El libro de Job: Capítulo 34 exposición

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El libro de Job
Capítulo 34 exposición
de Fray Luis de León


1. Y respondió Eliú, y dijo: Esto es, prosigue Eliú su razón.

2. Oíd, sabios, palabras mías, y scientes, dad oídos a mí. Torna a hacerse atención, porque piensa decir cosas aún más secretas y hondas que las primeras. Y a la verdad, dice algunas maravillosamente buenas, aunque para el propósito comenzado y verdadero que debía seguir, impertinentes del todo. Ansí que, porque es alto lo que concibe, apercibe a no cualesquier orejas, sino a las sabias que le den atención.

Y añade:

3. Que oreja palabras probará, y paladar gustará para el comer. Es una disimulada comparación, y como arriba hemos dicho, es propria manera de comparar en la lengua original de esta Escritura. Como si, añadiendo algunas palabras, dijese, porque ansí como el paladar tiene el gusto para el comer, esto es, tiene por oficio, gustando, escoger o desechar lo que se debe comer, ansí el oído atento es el que tiene el juicio y el gusto de las palabras, y el que diferencia en ellas lo elegante y lo rudo. Pues porque pidió oídos atentos, confirma lo que ha pedido y da razón de ello por aquesta comparación; como diciendo, si os pido sabias orejas, por eso os las pido, porque son el juez dellas de lo que se dice, ansí como de lo que se come lo es el gusto y el paladar.

4. Juicio elegiremos para nosotros, y sabremos entre nosotros qué bueno. Para hacer buen juicio en una plática o en una disputa, conviene que la oreja esté atenta para percibir lo que se dice, y el ánimo sin pasión para juzgar de ello como se debe. Había pedido Eliú lo primero, que toca a la atención; pide agora lo segundo, que pertenece al estar sin pasión. Y dice: Juicio elegiremos para nosotros; esto es, no sólo me estad atentos, mas también conviene que en esto que platicamos, andemos desapasionados. Juicio elegiremos; elijamos, dice, por juez en este negocio al juicio y no a la pasión; tratemos por orden y por razón aquesta porfía, y sea en ella sola el entendimiento el presidente; y como se hace en el tribunal del juicio, sin tener respecto a la persona, y sin que sea parte la enemistad o el amor, oyendo a veces y respondiendo, acusando el actor y dando al reo para su defensa tiempo debido, prosigamos en nuestra disputa. Porque ansí sabremos entre nosotros qué bueno, esto es, alcanzaremos y vendremos a conocer, platicando unos con otros, lo que de veras es acertado y es bueno.

Y dicho esto, propone aquello contra lo cual pretende hablar.

5. Porque dijo Job: Justo fui, y Dios apartó mi juicio. Bien ha dicho Job algunas palabras como éstas, o que se parecen mucho con ellas; mas nunca las entendieron bien, ni como Job las decía, aquestos amigos suyos. Porque en decir no había pecado, decía Job que no había pecado a propósito de lo que se trataba, esto es, pecados que mereciesen tan terrible castigo; y en decir que apartó dél Dios su juicio, no quería decir que Dios era injusto o que le había impuesto falsamente algún delicto y le oprimía y justiciaba como tirano; sino decía que este su trabajo no era pena de culpa, ni se le daba Dios por ejecutar en él su debida justicia; y que ansí en este su caso no había cargo, ni descargo, ni condenación, ni ninguna otra cosa de las que son proprias al tribunal y al juicio. Lo cual era muy grande verdad, porque este trabajo de Job no tenía en él razón de castigo, porque estaba sin culpa; y como no se daba por pena, ansí no era obra de la justicia divina, ni guardaba Dios en la ejecución dél el estilo del tribunal de justicia: era obra de la providencia de Dios, ordenada para otros fines que no eran castigo de culpas.

Ansí que esto decía Job; mas sus amigos, los que le oían, no penetrando su razón, concebían que notaba a Dios de injusticia, y cansábanse a sí y cansaban a Job sin efecto. Lo cual agora aquí hace Eliú, y ansí yerra en dos cosas: la una, en que deja el asunto primero y se divierte del que era el asunto más acertado, o aquello de que solamente se debía y podía tratar: el que el hombre no se ha de poner a cuentas con Dios ni pensar que podrá penetrar y entender sus juicios; que es en lo que a la verdad Job, con la agonía de la porfía, había algo excedido; la otra, en que se engaña como los demás, imaginando que Job en las palabras propuestas había acusado a Dios de tirano y injusto; y ansí sobre este fundamento falso funda su plática, que, aunque es a maravilla rica en algunos lugares, pero es a la verdad mal fundada.

Pues síguese:

6. ¿Sobre mi derecho mentiré yo? Dolorosa saeta mía sin pecado. También son éstas palabras que dijo Job, que Eliú aquí las refiere para reprendellas; en las cuales hay pregunta de Job a sí mismo, y luego lo que él responde. La pregunta es: ¿Sobre mi derecho mentiré yo?, como diciendo: ¿Soy yo tal y tan falto que, o cansado de vuestras importunas porfías o de mis males cegado, no sabré de mí lo que sé y negaré a mi inocencia su testimonio? O ¿podrá conmigo para contra mí más vuestra importunidad, que lo que me dice la verdad que yo conozco para mi defensa, y huyendo de ella me culparé a mí y seré mentiroso en mi daño? A lo cual él responde en lo que luego se sigue y se afirma en su primera sentencia, diciendo dolorosa saeta mía sin pecado. Que es como si más claro dijese: Nunca Dios permita ni jamás tal acontezca, que mintiendo yo me condene; lo que siempre he afirmado, eso mismo agora digo y afirmo.

Mi saeta dolorosa, conviene a saber, esta pena cruel que padezco y que me traspasa las entrañas y el corazón, nunca pecados míos la merecieron; sin pecado ninguno mío acontece. Lo que decimos dolorosa en el original se dice con una palabra, anus, que quiere decir aflicción y dolor y violencia y enfermedad cruda y incurable, que viene bien para abrazar toda la grandeza de mal que se encerraba en la plaga de Job; la cual llama él saeta suya por metáfora y elegante manera para significar muchas cosas. Lo uno, lo improviso que vino sobre él, como es en la saeta que dispara de la ballesta o del arco. Lo otro, que no es mal que para en el cuero, sino que como saeta le traspasa hasta lo más secreto del alma. Y lo tercero, para significar que no nace dél mismo su mal, ni de sus culpas, ni de la destemplanza de su vida y humores, sino que de otra parte le viene, como arrojado con fuerza. Esto es lo que Eliú propone de las palabras de Job.

Veamos agora lo que dice contra ello:

7. ¿Qué varón como Job beberá escarnio como aguas? Antes que le convenza, le maltrata de palabra y le afrenta. Y sigue en esto Eliú el afecto y sentido natural y común en las cosas que se oyen, y luego que se oyen, el oído y la razón las rehúye como muy malas, que exclama luego el hombre diciendo: ¡qué perdición!, ¡qué maldad!, o lo que es como esto. Y sosegándose un poco después, comienza a reprendello con argumentos y sin afrentas.

Pues ansí Eliú agora, movido a ira y turbado con el primer encuentro de las palabras que ha referido de Job, exclama contra él con afrenta y deshonra: ¿Quién, dice, como Job beberá escarnio como aguas? Que es decir que no hay nacido mortal que le iguale en ser despreciador de Dios y blasfemo. Porque la Santa Escritura, por esta manera de beber como agua, suele dar a entender facilidad mucha y gusto y abundancia y hábito en aquello de que se trata; como en el Psalmo (c.15 v.16), de los desvergonzadamente malos y muy perdidos se dice que beben la maldad como aguas; ansí como no hay cosa que con más facilidad ni gusto se haga ni que en mayor cantidad se beba que el agua. Pues beber escarnio Job es decir que es dado mucho al escarnecer y que tiene ventaja grandísima en ello, y que lo hace sin recelo y con gusto.

Y aun paréceme a mí que por ventura comenzó Eliú de aquesta manera, abominando de Job y diciéndole afrentas, porque cuando agora poco ha refirió sus palabras para reprendellas, advirtió en el rostro y meneos de Job algún semblante de enfado, que pudo nacer en el corazón de ver que nunca acababan de querelle entender, y de que también éste como los demás erraba acerca de lo que él sentía y decía. Ansí que Eliú, advirtiendo esto, imaginando que era hacer muestra Job de lo poco en que lo estimaba, movido de su presunción y amor de sí mismo, enciéndese contra él y dícele que es un mofador, el mayor que se ha visto. ¿No veis, dice, con qué desgaire y desprecio nos mira? Esle el mofar natural, y tan dulce como el beber un jarro de agua.

Dice:

8. ¿Y caminó a compañía con facedores del mal, y a andar con hombres de impiedad? Agora entra en su causa y dice, lo primero, lo que a su parecer se consigue de las palabras que refiere luego de Job, además de las dichas, y es que aprueba por su sentencia y favorece y da calor al vivir de los malos. Ansí que decir caminó a compañías, no es decir que Job fue tacaño, ni que se acompañó de pecadores en su vida pasada, sino que es visto agora aproballos y pasarse a su parte con sus razones.

Pero veamos de dónde aquesto se sigue:

9. Porque dijo: No aprovechará varón en correr suyo con Dios; que suena, a lo que parece, no le aprovechará al hombre ser bueno. Si esto lo dijera Job, ansí como este su amigo lo propone y entiende, no había colegido mal Eliú; porque David en el Psalmo, de otras palabras que le habían venido al pensamiento, ansí como éstas, colige contra sí mismo lo mismo. Y dije, dice, luego sin causa justifiqué mi corazón, y lavé entre los inocentes mis manos, y fui herido cada día y mi azote muy de madrugada. Y infiere contra sí luego: Mas si esto digo, veis, condeno, Señor, y repruebo la nación de tus hijos.

Ansí que, si estas palabras referidas se toman ansí en su universalidad como suenan, no infiere mal Eliú; pero el engaño dél y de los demás siempre está en esto, que lo que Job dice en respecto y a propósito de caso particular y sólo tratando dél y entendiéndolo dél, ellos lo hacen universal. Porque decir Job, si lo dijo (que aunque dice algo que suena esto, mas no lo dice por aquestas palabras), ansí que decir Job no aprovechará varón en correr suyo con Dios, hase de entender según la materia subjecta y según el propósito y cuestión de que se disputaba, que era afirmar sus amigos de Job que los buenos son prosperados siempre, y que siempre los que aquí son maltratados son pecadores. Lo cual negándolo, como lo niega, y con razón, Job dice bien y verdad que no aprovechará varón en correr suyo con Dios; esto es, que aunque sea muy justo y ponga siempre sus pies donde quiera Dios que los ponga y siga en todo su ley, no por eso estará seguro de ser en esta vida siempre dichoso.

No aprovechará; esto es, no le valdrá para que una vez o otra, o el enemigo no le persiga, o la calumnia no le acrimine, o la calamidad no le oprima, o el dolor, la pobreza, la enfermedad, el hierro y la muerte no vengan sobre él. Que es lo que a boca llena dice Sant Pablo: Cuanto lo que a este mundo toca, más miserables somos que todos los hombres. Y en otra parte los sanctos, dice, experimentaron escarnios, y lo que tras de esto prosigue que es largo. Pues como Sant Pablo juntó sanctidad y calamidad, ansí afirmaba Job en aquestas palabras que la vida virtuosa y la vida próspera no siempre andan juntas.

Mas pasemos adelante:

10. Por ende, hombres de corazón, oídme; ajeno Dios de impiedad y Omnipotente de pecado. Hombres de corazón llama, por propriedad de su lengua, a los hombres sabios y advertidos; porque, a la verdad, los que no lo son, no le tienen; antes, como unos leños sin vida y sin fructo, aploman, pisan y cansan la tierra. Ansí que corazón, en estas Letras, por figura significa entendimiento y saber. Pues convida Eliú a su plática, y pídeles que le estén atentos a su razón, a los hombres sabios, como disimuladamente significando por esto que Job no lo era, y como diciendo: Pues Job por su desventura está ansí ciego y errado, que no es capaz de razón, ni de consejo bueno ninguno, vosotros, que sois sabios, oídme bien lo que digo.

Y lo que dice es una cosa muy más verdadera que a propósito dicha. Porque es ajeno Dios de impiedad y Omnipotente de pecado. Casi las mismas palabras y voces, ellas de sí, muestran a la cara cuánto sea verdadera aquesta sentencia; porque Dios y impiedad, Todopoderoso y pecado, son como cosas contrarias que no se compadecen en uno. Dios dice una fuente de bondad, que está perpetuamente manando en sus criaturas todo el ser y bien que poseen; y ansí decir Dios y decir crueldad es decir luz y tinieblas.

Y por la misma manera pecar es flaqueza y falta de saber y de fuerza, y un no ser señor enteramente ni poderoso de sí; por donde se ve luego que servir al pecado y ser poderoso del todo, por ninguna manera se compadecen. Ansí que dice clara verdad y que ella misma se dice, Eliú, cuando afirma ajeno Dios de impiedad y Omnipotente de pecado. Y esta verdad, aunque no es a propósito de Job, porque él no la niega ni es contra ella, entendiéndose bien lo que él dice; mas es muy a propósito de lo que Eliú concibe y entiende de las palabras de Job. Porque en haber dicho Job que no le aprovechará al hombre el haber seguido siempre a Dios, siendo justo, entendió Eliú que decía que no aplacía a Dios la virtud ni la daba favor, antes la afligía y maltrataba, como apartándola de sí y desechándola; lo cual ponía en Dios crueldad contra el bueno y afición con el malo, que era ser cruel y pecar. Y según esto, oponiéndose contra ella, dice muy bien y a propósito, que es una cosa eso cuya imposibilidad se colige de las mismas palabras. Y como arguye de esta manera: Si no le aprovecha al hombre el seguir a Dios y ser bueno, como tú dices, luego Dios desfavorece y maltrata lo justo, y da favor a lo malo; y por consiguiente es cruel en lo primero, y en lo segundo malo Él mismo y pecador. Mas ni la fuente del ser, que es Dios, puede no ser amoroso, ni el que lo puede todo puede caer flaco en pecado, como ello de sí mismo claramente y sin más rodeo se dice; luego desatinas, ¡oh Job!, en tus dichos.

Y aún podemos decir de otra manera, que no me parece peor, que donde pusimos pecado, pongamos estaba palabra flaqueza o falta; porque la palabra resah, que en el original responde con ésta, propriamente y generalmente significa cualquier defecto, o sea de pena o de culpa. Pues diciendo ansí, aún arguye Eliú muy mejor: Dices que no le aprovecha al hombre ser bueno: luego Dios, o está mal con lo bueno, o no tiene fuerza y poder para hacelle bien y favor. Mas el que es Dios, esto es, la regla de todo, ¿cómo puede aborrecer lo derecho? Y el que es Omnipotente, ¿cómo será flaco para favorecello? Y ansí o de una manera o de otra es muy eficaz y muy cierto este argumento y conclusión de Eliú.

Mas va adelante, y prosigue:

11. Que obra de terreno le volverá a él; y como es el camino del hombre le hará hallar a él. Lo cual podemos declarar, o diciendo que sea una como respuesta a lo que tácitamente Job le podía oponer, que si era Dios tan amador de lo bueno y tan poderoso, cómo consentía que tantos buenos y siervos suyos lacerasen en este mundo; y que le responda Eliú que eso era engaño pensar que los verdaderamente buenos laceran, porque la verdad es que cual es la vida de cada uno, tal es su fortuna, y que el que padece mal aquí cualquiera que él se parezca, es porque sus pecados merecen peor (que es dar también Eliú en el error de sus compañeros, de que a solos los malos aflige aquí Dios), o porque esto no me parece tan bien, digamos de otra manera, que en estas palabras Eliú no dice cosa nueva, sino confirma o extiende lo sobredicho, de que Dios ama lo justo por la ejecución de la obra; diciendo, falso es lo que dices, que no aprovecha el ser bueno, porque Dios ni es injusto, ni ama lo malo, antes como se ve por la obra, a cada uno paga según lo que hace y por el camino que va cada uno, ansí ordena que halle el paradero y el fin.

Mas examinemos todavía más los términos con que esto se dice: Que obra de terreno le volverá a él, y como es el camino del hombre, le hará hallar a él. No dice que, conforme a lo que el hombre hiciere le dará Dios su castigo, ni que será conforme al camino la pena, sino que la misma obra se la volverá y le hará hallar a su mismo camino, esto es, que la misma obra será su pena y que su mismo intento y designio será su verdugo, y que con sus mismas manos será azotado y herido. Porque, realmente, como Sant Agustín lo escribió, pasa ansí, que el ánimo desconcertado él a sí mismo se es azote y tormento, y ninguna cosa hay de las que el mundo y sus seguidores aman y siguen sin orden, no sólo que se escape sin pena, sino de quien por natural consecuencia, como del árbol nace la fruta, o lo que es más semejante, como nace la carcoma del leño, no nazca su azote. Del destemplado deleite procede la enfermedad, su castigo; del deseo de honra sin tasa el servir adulando vilmente; del amor del dinero, el trabajo en buscallo y el perpetuo temor de perdello, que como verdugo cruel hace carnicería del alma; y, finalmente y generalmente, del pecado, como escribe, nace el terrible mal de la muerte; El pecado, dice, cuando llega a su colmo, engendra la muerte. Porque el alma desordenada y cancerada del todo el infierno es su fuesa, donde cae muerta a todos los bienes, ansí de la vida racional como de la vida sensible. Y puso Dios esta orden entre las culpas y penas, haciendo que de las unas natural y forzosamente nazcan las otras, con maravilloso saber, por dos grandes causas: la una, para más justificación suya, esto es, para que ningún malo en lo trabajoso que le sobreviene se agravie, viendo a los ojos que es fructo de lo que hace y su efecto lo que padece; y la segunda, para declarar más Dios su potencia. Porque no le era a Dios valentía poner la mano sobre los que pasan su ley y volvellos en nada; mas era y fue muy conveniente a su grande poder el hacer que el mismo deleite, el mismo gusto, el mismo amor y afición por quien ofenden los hombres a Dios, ofenda a los mismos, y que en lo que confían les hurte el pie, y sea en lo que esperan su engaño, y los enflaquezca lo que tomaban por su defensa, y sean contra ellos sus armas, y finalmente mueran a las manos de sus mismos amores, y, como aquí dice Eliú, su obra, revolviendo, caiga sobre ellos, y su camino querido y seguido los lleve a despeñadero miserable y mortal.

Síguese:

12. Mas verdaderamente Dios no hace mal, y el Omnipotente no quiebra juicio. Síguese aquesto bien de lo dicho, como si más claro dijese: el malo, él se trae arrastrando la soga, él por sus manos obra y edifica su pena, su mala fortuna él se la causa; que Dios, como solemos decir, lava sus manos y justifica cuanto es posible su causa, porque la razón pide que goce y use del fructo el que siembra y cultiva la planta. Por manera que de la amistad que tienen entre sí la pena y la culpa y de la vecindad que se hacen, o por mejor decir, de ser como causa y efecto lo uno y lo otro, bien infiere Eliú que Dios con nadie es injusto; porque, como dijimos, una de las causas por la cual Dios a la pena y a la culpa las ayuntó y hermanó tanto entre sí fue por sacar de toda duda y cuestión su justicia.

Dice más:

13. ¿Quién visitó sobre Él la tierra y quién puso toda la redondez? Prueba, siguiendo su intento, por otras dos razones Eliú que Dios administra justicia derechamente: una, que nadie le visita ni toma residencia; otra, que él lo estableció y compuso todo.

Pero dirá alguno que de ninguna de estas dos cosas se sigue por necesidad que Dios nos guarda justicia, antes todo ello parece que le pueden ser ocasiones y como atizadores, más para ser absoluto, que no guardador de igualdad y derecho. Porque no tener quien le pida cuenta, quita el temor de la residencia, que es gran freno para no hacer mal; y ni más ni menos, ser Dios el que lo crió todo, le da en cierta manera licencia para que lo trastorne y hunda todo a su voluntad. Pero no es ansí esto, antes es muy profunda y muy verdadera la eficacia de aquesta razón, porque no tener Dios quien le visite ni reconocer superior, demás de que es decir que gobierna tan justamente, que no le es necesario ser visitado, significa también que Él, de suyo y por su naturaleza, y no por orden o elección de otro alguno, es Rey universal y juez.

Y lo mismo significa lo segundo que dice, que Dios sólo es el que hizo y sacó a luz toda la redondez, porque lo formado no le dio a Él el reino sobre sí mismo. Y decir que Dios es Rey y gobernador de todo por su naturaleza y no por voluntad ajena, es decir, en virtud que le es a Dios ajeno el no administrar siempre justicia. Porque si los príncipes y regidores del mundo son en sus oficios muchas veces injustos, es porque les es advenedizo y como extraño el oficio, porque ninguno por su naturaleza es rey, y todos lo son, o por voluntad de los hombres o por su violencia. Mas si fuese uno tal, que la naturaleza misma suya le pusiese en las manos las riendas y el gobierno de todo, en esa su gobernación sería su naturaleza, y por consiguiente sería la misma regla y razón de justicia. Y Dios, de hecho, es ansí; por donde Eliú arguye bien y concluye que Dios en sus hechos es justo, por cuanto es Rey supremo y Rey por su misma naturaleza. Mas va adelante, y porque dijo que Dios lo compuso y lo formó todo y que es supremo Señor, por esta ocasión diviértese un poco a tratar de su grande poder, y dice:

14. Si sobrepusiere a ella su corazón, su espíritu y su espiráculo a sí añadiere. No acaba aquí la sentencia; mas esta parte se declara ansí: Si sobrepusiere, conviene a saber, Dios a ella, esto es, a la redondez de la tierra y a la universidad de las cosas su corazón, esto es, su voluntad; como diciendo, si pusiere Dios sobre el mundo sus ojos y en voluntad le viniere y añadiere a sí su espíritu y su espiráculo, esto es, retrajere hacia sí su aliento y espíritu, con sólo hacer eso, con no estar de contino alentándole y distilando de sí en él, influyendo espíritu y ser, con detener, como solemos decir, el resuello, con no más de esto sucederá lo que tras esto se sigue:

15. Desfallecerá toda carne juntamente, y hombre a la tierra tornará, esto es, todo en un instante perecerá y se tornará polvo.

Pues concluye esta razón, volviéndose a Job, y dice:

16. Y si entendimiento, conviene a saber, tienes tú, oye esta razón que he dicho, escucha voz de mis palabras. Porque, dice, es tan eficaz este mi argumento que, tienes seso, él solo basta para que reconozcas tu error, conociendo ser verdad lo que digo.

Sigue:

17. Endemás, ¿por ventura aborreciente juicio ligará?, ¿y si a justo grande harás malvado? Es otra y nueva razón con que prueba Eliú, con no menos fuerza que en la pasada, que Dios no es injusto ni cruel con ninguno. Y porque es nueva y diferente la razón, por eso dice endemás, que es como decir y allende de lo que arriba está dicho. Y pónela por pregunta para que vaya con más fuerza, como saeta que de bien flechado arco dispara.

Dice, pues: ¿Por ventura aborreciente juicio ligará? La palabra ligará, en el original es iachabós, y quiere de su primera significación decir ligar o vendar. Y de aquí unas veces se toma por reinar y mandar, por cuanto el que manda y gobierna ata y liga en una cierta manera con su ley a los súbditos; y la ley, en latín, eso mismo quiere decir, esto es, cosa que liga, como lo enseñan los maestros de aquella lengua.

Otras veces, que es lo ordinario, significa curar heridas, en la manera que el cirujano las cura con ligaduras y vendas. Algunos siguen en este lugar la primera manera y ansí trasladan: ¿Por ventura el que aborrece juicio será Rey y Señor? Como que diga Eliú que, pues Dios, como está dicho, es Rey y Señor del mundo legítimo, ha de ser justo de fuerza, porque no se compadece aborrecer la justicia y ser Rey. Según éstos, no es ésa nueva razón, sino es la pasada repetida y perfeccionada por diferente manera. Sant Hierónimo siguió el segundo camino, que en este lugar es sin duda el mejor, y ansí dice: ¿Por ventura el que aborrece justicia sanará? O como más comúnmente se lee, y la palabra del original lo permite también, ¿será sanado? Que es decir vendará o será vendado, porque el vendar significa aquí la salud, dando el nombre de la causa a el efecto.

Pues si leemos en voz pasiva, será sanado, insiste Eliú en probar la justicia de Dios con nuevo argumento; si no, habló propriamente con Job, dándole a entender y diciéndole que, si perseveran sus males, es por su culpa, porque ni siente bien de Dios, ni habla bien de Él. Porque ¿cómo, dice, ha de venir jamás a salud quien aborrece el juicio, esto es, la razón y la verdad, como tú la aborreces, que vienes a decir que aun es desamada de Dios? Por lo cual, en sostancia, le persuade y le pone en espuelas calladamente para que, si desea sanar, mude la mala opinión que tiene de Dios.

Pero si leemos, como a mi juicio es más cierto, en significación activa ligará o sanará, es, como dije al principio, razón nueva para el intento propuesto y muy elegante razón. Porque dice ansí: Mas dejemos aparte todo lo dicho; dime, Job: ¿cómo te podrás persuadir que aborrece Dios la equidad y Él no hacer a nadie injusticia, pues vemos el cuidado con que en nuestras necesidades y males nos cura y nos sana, hecho como cirujano de nuestra salud? Quien es tan piadoso que no se desdeña de poner las manos en nuestras podridas llagas, purificándolas con medicinas, y con vendas ligándolas, ¿cómo es posible que, en lo que toca al punto de la justicia, no guarde fuero ni ley? Si en lo de gracia y liberalidad es tan amoroso, en lo que parece debido y de fuerza, ¿cómo será fiero y cruel? Procede, pues, ansí este argumento, reduciéndolo a sus proprios términos: Dios en nuestras necesidades nos remedia y en nuestros males nos cura; luego en nuestras causas y en nuestros pleitos también nos guarda justicia.

Y está toda su fuerza en la consecuencia que hay en afirmar lo que es más para concluir de allí lo que es menos. Porque más será andar hecho Dios nuestro cirujano con amor verdadero de Padre, que guardarnos en nuestros pleitos derecho. Es Padre, luego será buen juez. Y lo primero y lo más, que es nuestro bienhechor y nuestro Padre y médico Dios, no lo prueba Eliú, sino pónelo como manifiesto y notorio; porque, a la verdad, si lo miramos como es razón, no hay cosa mas clara. ¿Qué cosa hay, o nuestra o ajena, a do por momentos no experimentemos la blandura de Dios y para con nosotros su amor?

Lo pequeño sustenta y lo grande; de los buenos es amigo, y de los malos es solícito médico, y Padre dulce generalmente de todos en tanta manera, que desde la primera hasta la postrera de todas sus obras las ordenó todas para su salud y mejoría del hombre. Pues de tal Padre, como arguye bien Eliú, podemos estar seguros que no será desapasionado, antes aficionado y amigo juez.

Y ansí Sant Pablo, hablando del tribunal de Dios, nos anima para que no nos recelemos dél, con aquesto mismo de donde Eliú abona la igualdad y piedad del juicio divino. Porque dice a los hebreos ansí: Presentémonos, pues, con fiucia al trono de gracia. Y dícelo, porque inmediatamente antes de esto decía: No tenemos Pontífice que no sepa compadecerse de nuestras enfermedades, tentado en todo. Como diciendo: pues nuestro Pontífice es tal, que sabe conocer y apiadarse de nuestras enfermedades, no dudemos de parecer ante él en juicio. Que es lo mismo que dice Eliú: ¿cómo nos hará injusticia quien es médico piadoso de nuestra miseria? Y en la oración que el Señor nos mostró, por este mismo respecto (porque en lo postrero della hablamos a Dios como a nuestro juez, y nos presentamos ante su juicio confesándole nuestras deudas y pidiéndole que nos las perdone), para quitarnos toda sospecha y recelo de crueldad, luego al principio della y en sus primeras palabras nos enseña que es Padre, y comenzamos diciendo: Padre nuestro, para que añadiendo, pudiésemos concluir con fiucia perdona nuestros pecados. Porque ¿qué no hará por salvarnos en su juicio el que, por ligar nuestras llagas, nació hecho médico. ¿Cómo no ama nuestra absolución y defensa quien pone tanto cuidado en sanar nuestra alma, para que parezca sin culpa, de toda llaga de culpa?

Muy perdida será verdaderamente, Señor, la causa que siendo tú el juez se perdiere; que como has puesto las manos en nuestras llagas y sabes lo flaco y lo encancerado dellas, fácilmente acaba tu piedad con tu justicia que contenta se aplaque. Con un sospiro, Señor, con un volver de ojos sobre nosotros, con que nos duela el dolor y sintamos pena de lo que propriamente nos atormenta, con que nos entristezcamos de lo que es tristeza del alma, haberse apartado de Ti y traspasado tu ley; con que puestos ante tu presencia encogidos nos humillemos, y te diga afligido mi corazón: Señor, yo pequé y veo que yo soy la torpeza, y antes que me condene tu majestad, me condeno; tu justicia, Señor, conocida es, y tan clara y tan alta, que llega y pasa los cielos; mucha más gloria tuya será perdonarme; cuanto yo soy peor, tanto pertenece más a tu honor mi perdón; no parezca que la grandeza de nuestras culpas venció y sobrepujó a tu clemencia; pues con esto solo o lo semejante, enternecida tu piedad, comienza, aplacándose, a amar en nosotros aquesta sombra flaca y aquesta vislumbre de la humildad y reconocimiento perfecto, con que te respecta Jesucristo hombre y tu único Hijo, la cual por su mérito y por su don comienza ya a relucir y a engendrarse en el alma, y con esto pequeño y tierno que tenemos de Él y con que nos parecemos a Él, nos amas en Él. ¡Tanto te agradó siempre y tanto te complació de contino aquel dechado perfectísimo y único de todo bien y virtud! Y como nos vendas y medicinas y procuras nuestra salud, esto es, que seamos hábiles para ser de Ti amados, por cualquier entrada que puedes, pones en nosotros algo de aquella semejanza del bien, que sólo merece tu amor. Y ansí, sanctificados y amados de Ti, ¿qué acusación enemiga, qué oposición de delictos podrá más contigo, para que nos condenes, que la imagen de tu Hijo, merecida por Él y criada y lanzada por Ti en nuestra alma, para que nos salves? ¡Cuán seguros y cuán sin miedo ni recelo de ser agraviados nos verá tu juicio!

Mas tornemos a lo que dice Eliú. ¿Y si justo grande harás malvado? Como probó con la razón sobredicha cuán ajeno es de Dios hacer desafueros a nadie o sinrazón, y a su parecer y según la verdad sacó de toda duda que Dios era justísimo; puesto esto como cosa llana, reprende a Job y adviértele de su atrevimiento, según lo que él entendía; que cómo siendo tan justo Dios y estando tan manifiesto que lo es, se había atrevido él a notarle de tiranía.

Pues dice, y si justo grande harás malvado; esto es, pues siendo esto ansí como lo es, ¿parécete que es razonable, o que es justo, a quien es justo grande, esto es, a quien es la suma igualdad y justicia, a quien tiene acerca de esto con tantas pruebas libre de toda sospecha su rectitud, le hagas malvado tú, poniendo en él tu lengua blasfema? O cuando, lo que no puede ser, tuvieses para ello alguna color de razón, ¿tiéneslo por sano o seguro? ¿No ves que es negocio peligrosísimo?

Y por eso añade diciendo:

Capítulo XXXIV exposición