El perro del hortelano: 70

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Acto Tercero
Pág. 70 de 95
El perro del hortelano Acto III Lope de Vega


TRISTÁN. Yo he menester agora cien escudos.


RICARDO. Cincuenta tengo en esta bolsa; luego

que yo os vea en su casa de Diana,
os ofrezco los ciento y muchos cientos.

TRISTÁN. Eso de muchos cientos no me agrada.

Vayan vusiñorías en buen hora,
que me aguardan Mastranzo, Rompe-muros,
Mano de hierro, Arfuz y Espanta-diablos,
y no quiero que acaso piensen algo.

RICARDO. Decís muy bien; adiós.


FEDERICO. ¡Qué gran ventura!


RICARDO. A Teodoro contalde por difunto.


FEDERICO. El bellacón, ¡qué bravo talle tiene!


Váyanse FEDERICO, RICARDO y CELIO.

TRISTÁN. Avisar a Teodoro me conviene.

Perdone el vino greco, y los amigos.
A casa voy, que está de aquí muy lejos.
Mas éste me parece que es Teodoro.

Sale TEODORO.

TRISTÁN. Señor, ¿adónde vas?


TEODORO. Lo mismo ignoro,

porque de suerte estoy, Tristán amigo,
que no sé dónde voy ni quién me lleva.
Solo y sin alma, el pensamiento sigo
que al sol me dice que la vista atreva.
Ves cuánto ayer Diana habló conmigo.
Pues hoy de aquel amor se halló tan nueva
que apenas jurarás que me conoce,
porque Marcela de mi mal se goce.

TRISTÁN. Vuelve hacia casa; que a los dos importa

que no nos vean juntos.

TEODORO. ¿De qué suerte?


TRISTÁN. Por el camino te diré quién corta

los pasos dirigidos a tu muerte.

TEODORO. ¿Mi muerte? Pues ¿por qué?


TRISTÁN. La voz reporta

y la ocasión de tu remedio advierte:
Ricardo y Federico me han hablado,
y que te dé la muerte concertado.


<<<
>>>