El médico de su honra Acto 1: 8

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El médico de su honra Acto 1 Pedro Calderón de la Barca


SOLDADO 1:

          ¡Plaza!

SOLDADO 2:

          Tu majestad aquéste lea.

REY:

          Yo le haré ver.

SOLDADO 3:

          Tu alteza, señor, vea
          éste.

REY:

          Está bien.

SOLDADO 1:

          (Pocas palabras gasta).
Aparte

SOLDADO 2:

          Yo soy...

REY:

          El memorial aqueste basta.

SOLDADO 1:

          Turbado estoy; mal el temor resisto.

REY:

          ¿De qué os turbáis?

SOLDADO 1:

          ¿No basta haberos visto?

REY:

          Sí basta. ¿Qué pedís?

SOLDADO 1:

          Yo soy soldado;
          una ventaja.

REY:

          Poco habéis pedido,
          para haberos turbado.
          Una jineta os doy.

SOLDADO 1:

          Felice he sido.

VIEJO:

          Un pobre viejo soy; limosna os pido.

REY:

          Tomad este diamante.

VIEJO:

          ¿Para mí os le quitáis?

REY:

          Yo no os espante;
          que, para darle de una vez, quisiera
          sólo un diamante todo el mundo fuera.

LEONOR:

          Señor, a vuestras plantas
          mis pies turbados llegan;
          de parte de mi honor vengo a pediros
          con voces que se anegan en suspiros,
          con suspiros que en lágrimas se anegan,
          justicia. Para vos y Dios apelo.

REY:

          Sosegaos, señora, alzad del suelo.

LEONOR:

          Yo soy...

REY:

          No prosigáis de esa manera.
          Salíos todos afuera.

Vanse todos

          Hablad agora, porque si venisteis
          de parte del honor, como dijisteis
          indigna cosa fuera
          que en público el honor sus quejas diera,
          y que a tan bella cara
          vergüenza la justicia lo costara.}}

LEONOR:

          Pedro, a quien llama el mundo justiciero,
          planeta soberano de Castilla,
          a cuya luz se alumbra este hemisferio;
          Júpiter español, cuya cuchilla
          rayos esgrime de templado acero,
          cuando blandida al aire alumbra y brilla;
          sangriento giro, que entre nubes de oro,
          corta los cuellos de uno y otro moro;
          yo soy Leonor, a quien Andalucía
          llama --lisonja fue--, Leonor la bella;
          no porque fuese la hermosura mía
          quien el nombre adquirió, sino la estrella;
          que quien decía bella, ya decía
          infelice, que el hombre incluye y sella,
          a la sombra no más de la hermosura,
          poca dicha, señor, poca ventura.
          Puso los ojos, para darme enojos,
          un caballero en mí, que ¡ojalá fuera
          basilisco de amor a mis despojos,
          áspid de celos a mi primavera!
          Luego el deseo sucedió a los ojos,
          el amor al deseo, y de manera
          mi calle festejó, que en ella veía
          morir la noche, y espirar el día.
          ¿Con qué razones, gran señor, herida
          la voz, diré que a tanto amor postrada,
          aunque el desdén me publicó ofendida,
          la voluntad me confesó obligada?
          De obligada pasé a agradecida,
          luego de agradecida a apasionada;
          que en la universidad de enamorados,
          dignidades de amor se dan por grados.
          Poca centella incita mucho fuego,
          poco viento movió mucha tormenta,
          poca nube al principio arroja luego
          mucho diluvio, poca luz alienta
          mucho rayo después, poco amor ciego
          descubre mucho engaño; y así intenta,
          siendo centella, viento, nube, ensayo,
          ser tormenta, diluvio, incendio y rayo.
          Dióme palabra que sería mi esposo;
          que éste de las mujeres es el cebo
          con que engaña el honor el cauteloso
          pescador, cuya pasta es el Erebo
          que aduerme los sentidos temeroso.
          El labio aquí fallece, y no me atrevo
          a decir que mintió. No es maravilla.
          ¿Qué palabra se dio para cumplilla?
          Con esta libertad entró en mi casa,
          si bien siempre el honor fue reservado;
          porque yo, liberal de amor, y escasa
          de honor, me atuve siempre a este sagrado.
          Mas la publicidad a tanto pasa,
          y tanto esta opinión se ha dilatado,
          que en secreto quisiera más perdella,
          que con público escándalo tenella.
          Pedí justicia, pero soy muy pobre;
          quejéme de él, pero es muy poderoso;
          y ya que es imposible que yo cobre,
          pues se casó, mi honor, Pedro famoso,
          si sobre tu piedad divina, sobre
          tu justicia, me admites generoso,
          que me sustente en un convento pido;
          Gutierre Alfonso de Solís ha sido.


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