El pino: 2

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El pino Hans Christian Andersen


-¿A dónde los llevarán?-preguntó el pino.

-No son mayores que yo, hasta había uno que era más pequeño. ¿Por qué les dejarían las ramas?¿A dónde van?

-¡Nosotros lo sabemos, nosotros lo sabemos!-chirriaban los gorriones.-Abajo en la ciudad hemos mirado por las ventanas.¡Nosotros sabemos a dónde van!¡Ah!,¡alcanzan la mayor gloria que se puede imaginar! ¡Hemos mirado por las ventanas y visto que los plantan en medio de la habitación y los adornan con los más preciosos objetos, manzanas doradas, bollos, juguetes y centenares de luces!

-¿Y después?-preguntó el pino temblando en todas sus ramas.-¿y después? ¿Qué sucede después?

-¡Ah!, nosotros no hemos visto más.¡Era incomparable!

-¿Será mi suerte también llegar a tanta gloria?-pensaba con regocijo el arbolito.-¡Es mejor aún que pasar el mar!¡Ojalá fuera Navidad! Ahora estoy alto y crecido como los que se llevaron la última vez. ¡Quién estuviera ya en el carro, en la hermosa habitación!...¿Y después? Sí, después vendrá algo mejor, aún más hermoso, si no, ¿por qué me adornarían tanto? ¡Después vendrá algo más grande todavía, más espléndido!¿Por qué?¡Oh, yo sufro, la impaciencia me devora; no se lo que me pasa!

-Regocíjate de mí-dijeron el aire y la luz del sol; -¡alégrate de tu juventud aquí en el campo!

Pero el arbolito no se alegraba; crecía y crecía, verde y hermoso, invierno y verano. Las personas que le veían decían:

-¡Qué hermoso árbol!

Y por Navidad le cortaron el primero de todos. El hacha lo atravesó, y lanzando un suspiro el árbol cayó. Sintió un dolor, un desvanecimiento que no le dejaron pensar en la dicha. Estaba afligido de separarse del lugar, del sitio donde había nacido. Sabía que no volvería a ver más a los queridos amigos, a los pequeños arbustos y a las flores de alrededor, y acaso ni aún a los pajaritos. La marcha le causó mucha pena.

No volvió en sí el árbol hasta que llegados al patio le descargaron con los demás árboles y oyó decir a un hombre:

-¡ Este es magnífico, me hace falta otro!

Inmediatamente se acercaron dos lacayos y se llevaron el pino a una espléndida sala grande. Colgaban de las paredes grandes retratos y sobre la chimenea había grandes jarrones chinos con leones en por tapas; había aquí mecedoras, sofás con fundas de seda, grandes mesas cubiertas de libros, de estampas y juguetes que valían mas de cien monedas: por lo menos así lo decían los niños. El pino fue colocado en un gran tiesto lleno de arena que taparon con un paño verde y lo pusieron sobre una alfombra de varios colores. ¡Ah! , ¡cómo temblaba el árbol! ¿Qué le pasaría ahora? Los criados y las señoritas vinieron y le adornaron. Colgaban en sus ramas pequeñas redes cortadas de papel de colores y cada red estaba rellena de bombones. Manzanas y nueces doradas y unas cien luces blancas, azules y encarnadas fueron sujetadas en las ramas. Muñecas, que parecían seres humanos, - el árbol no había visto nunca otras como éstas, - estaban suspendidas de las ramas, y arriba del todo, en la copa, brillaba una estrella de oro. ¡Era magnífico! ¡Incomparable! -¡Esta noche, - decían todos, - esta noche como brillará



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