El mejor alcalde, el Rey: 058

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El mejor alcalde, el Rey Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SANCHO

  Yo, sólo labrador en la campaña,
y en el gusto del alma caballero,
y no tan enseñado a la montaña,
que alguna vez no juegue el limpio acero,
oyendo nueva tan feroz y estraña,
no fui, ni pude, labrador grosero:
sentí el honor con no haberle tocado,
que quien dijo de sí, ya era casado.
  Salí a los campos, y a la luz que excede
a las estrellas, que miraba en vano,
a la luna veloz, que retrocede
las aguas y las crece al Océano.
«Dichosa -dije- tú, que no te puede
quitar el sol ningún poder humano,
con subir cada noche donde subes,
aunque vengan con máscaras las nubes.»
  Luego, volviendo a los desiertos prados,
durmiendo con los álamos de Alcides,
las yedras vi con lazos apretados,
y con los verdes pámpanos las vides.
«¡Ay! -dije-, ¿cómo estáis tan descuidados?
Y tú, grosero, ¿cómo no divides,
villano labrador, estos amores,
cortando ramas y rompiendo flores?»
  Todo duerme seguro. Finalmente,
me robaron, [señor], mi prenda amada,
y allí me pareció que alguna fuente
lloró también y murmuró turbada.


El mejor alcalde, el Rey de Lope de Vega

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