El médico de su honra Acto 3: 9

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El médico de su honra Acto 3 Pedro Calderón de la Barca


GUTIERRE:

          Y haces bien, porque en el mundo
          ya hay quien viva porque mate.
          Desde aquí te estoy mirando,
          Ludovico. Entra delante.

Vase LUDOVICO

          Éste fue el más fuerte medio
          para que mi afrenta acabe
          disimulada, supuesto
          que el veneno fuera fácil
          de averiguar, las heridas
          imposibles de ocultarse.
          Y así, constando la muerte,
          y diciendo que fue lance
          forzoso hacer la sangría,
          ninguno podrá probarme
          lo contrario, si es posible
          que una venda se desate.
          Haber traído a este hombre
          con recato semejante
          fue bien; pues si descubierto
          viniera, y viera sangrarse
          una mujer, y por fuerza,
          fuera presunción notable.
          Éste no podrá decir,
          cuando cuente aqueste trance,
          quién fue la mujer; demás
          que, cuando de aquí le saque,
          muy lejos ya de mi casa,
          estoy dispuesto a matarle.
          Médico soy de mi honor,
          la vida pretendo darle
          con una sangría; que todos
          curan a cosa de sangre.

Vase don GUTIERRE. Salen el REY y don DIEGO,
cada uno por su puerta; y cantan dentro


MÚSICOS:

          "Para Consuegra camina,
          donde piensa que han de ser
          teatro de mil tragedias
          las montañas de Montiel."

REY:

          Don Diego."

DIEGO:

          ¿Señor?"

REY:

          Supuesto
          que cantan en esta calle,
          ¿no hemos de saber quién es?
          ¿Habla por ventura el aire?"

DIEGO:

          No te desvele, señor,
          oír esta necedades,
          porque a vuestro enojo ya
          versos en Sevilla se hacen."

REY:

          Dos hombres vienen aquí."

DIEGO:

          Es verdad; no hay que esperarles
          respuesta. Hoy el conocerles
          me importa.

Saca don GUTIERRE a LUDOVICO,
tapado el rostro

GUTIERRE:

          (¡Qué así me ataje Aparte
          el cielo, que con la muerte
          de este hombre eche otra llave
          al secreto! Ya me es fuerza
          de aquestos dos retirarme;
          que nada me está peor
          que conocerme en tal parte.
          Dejaréle en este puesto.

Vase don GUTIERRE


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