El médico de su honra Acto 3: 6

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El médico de su honra Acto 3 Pedro Calderón de la Barca


COQUÍN:

          ¿Pues cuándo oirá ese ruego,
          si, calzada la espuela,
          ya en su imaginación Enrique vuela?

JACINTA:

          Escribiéndole agora
          un papel, en que diga mi señora
          que a su opinión conviene
          que no se ausente; pues para eso tiene
          lugar, si tú le llevas.

MENCÍA:

          Pruebas de honor son peligrosas pruebas;
          pero con todo quiero
          escribir el papel, pues considero,
          y no con necio engaño,
          que es de dos daños éste el menor daño,
          si hay menor en los daños que recibo.
          Quedaos aquí los dos mientras yo escribo.

Vase MENCÍA

JACINTA:

          ¿Qué tienes estos días,
          Coquín, que andas tan triste? ¿No solías
          ser alegre? ¿Qué efeto
          te tiene así?

COQUÍN:

          Metíme a ser discreto
          por mi mal, y hame dado
          tan grande hipocondría en este lado
          que me muero.

JACINTA:

          ¿Y qué es hipocondría?

COQUÍN:

          Es una enfermedad que no la había
          habrá dos años, ni en el mundo era.
          Usóse poco ha, y de manera
          lo que se usa, amiga, no se excusa,
          que una dama, sabiendo que se usa
          le dijo a su galán muy triste un día;
          "Tráigame un poco uced de hipocondría."
          Mas señor entra agora.

JACINTA:

          ¡Ay Dios! Voy a avisar a mi señora.

Sale don GUTIERRE

GUTIERRE:

          Tente, Jacinta, espera.
          ¿Dónde corriendo vas de esa manera?

JACINTA:

          Avisar pretendía
          a mi señora de que venía
          tu persona.

GUTIERRE:

          (¡Oh criados!
Aparte
          En efeto, enemigos no excusados;
          turbados de temor los dos se han puesto).
          Ven acá, dime tú lo que hay en esto;
          dime, ¿Por qué corrías?

JACINTA:

          Sólo por avisar de que venías,
          señor, a mi señora.

GUTIERRE:

          (Los labios sella. Aparte
          Mas de éste lo sabré mejor que de ella).
          Coquín, tú me has servido
          noble siempre, en mi casa te has criado.
          A ti vuelvo rendido.
          Dime, dime por Dios, lo que ha pasado.

COQUÍN:

          Señor, si algo supiera,
          de lástima no más te lo dijera.
          ¡Plegue a Dios, mi señor...!

GUTIERRE:

          ¡No, no des voces!
          Di ¿a qué aquí te turbaste?

COQUÍN:

          Somos de buen turbar; mas esto baste.

GUTIERRE:

          (Señas los dos se han hecho.
Aparte
          Ya no son cobardías de provecho).
          Idos de aquí los dos.

Vanse COQUÍN y JACINTA


          Solos estamos,
          honor, lleguemos ya; desdicha, vamos.
          ¿Quién vio en tantos enojos
          matar las manos, y llorar los ojos?

Descubre a doña MENCÍA escribiendo

          Escribiendo Mencía
          está; ya es fuerza ver lo que escribía.

Quítale el papel

MENCÍA:

          ¡Ay Dios! ¡Válgame el cielo!

           Ella se desmaya

GUTIERRE:

           Estatua viva se quedó de hielo.

Lee


          "Vuestra alteza, señor...--¡Que por alteza
          vino mi honor a dar a tal bajeza!--
          no se ausente..." Detente,
          voz; pues le ruega aquí que no se ausente,
          a tanto mal me ofrezco,
          que casi las desdichas me agradezco.
          ¿Si aquí le doy la muerte?
          Mas esto ha de pensarse de otra suerte.
          Despediré criadas y criados;
          solos han de quedarse mis cuidados
          conmigo; y ya que ha sido
          Mencía la mujer que yo he querido
          más en mi vida, quiero
          que en el último vale, en el postrero
          parasismo, me deba
          la más nueva piedad, la acción más nueva;
          ya que la cura he de aplicar postrera,
          no muera el alma, aunque la vida muera.

Vase don GUTIERRE. Va volviendo en sí doña MENCÍA


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