El libro de Job: Capítulo 40 exposición

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El libro de Job
Capítulo 40 exposición
de Fray Luis de León


1. Y respondió Dios del torbellino, y dijo: Las luces de Dios y sus hablas, como agora decíamos, crían siempre humildad en el hombre a quien se hacen, y conocimiento verdadero de sí; porque nunca habla que no sea para hacer bien, y el principio y como fundamento de todos los bienes es que se conozca cada uno a sí mismo. Porque, al revés, en el desconocerse y en el estimarse en lo que no es, está el error de la vida. Y como no entra el sol adonde se le cierran las puertas, ansí no entra Dios en el alma que no se conoce, porque las puertas que la cierran es la estimación vana de sí y el juicio falso de su virtud y su fuerza. Ansí que Dios, para introducir sus virtudes, lo primero, pone por el suelo estas puertas y abre los ojos al alma con la luz de sus verdades para que se conozca, y conociéndose se desestime y humille y sujete a él toda y del todo; para que ansí, como en materia enteramente sujeta y como en cera blandísima, figure él a su voluntad la imagen suya, que es aquello a que aspira el alma sancta y en que está su total perfección.

Mas como en esto hay grado, ansí en las hablas y luces de Dios hay más y menos, y no siempre de la primera vez hacen todo su efecto; mas repítelas Dios y multiplícalas, si el que las recibe no contradice, cuantas veces es menester hasta salir con su intento. Como en este ejemplo se ve, adonde Dios pretendiendo traer a Job a perfecto conocimiento, ansí de su grandeza y justicia, como de lo poco que él podía y sabía, y teniendo por fin que Job conociéndose bien se humillase del todo y se doliese de alguna demasía y orgullo, a que le había traído por una parte el dolor intensísimo que padecía, y por otra el testimonio de su consciencia que le aseguraba, acabó con Job, y hizo en él mucho desto con el pasado razonamiento; porque como de lo que agora decía se ve, reconoció su bajeza Job y confesó que no tenía que responder.

Mas aún no llegó del todo a la perfección que se había propuesto, porque aún no estaba en Job el dolor de la demasía en su grado, como veremos que estuvo después. Por donde torna a segundar en hablarle por el mismo estilo y forma que comenzara, para con esta segunda luz perfeccionarle del todo.

Y dícele:

2. Ciñe, ruégote, como barragán tus lomos y preguntaréle, y responderásme. En que, como la vez primera, le despierta y como desafía a la disputa y calladamente le arguye de alguna osadía. Porque el decir que se ciña como valiente, es con una ironía secreta reírse del ánimo que había mostrado de ponerse en razones con Dios y de pregonar su inocencia, que, aunque sin duda era mucha y tal que ninguno le igualaba en aquel tiempo en la tierra, como el mismo Dios lo atestiguó en el principio; pero ninguna criatura es tan grande que, lo uno, sea de algún valor en comparación de la pureza de Dios, y lo otro, baste a tenerle las manos para que, si le place, no nos hiera y deshaga sin ir contra su bondad y justicia.

Y ansí, y conforme a este propósito, le dice:

3. ¿Por ventura desharás mi juicio, culparás a Mí, para justificarte a ti? En que no le acusa de semejante osadía y desatino, que si Job cayera en él, fuera error y caída muy grande; sino enséñale esta verdad que agora decía y dale enteramente luz de ella, mostrándole que, aunque la criatura más justa sea, puede Dios destruirla sin caer en injusticia ni en culpa, y que cabe todo esto y se concierta bien en el juicio justo y sancto de Dios, enviar dolores y males en el sujeto criado que está lleno de virtudes y bienes. Porque es Señor, y, como sin obligación nos hizo, ansí puede deshacernos por su voluntad; y a su naturaleza y su justicia y todo lo que en él hay se debe que pueda esto, si quiere. Y como nadie en grandeza se le iguala, ansí la rectitud de sus obras va fuera de toda cuenta, y no hay ley fuera dél que las mida, porque ellas son ley de sí mismas.

Y por la misma razón, todos los que son menores pueden y deben ser juzgados, y por las leyes de sus superiores medidos; mas Dios, Soberano y Príncipe, en todos y en todas las cosas es la misma medida, y por consiguiente es la misma justicia por naturaleza y esencia. Y según esto agora, por medio de su grandeza, demuestra a Job que es error pedirle nadie cuenta de lo que hace, o a lo menos que ha de ser otro como él, o si puede ser, mayor que él, quien quisiere pedírsela. Y ansí le dice que, pues él se atreve a ello, o parece atreverse, que haga lo que Dios hace, o pruebe si puede hacerlo.

Y ansí dice:

4. ¿Y si brazo como Dios a ti, y en voz como Él tronarás? Como diciéndole, en consecuencia de lo que en el verso pasado decía, que si quiere juzgar a Dios y entrar en cuenta con Él y traer a juicio sus obras, ha de tener brazo como Él, y tronar como truena Dios, esto es, ser su igual en poder y grandeza. Porque, como decimos, el que es sobre todos y poderoso por infinita manera, es Él la ley de sí mismo, y ansí no puede ser medido ni juzgado por otro; porque la ley que mide y rige a otro, forzosamente tiene preeminencia sobre aquello que mide. De donde se sigue que, si Job quiere poner ley a Dios, ha de ser Dios como él, poderoso igualmente como él en palabras y en obras; y si presume lo uno, ha de tener fuerza y valor en lo otro; o por decir verdad, pues arribar no puede aquesta igualdad, no dé entrada a presunción semejante. Y ansí le pregunta si tiene brazo como Dios, y truena como Él; que es, preguntando, afirmar que ni tiene brazo ni truena; y, por consiguiente, es amonestarle y decirle que no quiera cutir con Dios en razón de inocencia, pues es tan su inferior en perfección de naturaleza.

Y en este mismo propósito añade:

5. Adórnate con grandeza y ensalzamiento; y gloria y hermosura le viste. Esto es: Si tienes brazo como Dios, muestra que lo eres en el traje y vestido, resplandece como Él y despide de ti rayos de luz; camina, no sólo resplandeciente, sino también alto, empinado y encumbrado; demuéstrate en sus meneos y semblantes altísimos. Como arguyendo de esto que no podía hacer el brazo y poderío que le faltaba. Y pídele que haga algunas cosas de las que hace Dios y no puede hacerlas la criatura, como es lo que luego se sigue:

6. Esparce soberbios en tu ira, y confúndelos; atiende a todo arrogante, y abájale. O como dice otra letra: Esparce iras de tu nariz, y mira todo soberbio, y humíllale. Que ansí como es propria de Dios la grandeza, y el andar vestido de resplandor y de luz, y propria, no como cosa allegada, sino como cosa lanzada en su esencia, ansí también es proprio negocio suyo el humillar lo soberbio y el abatir lo empinado, como en la Escritura se dice: Dios resiste a los soberbios, y a los humildes da gracia. Y esle proprio ansí, por parte de su poder, como por respecto de su condición. De su poder, porque si Dios no pone la suya, no hay fuerza que baste contra la prudencia y artificio del mundo, que es de lo que se vale y en lo que estriba la presunción y soberbia. Por manera que deshacer lo que el mundo hace y derrocar lo que ensalza, y abatir lo que apoyan todas las fuerzas humanas, es proprio de las divinas. Por parte de su condición, porque como el agua contradice al fuego por naturaleza propia, ansí Dios, que de su natural es la misma sencillez y verdad, aborrece terriblemente la mentira; y el no conocerse el hombre por nada, y el ensoberbecerse el que es polvo, y el presumir de sí quien no tiene de sí sino miseria y vileza, es mentira de obras mucho peor que en palabras. Pues como esto es proprio de Dios, dice Dios a Job que pruebe a hacerlo, si puede, para que conozca que está tan lejos de examinar, cuan lejos está de poder lo que Dios puede; y cuan lejos está de poder lo que Dios puede, tanto debe de estar para juzgar lo que Dios hace. Y porque es obra de que se precia Dios mucho, el deshacer lo soberbio y el dar fin a lo malo, torna a repetirla diciendo:

7. Mira todo soberbio, y confúndelos, y deshaz a malos en su lugar. Que es, como luego decía, que si tiene brazo como Dios, se muestre resplandeciente como Él se demuestra, y tenga cuenta como Dios tiene con los altivos y los abata, y con los malos y los entierre.

Mira, dice, entiende tú, Job, si por tal presumes; mira, esto es, penetra con vista clara los secretos y altivos movimientos del alma, y confúndelos. Y dice bien confúndelos, porque a la soberbia es pena muy ajustada la confusión; porque confusión es un abatimiento y vergüenza al juicio de ese mismo que la padece. Y es muy a pelo, que quien juzgaba de sí vana y arrogantemente, y quien a su parecer tocaba con la cabeza en el cielo, venga a disposición en que su mismo juicio le avergüence y abata. Y no desdice el original desto mismo, porque dice y encórvalos, que es lo contrario del cuello y del ánimo erguido.

Y en lo que añade luego y deshaz malos en su lugar, quiere decir que allí donde pueden y valen, y donde parece estar arraigados, o verdaderamente con eso y en eso mismo con que pretenden y piensan valer, allí los deshaga y destruya. Porque Dios ansí lo hace en prueba de su infinito saber y poder, que con sus manos de esos mismos que deshace los deshace, y con sus fuerzas mismas los destruye, y con sus mismos consejos los entontece y los ciega. A que acude maravillosamente el original; porque dice y deshaz malos debajo de sí, entiende, debajo de esos mismos malos que son deshechos, porque los hace Dios destruidores de sí mismo; y como quien los destruye son sus mismas fuerzas y mañas, quedan, como si dijésemos, debajo de sí mismos, caídos y hollados de sí, y finalmente muertos por sus mismas manos.

Y ansí añade:

8. Ascóndelos en el polvo juntamente, y sus faces lanza en la hoya. O como el original dice: átalas en ascondido; que por todo se significa la mortaja y la sepultura, que es la postrera caída. Como si juntado todo lo de arriba dijera: Reconoce los soberbios y derruécalos; ten cuenta con los malos y castígalos, abájalos, destrúyelos; no pares hasta que privados de vida los encierres en el abismo; que, si esto pudieres y hicieres, entonces dice:

9. Y yo confesaré a ti, que también salvará a ti tu derecha; esto es, confesaré, que eres poderoso para entrar en disputa conmigo y valerte. Mas dice, no puedes porque es cosa reservada para Mí solo derrocar, a mi voluntad, lo más alto, y amansar lo bravo, y el hacer y deshacer cosas muy grandes que el mirarlas espanta. Y pone ejemplo en la ballena y elefante, animales de grandeza descomunal, que Dios los hace y cuando quiere los destruye; y el hombre no solamente hacerlos no puede, mas ni sabe entender cómo se hacen, y ni aun se atreve sin espanto a mirarlos.

Y dice ansí:

10. Ves agora a behemoth; yerba como buey come. Behemoth es palabra hebrea, que es como decir bestias; al juicio común de todos sus doctores, significa al elefante, llamado ansí por su desaforada grandeza, que siendo un animal vale por muchos. Pues en decir ves, le dice dos cosas: una, que en este animal, que por su grandeza no es uno, sino muchos juntos, verá lo mucho que sabe y puede Dios, pues le hace y deshace cuando y como le place; y a este fin le pinta extensamente como es, refiriendo todas sus partes; otra, que en él conocerá cuán proprio le es a Dios amansar lo soberbio, pues hace que coma heno una bestia tan fiera.

Y ansí dice yerba como buey come, porque en los animales, entre otras diferencias, hay ésta: que unos se mantienen de yerba, y éstos son más domésticos; y otros de carne, y éstos son fieros y crueles, conforme al mantenimiento que usan; y al elefante, que ansí por su grandeza de cuerpo como por su coraje de ánimo le conviene lo fiero y lo bravo, le trata Dios como si fuese buey manso, y le mantiene con heno.

Dice más:

11. Ves; fortaleza suya en sus lomos, y poderío suyo en ombligo de su vientre: Pone las cualidades fuertes de este animal y comienza por los lomos y vientre; en que no quiere decir que son duros y no penetrables al hierro, sino que son fuertes y para mucho trabajo. Porque, como es notorio, los de Asia, que usaban de elefantes en guerra, armaban encima dellos grandes castillos de madera, en que iba mucho número de gente de armas. Por manera que un elefante llevaba sobre sí un castillo y muchos hombres en él, que no le sería posible si no tuviese en los lomos grandísima fortaleza para sustentar tanta carga, y en la barriga vigor mucho para sufrir los estrechos lazos de los cordeles con que se ata y afirma pesadumbre tan grande.

Prosigue:

12. Menea su cola como cedro; niervos de sus vergüenzas enhebradas. O como otra letra dice: Apetecerá su cola como cedro. Y decir apetecerá su cola es decir su cola que apetece o cuando apetece, es como cedro. Y habla aquí propriamente de los miembros de la generación, que los compara a un árbol grande, por manera de exceso, para que por ellos proporcionalmente se entienda la grandeza excesiva de los demás.

Añade:

13. Sus huesos fístulas de bronce; sus huesos como vara de hierro; porque son durísimos y firmes mucho los de los elefantes. Y dice:

14. El principio de caminos de Dios, quien le hizo, aplicará su cuchillo. El, esto es, el behemoth, es principio de caminos de Dios; quiere decir, es una de sus obras más señaladas, y entre las naturales es una maravilla grandísima; tiene entre los caminos de Dios, esto es, entre sus hechos y obras, grande eminencia. Mas quien le hizo, ése, por más fuerte que sea, le puede con facilidad deshacer. Y ansí dice quien le hizo aplicará su cuchillo; Él solo puede acabarle, y Él fácilmente le acaba.

Dice más:

15. Montes le producen yerba, y todas las bestias del campo hacen juegos allí. Prueba y engrandece la grandeza de este animal, por la muchedumbre de la yerba que pace. Y ansí dice: Montes le producen yerba, que es decir que, para sustentarle a él y proveerle de pasto bastante, son menester muchos montes.

Y decláralo más lo que añade, diciendo: Y todas las bestias del campo hacen juegos allí o se alegran allí; que es decir, que lo que él solo pace basta para sustentar y alegrar a todas; esto es, que será lo que él consume pasto dellas no solamente suficiente, sino abundante y sobrado.

Prosigue:

16. Debajo de sombrío pace; en escondrijo de caña, en pantanos húmedos. Son amigos de lugares húmedos los elefantes, según Plinio dellos escribe. Y a lo mismo pertenece lo que luego añade:

17. Sombríos su sombra, cercaránte sauces del arroyo; en que también declara lo que apetece el elefante, la humedad y la sombra. Y no solamente dice que la apetece, sino significa también cuán grande ha de ser la sombra que para él fuere sombra; una sauceda entera, dice, es su sombra, y los sombríos, esto es, una selva o monte espesísimo. De arte que por aquí también arguye el exceso de su grandeza.

Y lo mismo por lo que añade:

18. Ves; sorberá río, y no maravilla; tiene fiucia que el Jordán entrará por su boca. Que quien bebe o agota un río entero, necesariamente es muy grande; aunque en todo esto hay hipérbole y exceso.

Otra letra dice: Ves; estrechará río, no se dará priesa. Quiere decir en el mismo sentido que estrechará al río, esto es, que de caudaloso que era antes, le adelgazará reduciéndole a una delgada vena. De que se sigue lo que añade que no se dará priesa, porque correrá con más espacio y menos ímpetu, faltándole o menoscabándose en agua. Dice:

19. En sus ojos como anzuelo le prenderá; con palos agudos horadará sus narices. En que por encarecimiento, para mayor demostración de lo que ha dicho del río, dice, que le agota bebiendo de tal manera y le apura hasta el suelo, que los palos o estacas que suele haber en él se le hincan por el rostro, que con la codicia del beber no se advierte.

Y con esto se despide del elefante, y pasa a la mar a pintar en el mar otro animal no menos grande y monstruoso que el behemoth en la tierra.

Y dice:

20. ¿Por ventura sacarás a leviathán con anzuelo, y con soga atarás lengua suya? Leviathán, como dijimos arriba, llaman los hebreos a los dragones marinos, y señaladamente a las ballenas, que entre todos son de señalada grandeza, cuales son las que crían los mares que están más sujetos al norte, de que los autores escriben cosas muy prodigiosas. Pues de estos animales habla agora aquí Dios, como de obras suyas maravillosas; porque ansí la desmedida grandeza de sus cuerpos, como las figuras de sus miembros extraordinarias, son cosas de espanto y que hacen por mil razones argumento claro y certísimo, no sólo de que Dios sabe y puede mucho, sino también de lo poco que el hombre vale, pues no allega a poder mirar sin temor lo que Dios hace como por juego.

Dice: ¿Por ventura sacarás a leviathán con anzuelo? En que con una risa fingida, preguntándole si le podrá pescar, declara cuán lejos está de ser preso y pescado, y cuán pocas son nuestras fuerzas para prenderle.

Con anzuelo, dice, porque el anzuelo es para los peces pequeños; y ansí, preguntar esto de una pesadumbre tan grande, es decir a Job que todo su poder y saber es respecto de esto menos que anzuelo.

Y con soga atarás lengua suya. Suelen los pescadores por las brancas atravesar y colgar algunos peces medianos, y a esto alude aquí. Y, en suma, pregunta si llegará su saber a prender la ballena, o con anzuelo, como a pequeño, o con soga, como a mediano; como diciendo que ni es pequeño ni mediano pez, sino excesivamente grandísimo.

Dice más:

21. ¿Por ventura pondrás garabato en su nariz, y con alesna horadarás su mejilla? El freno de los camellos y de otros animales grandes, de que los africanos y los asianos se sirven, suele ser una argolla de hierro, atravesada por la nariz, como se atraviesa por la oreja el zarzillo, y unos cordeles asidos della por riendas. Pues pregunta si se atreverá a ponerle freno ansí, y gobernarle como a camello. Como diciendo, y si no le puede pescar como a pez pequeño, ni atar como a mediano, ¿podrás, a lo menos, como a los animales de tierra grandes, ponerle freno y regirle? Y preguntar si podrá esto es afirmar que no puede, y es decir que no se comparan con la ballena, ni los peces que cría el mar ni los animales que produce la tierra.

O dice esto de la argolla y del garabato atravesado por la nariz y mejilla, conforme a la costumbre antigua con los esclavos, que en señal de que lo eran les ponían estos cercos en las narices, como agora usan por gentileza en algunas partes los indios. Y quiere decir si tendrá fuerza y poder para captivar el leviathán y hacerle su esclavo, para decir cuán lejos estaba de ello.

Y con esto viene bien lo que luego se sigue:

22. ¿Por ventura multiplicará ruegos a ti, o si te hablará con blanduras? Porque es natural de los esclavos y que han sido captivos, ser halagüeños con sus señores, y, echándoseles a los pies, suplicarles con muchos ruegos.

Y lo que dice luego, es al mismo propósito:

23. ¿Por ventura hará asiento contigo, y recibirle has por esclavo perpetuo?, como hacían antiguamente los que se vendían para esclavos a otros.

Pero añade:

24. ¿Por ventura jugarás con él como pájaro, y atarásle para tus mozuelos? Que es lo que hacer se suele con los pajarillos pequeños, que, presos con una cuerda, los dan a los niños que jueguen. Lo cual todo se pregunta en la figura y mofa disimulada, que dicho tenemos, para más significar lo contrario.

O, si no es esto, dice, a lo menos harás en él lo que hacen con los peces mayores, que, presos, los despedazan y hacen tarazones de ellos para los banquetes y cenas, y partidos y en pipotes los llevan a diversas partes los mercaderes. Porque añade:

25. Despedazaránle los amigos. O como otra letra dice, cenarán sobre él, partiránle los mercaderes. Dice más:

26. ¿Por dicha llevarás redes de su pellejo, y nasa de peces con su cabeza? Que es preguntar, para la misma demostración y propósito de encarecer cuán grande es, si piensa que te podrá pescar con redes, o prender con garlitos y nasas. Como diciendo que no basta, para prenderle, lo que basta para prender a los otros, porque es más grande que otro ninguno.

Dice: ¿Llevarás redes de su pellejo? Fáltale una palabra que se calla, y ha de ser entendida, que dirá ansí: ¿Llevarás redes llenas de su pellejo?; y su pellejo es tanto como decir su cuerpo, según manera de decir conocida. Y ni más ni menos lo que se sigue: Y nasa de peces con su cabeza, es como decir y nasa llena con su cabeza.

Y prosigue:

27. ¿Pondrás tu palma sobre él? Miémbrate de la guerra, y no añadirás. En que llega con el encarecimiento a lo sumo, y como corrigiéndose, dice: Mas ¿qué digo si le pescarás y prenderás y harás dél esclavo? Si le osaras tocar con el dedo, te pregunto yo agora. A buen seguro, dice, que si le tocases, que te acordarías de tu osadía, para no tornar a ella más en tu vida. ¿Pondrás tu palma sobre él?; esto es, ¿osarás ni tocarle?

Miémbrate de la guerra, esto es, membrarte has (que se pone un tiempo por otro), ansí que membrarteías de lo que te sucedería: y no añadirás, esto es, y no tornarías más en la vida a burlarte con ella.

Y ansí dice:

28. Ves; su esperanza le burla, y a vista de todos será despeñado. Que es decir, el que se atreviere a tocarle, si pensaba poder algo quedará mal burlado, porque a vista de todos será por este dragón despedazado y deshecho.

Ves, dice, su esperanza le burla. Hablaba antes con Job en persona, y agora muda la persona como si hablara de otro, que es mudanza muy usada en aquestas Escrituras. Pues dice: Ves; esto es, ten por cierto que, si le tocares o tú o cualquiera otro que le tocare, le saldrá mal su designio; porque a vista de todos será despeñado; esto es, porque revolverá sobre él y le derrocará y deshará fácilmente. O como dice otra letra, aun a su vista derrocado será. Como si más claro dijera: Digo y afirmo que le burlará su esperanza, y le saldrá al revés su designio; porque aun a su vista, esto es, en viéndole y en sólo mirarle, o verdaderamente en viendo que él le vuelve los ojos y mira, derrocado será; esto es, caerá muerto o desmayado de espanto. Como diciendo que ningún hombre tendrá ánimo para mirarle, cuanto menos para venir a las manos con él.

Y con esto cesa aquí, para proseguir después lo que queda.

Madrid, 10 de febrero de 1591.

Capítulo XXXL exposisción