El libro de Job: Capitulo 18 exposición

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El libro de Job
Capitulo 18 exposición
de Fray Luis de León


1. Bildad, el de Sohí, que fue el segundo que entró en esta contienda con Job, como del capítulo 8 parece, torna agora al palenque, y lleno de enojo y tan falto de razón como antes, dice lo que no hace al propósito, y dice ansí:

2. ¿Hasta cuándo pornéis fin a palabras? Entended, y después hablaréis. Parecíale que el no rendírseles Job, nacía de no haberlos bien entendido, porque a su juicio era negocio manifiesto que tanto castigo no lo daba Dios sin pecado, porque no fuera justo tratar ansí al inocente; y ansí le dice que se le va todo en hablar, y que como no atiende a lo que le dicen, no entiende; que lo entienda primero una vez, y que después hable si tuviere qué. ¿Hasta cuándo, dice, pornéis fin a las palabras?; esto es, pondrás fin, que trueca los números. Y dice palabras, para significar que no era de importancia lo que decía. Entended, y después hablaremos; porque los que disputan han de convenir primero en lo que tratan, que es el estado de la causa que llaman, o el punto de que principalmente se duda.

Añade:

3. ¿Por qué somos contados por bestias, y somos envilecidos en vuestros oídos? No solamente, dice, no atiendes a lo que te decimos, y hablas y hablas; mas afréntasnos con tus dichos, como si fuésemos bestias. Y esto dice por lo que dijo Job en el pasado, que les ascondió Dios sabiduría.

Y prosigue:

4. Destruyes tu alma con ira; ¿si por tu respecto será la tierra dejada o será arrancada peña de su lugar? Lo que decimos destruyes tu alma con ira, el original a la letra, arrebata tu alma la ira, que viene a ser lo mismo en sentencia, en que dice, que el despecho que de sí tiene y la mucha impaciencia y coraje le arrebata el alma, esto es, le saca la razón de sus quicios, para que yerre en tres cosas: la una, en no entenderlos; otra, en decirles afrentas, y la tercera, en hacer a Dios injusto por hacerse inocente. Porque le parece a Bildad que lo dice, en decir que padece sin culpa; porque si Job no tiene culpa y padece, tiene Bildad por concluso que Dios que le castiga no es justo.

Y ansí entra en la disputa, y comienza en esta forma, y pregunta: Si por su respecto la tierra ha de ser dejada, y la peña arrancada de su lugar. Que es reducir a desatino lo que Job a su parecer de él pretende, que es no guardarse con él, lo que Bildad imagina cierto y estable y que se guarda con todos; y querer darle a entender que defenderse como se defiende es en virtud decir que su hecho es extraordinario, y que es otro mundo el suyo, y otras leyes las que con él se platican, lo cual es mal juicio y mal seso; porque es decir que el azote en él no sea lo que es en los otros, y la pena que viene siempre por culpa, sea en él señal de inocencia.

Y parécele esto a Bildad, como digo, porque tiene por universal y por cierto que toda desventura es pena de culpa, y que todo castigado es malo, y que todo malo es aquí castigado; y que decir Job que en él no es ansí, es decir que la tierra se yerma, y que las peñas se mueven de su lugar, y se cae el cielo, y que mudan su naturaleza las cosas.

Si por ti, dice, será la tierra dejada, etc., esto es, si en tus cosas se muda el mundo y el estilo y la ley. Que esto se significa por hacerse yerma la tierra, que naturalmente se hizo para ser morada y poblada de los hombres, y por moverse las peñas de su lugar, que por naturaleza son para estar firmes y quedas, y no para mudar lugares andando.

Y pregunta si se muda el estilo de las cosas en él, no porque a su parecer se mude, sino porque sería desatino pensar que se muda. Y en ese imposible y en ese desatino da Job, estando castigado y diciendo que es inocente; porque lo contrario, esto es, ser culpados y malos los que son azotados y heridos es, al parecer de Bildad, lo establecido y lo usado y lo cierto y lo verdadero.

Y por eso añade, diciendo:

5. Cierto, luz de malos se amatará, y no esclarecerá centella de su fuego. Que es decir, que no es de buenos y justos el apagárseles la luz totalmente, como a Job se le ha muerto, sino sin duda de malos y pecadores, y que esto es lo usado y lo cierto.

Y ansí dice: Cierto, luz de malos se amatará; esto es, de los malos es y de los hipócritas que se les muera la luz, conviene a saber, como a ti se te ha muerto. Y llama luz la felicidad y lo próspero de los sucesos, porque hacen claro al hombre, ansí en los ojos ajenos que le reconocen y estiman, como en su sentido mismo, porque le esclarecen el corazón y le alegran. Y como la claridad despierta los hombres al hacer y los encamina en sus obras, y los dispone para ellas y los favorece y aviva; y la noche, por el contrario, los entorpece y encoge, ansí los miserables y mal afortunados están como impedidos y aprisionados en todo, sin ejecutar sus designios ni hallar salida en ellos.

Y como la noche ata las manos, como dicho es, y deja el discurso del pensamiento más libre, ansí la calamidad y miseria aviva el deseo y la imaginación de las cosas, y pone prisiones a las manos para no conseguirlas. Pues dice agora Bildad que lo cierto y lo usado y lo fuera de toda duda es que a los malos se les acaba la felicidad de la manera que a Job se acabó, y que ansí Job es malo.

Y va por todo este capítulo particularizando el azote de los pecadores y como pintando en él la caída de Job, y como diciendo en todo y en cada una parte de este discurso: Ansí pasa con los malos, y ansí ha pasado contigo; luego o tú eres malo, que es lo cierto, o no entras en cuenta con los demás, y vas por otra ley y camino que es imposible.

Dice pues: Luz de malos se amatará, esto es, a los malos acábaseles la felicidad, quiere decir, no se les disminuye o mengua, que eso puede suceder a los que malos no son sino acábaseles del todo como agora pasa por ti. Y ansí añade, y no esclarecerá centella de su fuego, esto es, ansí se amata su luz, no queda rastro de ella, ni aun centella sola ni en salud, ni en hacienda, ni en hijos, como a Job le acontece.

Más:

6. Luz se escureció en su tienda y su candela sobre él se amatará. Llama su tienda, su casa, porque en aquella tierra traían vida movediza en el campo y en tiendas. Y podémoslo entender de una de dos maneras: o sencillamente, que escurecérseles la luz en su tienda y su cancela sobre ellos, sea decir que la luz de su casa, y la candela que les daba lumbre pierde su luz (que es repetir lo que arriba dijo por otra y diferente manera, que aunque no añade a la sentencia, añade al encarecimiento y exagera algo más), o decir que es nueva sentencia y que añade a lo dicho. Decía que a los malos se les acaba la luz; dice agora que se les acaba en su tienda, y sobre ellos mismos.

En lo primero da a entender la pérdida de los bienes de fuera, y lo que les parece a los otros; en esto segundo, lo que sienten ellos mismos en sí, la tristeza que les ocupa el ánimo, la escuridad del juicio, el error y la ansia, la agonía, la desesperación que traen de faltarles interiormente la luz y de ser despojados de los bienes de fuera y de dentro. O es decir, que en su tienda y sobre él se le apaga la luz al malo, por decir que se le apaga cuando y donde está más segura, que son accidentes todos que se hallan en este caso de Job.

Prosigue:

7. Estrecharse han pisadas de su fuerza, y despeñarlo ha su consejo. Al faltar de la luz, naturalmente se consigue el acortarse los pasos, porque no se puede andar de noche y a escuras; y como decíamos, la calamidad es escuridad, y el miserable y calamitoso no puede hacer nada; ansí como el que está en tinieblas no puede dar paso, o si le da, tropieza y cae y se despeña. Pues dice que al malo, muerta la luz de su felicidad, se le estrechan los pasos de su poder, esto es, se le quita el poder para obrar lo que desea, como al que está a escuras para andar donde quiere; y que le despeña su consejo, esto es, que si se quiere valer de sí y se esfuerza para hacer algo en su ayuda, cae por el mismo caso en mayor calamidad y miseria, como le acontece caer y despeñarse al que presume caminar sin lumbrera.

Y podíale parecer a Bildad que en Job pasaba esto, por su confesión del mismo, que arriba dijo que le cerraba los pasos Dios, y porque, a su parecer, blasfemaba por defenderse, que fue a despeñarse.

Dice:

8. Porque enviada red a sus pies, y sobre sus mallas andará. Dijo que se le estrecharán los pasos al malo; dice agora la causa por que se le estrecharán, y es que enviará Dios, esto es, que le pondrá Dios red debajo de los pies, para que en ella se enrede y, enredado, caiga preso y no ande. O porque dijo que le estrecharía Dios los pasos al malo y que le despeñara su consejo, en que quiso decir que le pondrá en aprieto Dios, y que pretenderá salir de él, y que por el mismo camino que lo pretendiere, se lanzará más en el trabajo; dice agora, para mayor declaración de esto mismo, que dará de pies en la red, queriendo salir de ella, y se enredará más en sus mallas cuando más quisiere desenredarse. Y dícelo por semejanza tomada de las aves, o de los otros animales que se prenden con redes, que sintiéndose presos, si procuran librarse, se prenden más y se enredan.

Y sin duda es natural a los malos y a los que castiga Dios por sus no enmendados pecados, forcejear por salir del mal que padecen, y meterse más en él cuanto más se defienden, porque los medios de la salud se les convierten en muerte, como se probaría por muchos ejemplos.

Más dice:

9. Trabará el lazo su carcañal, y esforzarse ha sobre él la sed. Lo que decimos sed, dice el original el sediento, y el sediento es el ladrón y el que roba y saltea; que se llama ansí en este Libro, porque era seca y muy falta de agua la tierra de Job, y la falta del agua siéntenla más los que hacen vida en el campo, como los salteadores y como los cazadores, que podemos también entender aquí por decir el sediento, porque insiste Bildad en la semejanza propuesta.

Y porque dijo de red y de enlazarse los pies en ella, y porque acontece a los que ponen redes o lazos, venida la sazón de la presa, tirar de la cuerda con que la red cae o el lazo se aprieta, y acudir luego con alegría y presteza a prender y a herir lo caído, ansí dice que trabará el lazo el carcañal de los malos, y, presos, vendrá el cazador sobre ellos sin que tengan defensa.

Y aún decláralo más:

10. Ascondida en la tierra su cuerda, y su lazo sobre sendero. Porque en la caza semejante encubren los que cazan la cuerda, porque el animal no se espante, y ponen el lazo en la vereda y en lugar estrecho y por donde es el paso; y ansí cae la fiera en él, cuando va más segura y cuando va por donde suele ir de contino.

Porque sin duda los malos caen cuando piensan menos en la caída; y cuando siguen su huella y van más con el viento en la popa, y en su camino mismo y en eso en que se precian valer, son derribados y presos.

Y como luego dice:

11. En derredor le turbarán turbaciones, y le enredarán sus pies mismos. Porque, caídos en el lazo y viniendo sobre ellos la red, quedan en derredor cercados de ella, y dan en ella a cualquier parte que acudan y no ven sino red que los turbe, que ésas son las turbaciones que dice. Y lo que dice, que le enredarán sus pies mismos, es decir, que, por desasirse, se enlazará y, por librar de la red el pie, le meterá más en la red.

Dice más:

12. Será fambrienta su fortaleza, y quebranto aparejado a su costilla, en que, dejando ya la semejanza de la red y cazador, pasa a otra cosa. Y porque ha dicho lo mal que le sucederá al malo en sí mismo, dice cómo pasarán su mujer y sus hijos, porque la calamidad, si es entera, a todos se extiende.

Pues dice: Será fambrienta su fortaleza. Fortaleza llama, según estilo de Sagrada Escritura, a los hijos, y, señaladamente, al hijo mayor. Ansí llama Jacob a su hijo Rubén en el Génesi, do dice: Rubén mi primogénito y mi fortaleza, principio de mi valentía, en cuyo original está la misma palabra que aquí. Pues dice que vendrá su fortaleza a pobreza, porque para el padre, que es el castigado, no es tan malo que mueran como que laceren y hambreen sus hijos.

Y quebranto, dice, aparejado a su costilla, esto es, a su mujer, que se hizo de la costilla y es parte y muy del lado del hombre.

Dice:

13. Comerá ramos de su cuero; comerá sus brazos mayorazgo de muerte. Va por sus grados desnudando de sus bienes al malo; primero le quitó la hacienda, y con ella el poner en ejecución lo que hacer se desea; después le hiere en la mujer y familia; agora toca en la persona y en el uso de las fuerzas y miembros. Y dice que el mayorazgo de la muerte, esto es, algún mal muy grave y muy vecino a ella, le gastará los ramos de su cuero; y declara qué ramos son éstos y dice que los brazos suyos le comerá el mayorazgo de muerte, y por los brazos entiende todos los miembros.

Dice más:

14. Será arrancada de su tienda su fiucia, y hollará sobre él como rey la matanza. Falto de todo, dice, de hacienda, de familia, de salud corporal, no le dejará Dios ni una raíz en que estribe; que acontece en males y calamidades muy graves, quedar a lo menos alguna pequeña esperanza de bien, y un resquicio, aunque pequeño, que muestra luz de fiucia; mas en el castigo que a los malos da Dios y cuando a un perverso hombre le quita su estado, ni una brizna, dice, le deja de remedio, o siquiera de su esperanza, sino la calamidad huella sobre él como rey, porque se enseñorea de él y de todas sus cosas, teniéndole sujeto y rendido.

Mas esto mismo dice el original por otra manera, que dice: Y hará que vaya al rey de los miedos; que a la falta de la esperanza siempre sucede el miedo y temor. Y porque dijo que le arrancaría Dios la fiucia de su casa, esto es, que no le dejaría cosa en que poder esperar, dice, por consiguiente, que le enviará al rey de los miedos, esto es, que le entregará al miedo del todo, o a la desesperación, en que se entrega la alma a todo lo que temer se puede.

Prosigue:

15. Morará en su tienda del que no a él; será esparcido sobre su morada azufre. Una cosa es asolamiento y otra mal sucesor y heredero; una que se destruya todo, otra que venga a manos del enemigo. Pues ambas cosas, dice, hace Dios con los malos; que, para lo que toca a su provecho de ellos, esparce azufre sobre sus personas y haciendas, porque como si se lo abrasase, ansí todo les falta; y para lo que mira a engrandecer su miseria deja que entre en la posesión de ello su émulo.

Y ansí dice que morará en su tienda del que no a él, esto es, que morará no solamente quien no tenga que ver con él por amistad o por sangre, sino quien no le agrade a él y quien le duela y congoje, esto es, quien menos ama y quien más aborrece, y quien menos quisiera ver feliz ni con hacienda de otros, y sin duda ese mismo que le calumnió y derrocó, y que fue autor o ministro de su mal y caída.

Y para mayor cumplimiento dice y prosigue:

16. De abajo sus raíces se secarán, y de arriba será cortado su ramo, que es como, en suma, comprender lo que ha dicho, aunque por diferente manera; que como el árbol que sin esperanza se seca, queda seco en la raíz y en los ramos, ansí dice que hace Dios con los malos, que no les desmocha las ramas solas, sino que los arranca de cuajo, o que los corta de manera en lo alto que pierda el jugo y vida la raíz.

Como sería agora, para que pongamos ejemplo, si quitase Dios la gracia y favor del rey a algún ministro malo que privase mucho con él, y él, como suele acontecer a las veces, se consumiese y muriese de pena de verse caído; en éste diremos que, cortado en la rama del favor, se secó la raíz. O dice, lo que también acontece, que dañándose la raíz en un árbol, vienen a secarse las ramas que, secas, las cortan y entriegan al fuego. Y aviene a los malos de la misma manera, que por no tener jugo en la sostancia y verdad, al fin sus obras y sus designios y sus sucesos se secan y quedan útiles solamente para arder en el fuego, donde, vueltos ceniza, no deje rastro de ellos el viento.

Que es lo que dice:

17. Su memoria se perderá de la tierra, y no nombre a él sobre faces de plaza. Alude a la costumbre antigua de algunas gentes de poner a sus bienhechores en las plazas y lugares públicos estatuas y títulos, que, si por lisonja se hace alguna vez con los malos, en volviéndose el viento, los mismos que las pusieron las quitan y las derruecan y borran.

Dice más:

18. Empelerlo han de luz a escuridad, y del mundo le removerán. El olvido son las tinieblas, y ansí dice que de la luz, como empeliéndole, le lanzarán en la noche, porque con estudio y con priesa procurarán los hombres todos que no quede memoria de él en la vida, ni rastro de cosa suya; como se hizo con muchos que tiranizaron sus pueblos, de que está llena la historia.

Y al fin dice:

19. No hijo a él, no nieto en su pueblo, ni remaniente en sus moradas, que es decir un asolamiento entero y cabal.

Por donde justamente concluye:

20. Sobre su día se maravillaron postreros, y ancianos trabaron temblor; que es obra de una grande caída poner en espanto a los que miran en ella. Y ansí, con decir esto, encarece más lo que dicho tiene y muestra que el golpe con que Dios derriba y despeña a los malos, hace pasmo con su mucho ruido. Sobre su día, dice, se maravillaron postreros. Día llama de ellos la Sagrada Escritura el de su calamidad y miseria, como en los buenos su día es cuando se descubriere su gloria, porque entonces sale a luz uno y es sin error conocido; como al revés, están en noche el bueno mientras padece, y el malo mientras reina y florece, porque no se ve ni puede entonces lo que es cada uno.

Pues de su miseria se maravillarán los postreros, esto es, los más mozos que ellos y los que le sucedieren después; y los ancianos también, dice, trabarán temblor, esto es, los más viejos que ellos, y los que por la edad y por la experiencia larga de las cosas se suelen menos maravillar, temblarán, esto es, temblarán todos, viejos y mozos, con maravilla y espanto. Y dice con propriedad que trabarán el temblor, porque los que tiemblan, en el movimiento que hacen, parece que van a trabar, y de hecho traban, lo que hallan, temblando.

Dice finalmente:

21. Pues éstas son moradas de malo, y éste lugar del que no supo a Dios, con que concluye diciendo que en esto para al fin la casa y la prosperidad de los malos, y de los que a Dios no temen; y juntamente queriendo decir que en esto ha parado Job, y que su fin ha sido este mismo y que, pues parece malo en el suceso y en la fortuna sin ninguna duda lo es en el hecho y la culpa, que es todo lo que desde el principio probar pretende.


Capitulo XVIII exposición