimos tener respecto a la persona y complacella y habla a su gusto. Porque ansí como cuando entristecemos o maltratamos con palabras a alguno, al entristecido y maltratado se le caen las faces al suelo, y en una cierta manera parece que le derrocamos el rostro, ansí cuando, al revés, le alegramos con lisonja, o con honra, el rostro con la copia de la sangre y espíritu que con la alegría le vienen del corazón, se le endereza y levanta en alto. Y ansí, teniendo atención a esta obra de naturaleza, el honrar a uno alegrándole y respectándole, llamaron levantalle las faces la gente que he dicho.

Mas lo que dice ni Dios a hombre nombraré, tiene alguna mayor dificultad; porque lo que decimos Dios, en el texto original está de manera que con mudar un punto podemos decir Dios, como yo puse y puso Sant Hierónimo; o si no le mudamos, habemos de traducir ansí, ni al hombre nombraré. Y ni más ni menos lo que en el texto original responde a la palabra nombraré, quiere decir encubrir o nombrar con nombre encubierto y nuevo, y lo que decimos mudar el nombre. Y tiene aquí buen sentido en entrambas maneras; porque si decimos nombraré, quiere decir que por condescender con el gusto de Job y lisonjearle, no le pondrá nombre de Dios, esto es, no le justificará como a Dios ni le igualará con él, como guardando el sentido trasladó Sant Hierónimo.

Y así decimos encubriré, quiere significar, o que no disimulará la verdad y justicia de Dios por respecto del hombre, o que no encubrirá las flaquezas y faltas del hombre, atribuyéndole lisonjeramente las propiedades de justicia y de inocencia de Dios. Y en la misma forma, si no leemos esta palabra, Dios, en esta sentencia, sino decimos limpiamente, como en el original agora se halla, ni al hombre nombraré, quiere decir que no le nombrará con nombre nuevo y no suyo, como hacen los lisonjeros. Y todo viene a pelo con el propósito presente.

22. Que no sé encubrir, que en breve me alzará mi Facedor. Encubrir es la misma palabra que en el verso antes traducimos nombrar, y puede en esta significación, en este lugar, hacer diversos sentidos: o que diga que no sabe encubrir, esto es, su encubrir dél, que es cuando se encubrirá él faltando a esta luz y muriendo (y este sentido siguió Sant Hierónimo y dijo porque no sé cuánto permaneceré), y, según él, dice Eliú que no encubrirá con lisonja la justicia y verdad, porque no sabe cuánto vivirá y cuándo le llamará Dios a juicio; que el temor de este día, en los que consideran bien, es gran freno para todos los vicios; o que diga de otra manera, que no sabe encubrir, queriendo decir que no sabe, ni tiene condición ni ingenio para disimular la verdad ni para dorar con palabras lo que merece ser afeado; y que le aviene esto porque conoce cuán en breve le alzará Dios, esto es, cuán en breve le llevará de esta vida y le pedirá cuenta de ella con riguroso juicio.


Capítulo XXXII exposición