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El origen de la familia, de la propiedad privada y del estado (1891)/I

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ORIGEN DE LA FAMILIA

I
Estadios prehistóricos de cultura.

Morgan es el primero que con conocimiento de causa ha tratado de introducir un orden preciso en la prehistoria de la humanidad; las agrupaciones adoptadas por él permanecerán de seguro en vigor todo el tiempo en que no obliguen á modificarlas documentos mucho más abundantes.

Dicho se está que de las épocas principales ―salvajismo, barbarie, civilización— sólo se ocupa de las dos primeras y del paso á la tercera. Divide cada una de las dos en los estadios inferior, medio y superior, según los progresos realizados en la producción de los medios de existencia. Porque dice: «La habilidad en esa producción es lo más á propósito para establecer el grado de superioridad y de dominio de la naturaleza conseguido por la humanidad; el ser humano es, entre todos los seres, el único que ha logrado hacerse dueño casi en absoluto de la producción de sus víveres. Todas las grandes épocas del progreso de la humanidad coinciden de una manera más ó menos directa con las épocas en que se extienden los medios de alimentarse.» El descubrimiento de la familia camina al mismo paso, pero sin presentar caracteres tan salientes en lo que atañe á la división de los períodos.

I.—estado salvaje

1.º Estadio inferior.—Es la infancia del género humano, el cual, viviendo encima de los árboles, por lo menos parte de él (y esta es la única explicación de que pudiera continuar existiendo en presencia de las grandes fieras), permanecía aún en sus mansiones primitivas, los bosques tropicales ó subtropicales. Los frutos, las nueces[1] y las raíces servían de alimento; el principal producto de esa época es la elaboración de un lenguaje articulado. Ninguno de los pueblos del período histórico que conocemos pertenecía ya á ese estado primitivo. Aun cuando ha podido durar miles de años, no por eso podemos demostrar su existencia con testimonios directos; pero admitiéndose que el ser humano ha salido del reino animal, no hay más remedio que aceptar esa transición.

2.º Estadio medio.—Comienza con el empleo alimenticio de los pescados (entre los cuales contamos también los crustáceos, los moluscos y otros animales acuáticos) y con el uso del fuego. Los dos van juntos, porque sólo el fuego permite hacer comestible de un modo perfecto la pesca. Pero con esta nueva alimentación los hombres hiciéronse independientes del clima y de los lugares; siguiendo el curso de los ríos y las costas de los mares, aun en estado salvaje pudieron difundirse por la mayor parte de la tierra. Los instrumentos de piedra de la primera edad, trabajados groseramente, sin pulimentar, conocidos con el nombre de paleolíticos, que pertenecen todos ó la mayoría de ellos á este período y se encuentran desparramados por todos los continentes, son pruebas de hecho en apoyo de esas emigraciones. La ocupación de nuevas zonas, el instinto descubridor, siempre despierto, y la posesión del fuego por medio del frotamiento, crearon alimentos nuevos, tales como las raíces y los tubérculos amiláceos cocidos entre ceniza caliente ó en hornos excavados en el suelo; y tales también como la caza, que con la invención de las primeras armas ―la maza y la lanza— llegó á ser para la alimentación un recurso ocasional. Jamás hubo pueblos exclusivamente cazadores, como se dice en los libros, es decir, que vivan sólo de la caza, porque el producto de ésta es harto inseguro. Por efecto de la constante incertidumbre de los medios de alimentarse, parece establecerse durante ese estadio la usanza de la antropofagia, que desde entonces se sostiene durante largo tiempo. Los australianos y muchos polinesios se hallan hoy aún en ese estadio medio del salvajismo.

3.º Estadio superior.—Comienza con la invención del arco y de la flecha, gracias á los cuales llega la caza á ser un alimento corriente; y el cazar una de las ramas habituales del trabajo. El arco, la cuerda y la flecha forman ya un instrumento muy complejo, cuya invención supone larga experiencia acumulada y facultades mentales superiores, así como el conocimiento simultáneo de otra multitud de inventos. Si comparamos los pueblos que conocen el arco y la flecha, pero no el arte de la alfarería (del cual deriva Morgan el tránsito á la barbarie), encontramos ya algunos comienzos de residencia fija en aldeas, cierto dominio de la producción de los medios de subsistir, vasijas y trebejos de madera, el tejido á mano (sin telar) con fibras de corteza, cestos trenzados con cortezas ó con juncos, armas de piedra pulimentada (neolíticas). En la mayoría de los casos, el fuego y el hacha de piedra han producido ya la piragua formada por un solo tronco de árbol (monoxila), y en ciertas comarcas las vigas y las tablas necesarias para construir casas. Todos estos progresos los encontramos, por ejemplo, entre los indios del Noroeste de América, que conocen el arco y la flecha; pero no la alfarería. El arco y la flecha fueron para el estado salvaje lo que la espada de hierro para la barbarie y el arma de fuego para la civilización: el arma decisiva.

II.—barbarie

1.º Estadio inferior.—Empieza al introducirse el uso de la alfarería. En muchos casos, y verosimilmente, nació ésta de la costumbre de recubrir con arcilla los objetos de cestería ó de madera, para hacerlos refractarios al fuego; lo cual no tardó en hacer descubrir que la arcilla moldeada no tenía necesidad del objeto interior para prestar este servicio.

Hasta aquí hemos podido considerar la marcha del progreso de un modo general, aplicándose en un período determinado á todos los pueblos, sin distinción de localidades. Pero con el advenimiento de la barbarie hemos llegado á un estadio en que se marca la diferencia de los dones naturales entre los dos grandes continentes terrestres. El momento característico del período de la barbarie es la domesticación y cría del ganado y el cultivo de los cereales. Pues bien; el continente occidental, el llamado antiguo mundo, poseía casi todos los animales domesticables y toda clase de cereales propios para el cultivo, menos uno de éstos; el continente occidental (América) no tenía más mamíferos mansos que el llama (y aun así, nada más que en una parte del Sur), y uno solo de los cereales cultivables, pero el mejor, el maíz. Estas condiciones naturales diferentes, hacen que desde ese momento siga su marcha propia la población de cada hemisferio, y que las señales puestas como límites de los estados particulares difieran en cada uno de los dos casos.

2.º Estadio medio.—Comienza en el Este con la cría de los animales domésticos, en el Oeste con el cultivo de las hortalizas por medio del riego y con el empleo de adobes (ladrillo sin cocer y seco al sol) y de la piedra para la construcción de edificios.

Comenzamos por el Oeste, porque este estadio no ha sido sobrepujado en ninguna parte hasta la conquista europea.

Entre los indios del estadio inferior de la barbarie (de los cuales forman parte todos los que se encuentran al Este del Mississipí) existía ya en la época del descubrimiento cierto cultivo hortense del maíz y quizá de la calabaza, del melón y otras plantas de huerta que les suministraban una parte muy esencial de su alimentación; vivían en casas de madera, en aldeas protegidas por empalizadas. Las tribus del Noroeste, principalmente las del valle de Colombia, hallábanse aún en el estadio superior del estado salvaje, sin conocer la alfarería ni el cultivo de ninguna clase de plantas. Por el contrario, los indios de los llamados pueblos[2] de Nuevo México, los mexicanos, los centroamericanos y los peruanos de la época de la conquista, hallábanse en el estadio medio de la barbarie; vivían en casas de adobes y de piedra en forma de fortalezas; cultivaban el maíz y otras plantas alimenticias, diferentes según la orientación y el clima, en huertos de riego artificial que suministraban la principal fuente de alimentación; hasta habían reducido á la domesticidad algunos animales: los mexicanos, el pavo y otras aves; los peruanos, el llama. Además, sabían laborear los metales, excepto el hierro; por eso continuaban en la imposibilidad de prescindir de sus armas é instrumentos de piedra. La conquista española cortó en redondo todo ulterior desenvolvimiento autónomo.

En el Este comenzó el estadio medio de la barbarie con la domesticación de animales para el suministro de leche y carne, mientras que el cultivo de las plantas parece ser que permaneció desconocido allí hasta una época muy avanzada de ese período. La domesticación de animales, la cría de ganados y la formación de grandes rebaños parecen haber hecho que los arios y los semitas se apartasen del resto de la masa de los bárbaros. Los nombres que designan animales son aún comunes á los arios de Europa y de Asia, pero de ningún modo lo son los de las plantas cultivadas.

La consecuencia de la formación de rebaños fué hacer que se eligiesen comarcas adecuadas para la vida pastoril; los semitas, en las praderas del Eufrates y del Tigris; los arios en las de las Indias, el Oxus y el Iaxartes, el Don y el Dnieper. En las fronteras de esos países de pastos es donde primero debieron de domesticarse animales de ganadería. Así, pues, á las generaciones posteriores paréceles que los pueblos pastores procedían de comarcas que, lejos de ser la cuna del género humano, eran, por el contrario, casi inhabitables para sus salvajes abuelos y hasta para gentes del estadio inferior de la barbarie. Y, á la inversa, en cuanto esos bárbaros del estadio medio se habituaron á la vida pastoril, nunca se les hubiera podido ocurrir la idea de abandonar voluntariamente las llanuras herbosas para volver á los territorios selváticos donde habitaron sus antepasados. Y ni aun cuando fueron rechazados más lejos les fué posible á los semitas y á los arios retirarse á las regiones de los bosques en el Asia occidental y en Europa, antes de haberlas puesto, por el cultivo de los cereales, en estado de alimentar sus ganados en este suelo menos favorable, y, sobre todo, de invernar en él. Es más que verosímil que el cultivo de los granos naciese aquí en primer término de la necesidad de forrajes para las bestias, y que hasta más tarde no se utilizasen aquéllos para alimentar al hombre.

La civilización superior de arios y semitas quizá deba atribuirse á la abundancia de la carne y de la leche en los territorios ocupados por estas dos razas, y en particular á su benéfica acción sobre el desarrollo de la infancia. Es un hecho que los indios de los pueblos de Nuevo México, que se ven reducidos á una alimentación casi exclusivamente vegetal, tienen un cerebro mucho más pequeño que los indios del estadio inferior de la barbarie, que comen más carne y pescado. En todos los casos, en el curso de este estadio desaparece poco á poco la antropofagia y no se sostiene ya sino como acto religioso ó como sortilegio, lo cual viene á ser casi lo mismo.

3.º Estadio superior.—Comienza con la fundición del mineral de hierro, y pasa al estado de la civilización con el invento de la escritura alfabética y su empleo para la notación literaria. Este estadio, que, como hemos dicho, no ha existido de una manera independiente sino en el hemisferio oriental, supera por los progresos de la producción á todos los anteriores juntos. A este estadio pertenecen los griegos de la época heroica, las tribus italas poco antes de la fundación de Roma, los germanos de Tácito, los normandos del tiempo de los Vikingos.

Ante todo, nos hallamos aquí con el arado de hierro arrastrado por animales, que hace posible el cultivo de la tierra en gran escala, la agricultura, y por lo mismo produjo un aumento prácticamente casi ilimitado de los medios de existencia para las condiciones de entonces; el arado es quien hizo aprovechables la tala de los bosques y su transformación en tierras de labor y en praderas, transformación imposible antes de que se introdujesen el hacha y la reja de hierro. Pero también resultó de ello un rápido aumento de la población y de la densidad de ésta en un espacio pequeño. Antes de la era de la agricultura, debió necesitarse de un estado de cosas muy excepcional, para que medio millón de hombres pudieran reunirse bajo una misma y única dirección central, y es de creer que esto no aconteció nunca.

En los poemas homéricos, principalmente en la Ilíada, es donde encontramos la época más floreciente del estadio superior de la barbarie. La principal herencia que los griegos llevaron de la barbarie á la civilización fué: trebejos de hierro perfeccionados, el molino de brazo, la rueda de alfarero, la preparación del aceite y del vino, el trabajo de los metales ascendido á la categoría de oficio artístico, la carreta y el carro de guerra, la construcción de barcos por medio de tablones y vigas, los comienzos de la arquitectura como arte, las ciudades amuralladas con torres y almenas, la epopeya homérica y el conjunto de la mitología. Si comparamos con esto la descripción hecha por César y hasta por Tácito, de los germanos, que estaban al principio del estadio de cultura, del cual iban á pasar los griegos á un grado más alto, vemos qué espléndido desarrollo de la producción. abarca el estadio superior de la barbarie.

El cuadro del desenvolvimiento de la humanidad á través del salvajismo y de la barbarie hasta los comienzos de la civilización, cuadro que acabo de bosquejar siguiendo á Morgan, es bastante rico ya en caracteres nuevos é innegables, puesto que están deducidos inmediatamente de la producción. Y, sin embargo, parecerá empañado é incompleto si se compara con el que se desarrollará al final de nuestro viaje; sólo entonces será posible presentar con toda claridad el tránsito de la barbarie á la civilización y el pasmoso contraste entre ambas. Pero desde ahora podemos generalizar así la clasificación de Morgan:

Salvajismo.—Período en que predomina la apropiación de productos naturales enteramente formados; las producciones artificiales del hombre están destinadas, sobre todo, á facilitar esa apropiación.

Barbarie.—Período de la ganadería y de la agricultura, y de adquisición de métodos de creación más activa de productos naturales por medio del trabajo humano.

Civilización.—Período en que el hombre aprende á elaborar productos artificiales, valiéndose de los productos de la naturaleza como primeras materias, por medio de la industria propiamente dicha y del arte.



  1. No debe tomarse en el sentido especifico, sino en el genérico de «semillas oleaginosas», como el coco, la castaña americana, etc.—(N. del T.)
  2. Esta palabra está en castellano en el original alemán. —(N. del T.)