El premio del bien hablar: 049

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El premio del bien hablar Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


MARTÍN:

  Suceso estraño y último sosiego
de tu temor; más breve fue mi historia.
Por la mulata, a la cocina llego,
que andaba en esos pasos de tu gloria.
Dormía, echado en el umbral del fuego
un mastín que pudiera andar la noria.
Siento roncar, y paso a paso aplico
la humilde boca al temerario hocico;
  pero, a penas la boca en él repara
que olía a pepitoria, y no a camuesas,
cuando, ladrando, me agarró la cara
y en los carrillos me estampó las presas;
pues luego mi fortuna en eso para,
quiero correr, tropiezo en dos artesas,
y doy en la espetera con la frente,
despertando los gatos y la gente.
  Cuál me salta a la cara, cuál me agarra
por una pantorrilla, pierdo el tino,
muero en el puerto, y sin hallar la barra,
por embocar la puerta, desatino.
¿Qué galgo con cencerro o con guitarra,
sacudiendo la cola, huyendo vino
por las Carnestolendas, como salgo?
Las manos dejo, y de los pies me valgo.
  Pero ya que salí de la cocina,
huyendo del ladrante seguimiento,
por ir al aposento de Rufina,
de las conservas hallo el aposento.
¡Oh, bien haya don Juan la luz divina,
de cuanto vive, lustre y ornamento,
pues con ella a tus ojos he llegado,
oloroso, mordido y arañado!


El premio del bien hablar de Lope de Vega

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