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El origen de la familia, de la propiedad privada y del estado (1891)/Prólogo I

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PRÓLOGOS DEL AUTOR


I
PARA LA PRIMERA EDICIÓN, 1884.


La as siguientes páginas vienen á ser la ejecución de un testamento. Karl Marx había reservado para sí mismo la misión de exponer los resultados de los trabajos de Morgan en cuanto se relacionan con las conclusiones de sus propias tareas históricas (hasta cierto punto, pudiera decir que de nuestras tareas comunes) y hacer así resaltar todo su alcance. Morgan había descubierto de nuevo, á su modo, en América, la teoría materialista de la historia, que cuarenta años antes descubrió Marx; y en su paralelo entre la barbarie y la civilización había ido á dar con los mismos resultados esenciales que Marx. Y así como El Capital fué saqueado durante años por los economistas de profesión en Alemania, con tanto afán como empeño en guardar silencio acerca de ese libro, exactamente de la misma manera trataron los maestros en la ciencia «prehistórica» en Inglaterra al Ancient Society de Morgan[1]. Mi trabajo á duras penas puede suplir al que no pudo terminar mi difunto amigo. Sin embargo, tengo á la vista, junto con extractos detallados que hizo de la obra de Morgan, glosas críticas que reproduzco aquí dentro de los límites de lo posible.

Según la teoría materialista, el móvil esencial y decisivo al cual obedece la humanidad en la historia es la producción y la reproducción de la vida inmediata. A su vez, éstas son de dos clases. Por un lado, la producción de los medios de existir, de todo lo que sirve para alimento, vestido, domicilio y de los utensilios que para ello se necesitan; y por otro, la producción del hombre mismo, la propagación de la especie. Las instituciones sociales bajo las que viven los hombres de una época y de un país dados, están íntimamente enlazados con estas dos especies de producción, por el grado de desarrollo del trabajo y por el de la familia. Cuanto menos desarrollado está el trabajo, más restringida está la cantidad de sus productos, y, por consiguiente, la riqueza de la sociedad, más subordinado se halla el orden social á los vínculos de la consanguinidad. En esa organización de la sociedad fundada en los lazos de familia, cada vez es menos productivo el trabajo; con ella progresan la propiedad privada y el cambio de productos, la diferencia de fortunas, la valoración de la mano de obra extraña, y, por consiguiente, los antagonismos de clases: elementos sociales, nuevos todos ellos, que con el transcurso de las generaciones se esfuerzan por adaptar la antigua constitución social á nuevas condiciones, hasta que á la postre la incompatibilidad entre una y otras acarrea una completa revolución. La sociedad antigua, cimentada en la consaguinidad, desaparece entre el choque de las clases sociales recién formadas; y cede el paso á una sociedad nueva resumida en el Estado, cuyas unidades constituyentes ya no son lazos de familia, sino vínculos locales, una sociedad donde el orden de la familia está completamente sometido al orden de la propiedad, y en el seno de la cual tienen libre curso esos antagonismos y esas luchas de clase que componen hasta hoy toda la historia escrita.

El gran mérito de Morgan consiste en haber descubierto y reconstituido con sus principales rasgos esa base prehistórica de nuestra historia escrita, y haber hallado en las asociaciones de raza de los indios de la América del Norte la clave que nos permite descifrar los enigmas más importantes é insolubles hasta ahora, de la historia de las antigüedades griega, romana y germánica. Pero su obra no es labor de un día: necesitó luchar cerca de cuarenta años con su asunto para enseñorearse por completo de él. También, por eso, su libro es una de las escasas obras de nuestro tiempo que forman época.

En la exposición de hechos y doctrinas que sigue, el lector distinguirá con facilidad entre lo que pertenece á Morgan y lo agregado por mí. En la parte histórica relativa á Grecia y á Roma no me he atenido á los documentos suministrados por Morgan, sino que he añadido aquellos de que disponía yo. La parte que trata de los celtas y de los germanos es mía esencialmente; acerca de este punto, Morgan sólo disponía de documentos de segunda mano, y en lo que se refiere á los germanos, aparte de Tácito, no tuvo á la vista sino las malas falsificaciones liberales de M. Freeman. He reformado de nuevo todas las deducciones económicas que en Morgan bastaban para su propósito, pero eran insuficientes en absoluto para el mío. Y, por último, claro es que soy responsable de todas las conclusiones, mientras no cite expresamente á Morgan.



  1. Ancient Society, or Researches in the Lines of Human Progress from Savagery, through Barbarism to Civilization By Lewis H. Morgan, London, Maemillan and C.°, 1877. Este libro fué impreso en América, y es muy difícil de encontrar en Londres. El autor ha muerto hace algunos años.