El libro de Job: Capítulo 34 exposición (II)

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El libro de Job
Capítulo 34 exposición (II)
de Fray Luis de León


18. ¿Por ventura decir al rey, Beliahal; impío a los príncipes? Prueba cuán peligroso es el hablar mal de Dios por semejanza y arguyendo de lo que es menos a lo que es más. Y dice: Si es peligroso decir mal del rey y de los príncipes, mucho más peligroso será decir mal de quien él declara después. Ésta es toda la razón entera; pero Eliú dícela cortada y revuelta en pregunta, porque tenga más fuerza. ¿Por ventura decir al rey, Beliahal (que es palabra de afrenta, y que pone mucho mal en aquel de quien se dice), ansí que decir al rey, Beliahal y, repitiendo otra vez la palabra, decir impío, esto es, impíos, tomando un número por otro, a los príncipes (y hase de añadir lo que él no añadió) tiéneslo por seguro? ¿No ves cuán ocasionado es a daño y peligro?

Y de aquí arguye luego a lo que es más cierto, diciendo:

19. Que no levanta faces de príncipes y no reconoce rico delante de pobre, porque obra de manos suyas todos ellos. Hase de añadir una palabra que descubre la consecuencia que hace de lo uno a lo otro. La cual, la indignación con que habla y la cólera del decir y la priesa se la quitó a Eliú de la boca, para que callándola él, la entendamos nosotros, que es: ¿cuanto más peligroso será el maldecir al que no levanta faces de príncipes? Como diciendo: Si es peligroso hablar mal de los reyes, más lo será de Dios. Y no le llama Dios, por su nombre, mas píntale por rodeo con algunas de sus cualidades, y señaladamente con aquellas que añaden al argumento más fuerza. Que no levanta faces de príncipes, es propriedad de la lengua original, con que significa lo que decimos en español que no respecta a los príncipes. Y como digo, con decir esto ansí, hace más fuerte y más encarecido Eliú su argumento; porque si es peligroso decir mal de los príncipes, ¿cuánto será más de aquel que no los respecta ni los estima en lo que huella, que es Dios?

Y este mismo sentido y fin tiene en decir lo que añade: y no reconoce rico delante de pobre, que es proprio de Dios, que no diferencia las personas, sino atiende a los méritos. Y la razón es porque, como dice, obra de manos suyas todos ellos, esto es, porque a todos los hizo; y ansí a todos por parte del ser los estima igualmente; diferéncialos por sólo el buen ser que cada uno ayudado de Dios y de su diligencia, añade sobre el ser recibido.

Añade:

20. De súbito morirán y a media noche conturbados serán; pueblo pasará y removerá a fuerte sin mano. Porque dijo que no respectaba los príncipes Dios, para el fin y para la buena conclusión que está dicha, diviértese un poco y extiéndese en decir lo poco en que estima Dios a estos príncipes. Y dice: De súbito morirán, como diciendo, no sólo no los respecta, antes muchas veces les quita la vida en un improviso; lo cual todo añade en Dios más grandeza, y por consiguiente confirma más el intento de que el decir mal de Dios es muy más peligroso.

De súbito morirán; por muchos ejemplos sabemos, cuántos grandes, ante quien temblaba la tierra, han sido muertos violentamente y sin pensar por aquellos mismos a quien tenían subjectos; lo cual, aunque lo hacen los hombres, como enseña Eliú aquí, es siempre obra y orden de Dios, que castiga y paga muchas veces de aquella manera a la tiranía y soberbia. Pinta, pues, con hermosas palabras la forma en que aquesto acontece: Súbito morirán, conviene a saber, estos poderosos, que parece tener en su mano la vida y la muerte.

Y declara luego cómo les sobreviene aquesta muerte tan súbita: A media noche, esto es, estando en su reposo, y en medio de su seguridad y descuido, conturbados serán. Tal fue lo que aconteció a Baltasar, rey de Babel, de quien Esaías y Daniel hacen cuento. ¿Mas de dónde les nacerá esta turbación repentina? Dice: Pueblo pasará, y removerá a fuerte sin mano. Despertará Dios, dice, en el pueblo, esto es, en sus vasallos o en su misma familia, y llegarán a donde es su aposento, y escalándole la casa y entrando en él, le degollarán en su cama.

Mas ¡cuán bien contrapuso el pueblo y el fuerte! Que es como decir, el flaco y el poderoso, el vulgo y lo grande, para mostrar que derriba Dios a los fuertes, no con otros fuertes o con otros valientes, sino con lo que es más bajo y más flaco, para encarecer por este medio también lo mucho que puede Dios y el desatino que es traer enemistades con él.

Y por el mismo fin dijo al fuerte sin mano, esto es, sin mano y sin trabajo da muerte a los fuertes, o por mejor decir, Dios por el pueblo; como mil veces habemos oído decir, que en un motín con una piedra y a veces con sólo el alboroto y espanto han sido muertos personajes muy grandes.

Dice:

21. Que ojos suyos en camino de hombres, y todas sus pisadas verá. Esto puédese juntar con lo que precedió agora luego, y hace esta sentencia: Si digo que da Dios a los príncipes muerte súbita, no entendáis que digo que lo hace sin causa, porque Él ve sus obras que lo merecen. Por manera que lo que en este verso se dice, sea dar causa de lo que en el pasado se dijo. O podemos decir de otra manera, que me parece mejor, y es que se junte este verso y venga dependiente de lo que comenzó más arriba, acerca del peligro que había en hablar mal de las cosas de Dios.

Por manera que, como argüía entonces, si es peligroso decir mal del rey, ¿cuánto será decir mal del que no respecta a los reyes? Ansí continuando la misma razón, y repitiendo aquella palabra, cuánto más, diga ansí agora: Si es malo decir mal de los reyes, ¿cuánto será peor del que no sólo da muerte a los reyes, como dicho es, sino también lo ve todo y lo entiende? Como diciendo: En los reyes es peligroso el murmurar de ellos, y no siempre los reyes ni ven ni oyen lo que de ellos se dice; pues ¿cuánto será más del que con los ojos descubre y alcanza todas las cosas?

Y acrecentando y declarando más esto mismo, añade:

22. No tinieblas y no sombra escura, para encubrir allí obradores del mal. No sólo, dice, tiene ojos para ver lo que pasa, sino ojos que traen consigo la luz; de manera que en mitad de las tinieblas hace su vista claridad, y ansí ve las obras y las pisadas de los hombres, esto es, no sólo sus hechos, pero también sus intentos y pretensiones y aquello adonde van a parar.

Dice.

23. Que no sobre el hombre pondrá allende, para andar a Dios en juicio. Donde decimos allende, la palabra que en el original está, hod, mudados los puntos, puede significar también testigo, por pleonasmo de la voz; y leyendo ansí no hace mal sentido, y júntase consiguientemente con lo que antecede. Porque dirá ansí: No puso sobre el hombre testigo para andar en juicio. Había dicho que no hay escuridad que no sea clara a los ojos de Dios; dice agora, como amplificando y extendiendo más esto mismo que ha dicho, que ansí no tiene necesidad de poner testigos y veladores al hombre, que anden sobre él y le acusen, porque Él lo ve por sí mismo; y cuando entrare con él en juicio, Él mismo le hará a él cargo de manera que no lo pueda negar.

Mas siguiendo la primera letra, que es la mejor, como Eliú, para decir Dios por rodeo, dijo primero el que no respecta a los príncipes, y después, el que sus ojos ven las obras y las pisadas del hombre, y en cada una de estas cosas, como está declarado, pretendió y quiso decir que, si era dañoso murmurar del rey, cuánto más lo sería del que no hace caso del rey, y cuánto más lo sería del que lo ve y oye todo, lo que no hacen los reyes, ansí agora llama a Dios el que no pone sobre el hombre allende para entrar en juicio. Y repitiendo lo mismo, que en lo sobredicho suplimos, quiere decir que cuánto más debe ser temido hablar de quien no pone en el hombre allende para venir a juicio. Mas ¿qué es, dirá alguno, poner allende en el hombre? Ninguna otra cosa sino poner en las manos del hombre el dilatar o alargar el tiempo de su cuenta y juicio. Pues dice, al rey, si le habéis enojado, podéisle huir la cara y hurtar el cuerpo a las veces y no venir ante su tribunal y huir de su cárcel; mas con Dios no es ansí, no puede el hombre decille que no quiere dalle cuenta hoy, si hoy se la pide, ni pedir nuevos plazos; que, en citándole Dios, ha de parecer ante su tribunal luego al momento.

Y aún podémoslo declarar de otra manera; porque donde decimos allende, podemos también decir siglo, y dirá ansí Eliú: Que no pone Dios siglo en los hombres para venir con Él a juicio, esto es, que no les dilata el castigo, ni difiere siempre su merecida pena para el siglo de la otra vida.

Y lo que se sigue viene con esto muy bien, porque dice ansí:

24. Desmenuzará grandes sin cuenta, establecerá postreros en su lugar. Que es decir que, aquí en esta luz, pública, hace justicia de muchos grandes y poderosos tiranos, y pone en su silla dellos a los que ellos no estimaban en nada.

Y prosiguiendo en este castigo y en la causa dél, añade:

25. Por ende hace conocer servidumbre dellos, y convertirá la noche y serán quebrantados. Hace conocer servidumbres dellos, es decir, que les hará a estos tales, de quien vamos hablando, que conozcan sus obras. En lo cual se advierten dos cosas: una, que a las obras malas de los malos y poderosos llama servidumbres, y creen ellos que en ninguna cosa son más señores que en obrar de aquella manera; y verdaderamente es ansí, que en eso que apetecen y siguen y en lo que ponen su contento y de lo que hacen señorío y estado, es una servidumbre y un miserable captiverio; como, si la brevedad de esta escritura diese a ello lugar, se podría mostrar a los ojos; porque ¿qué es sino ser cautivo de ambos importunos, o por mejor decir, de crueles fieras, las mesas y los lechos y los juegos y los pundonores y el desconcierto de vida y el estilo de aquestos, rodeados de seda y de olores?

Lo otro se advierte que dice que hará Dios que conozcan estas sus obras, porque a la verdad, como decíamos agora, ellos engañados y ciegos no las conocen por trabajo, sino estímanlas por deleite y amorío; pero Dios en el tiempo que los castiga por ellas hace que las conozcan. Que como a los niños, ansí a ellos el azote les abre los ojos, para que vean la falsedad y la miseria de los que amaban y de cómo servían esclavos, imaginándose grandes y señores. Este conocimiento, aunque sin fructo, se echa bien de ver en aquellos cuyas palabras pone la Sabiduría diciendo: [Nosotros ciertamente erramos del camino de la verdad; y nunca nos resplandeció luz de justicia, ni nunca el sol de justicia nos salió. En caminos de iniquidad y de perdición nos habemos cansado y habemos andado por caminos perdidos, y habemos ignorado el camino del Señor. ¿De qué nos aprovechó la soberbia? ¿O qué nos ganaron las riquezas con la jactancia? Todo aquello se pasó como sombra, y como una posta que pasa corriendo... Ansí nosotros, luego en naciendo, faltamos y ni aun señal alguna de virtud pudimos mostrar; mas en nuestra malicia fuimos consumidos del todo].

Y conforme a esto, Eliú, prosiguiendo en el desengaño de éstos, añade: y convertirá la noche, y serán quebrantados. Convertirá, es decir, convertiráse, andará el cielo a la redonda y ponerse han las estrellas, y tendrá fin la noche y amanecerá el sol. Ansí que pasará la noche de este su engaño y error, que ellos tenían por luz, y serán quebrantados; esto es, cuando fueren quebrantados con la calamidad y el castigo, les amanecerá el conocimiento y razón. Y algunas veces será con provecho, como en aquel que decía: Después que me heriste herí yo mi muslo y hice penitencia; esto es, como hacen los que caen en la cuenta de lo que antes no echaban de ver, di una palmada sobre mi muslo y, desengañado, enmendéme y dolíme.

O digamos también, que es esta vida la noche adonde todo anda confuso y escuro, y adonde los que menos son y menos valen por la mayor parte son estimados en más, la cual pasa cuando se acaba, y los que aquí con su tiranía y poder quebrantaban a todos serán quebrantados entonces.

Y como quiera que aquesto se entiende, viene bien con ello lo que se sigue:

26. Por malvados los herirá en lugar de mirantes. Que es decir, que hará de ellos justicia pública y con pregón público y en los ojos de todos; lo cual hace Dios en esta vida con muchos pecadores, y en la otra en el juicio universal hará generalmente con todos.

Lugar de mirantes llama el teatro y la plaza pública, adonde están muchos que miran, como acontece cuando se hace justicia de algún malhechor. Dice más, y añade la causa de este castigo; o por decir mejor, porque los ha llevado a degollar a la plaza pregona él la causa de la justicia o escribe lo que delante de ellos con voz alta y clara dice el pregonero, que es:

27. Por cuanto, conviene a saber, ésta es la justicia que hace Dios de estos hombres, por cuanto se apartaron de en pos de Él, y todos los caminos de Él no quisieron entender. Y no es mucho, antes es muy justo, que den en semejante despeñadero los que no quisieron a Dios por su guía.

Dice más:

28. Para hacer entrar a Él grito de pobre, y grito de afligidos oirán. En lo cual va dilatando y adornando más esta pintura de justicia y público castigo que hace, con decir algunos de los accidentes que con ella se suelen juntar. Porque de ordinario acontece, cuando Dios toma ansí venganza pública de algún tirano, que los humildes y que por caso han sido de aquel mismo afligidos, que lo miran y ven, alcen la voz a Dios alabándole y confesando que es justo.

O como pusimos para hacer entrar podemos también poner (trocando un tiempo por otro, que es trueque que se usa mucho en la Sagrada Escritura) ansí que podemos decir: Porque hizo entrar a Sí grito de pobre, y gritos de afligidos oyó. Y según esto, dirá aquí Eliú la causa por donde se movió Dios a esta justicia, que fue el haber oído la voz y las quejas de aquellos a quien oprimían estos tiranos que dice, y será como el remate y la conclusión del pregón. Por manera que el pregón entero será que hace Dios justicia de aquéstos, por cuanto no fueron en pos de Él ni quisieron seguir sus caminos, y por cuanto oyó los gritos y las quejas de los pobres a quien ellos tiranizaban. Adonde, como en suma, se tocan tres géneros de pecados, donde todos se encierran: que es pecar contra Dios y contra sí y contra el prójimo.

Va adelante:

29. Y Él dará reposo, ¿y quién condenará por malo? Como ha dicho Eliú, para engrandecer a Dios, la fuerza de su justicia cuando condena y castiga, ansí, para el mismo fin de engrandecelle, pone también agora cuán eficaz es Dios cuando absuelve. Y ansí dice: Y Él dará reposo, esto es, cuando da Él reposo y cría paz y justicia en el alma, y defiende al hombre de lo que exterior e interiormente le hace guerra y persigue, ¿quién condenará por malo? Semejantemente a lo que dice Sant Pablo: ¿Quién condenará o quién dará sentencia de condenación contra los escogidos de Dios? Dice: Y encubrirá faces; ¿y quién mirará a Él, y sobre gentes y sobre hombres juntamente?

Y, al revés, dice: si encubre Dios sus faces, esto es, si alza la mano y no mira con favor a alguno, agora sea algún reino o algún particular, ¿quién mirará por él?; esto es, ¿quién podrá estorbar que no se pierda y perezca? Mostrando Eliú en esto que todo el bien de todos nace de Dios. Y porque parece más poderoso un reino para valerse él a sí mismo, muestra señaladamente en él lo poco que puede, si Dios no le mira y favorece.

Y ansí añade:

30. De reinar hombre hipócrita de estropiezos de pueblo. Como diciendo: si Dios aparta sus ojos de alguno, aunque sea de un reino todo y de una nación, ¿quién será parte para que no reine y se apodere de ella un hipócrita? Y llama hipócrita todo lo que es mando no legítimo, sino tirano y vicioso.

Y lo que añade, de estropiezos de pueblo, puédese entender, o como lo entendió y trasladó Sant Hierónimo, que en las gentes a quien Dios dejare de su mano reinará el hipócrita por los estropiezos, esto es, por los pecados y caídas del pueblo (de manera que por no mirallos Dios con favor pecarán los súbditos y luego por los pecados de ellos y en su pena les dará malos reyes). O de otra manera, que en el reino por quien Dios no mira, sin que nadie pueda estorballo, sucederán luego dos males: vicios grandes en los miembros, y maldades y tiranías en las cabezas, que son dos males que contienen en sí toda la calamidad y ruina que puede venir a un reino. Porque ¿qué le queda de sano, cuando están en él enfermos la cabeza y los miembros?

O digamos ansí: Que estropiezos de pueblo llama Eliú las leyes de los reyes hipócritas, que fingiendo y poniendo delante algún respecto bueno de pública utilidad, no pretenden sino poner en ellas estropiezos al pueblo, para de sus caídas dél sacar el bien de su fisco y provecho. Y por la apariencia falsa de bien con que visten y disimulan estos mandamientos o estropiezos suyos, por eso a los autores y latores de ellos Eliú los llamó bien hipócritas. Y dice, conforme a esto, que en el reino a quien Dios deja no será posible sino que reinen luego malos príncipes, que para despojar a sus súbditos les pongan leyes en que estropiecen y, caídos, se enreden.

31. Porque a Dios decir: Alcé; no corromperé. Habiendo concluido ya su razón Eliú, en lo que tocaba al abono de Dios, vuélvese agora propriamente a razonar con Job y a amonestarle en estas palabras, las cuales se pueden entender en diferente manera. O ansí: Porque yo alcé decir mío a Dios, esto es, ansí como yo he hablado de Dios loándole y defendiendo su causa, no corromperé, esto es, no estorbaré ni quitaré a ti, que si sientes otra cosa que no hables y hagas lo mismo. Como diciendo: En conclusión, yo he dicho de Dios lo que me parece: di tú agora si tienes algo en contrario.

Ansí lo entendió, y bien, Sant Hierónimo, y conforme a ello tradujo: Pues que yo he hablado con Dios, no te vedaré a ti lo mismo. Y consiguientemente a esto dijo bien, en persona de Eliú, en el verso que luego se sigue: Si erré, tú me enseñas; si he hablado mal, no añadiré más. Esto, pues, se dice ansí bien.

O de otra manera, a que nos dan las palabras licencia, dice: Porque a Dios decir, esto es, porque es proprio a Dios el decir, conviene a saber, por cuanto Dios es el que puede decir y de hecho dice alcé, conviene a saber, el pecado, esto es, helo perdonado (porque alzar en la Escritura, y señaladamente cuando se dice con la palabra original nasa, que está en este lugar siempre significa perdón de las culpas); ansí que por cuanto la condición de Dios es decir: Yo perdono, no corromperé, o como otra letra dice, no ejecutaré; esto es, no quiero traeros a muerte ni deshaceros, y el decir en Dios es hacer, ansí que por esto, Job, de mi consejo vuélvete a Él y dile humildemente lo que se sigue:

32. No harto miré, tú me enseñas; si maldad obré, no añadiré. Esto es, si no miré bien lo que dije ni entendí lo que hice, enséñame tú la verdad; y si he pecado, no pecaré más. Y es buen remate este de la disputa adonde Job es argüido de presunción contra Dios, amonestalle que se humille a Él y reconozca y confiese su culpa con esperanza de que en Dios hay perdón.

Mas lo que sigue es gracioso

Dice:

33. ¿Por ventura de ti se perfeccionará ella, que abominaste, que tú elegiste, y no yo; qué supiste hablar? Sant Hierónimo traslada: ¿Por ventura Dios pídesela con deseo, que la abominaste?, y súfrelo la letra también. Y quiere decir: ¿Por ventura vale a Dios algo tu penitencia y buen reconocimiento, que ansí lo aborreces y huyes dél?

Mas sigamos agora esta otra letra. Yo entiendo aquí que Job, luego que Eliú en el verso pasado le amonestó a que confesase su culpa reconociéndose, enfadado mucho de tantas impertinencias como había hablado Eliú (que aunque en las sentencias y en cada parte era verdadera su plática, en el todo de ella no hacía al propósito); ansí que, enfadado y cansado dél, mostró aquí su enfado con algún semblante desabrido y con algún meneo que a Eliú le pareció que era muy en su desprecio. Y como él tenía grandísima satisfacción de sí mismo y de su mucho saber, como lo demostró en el principio de su habla y en otros lugares, sintió en el alma que Job le tuviese en tan poco, cuando él pensaba que había dicho algo y, contento de sí, imaginaba que rendidos todos a él habían de admirar su decir.

Y ansí sentido, encendiéndose en ira todo y reventando de enojo, dícele a Job: ¿Por ventura de ti se perfeccionará a ella? Esto es, ¿qué arrogancia es esta tuya que todo lo desprecias ansí? ¿Por ventura se perfecciona en ti la sabiduría? ¿Eres tú por ventura el remate y la suma de todo saber? ¿O por ventura puede haber arrogancia, presunción mayor y más en lo sumo, que es esta tuya, que abominaste, esto es, que desprecias y escarneces con meneos y gestos mis palabras sabías y mis sanos consejos? ¿Y piensas tú, dice, que me pusiera yo en disputa contigo ni hiciera ese caso de ti, si tú no hicieras principio? Tú, dice, elegiste, y no yo; ya que lo comenzaste, ¿qué supiste hablar? Como si dijese más claramente: Comenzaste la disputa, y no supiste decir cosa digna de ser aprobada; comenzaste el desafío, y ni sabes menear la espada ni siquiera ampararte.

Y consiguiente a esto es lo que añade:

34. Hombres de corazón dirán a mí, y varón sabio oyente de mí. Si tú, dice, estimas mis dichos en poco y los menosprecias, en menos estimo yo tu juicio; despreciaréte, que eres tonto; que los sabios y los prudentes a buen seguro que no me despreciarán. Hombres de corazón dirán a mí, esto es, alaban mi saber y elocuencia, y varón sabio oyente de mí, esto es, me oirá para su gusto y provecho.

Mas dice:

35. Job no en sciencia hablará, y hablas suyas no en entendimiento. Como si dijese: Mas de ti, Job, no juzgarán ansí, sino muy al revés, que ni demuestras doctrinas ni parece que tienes entendimiento en ninguna cosa que dices. Y creciendo en Eliú más el enojo, y llegando a la rabia como a lo sumo, dice:

36. ¡Padre mío!, sea probado Job acabadamente, para respuestas en hombres de maldad, Padre mío, según la propriedad del original, hace significación de un ardiente deseo, como quien dice: ¡ojalá!, o ¡pluguiese a Dios!, pues rabioso de enojo desea a Job la muerte, y que Dios acabe con él. Y viste su deseo malo con probable color, para que, dice, sea castigado de los que hablan malamente de Dios. Sea, dice, probado Job. Probar en la Escritura es afligir con trabajos y azotes; acabadamente o hasta la fin es el original natsach, que significa perfición entera y pujanza grande y acabamiento en aquello a quien se dice y aplica. Pues deseo que la calamidad y azote que está sobre Job, vaya pujando siempre hasta que le acabe y le venza; porque, ansí muerto, ni él hablará desacatadamente de Dios, y escarmentarán en su cabeza los malos para huir de lo mismo.

Porque como últimamente dice:

37. Añadirá a pecados suyos maldad; entre nosotros palmeará y multiplicará dichos suyos a Dios. Esto es, porque si vive será para añadir pecado a pecado. Palmeará entre nosotros; es esta obra de los muy desesperados y de los que hablan locos con la pasión, herir con palmas y dar voces. Pues dice que cuanto más durare Job en la vida, tanto creciendo más en su impaciencia hará cosas de loco, y con palabra y gestos y semblantes añadirá pecados a pecados.

Y multiplicará sus dichos a Dios; esto es, se le desacatará más y más cada punto.

Deo gratis.

Valladolid, 10 diciembre 1580.


Capítulo XXXIV exposición (II)