El libro de Job: Capitulo 14 exposición

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El libro de Job
Capitulo 14 exposición
de Fray Luis de León


1. Hombre muy engendrado de hembra, abreviado en días, harto de postema. Muy engendrado, o muy hijo, porque la palabra original en este lugar significa con vehemencia. Y comienza bien Job el cuento de las miserias del hombre, de donde, según orden de buen hablar, se suelen comenzar los loores, que es del origen dél y de sus padres; y ansí dice que es hijo de hembra y muy hijo de ella, lo cual ello por sí es miseria y principio y como fundamento de muchas miserias; porque si la mujer de su cosecha dice flaqueza y mudanza y liviandad y vileza y poco ser, el ser hijo y muy hijo de ella es ser la nata y como la flor de lo flaco y de lo vil y de lo mudable y liviano; y quien esto es, en serlo es miserable y en los frutos que de ello coge muy más miserable. Porque de tales raíces no pueden nacer sino culpas, y de las culpas las penas de ellas, en las cuales dos cosas consiste la suma miseria.

Abreviado en días: el nacimiento vil y la vida corta. Y dice el original abreviado de días, lo uno, porque se entienda que al principio se le habían dado muy largos y no perecederos, y que por su culpa se los abreviaron después; y lo otro, para mostrar que no sólo es poco lo que se vive, sino que aun eso que se vive no se vive todo, o, por mejor decir, no es todo vividero, sino que se puede mondar como dañada manzana y echar a mal lo más de ella.

Harto de postema. La palabra original, que es roguez, tiene en su significación una fuerza que, declarada, da mucha luz en este propósito a que agora se aplica. Porque roguez propriamente es aquel disgusto y coraje que causan en el corazón de uno los sucesos y desvariados y aviesos en negocios muy trabajados; como lo que siente quien en una pretensión muy merecida y muy bien guiada, sin saber cómo, ve salir un dislate; y como lo que padece un maestro ingenioso con un discípulo rudo, que se atormenta enseñándole y hace con él lo que diera ingenio a una piedra, y al fin sale sin fruto; lo cual en romance se llama bien postema y despecho, y en latín propriamente miseria, como Sant Hierónimo puso.

Pues, si bien lo miramos, toda la vida de los hombres es esto: afanes perdidos y dislates no pensados, y a buenos consejos malos fines, y reveses de fortuna locos y tristes; y ansí toda ella es un contino despecho y postema y miseria.

2. Como flor salió y cortóse; huyó como sombra y no paró. Ordinario es en la Santa Escritura comparar la flor al hombre, como en los Psalmos y en Esaías se ve. Y a la verdad cuadra bien la comparación, porque la flor tiene mucho de parecer y muy poco de ser, y el hombre asimismo; que si le miráis por lo natural que tiene, ansí en fuerza de entendimiento como en agudeza de sentidos y capacidad de memoria, y en habilidad para hacerse a lo que quisiere, llena de industria y de maña, os parecerá un dios inmortal; y en el hecho de la verdad una araña y un soplo de un aire le acaba. Y si le miramos por lo que él se quiere ser por costumbre, las apariencias son excelentes: hermosas palabras, largos prometimientos, demostraciones de celo, de gravedad, de justicia, y, finalmente, de todo lo honesto y lo bueno; mas, venidos al hecho, es flor cortada y marchita, ni fruto ni esperanza de fruto.

Huyó como sombra y no paró. Bien dice huyó y no huye, porque es tan veloz el vuelo del hombre en esta carrera de vida, que casi la ha pasado primero que se eche ver que la pasa; y no paró, como la sombra tampoco nunca para.

3. ¿Y con todo esto sobre éste abres tus ojos, y faces venir a juicio contigo? Esto es lo mismo que propuso arriba cuando decía a una hoja caída; que es maravillarse que tome Dios al hombre cuenta tan estrecha y le atormente tan de propósito, siendo tan alto Él y tan miserables los hombres, cuya vileza ha contado tan encarecidamente para sólo este fin.

Y ansí concluye diciendo: ¿Y con todo esto sobre éste abres tus ojos, y faces venir a juicio contigo? Y aunque la conclusión derecha era decir luego: Señor, no está bien a tu grandeza que le mires, esto es, que tengas tan menuda y particular cuenta con lo que hace, y que le lleves por el rigor de la suma justicia; pero no lo dice ansí, sino por vía de queja y de pregunta y de admiración mezclada, para que tuviese la razón más sentimiento y más fuerza. La cual razón acrecienta y fortalece luego más con nueva forma de palabras diciendo:

4. ¿Quién dará limpio de contaminado? Cierto, Tú solo; el original dice, no uno: que si afirma, responde negando; si pregunta, declara que es sólo Dios, como declaró Sant Hierónimo. Pues dice: ¿Quién dará limpio de contaminado?, esto es, ¿cómo podrá hacer cosa enteramente limpia, quien de su nacimiento sale afeado y sucio? ¿Y de raíz podrida cómo nacerán frutos sanos? Y es como si dijese: No solamente tu grandeza y nuestra bajeza y vileza pide, Señor, que no tomes tan por el cabo nuestras cosas, sino también la condición de nuestra compostura, y nacimiento sucio e inficionado, te obliga a que no apures tanto nuestra miseria, que de su cosecha es tan impura, ni midas por tu regla rectísima lo que de suyo tan torcido nace.

Mas, aunque ansí esto se diga, no por eso entendemos que Dios lleva tan por rigor el hecho del hombre, que no atienda y considere su flaqueza y la masa vil de que está compuesto como el mismo Espíritu Sancto lo testifica en el psalmo 102, ni menos Job lo niega aquí; sino en hacer estas preguntas sentidas, declara el dolor y el sentido de la carne azotada y herida, la cual, aunque el hombre más sancto sea, no pierde su natural sentimiento.

Y ansí a Job, aunque tenía sujeta a Dios la razón, y juzgaba bien de toda su providencia y justicia, dolíale el dolor y dábale pena la agudeza de su tormento, que del pecho le salía a la boca, y le meneaba consiguientemente la lengua y le hacía salir en estas preguntas: ¿A una hoja flaca persigues?; ¿en una cosa tan débil cargas tus golpes?; ¿ante el rigor de tu juicio llamas una flaca miseria? En que no juzga que Dios hace lo que no debe, sino dice lo que su sentido afligido y lastimado siente, y lo que la carne herida, si fuera su elección, escogiera.

Y quiere Dios y ordena que estos naturales sentimientos, que por casos diversos en los hombres nacen, los profetas y amigos suyos los pongan y escriban en sus Letras divinas, unas veces en forma de pregunta y otras por vía de queja, y quiere parecer preguntando y argüido; y él mismo los mueve a que lo escriban ansí como se ve en el profeta Habacuc, y en muchos psalmos, y en otras partes de la Sancta Escritura.

Y le son agradables estas preguntas y quejas nuestras, no porque quiere poner duda o escuridad alguna en la verdad y suavidad de su providencia, sino, lo uno, por mostrar su bondad y llaneza, que no se desdeña de ponerse en razón con los suyos, y ser preguntado de ellos y darles cuenta de Sí; y lo otro, porque cuantos estas querellas nacen de amor humilde, como nacen siempre en los siervos de Dios, despiertan en las entrañas divinas más piedad para con ellos, porque son como los pucheritos que llaman y como gritillos de los hijos regalados para con sus padres; y demás de esto, porque no es Dios como los hombres, que quieren herir y que no se queje el herido, dar dolor y quitar el gemido dél, y que al agraviado aun la voz y las lágrimas no le queden libres. Dios nunca agravia; pero en los azotes que da, o por nuestras culpas o para nuestra mayor perfección, no le pesa que los sintamos y que nos escueza el dolor; y como el alma y la razón esté rendida a su ley, no nos veda el lloro y las lágrimas y la voz querellosa para desahogamiento del corazón.

Porque no está el buen sufrir en no sentir; antes lo firme y lo fino de la paciencia es, cuando el dolor abrasa y cuando el agravio y desafuero se ponen ante los ojos del que padece, y cuando la carne verdaderamente afligida, desatándole el dolor la lengua, se queja, estar la razón con Dios firme y constante.

Mas tornando al propósito, lo que el original dice no uno, puédese entender ansí como suena, de arte que sea respuesta de su misma pregunta, y que como decía ¿quién dará limpio de sucio?, se responda a sí mismo y diga no uno, esto es, ninguno; y ansí lo entendieron y trasladaron los intérpretes griegos. O puédese tomar como otra pregunta, que valga como si de esta manera dijese: ¿Por ventura no uno?, que tiene fuerza de afirmación, y es como decir, cierto, sólo uno, como lo entendió y declaró Sant Hierónimo.

Pues lo que se sigue camina al mismo propósito, aunque por otro camino, que dice:

5. Breves sus días, número de meses suyos acerca de Ti; estatuto le hiciste y no pasará.

6. Apártate de él para que repose, hasta que su deseo venga como jornalero sus días. Antes persuadía a Dios que no azotase con tanto rigor al hombre porque era flaco y miserable; agora, para persuadirle lo mismo, toma por medio la brevedad de su vida, y dice que es limitado su término y que tiene plazo cierto y que, en llegando, fenece para no tornar a vivir más en semejante manera.

Y ansí dice: Si la vida fuera, ¡oh Señor!, inmortal o muy larga, o si estuviera en nuestro poder, llegado el término, alargarlo y alcanzar otro término, o siquiera si después de una vez muertos y deshechos, rodeando el cielo mil siglos, volviéramos a este vivir; si esto fuera ansí, no fuera mucho rigor, cuando a tu saber pareciera, enviando trabajos y azotes, hacernos amarga la vida, porque, llegado y acabado el un plazo, quedará otro mayor para vivir con descanso; mas, pues es por una parte, breve y tan fijo el término que le tienes puesto que nadie puede traspasarle, y por otra, acabado una vez el uso y gozo de esta vida sensible en la forma que agora se vive, perpetuamente no se torna a cobrar, apártate, Señor, de herirnos y conténtate con el trabajo que tiene consigo mismo este linaje de vida, que sin que Tú aflijas al hombre, él de suyo tiene harta laceria, y sin que Tú le amargues más, él amargamente se va deshaciendo y llegando a la vejez triste, adonde, llegado, sus males mismos hacen que tenga por puerto la muerte, y que le ame y desee para gozar de reposo, como desea el jornalero la puesta del sol y el fenecimiento del día.

Y luego, por vía de comparación, cotejada al revés, especifica más y encarece esto que ha dicho de nuestra vida, que es breve y no se repara, y dice ansí:

7 Que es al árbol esperanza, si fuere cortado, que aún reverdecerá y su tallo no faltará.

8. Si envejeciere en tierra raíz suya, y en el polvo muriere su tronco.

9. Al olor del agua tallecerá, y hará mies como planta. Esperanza, como dijimos, en el uso de aquesta Escritura es no acabarse uno del todo, cuando se acaba, sino dejar raíces de sí, o en sus sucesores o en sus memorias y hechos o en su mismo ser, para después florecer.

Su tallo no faltará, esto es, después de cortado echa de nuevo.

Si envejeciere en tierra raíz suya; unos árboles cortados se renuevan, y otros que parecen estar secos y muertos por falta de agua, en tornando a ser regados, tornan y reverdecen, y de éstos dice agora. Y por eso dijo si muriese en el polvo su tronco, esto es, si por estar hecha polvo la tierra con sequedad, pareciere estar seca. Al olor del agua tallecerá; como si dijera, en tocándole el agua reflorecerá, y hará mies, esto es, brotará por mil partes y se rodeará de ramos y hojas. Y ansí dice, a un árbol y a una planta vil le diste que, cortada y seca, se renueve y reviva.

Más, como añade:

10. El varón morirá y fallecerá, expirará y ¿qué es dél? Quiere decir, morirá y quedará muerto de hecho para no vivir más; entiéndese en la forma que agora se vive, o a lo menos por fuerza y virtud natural, como hace el árbol cortado y la planta a quien la misma naturaleza la renueva. Y tórnalo a decir por otras palabras, expirará y ¿qué es dél?, esto es, como en castellano y en la habla del vulgo se dice, en expirando, vos si le vistes.

Y dice varón, o según la fuerza del original, varón valiente y poderoso, para contraponerle al árbol flaco y dar mayor encarecimiento a su dicho, como diciendo: el árbol flaco, muerto, vive, y el varón valiente, en finando, perece.

Y ansí añade:

11. Partiéronse aguas de mar, y río agotóse y secó.

12. Y hombre durmió, y no levantará hasta que no cielos; no despertarán y no velarán de su sueño. Lo cual algunos quieren que se diga por vía de comparación de cosas semejantes en esta manera: Que ansí como el agua que viene de la mar por los secretos senos y mineros de la tierra, y se descubre en el nacimiento de los ríos y fuentes, los cuales corren y pasan, o la que hecha vapor se cuaja en nubes, y, vuelta en lluvia, torna a caer y hace avenidas y arroyos que corren con ímpetu y se pasan en poco espacio, y el suelo por donde pasaron queda seco después, y no vuelven más a pasar ni dejan de sí mas memoria, ansí el hombre, después de muerto, no vuelve ni se levanta de este duro sueño después que le comienza a dormir.

Y es semejanza usada en las divinas Letras y en otras, comparar la vida del hombre al río, y el discurso de aqueste nuestro vivir a las aguas. Ansí dijo la mujer sabia, de que el libro de los Reyes escribe: Todos perecemos y corremos sobre la tierra como aguas que no tornan jamás a volver. Y el Eclesiastés al mismo propósito: Todos los ríos entran en la mar, y el mar no rebosa; al lugar de do nacen vuelven para tornar a correr. Y en nuestro poeta:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir.

Pero mejor me parece que esto no se diga por vía de semejanza, sino que sea un rodeo de hablar para decir que dormirá siempre, como diciendo: Mientras las nubes sacaren agua del mar, y la llovieren y hicieren arroyos y se volvieren a su nacimiento, esto es, en cuanto hubiere mar y nubes, y lluvias, y ríos, dormirá el que una vez muriere. Y con esto viene bien lo que añade: hasta que no cielos no despertará, que es decir, mientras el cielo durare, durará su sueño.

Y entendido ansí, dice una cosa muy verdadera, en cualquiera manera que hablemos, de la resurrección de los muertos; porque si hablamos de ella por virtud natural, cierta cosa es que nunca será, y si por virtud sobrenatural y divina ha de ser, pero no mientras se levantaren vapores del mar y llovieren las nubes y corrieren los ríos, esto es, mientras durare esta mudanza natural de las cosas que se suceden, corrompiéndose unas y engendrándose otras, y mientras los cielos la forma y movimiento que agora tienen tuvieren. Porque cosa cierta es en la divina Escritura que cesará todo y que tomará el mundo otra figura y estado mejor, al tiempo que los muertos tornaren a vivir en sus cuerpos.

13. ¿Quién me dará que en infierno me agazapes, me ascondas hasta retirar tu ira, pusiérasme término y acordáraste de mí? Insiste siempre en la misma razón, y va acrecentándola y hermoseándola por maneras diversas. Y agora, en sostancia, dice ansí: Si tú, Señor, me concedieras, después de una vez muerto, volver otra vez a esta manera de vida, y me señalaras para la vuelta un cierto plazo, aunque fuera muy largo, y aunque entre tanto ascondiera al cuerpo la sepultura y al ánima el limbo; con la esperanza de tornar a este vivir, pasara aqueste trabajo.

Esta es la sentencia; y no mira en ella a la resurrección general, de que, aunque tenía fe, pero sabía, lo uno, que no será hasta la fin de los siglos, y lo otro, que no se vivirá en ella aqueste modo de vida; y ansí dice que, para llevar bien esto que agora vive se lo lleve y destruya el trabajo, fuera gran negocio saber que le quedaba otra vida como ésta, para gozarla en alegría y descanso.

Ansí que la sentencia es ésta y las palabras que están un poco revueltas, se ordenarán de esta forma: ¿Quién me dará que me pusieras término, conviene a saber, para tornar a la vida; y te acordaras de mí, esto es, y me guardaras lo puesto; y, siquiera me agazaparas y me ascondieras en el infierno, esto es, el libro y la sepultura, hasta que se retirara tu ira, esto es, en cuanto durara aquel término? Porque llama ira de Dios al morir el hombre y deshacerse y abajar al infierno, porque es mal que vino por ira de Dios, merecida por nuestra culpa; y ansí el tornar a la vida el muerto es retirarse Dios de su ira.

Pues dice:

14. ¿Si muriere el varón, si revivirá? Todos los días de mi plazo esperaría hasta venir mi mudanza. O como Sant Hierónimo dijo: ¿Piensas que el hombre muerto tornará a vivir? Esto es, porque si pensase yo y estuviese persuadido que, fenecida esta manera de vida, había de tornar otra vez a ella, todos los días de mi milicia o de mi plazo (que lo uno y lo otro dice la palabra primera, y ambas cosas aquí significan lo mismo), ansí que todos los días del plazo y pelea de esta mi vida en que peleo y padezco, esperaría, conviene, a saber, pasaría alegremente, aguardando hasta que viniese el tiempo de mi segunda mudanza.

O tornando a comenzar el verso de arriba de otra manera: Ha dicho que lo duro de su desventura es que lo que vive y lo que le resta de vivir, lo pasa dolorosa y miserablemente, lleno de llagas y falto de remedios, desamparado y necesitado de amparo, y que el día que se cerrare la vida, cae la muerte sin esperanza de poder jamás tornar a esta vida. Y ansí decía que como no tiene más que una vida, porque esta manera de vivir a nadie se da más de una vez sola, ansí que no teniendo más de una vida, pasarla en dolor, esto es, no gozarla y perderla era dolorosísima pérdida, y que por esta causa pasaría lo que le queda, por dolorido que fuese, con alegre paciencia; y que no sólo la pasaría con estos dolores, mas sepultado en la huesa y encarcelado en el abismo cuan miserablemente ser pudiese, la pasaría con todo el demás tiempo que ordenase Dios hasta satisfacer a su saña, como se le diese esperanza de tornar otra vez a vivir, y como le señalase Dios un cierto plazo para restituirle a la vida.

Ansí que, habiendo dicho esto, para mayor afirmación y acrecentamiento de ello mismo, añade agora y dice que, por largo que fuese el plazo, lo tomaría y pasaría su mal alegremente con esta esperanza.

Y dícelo ansí: Si muriere el hombre, o si muriese, esto es, por más hombres que nazcan y mueran y se sucedan unos a otros, por más edades que pasen y por más siglos que corran, y por más que dure este mi trabajo y se argumente, si, después dél y después de haber en él muerto, me aseguras que he de tornar a vivir, no lo tendré por dolor ni trabajo. Y a la verdad Job pedía y deseaba no tanto la seguridad del tornar a la vida, que cierto estaba de ello por la fe de la resurrección que tenía, cuanto el estar seguro de resucitar a descanso por más tarde que fuese, y por muchas que fuesen las penas que antes de venir a ello pasase, porque las aliviaba y casi deshacía todas, la esperanza de un tan glorioso remate.

Y añade:

15. Llamarás y yo responderé a Ti, a obra de tus manos amas. Que es decir, y entonces, si pasase ansí como digo, si me preguntases lo que sentía, yo te respondería que nos amabas, y que no olvidabas tus obras y que, si las castigabas, las tornabas a regalar y, después de caídas, les dabas la mano para que se levantasen.

Y dice:

16. Que agora pisadas mías contarás, pero no harás cuenta de pecados míos, esto es: Mas según lo que agora pasa y lo que haces, tu hecho es contar menudísimamente todas nuestras pisadas, cuanto decimos y hacemos; y si las cuentas, ¿por ventura las disimulas? ¿No harás por dicha cuenta, si los hallas, de mis pecados?

Dice:

17. Resellada y puesta en bolsa mi maldad, pero curaste mi injusticia. Antes, dice, los coges y los guardas, como sellados y como metidos en bolsa, que es decir, guárdaslos mucho. Y decir guardar es decir castigar hasta lo último; y ansí decimos en castellano del que, en viendo su tiempo, se satisface de quien le tiene enojado, que se la guardó.

Ansí que dice, antes lo reguardas y estás tan lejos de dejar algo sin castigo, o de que se te pase por alto algo sin que lo mires, que, si se puede decir ansí, aún ves algo más de lo que es menester. Y por eso dice otra letra: Y aún añadiste sobre mi iniquidad, que es decir, y aun me afliges y azotas, sin tener culpa. Porque Dios no solamente castiga todo lo malo, mas aflige y da penas a los buenos también para hacerlos mejores; y hay penas de castigo y penas de mejoramiento, y Dios las reparte todas conforme a su providencia, haciendo justicia en lo uno, y en lo otro manifestando su amor. Pues dice, lo que agora pasa es que, por una parte, no dejas falta nuestra que no la notes y castigues, y aun sin que la haya, nos haces, si te place, amarga la vida, y, por otra, no quieres que tengamos más de una vida y ésa brevísima, en que estás tan firme y resuelto que no admites mudanza; todo se mudará primero.

Y ansí añade:

18. Y cierto monte cayendo decaecerá, y piedra se consumió sacada de su lugar:

19. Y piedras serán cavadas de las aguas, y anegará plantas suyas polvo de tierra, como quien dice: Los montes se podrán deshacer y caer, y podrán volverse en polvo en sus mismos lugares las piedras, y cavará el agua y gastará al pedernal, y la tierra creciendo dejará cubiertas y ahogadas sus plantas, y el hombre no podrá tornar a vivir, porque le condenaste a que muriese de hecho, y no quisiste le quedase raíz de esperanza para tornar a este estilo de vivienda otra vez. Es verdad que algunos esto del monte y de las piedras dicen que son semejanzas de cosas que se gastan y acaban, como el hombre también se acaba, y que a este fin las alega; pero más conforme es al hilo de lo que se viene diciendo, decir, que no es sino encarecer la imposibilidad que hay en que el hombre por fuerza natural resucite, por comparación de cosas imposibles o dificultosas comparadas por el contrario, como diciendo: Los montes se caerán, y el hombre no resucitará, que es forma de hablar galana y propria de los poetas.

Pero declaremos algunas palabras. Cayendo descaecerán, esto es, cayendo se desmenuzará, como hace lo que se arroja y cae de alto. Piedra se consumirá de su lugar, puédese entender, o que su mismo lugar la consumirá, al revés de lo que la naturaleza de las cosas demanda, o que de su lugar se consumirá, esto es, que mudará su lugar el risco y la peña, y será consumida. Y conforme a esto, la imposibilidad no está en que, sacadas de sus lugares, se consuman las peñas, sino en que muden lugares los peñascos y riscos, que son las partes de la tierra más firmes y menos movibles.

Y piedras serán comidas de las aguas; como si dijese, las aguas se tornarán duras, y blandas las piedras. Y anegará plantas sullas polvo de tierra. Algunos añaden aquí una palabra para henchir la sentencia que entienden, y leen: Y la avenida anegará las plantas y el polvo de la tierra, esto es, arrancará las plantas y arramblará la tierra, como suelen decir. Pero esto no es grande novedad, sino cosa ordinaria y usada, y ansí no consuena con lo pasado, lo cual todo es imposible, o de acontecimiento dificultoso y raro. Por donde lo mejor es dejarlo como ello suena, porque ansí dice lo que hace el propósito.

Y esperanza de hombre heciste perecer por el semejante. No dice destruiste la vida, sino lo que es más, la esperanza, que son las raíces que pudieran quedar, cortada la vida, para tornar a ella después. Y ansí, dice, todo lo dificultoso podrá hacer la naturaleza, mas no podrá tornar a vida al hombre muerto; porque le destruyes la esperanza, esto es, porque cuando le matas le arrancas las raíces y, como dicen, le arrancas de cuajo y tan del todo, que no dejas en el seno de la naturaleza ni brizna ni virtud de principio que a su ser después le torne.

Y para decirlo del todo, añade luego con grandísima significación:

20. Esforzástele un poco e hicístele ir; disfrazaste faces dél, y enviaste. O como dice otra letra: Prevalecístele acabadamente, esto es, del todo le arrancaste hecho poderoso sobre él; y hecístele ir disfrazando sus faces, conviene a saber, enviástele muy otro y muy diferente de lo que parece; porque parece poderoso y es flaco, sabio y es ignorante, que lo puede todo y no se puede valer en nada, que no tiene que ver con la muerte, y ella con ninguno es más poderosa.

Ansí que en aquel punto le quitas la máscara, o, por decir verdad, le pones la figura verdadera que tiene; y aquella hora le convence de miserable flaco, bien al revés de lo que parecer quería y de lo que blasonaba de sí. Porque a la verdad no hay cosa tan diferente de lo que el hombre quiere parecer mientras viva, que la figura y el ser con que le deja la muerte. Vivo, es brioso, soberbio, arrogante, enemigo de rienda y de ley; muerto es corrupción y vileza sujeta al desprecio de todos.

Dice: Engrandecerse han sus hijos y no sabrá; menguarán, y no entenderá él. En que cuenta lo que pasa después de la muerte del hombre, para confirmar lo muy muerto que queda. Y casi dice ansí: Tan lejos está de volver a la vida, que aún no sabe lo que pasa en ella, no sólo acerca de las cosas ajenas, pero ni aun de las suyas proprias y que le tocan, como son hijos y sucesores.

Y concluye, diciendo:

22. Y con todo esto en cuanto vive, carne suya en él padecerá dolor, y alma suya en él llorará. Que es la conclusión de todo aqueste discurso, y lo que propuso arriba querellándose a Dios: que habiendo el hombre de morir sin quedarle poder para tornar a vivir, en este pequeño plazo de vida no deja que viva, atormentándole el cuerpo con males y el alma con angustias y penas. Y ansí dice carne suya en él, y alma suya en él, esto es, mientras vive y están juntos el cuerpo y el alma, el uno se duele y la otra llora; ni al cuerpo dolores ni al alma le faltan congojas y ansias.

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