El libro de Job: Capitulo 5 exposición

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El libro de Job
Capitulo 5 exposición
de Fray Luis de León


Insiste todavía en su intento Elifaz, y comienza otra razón para convencer a Job de pecado. Y porque arriba lo quiso probar, lo uno por el mal fructo que Job cogía de su vida pasada, de donde argüía ser mala; y lo otro, porque en los ojos de Dios y en su apurado juicio, aun en los ángeles se descubren faltas, cuánto más en los hombres, procura agora lo mismo por decir que todos dicen lo que él dice y son de su parecer, sin que nadie le contradiga; de que concluye ser verdadero lo que todos dicen, por no ser posible que todos se engañen. Y razona por esta manera:

1. Llama dice, si hay quien te responda; ¿y a quién de los sanctos te volverás? Como dicen dice: Y si no basta lo dicho, vuelve los ojos en derredor; o si quieres, alza la voz y llama si por caso hallares alguno que te responda, esto es, que consienta contigo o que en algo te favorezca o siquiera te desculpe con alguna color. Que es decir: si nadie te defiende, todos te culpan; y si todos te culpan, tú, sin duda, eres culpable, porque no puede ser que todos yerren. Ansí que busca, y no busca solamente, sino llama a voces, que es mejor para hallar lo buscado, si hay alguno que tome tu razón por ti. Y si dices que no has pecado y que, aunque te azota Dios, como vemos, has vivido inocente, muéstranos por algún ejemplo ser verdad lo que dices; y si es posible que los buenos padezcan mal, señala alguno bueno que, siéndolo, haya mal padecido. Dame algún sancto azotado en la manera que tú agora lo eres, alguna vida empleada en virtud y rematada en dolor y miseria. ¿Y a quién de los sanctos te volverás?; esto es, ¿qué hombre sancto señalarás, o que le haya sucedido lo que a ti o, en caso que le sucediese, se haya justificado como tú te justificas o dado tanta libertad a su lengua?

2. Porque a la verdad, dice, al loco degüella saña, y al tonto mata envidia. Esto es, porque a la verdad cada uno acaba en la manera que vive; y cuales son los ejercicios de cada uno, tales son sus sucesos, y tales los paraderos cuales son los caminos. Que al loco y al revoltoso y al despertador de pendencias, esas mismas acarrean la muerte, y el que mata a espada, a espada muere; y el antojadizo, digo, a quien cuanto ve se le antoja, al fin fenece de antojo. Porque en lo que decimos tonto, la palabra original, que es evil, significa un género de liviandad que nace ordinariamente de poco saber; que desea todo lo que ve, y no tiene firmeza en ninguna cosa de lo que desea; a la cual es natural y muy allegada la envidia, y el pesarle de todo lo bueno que se parece en los otros porque lo apetece para sí ardiente y inconstantemente. Y no con más ardor que inconstancia; que ansí como se pagan presto de lo que ven, ansí se enfadan de ello con facilidad, y a un antojo destierra otro antojo, y a éste le hace luego guerra otro más nuevo que viene, por do de ordinario perecen a manos de ellos. Porque, por una parte, los consume la sed que tienen de todo lo que no tienen, y, por otra, les acaba la vida no serles posible tener todo cuanto desean, porque no hay cosa que no deseen. Y veces hay que en eso mismo que aman, cuando lo alcanzan, les viene envuelta la muerte, porque como aman por antojo y no con juicio, aman antes que conozcan bien lo que aman y ansí escogen muchas veces por bueno lo que es venenoso, y meten en su casa por sus manos a sus enemigos.

Mas dice:

3. Yo vide loco arraigado, y maldije súbito su belleza. Extiende y especifica eso mismo que ha dicho por las cosas que se le juntan y siguen, y ansí lo hace más cierto. Como diciendo: Y porque es verdad sin excepción que los malos siempre acaban mal, y que los que siguen sus antojos vienen a morir a sus manos, por eso todas las veces que veo algún malo muy próspero, luego le tengo por muy perdido; y aunque con los ojos no vea en él sino prosperidad, con la vista del entendimiento más cierta comprendo su infelicidad y desastre, y por más hondas raíces que tenga, luego le juzgo por seco.

Yo vide loco arraigado, esto es, cada y cuando que veo algún malo muy feliz, maldigo a su belleza súbito, esto es, conozco y tengo en poco su felicidad, porque veo lo breve y lo falso della. Que en decir maldigo, no quiere decir que les desea mal cuando los ve, sino que ve luego el mal que encierra en sí aquella falsa apariencia de bien, o el que les acarrea aquella falsa prosperidad y belleza, y que ansí lo adevina luego y lo anuncia. O, si decimos que maldecir aquí es propriamente maldecir, diremos que maldice a la belleza, ansí como escribe, y no a las personas, que es conforme a razón; porque toda la felicidad injusta o que se funda en injusticia es aborrecible y maldita, ansí por las dañadas raíces de donde nace, como por lo engañoso y quebradizo que ella en sí tiene. Que nunca es durable lo que es violento, y es violento todo lo que es malo e injusto. Y ansí la felicidad injusta es rosa breve y flor que a vuelta de ojo se marchita; y bien en apariencia, y en sostancia y verdad desventura y miseria; y por la misma razón es engaño y embuste que embelesa los ojos. Y cosa cierta es que todos naturalmente aborrecemos y maldecimos a la falsedad y al engaño.

Añade:

4. Alejaránse sus hijos de la salud, y serán quebrantados en la puerta y no defensor. Luego que veo, dice, algún malo feliz y rico le anuncio su desastrado fin, y digo: Alejaránse sus hijos de la salud; que es decir: éste, que al parecer toca con la cabeza al cielo y tiene las raíces tan hondas que no hay quien le arranque, vendrá a menos tan presto, que fenecerá su casa en sus hijos. Alejaránse sus hijos de la salud. No solamente no serán prósperos, pero dice que vendrán a ser desastrados y infelices; porque salud más quiere decir libramiento de mal que demasía de bien, y el salvar es librar de peligro, y ansí el nunca alcanzar la salud es andar siempre en enfermedad y miseria. Y no dice que sus hijos no alcanzarán la salud, sino que se alejarán della; ni dice que ella les huirá, sino que la huirán ellos mismos; que es lo último del desastre, cuando uno parece que él mismo se aparta del bien y, pareciendo que le sigue, se aleja, y los medios que usa para allegárseles, son caminos ciertos para más se apartar.

Y serán, dice, quebrantados en la puerta. Puerta llama el juicio y los tribunales, porque antiguamente estaban a las puertas de los lugares las plazas, y en las plazas, los juzgados. Y, dice, no defensor; esto es, y cuando fueren llamados a juicio y metidos en pleito, cuando les pusiere demanda alguno sobre la hacienda, o criminalmente los acusare por quitarles la vida, no tendrán quien defienda su parte; y serán tan miserables que no sólo los condenará el juez, mas antes dél, como a condenados en el juicio de todos, ninguno los querrá defender. Que es cosa justísima que quien forzó la justicia y no quiso estar sujeto a la ley, y quitó su derecho a los que poco podían, no la halle, ni él ni sus hijos, sino que les falte ansí el amparo público de la justicia, como el socorro particular de la piedad y de la misericordia.

5. Y dice: Cuya segada el hambriento la comerá, y el armado lo tomará, y sedientos beberán su haber, en que engrandece más la caída de los poderes injustos. Porque no solamente vendrá tiempo, cuando en la justicia que se hizo para favor general de todos, no hallarán favor ellos, mas cuando también la tierra misma y los animales de ella, como conjurados, les serán enemigos.

Cuya segada, esto es, sus panes y labranzas, el hambriento la comerá. Hambriento llama a la langosta y a lo que es ansí como ella, que destruye y atala las mieses. Y el armado lo tomará. Armado llama por la misma figura y rodeo al mismo pulgón y langosta, porque como los soldados armados en la guerra, ansí ellos con las armas que la naturaleza les da consumen cuanto les viene delante.

Mas es de advertir que la palabra original, que es tsinim, unas veces significa los escudos, que son armas, y esto siguió Sant Hierónimo, y ansí trasladó en este lugar armados; otras significa las espinas o las puntas agudas, cualesquiera que sean; conforme a lo cual en este lugar puede ser el seto o valladar que cerca los sembrados o viñas, y es como su defensa y escudo, que en muchas partes es de zarzas o espinos. Y ansí dirá que las langostas hambrientas les comerán las mieses a estos ricos y pecadores que dice, y que de las espinas las tomarán; esto es, que ni las espinas defenderán de las langostas a sus mieses, ni los valladares ni otro reparo ni cerca.

Y sedientos beberán su haber. Sedientos llama o vellosos (que lo uno y lo otro significa la palabra primera) a los salteadores, que hacen vida en los desiertos y campos, que en Idumea y Arabia de quien se escribe este libro, son faltos de agua. Y ansí a los que en ellos vagueaban para hacer mal, justamente Elifaz llama o sedientos, porque les menguaba el beber, o vellosos, porque andaban como salvajes, ansí en la vida como en la disposición del cabello. O sedientos llama por figura a los años secos y estériles, o verdaderamente a los vientos cierzos que dejugan la tierra y lo que produce y abrasan y secan; a que dos cosas favorecen: una, que Elifaz en este verso propriamente trata del daño que los temporales hacen en las haciendas de los pecadores, y a los temporales malos pertenecen como las langostas, ansí también los cierzos y la falta de lluvias. Otra, porque la palabra original saaph, que trasladamos beber, propriamente quiere decir atraer a sí, como cuando el que respira recoge al pecho el aliento; que es como imagen de lo que el sol sin nubes y el cierzo, cuando corre en la tierra, hace, que le sorben el aliento. Pues dice que el cielo no enviará lluvias, y enviará cierzos y hielos; y la tierra producirá langostas y espinas, que consumirán las haciendas y posesiones de aquestos que dice.

Y reparte con propriedad las palabras; que a las langostas da el comer, y a los cierzos y calmas el beber; y de las mieses dice que serán comidas, y de la demás labranza, que es la que pertenece a las viñas, que será bebida; como diciendo que la langosta les comerá los panes, y el cierzo les beberá y dejugará las viñas.

Y con esto viene bien lo que añade:

6. Porque no saldrá del polvo vanidad, ni de tierra fructificará quebranto. Vanidad llama todo lo que es culpa, y quebranto, todo lo que es pena y castigo. Y responde en esto Elifaz a lo que alguno por caso dijera: que si hay años estériles y si vienen langostas, y si el agua, o faltando o sobrando, o anega o no cría las mieses, que esa es o cualidad del suelo o disposición de los tiempos, y no culpa de los hombres ni castigo de culpas. Ansí que responde y dice que ni la tierra produce vanidad ni fructifica quebranto, que es decir que ni cría culpa ni padece pena. Porque si la tierra pudiera pecar, pudiéramos también creer que eran pena de su culpa los años estériles; mas como en ella no hay pecado, ansí este desconcierto de tiempos no es castigo suyo; y si no es castigo de la tierra, conclúyese que lo es de los pecadores que viven en ella, cuyas haciendas con semejantes daños se pierden; y si es castigo de ellos, convencido queda que el cielo y la tierra son fructuosos de suyo, y estériles por nuestros pecados, y que usa Dios de ellos como de verdugos para nuestro castigo.

Y conforme a esto prosigue y dice:

7. El hombre nacido para laceria, y las hijas del ave para ensalzarse volando. Que es proseguir su razón y decir: El hombre es sujeto capaz de pena, ansí como lo es de culpa; y como al ave le es proprio el volar, ansí el hombre nace para padecer, porque nace enemigo y culpado. Por donde los temporales malos no son pena de la tierra, que no es capaz de ella, sino castigo del hombre, que nace digno de ser castigado. Por manera que reduciendo a términos lógicos el argumento que Elifaz en estos dos versos encierra, dirá bien ansí: Los males no son males sino a quien los siente y merece; la tierra no es sujeto de culpa ni siente pena, y el hombre sí, porque como de nacimiento le conviene; luego las esterilidades del suelo y las malas disposiciones del aire, con los demás daños que en la tierra se ven, no son penas de la tierra, que ni las siente ni las merece, sino de los malos hombres que en ella viven.

Dice:

8. Por donde yo buscaría a Dios, y con Dios pondría mi; fabla. Concluye, pues, y concluye bien, según lo que arriba esta dicho; porque si a los ricos y poderosos, si son injustos y malos, les valen tan poco su poder y riqueza, que en creciendo caen y cuando están más floridos, o lo parece, se secan y no son tan prósperos en el subir cuanto son en el caer infelices, y si todo les es enemigo y como conjurado en su daño les hace guerra todo, los hombres, los animales, la tierra; bien dice Elifaz que el remedio es buscar los hombres a Dios, que es seguir la justicia y poner los pasos en la virtud, que es el camino por donde se halla. Y si les aconteciere que, o vencidos de la flaqueza o engañados por su poco saber, erraren este camino y salieren alguna vez dél y ofendieren a Dios, que les pese de la ofensa y que pidan perdón al ofendido.

Y esto llama poner con Dios su habla, suplicarle con humildad que los perdone, esto es, no hablar contra él indignados porque los castiga, sino sujetándose a la pena con verdadero conocimiento de sí, hablar con él suplicándole que levante la mano de su justicia. Y no dice Elifaz: Esto se ha de hacer, sino: Yo esto haría, para dar ansí más fuerza a su dicho y para persuadirlo mejor, porque nadie escoge para sí sino lo que tiene por bueno. Y porque habla con Job, a quien ve azotado y tiene por pecador y culpado, es como si le dijera: El malo, como te digo, por mucho que a los principios en riqueza suba, viene a miseria después, como a ti agora te aviene, que estabas prosperado, y eras malo, y ya estás caído y perdido. Y conforme a esto el remedio no es dolerte o querellarte de Dios como agora tú te querellas y dueles; que, pues por ofender a Dios viniste a caer, por aplacarle y suplicarle y no por enojarle, has de volver a subir. Yo, al menos, ansí lo juzgo y lo hiciera ansí, si en tu estado me viera; y pusiera con Dios mi habla, y confesándome por hechura suya y por digno de mayor pena, suplicárale que pusiera fin a su justa ira.

Y porque el estado de Job era muy miserable, y tal que parecía carecer de remedio, o a lo menos tenerlo muy dificultoso, porque la dificultad no impidiese la esperanza a que le llamaba Elifaz, ni dudase Job que, volviéndose él a Dios, Dios le tornaría a su estado, dice luego del poder que Dios tiene y diviértese a tratar dél por sólo este fin, y cuéntalo y encarécelo por hermosas maneras.

Y dice:

9. Hacedor de grandezas sin pesquisa, de maravillas hasta no cuenta. Como diciendo: Y no dudes de que si te vuelves a Dios, te remediará Dios; que para lo que puede Él, eso es muy fácil porque son sus grandezas sin cuenta. Y refiere para mayor evidencia algunas de ellas, y aquéllas señaladamente que se allegan más a esto que él propriamente pretende, que es hacer a Job seguro que Dios puede y suele levantar a los caídos y reparar a los deshechos que se vuelven a Él.

Y ansí dice de esta manera:

10. Dador de lluvias sobre faces de tierra, enviador de aguas sobre faces de plazas. Esto pertenece a las obras de naturaleza que Dios hace y a las maravillas que en ella obra; y lo que dice después toca a la gobernación de las cosas libres. Y escogió Elifaz entre todas las obras maravillosas, que en la naturaleza hace Dios, esta del llover, para decirla por tres razones: una, porque es muy conocida y como puesta en los ojos; y lo que se trae para prueba de lo que se duela y platica, conviene que sea manifiesto y notorio; otra, porque aunque la costumbre quita la maravilla, pero es, sin duda, maravillosísima obra la del llover, si se considera como conviene, porque como el agua sea más pesada que el aire, grande muestra es del poder de Dios y de su grande saber adelgazarla tanto que pueda subir en alto y extenderse por cima del aire y, extendida en él, tornar a cobrar peso para volver a caer, y que ni en lo uno ni en lo otro haya violencia ni fuerza; porque natural le es al vapor húmido subir en alto, y empinarse en el aire; y natural le es al mismo tornarse al suelo y caer en él hecho gotas menudas. Y si cayera de un golpe todo y como hecho un arroyo, fuera menos espanto; mas que estando junto y apiñado y inclinado todo a caer, y con el peso que le es para caer necesario, y en lugar, que por ser raro y sin resistencia, no le puede impedir la caída, no venga al suelo junto, sino que se reparta ello por no sé qué secreta manera, y venga ansí esparcido y partido en menudísimas partes, como si alguno desde lo alto artificiosamente lo rociara y tendiera, es verdaderamente maravilloso negocio. Y, sobre todo, lo es ver que haya Dios hallado artificio para a un tiempo mismo y a un punto regar tantos y tan largos espacios de tierras, y tan por un igual a todas como en las lluvias del invierno lo vemos. Ansí que ésta es la segunda causa.

Y la tercera y última es porque es obra muy vecina y muy allegada a lo que pretende, y por decir verdad, porque es como imagen de aquello mismo que persuade y que prueba. Porque el enviar Dios lluvias sobre la tierra seca, y fecundar con ellas y vestir de hermosura y de fructos al suelo yermo y estéril, es como levantar con su favor lo caído y lo pobre a estado próspero y rico, y como dar vida y verdor a lo que ya tenían agostado y seco los sucesos adversos. Y como puede Dios hacer esto en la tierra, puede lo mismo hacer en la gente.

Y ansí añade muy bien:

11. Para poner bajos en altura y enlutados ensalzaron salud. Como si con más palabras dijera: Envía Dios sus lluvias al suelo desnudo y pobre, y con ellas le adorna y enriquece, para que por ello se entienda cuán fácil le es a él subir los bajos a alteza, y los enlutados y denegridos a vida y salud; que como con la lluvia puede enriquecer lo pobre, ansí con el rocío de su favor pone en pie lo caído.

Y llama enlutados a los desastrados y tristes, porque la tristeza les ennegrece el ánimo, y la mala fortuna derrueca a lugar escuro su estado; y dice salud, según la propriedad de su lengua, no lo que es carecer de enfermedad en el cuerpo, sino lo que es perfecto y cabal bien ansí en la vida como en la fortuna, como en la estimación y en la honra; y es salud lo mismo que felicidad y buena andanza.

Dice:

12. Desbaratador de pensamientos de resabidos, no harán sus manos sutileza. Dos cosas pueden poner estorbo al remedio del que padece, o la naturaleza de las cosas mismas, como en la enfermedad la cualidad de los humores o de los miembros dañados hacen que el enfermo no sane, o la contradicción y mal ánimo de los hombres que, a veces abierta y a veces encubiertamente, procuran que el caído no se repare, porque gustan de tener un competidor menos.

Mostró que no estorba a Dios lo primero, porque es Señor de la naturaleza y levanta el agua al cielo, y la despeña cuando quiere del cielo a la tierra, y embriaga lo seco y seca lo húmedo, y despoja lo florido y viste de flor lo desnudo; muestra agora lo poco que también puede lo segundo, que es el contradecir de los hombres. Y ansí dice: Si te vuelves a Dios, no temas que dejará de repararte, ni por la mala disposición a que ha venido tu carne seca y podrida, porque él sabe enviar su agua sobre la tierra seca, ni por las mañas artificiosas de los hombres, a quien tu calamidad da contento, porque Él es desbaratador de pensamientos de resabidos. Y en decir desbaratador, no solamente dice que los desbarata, sino que es como proprio oficio suyo el desbaratarlos. Porque a la verdad es ansí, que como desde el principio la codicia de saber excesiva y el querer ser resabidos los hombres, tomó competencia con Dios, ansí Dios se precia particularmente de hacer guerra a este vicio, y de volver en necedad todo el aviso que de sí presume, y de entontecer, como Sant Pablo dice a toda esta sabiduría y sotileza del mundo.

Y aun podemos decir que en este verso Elifaz, y en los cuatro que se le siguen, profetiza (porque no se puede dudar de que en muchas partes este Libro es profético), ansí que profetiza la victoria que Dios por Cristo había de alcanzar del demonio, y la manera como le había de vencer con sus mismos avisos, y venciéndole, despojarle de los que tenía engañados y presos. Y profetízalo aquí muy a propósito, como arguyendo de lo más o lo menos y como diciendo que, quien puede deshacer la cabeza del mal, mejor podrá reparar los males particulares; y que quien ha de librar a todos los hombres de la servidumbre miserable en que los tiene el demonio, bien podrá sanar a Job de las llagas que el azote del demonio le hace.

Y porque de todo este mal que padece Job, el demonio es el inducidor y el verdugo; para persuadirle que espere su remedio de Dios y para criar en él Elifaz la esperanza que quiere, viene muy bien el decirle lo mucho que Dios puede contra el demonio, y lo que en lo venidero ha de hacer contra él. Y como en los Sagrados Libros los Profetas que los escribieron, cuando piden alguna merced a Dios, o en su persona o en la ajena, acostumbran a contar las grandezas que hizo Dios cuando sacó a los judíos de Egipto, para con aquel cuento como despertar en Dios la memoria del amor que a los suyos tiene, y lo mucho que por ellos sabe hacer cuando quiere, y para inducirle a que haga lo particular que le piden, que es mucho más fácil, pues hizo aquello general y tan grande, ansí y por la misma manera los mismos hacen encubiertamente memoria de la caída del mal y de la redempción de los hombres todas las veces que en sí o en otros pretenden alentar la esperanza. Porque, a la verdad, ni hay cosa que ansí en los trabajos nos anime como considerar que tenemos ya por Cristo vencido al que nos los procura y atiza; ni poseemos prenda que ansí nos asegure del favor que en Dios tenemos, como lo que por Cristo hizo para sacarnos de nuestras mayores necesidades.

Pues dice bien Elifaz que Dios es desbaratador de pensamientos de resabidos, y que no harán sotileza sus manos; porque en lo que contra los hombres hizo el demonio, aunque procedió en ello primero como soberbio y después como envidioso y, finalmente, como enemigo nuestro y de nuestra sangre sediento; pero no procedió ciegamente, antes se hubo como mañoso y astuto, y ató en ello tan bien su dedo y con sotileza tan grande, que el saber de Dios solamente (como en otra parte dijimos) pudo contraminarle su aviso y desbaratarle, como Elifaz aquí dice, su pensamiento a este resabido y sotil. Mas ¿cómo lo desbarató?

Eso es lo que añade:

13. Prendedor de sabios en su mismo aviso, y consejo de perversos es deshecho. Porque las armas con que Dios le deshizo fueron esas mismas que se forjó él para deshacer el bien y la preeminencia del hombre. Que, engañando a Adán, pensó apartar a Dios del hombre; y, por allí vino a juntarse el hombre en una misma persona con Dios. Y trayendo a Cristo a la muerte, pretendió fenecer la vida de Cristo; y la muerte de Cristo dio vida al hombre y asoló el poder del demonio.

Y en lo que dice que deshace Dios el consejo perverso, es de advertir que la palabra primera, nimehar, tiene significación de aceleramiento, y lo acelerado es vecino al error; que lo loco y sin tino decimos que se acelera, y llamamos súbitos a los que notamos de locos o necios. Y ansí, decir aquí que destruye Dios el consejo perverso, y decirlo con la palabra que digo, es decir que les deshace acelerando en la resolución dél a sus autores, y haciendo que, cuando pretenden dañar, se arrojen inadvertidamente en su daño. Como en Lucifer pareció que apenas hubo conocido el bien que ordenaba Dios para el hombre, cuando se resolvió en destruirle; y ansí erró el golpe y quedó miserablemente preso adonde pensaba prender.

Mas dice:

14. De día encontrarán tinieblas, y como noche palparán en la siesta, que es cosa que de lo que ha dicho se sigue. Porque el arrebatado y acelerado en sus pareceres, muchas veces no ve lo que tiene presente y tropieza en lo claro, y en medio de la luz, como si fuese noche, anda a tiento. Y dice en siesta por mayor encarecimiento, porque es mayor la luz entonces con el sol en el medio del cielo.

Añade:

15. Y salvó de cuchillo de su boca de ellos, y de mano de fuerte al pobre. Que como quiera que lo entendamos, o según lo general o conforme al caso particular del demonio, éste es el fin para que Dios desbarata su consejo, esto es, para quitarles la presa de la boca y sacarles de entre las uñas al pobre; que es también lo de que Elifaz quiere asegurar a Job para que se anime y esfuerce en Dios, aunque se vea, a lo que parece, perdido.

Dice, pues, que salvó de cuchillo de su boca de ellos, esto es, de su boca, que es como cuchillo; y de mano de fuerte al pobre, esto es, de entre sus manos y uñas fuertes. Porque habla del malo, como de una bestia fiera, cuyas unas son fuertes y cuyos dientes son como cuchillo; o porque, a la verdad, el daño que nos hizo en nuestro primer padre el demonio, comenzó de la boca. Quiero decir que se trató primero en el entendimiento, persuadiéndole con engañosas razones, y se perfeccionó con las manos, porque a los que engañó con palabras puso luego debajo de su mano tirana y los sujetó a su servicio. Y lo que allí pasó acontece cada día después en los que engaña el pecado, que venimos a él, no traídos con fuerza, sino inclinados con inspiración engañosa; y presos una vez, la costumbre mala se apodera en breve y hace en nosotros presa y nos echa sus uñas fortísimas.

Ansí que primero nos prende la boca, y después nos tienen las uñas aferrados y asidos. Y es muy de advertir lo proprio de las palabras que Elifaz da a cada cosa, ansí a la boca como a las uñas, conforme a lo que aquí significan; que a la boca atribuye cuchillo, y a las manos llama fuertes, porque la persuasión y la sugestión, que es el atizador primero del mal, es sutil y agudo, y corta y penetra por el alma como espada afilada; y la costumbre adonde se perfecciona y remata lo malo es como manos que prenden y como brazos que cercan y como uñas que aferran y como manos y brazos y uñas fuertes de que apenas librarse puede el que es preso una vez.

Mas prosigue y concluye:

16. Y fue al mendigo esperanza, y el torcimiento cerró su boca. Pobre llama y mendigo a todo el linaje humano, a quien Cristo libertó del demonio, ansí por ser de su naturaleza flaco, como por la desnudez y estado vil en que le puso su culpa. Y pobres son, en respecto de los hijos de este siglo que se apoderan del mundo, todos aquellos que siguen la sencillez y vida pura, porque son los más dispuestos para ser maltratados, y para vengarse de quien los maltrata los más faltos de poder y de armas. Mas, al fin, vuelve por ellos Dios, cuyo oficio proprio es, como significa Elifaz, volver por los tales; y la boca que se abrió contra ellos, o por mejor decir, la boca que los tuvo ya en sí, déjala Dios vacía y mordiendo en el aire, y al fin la cierra; porque, al fin, el torcimiento, esto es, el autor de todo lo que es malo y torcido, y todo lo torcido y malo con él lo sepultará Dios en cerrada y escura cárcel, para que ya más no parezca.

Mas sigue:

17. Ves, bienaventurado varón que lo reprehendió Dios; y castigo del Abastado no aborrezcas. En que, insistiendo Elifaz en su intento, quita todo lo que podía ser estorbo a Job para esperar en Dios y volverse a él en la manera que le persuade que vuelva, y que espere. Porque le pudiera decir que, si ya Dios es poderoso y si tiene por oficio desagraviar a los pobres, y si sacó al hombre del poder del demonio, pero que a él no le sacara ni le tornara a su primer estado, porque le tiene aborrecido como por las obras lo muestra. A que responde aquí y dice que no desespere de ser bien recibido de Dios, si se volviere a Él, ni se persuada que le aborrece, porque le castiga; antes lo tenga por prenda de amor y piense que es regalo el azote, y que el azotado es dichoso.

Y ansí le dice que el castigo del Abastado no le aborrezca, esto es, que uno aborrezca a sí mismo, ni pierda el esfuerzo porque Dios le castiga, porque es felicidad tal castigo. Y llama Abastado a Dios porque tiene en sí todo el abastecimiento del bien. Y llámale con razón ansí en la coyuntura de agora, cuando afirma que es buena dicha ser azotado de Él, y cuando persuade a Job que no desespere de volver a su fortuna primera, para que le enseñe el mismo nombre que Dios lo puede todo, y que, como es abastado y poderoso para derrocar lo ensalzado, lo es también para ensalzar lo caído, y que, como puede llagar, puede también sanar al que llaga.

Y esto es lo que luego dice:

18. Porque Él hará doler y suelda, llagará y sus manos melecinarán. Porque igualmente, y por una medida misma, tiene en sus manos la salud y la enfermedad, la muerte y la vida.

19. En seis angustias te escapará, y en siete no tocará mal en ti. Dice, y aunque por un igual lo puede todo Dios, pero a hacer bien es muy más inclinado, ama el librar de mal y de pena a los suyos. Ansí que convierte tu deseo a él, seguro que te librará del mal que padeces.

De seis angustias, dice, te escapará, y en las siete no tocará mal en ti, esto es, librarte ha de todo mal y angustia. Porque con esta forma de decir de seis y siete, en la lengua original de este Libro, se suele significar, o todo aquello de que se habla o mucho dello; y para que la demostración y encarecimiento mayor sea, especifica en particular algunos de estos males, y dice:

20. En hambre te redimirá de muerte, y en pelea de mano de espada. En la hambre te redimirá, proveyéndote de mantenimiento, y en la guerra será tu escudo para que no seas herido.

Y añade:

21. De azote de lengua serás escondido, y no temerás correría cuando viniere. Bien dijo el esconder al azote de la lengua, porque el verdadero remedio contra la mala lengua es que el maldiciente no os vea ni os conozca, porque a nadie que conoce perdona; y lo que una vez la lengua mala llama y entizna, con dificultad se sana o se limpia después. Y lo que dice correría es nombre de guerra, cuando los que están en frontera salen con mano armada a correr la tierra de los enemigos, y a talarles los campos, y a prender las personas y los ganados.

Mas torna y repite:

22. De correría y de hambre te reirás, y de alimaña de tierra no temerás. Porque Dios, dice, que será tu amparo, si a Él te volvieres, te librará del latrocinio de los hombres, y de la hambre que nace de los temporales, y de la violencia de las bestias fieras; porque, a la verdad, a estos tres principios se suele y puede reducir todo el mal que padecen los hombres, o a la destemplanza del aire o a la injusticia humana o a la fiereza de las bestias.

23. Porque con piedras del campo tu liga, y alimañas del campo se apaciguarán a ti. Con lo cual añade sobre lo que ha dicho hasta aquí, y encarece más su proposito, como diciendo: y no solamente no te dañará el mal, mas lo que suele para otros ser malo, será para ti bueno y olvidará contigo su natural condición; porque no hay cosa más seca que la piedra, ni más desapegada ni más ajena de lo que es sentido de paz. Pues aun ésas, dice, se mostrarán de tu bando; y las alimañas fieras, que son las moradas proprias de la braveza, te serán no sólo mansas, sino también favorecedoras y amigas. Y si te amará lo sin sentido y lo bruto, ¿qué será lo doméstico y lo que mora en tu casa? Por lo cual dice:

24. Y sabrás que paz tu tienda, visitarás tu morada, y no pecarás. Y sabrás, esto es, y conocerás por la misma experiencia que tu tienda, esto es, que tu casa toda (que la llama ansí por los que en aquella tierra traían vida movediza y vivían en tiendas de campo, que eran muchos, cuales eran los cedarenos), ansí que verás, dice, que tu casa y tu tienda es paz, esto es, que todo lo que hay en ella es descanso y contento; y que la mujer te amará, y los hijos te agradarán, y te servirá la familia, y será toda tu suerte medida al deseo. Y ansí visitarás tu morada y no pecarás; esto es, aunque de industria y con diligencia la mires, y aunque la trastornes y aunque pesquises con cuidado todo lo particular que allí pasa, no hallarás estropiezo ni cosa que te ofenda o enoje, antes todo será riqueza y bendición, como añade:

25. Y sabrás que mucha tu simiente, y tus pimpollos como yerba de la tierra. Simiente y pimpollos llama ansí a los hijos proprios, como a los demás fructos de hacienda y ganados; que todo, dice, se lo multiplicará Dios a Job, si se torna a él, como se multiplica la yerba.

Y aunque es verdad que Elifaz habla agora aquí propriamente con Job, también es cierto que pretende en Job enseñarnos a todos, y que de ocasión particular, esta su doctrina es general y común. En que nos dice y enseña que Dios nunca cierra la puerta para recibirnos, si nos volvemos a Él; ni se cansa de perdonarnos, como queramos ser perdonados: ni por habernos hecho mucho bien y por haberlo perdido nosotros, queda Él o menos rico o menos poderoso, o con menos voluntad de reducirnos a mayor y mejor estado.

Y no solamente dice esto, cuanto toca a la felicidad temporal y que se descubre de fuera, sino mucho más cuanto a la secreta prosperidad del ánimo, que consiste en la limpieza de él y en su salud y hermosura y celestiales riquezas. Y ansí, las más de sus palabras tienen más alta significación de lo que suenan y se pasan a otras cosas mejores; porque, sin duda, al que se vuelve con verdad a Dios, le promete Elifaz, no sólo el amparo de Dios en los males del cuerpo y no sólo la franqueza suya para los bienes de la tierra, sino mucho más en los bienes del alma, que son los verdaderos y proprios. Y promete al que se reconcilia con Dios paz con las piedras, y que hallará jugo con ellas, y que las alimañas del campo, en lugar de hacerle pedazos, le harán amistad; porque, en estando bien el alma con Dios, la tierra dura y lo empedernido de nuestro cuerpo para los sentimientos del cielo, se ablanda y se enmollece y recibe el rocío del cielo y da fructo de piedad y justicia; y hácese fecundo lo estéril, y fructifica para el cielo la tierra, y las alimañas fieras de nuestros sentidos y sus inclinaciones y aficiones bestiales, que salteaban antes a todas horas y que despedazaban el alma, hacen paz con ella, y se le sujetan y la reconocen.

Y puede entonces el hombre entrar sin miedo en su casa y vivir con sosiego consigo; y ni en su cuerpo, que es como tienda en que el alma desterrada aquí vive, ni en las partes menos perfectas del alma, ni en esa alma misma, que es la propria morada de la razón, halla en que peque, en que estropiece, en que se disguste y enoje; antes lo halla todo mejorado, y tan a una hecho para hacer bien, que no solamente es bueno lo que fructifica, sino también es mucho el fructo y muy copioso, y ansí por todas partes rico; y añadiéndosele cada día nuevos fructos del mérito, fenecido el navegar de la vida, entra en el puerto abastado de bienes.

Por lo cual concluyendo, al fin, dice:

26. Vendrá con sazón a la huesa, como amontonamiento de mieses es alzado a su tiempo. Con sazón, dice, morirá, si sirve a Dios; esto es, morirá de su muerte y sin violencia, y después que la vida llegue a su madurez, harto de días, y cuando ya la edad y los años lo pidan. Que como, cuando la fruta en el árbol llega a tener su sazón se suele ella caer de suyo, sin que los otros la corten, ansí tiene su cierta sazón el vivir adonde la vida misma, cuando llega, llama a la muerte.

Y a la verdad, el bueno siempre muere bien y el que muere bien siempre muere en sazón. Como al contrario, a los malos, por mucho que vivan, les viene siempre sin tiempo la muerte, porque mueren antes que les convenga morir y son cortados siempre en agraz, porque están verdes siempre, por razón de su mucha liviandad y mal seso.

Mas muere, como dice Elifaz, en su sazón el bueno; y para declararlo más, compáralo y dice como amontonamiento de mieses es alzado a su tiempo. Como, dice, se cortan las mieses y se alzan en las paneras, no cuando están verdes, sino cuando están bien espigadas y secas, ansí al amigo de Dios le llama Dios y le alza a sus bienes, cuando ya le tiene bien granado y maduro. Y no dice como mieses, sino como amontonamiento de mieses, esto es, como muchas mieses y muy abundantes, porque hay espigas y mieses secas y estériles, y que se cogen también o para el fuego o para otros servicios, y el justo no es ansí sino como espiga de buen año y riquísima, que la corta para el cielo Dios en teniendo sazón.

Y con esto da fin Elifaz a su plática, y rematándola dice:

27. Ves; esto pesquisamos, ansí ello; óyelo, y aprende para ti. Esto es: Ves, cuanto te he dicho no es sueño ni fantasía mía, sino cosa muy pesquisada, esto es, considerada con atención profunda, y ello es la misma verdad. Por tanto, óyelo, esto es, dale entero crédito; y apréndelo para ti, esto es, y aprovéchate de ello. Ansí que dícele que esta su doctrina es verdad apurada; y ruégale que se persuada de ella, no sólo para conocer que es ansí, sino para vivir ansí como por ella se dice, que es el fin del saber.

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