El pino: 6

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El pino Hans Christian Andersen


En el patio jugaban algunos niños que la Nochebuena habían bailado alrededor del árbol, y habían estado tan contentos. El más pequeño fue y arrancó la estrella de oro.

-¡Mira lo que hay todavía sobre el feo pino viejo!- exclamó, y pisó las ramas que crujían bajo sus pies.

Y el árbol contempló las magníficas flores del jardín, contemplose luego a sí mismo, y deseaba haberse quedado en el oscuro rincón, allá en la guardilla. Recordó su juventud en el bosque, la Nochebuena y los ratoncillos que tan contentos habían escuchado el cuento de Clumpe-Dumpe.

¡Pasado, pasado!-Suspiraba el pobre árbol.¿Por qué no gozaría cuando aún podía? ¡Pasado, todo ha pasado!

El criado vino y cortó el árbol en mil pedazos, había allí un montón de leña, vivas llamas se elevaron debajo de la gran caldera.

Suspiró, y cada suspiro sonaba como un pequeño tiro, por lo que acudieron los niños y sentándose alrededor de la hoguera la miraban gritando: ¡ Pif, paf! – Pero a cada estallido, que era un suspiro profundo, el árbol recordaba un día de verano en el bosque, una noche de invierno bajo el cielo estrellado. Recordaba la Nochebuena y Clumpe-Dumpe, el único cuento que había oído y que sabía contar. – y después el árbol fue quemado enteramente.

Los niños jugaron en el patio y el más pequeño tenía sobre el pecho la estrella de oro que el árbol había llevado la Nochebuena pasada. Había pasado y con ella también el árbol con su cuento.¡Pasado, pasado, y así pasa con todos los cuentos!



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