El príncipe y el mendigo : notas

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Uno oye mucho de las "odiosas Leyes Azules de Connecticut" y por lo general experimenta un piadoso escalofrío cuando se las menciona. Existen gentes en América –¡y aun en Inglaterra!– que piensan fueron un monumento de malignidad, falta de compasión e inhumanidad; sin embargo, en realidad fueron el primer paso para hacer desaparecer las atrocidades judiciales que el mundo civilizado presenció hasta entonces. Este humano y bondadoso código de las Leyes Azules, de hace doscientos cuarenta años habla por sí mismo, con siglos de leyes sanguinarias antes de su existencia, y casi un siglo y tres cuartos de sangrienta legislación inglesa, después de él.

Nunca existió una época bajo las Leyes Azules o bajo otras en que más de catorce delitos fuesen castigados con la pena de muerte de Connecticut. Pero en Inglaterra, aún recuerdan hombres sanos de cuerpo y mente que el número de delitos castigados con la pena de muerte llegaba a doscientos veintitrés. Vale, pues, la pena conocer estos hechos y meditar sobre ellos. Véase: Dr. I. Hammond Trumbun, Las Leyes Azules, falso y verdadero, p. 11.



El príncipe y el mendigo de Mark Twain

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