El refranero general español/Prólogo del tomo V
PRÓLOGO.
La obra maestra de Cervántes ha sido fecunda no sólo en acontecimientos sociales de todo género, con ocasión de conseguir «poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías»[1], sino también á causa de las producciones literarias de más ó menos mérito y extensión á que diera márgen tanto en el suelo patrio cuanto en el extranjero, ya en la jurisdiccion de la critica, ora en el terreno del comentario, bien en la esfera de la imitacion[2].
Ajeno á nuestro propósito el formular aquí un catálogo, siquiera incompleto, de las unas y de las ótras, como asimismo el descender á explayar ahora las hondas consideraciones que á nuestra mente afluyen con motivo de la gran revolución que llevára á cabo Cervántes en el terreno social y religioso por medio de su Quijote, vamos á dar á nuestros lectores cuenta correlativa y detallada del mérito y de las circunstancias que militan a favor de los tres opúsculos cervantólogos que componen este tomo V de El Refranero General Español, el cual tengo la imponderable honra de dedicar A los Cervantófilos españoles y extranjeros.
I.
Instrucciones económicas y políticas, dadas por el famoso Sancho Panza, gobernador de la Ínsula Barataria, á un hijo suyo, apoyándolas con refranes castellanos, en que le prescribe el método de gobernarse en todas las edades y empleos. Segunda impresion aumentada con otra Instruccion. Las da á luz D. A. A. P. y G. Con licencia. Madrid. En la Imprenta Real. MDCCXCI.
Tal es el título del primero de los folletos que hoy sale nuevamente á luz, el cual es tan raro, que no he logrado hasta de presente ver más ejemplar que el que posco (8.°, 64 págs.), no habiéndome sido posible traer á la vista la primera edicion, hecha probablemente en el año anterior, esto es, en el de 1790. Don Cayetano Alberto de la Barrera sólo da cuenta de la segunda en las reseñas bibliográficas que insertó en la «Crónica de los Cervantistas,» única que menciona igualmente Salvá en su Catálogo de Londres, bajo el número 1094, y al cual se refiere el gran paremiólogo de Francia, monsieur Duplessis, si bien incurriendo en inexactitudes propias de quien no llegó á ver el libro ni áun por el forro tales como estampar la fecha con diez años de anticipacion, y figurarse que el autor de este opúsculo había recopilado bajo un órden metódico, y segun un plan determinado, los numerosos refranes puestos por Cervantes en boca de Sancho Panza: lo cual no es así, como de ello hablarémos á su debido tiempo[3].
Pero si he logrado ver, y de él soy igualmente poseedor, un papel impreso sin título ni nombre de autor (8.°, 25 págs.) en que es satiriza la Instruccion que salió á luz en la primera edicion, y que por lo raro y curioso, ya que nó por lo fundado y procedente de su contenido, se me permitirá que lo traslade al fin de este tomo, en obsequio de los Cervantistas[4].
Y dejando á un lado el espiritu moral de estas Instrucciones, de las cuales dice con bastante acierto el referido La Barrera que están «muy bien escritas, con excelente doctrina, y perfectamente ajustadas á los refranes,» etc., vengamos ahora á echar una ojeada por su indole filológica, deducida de la paremiologia, objeto principal de mis aficiones literarias, y tema obligado naturalmente de El Refranero General Español.
Ocúrreseme decir, ante todo, como muchos de los refranes usados en estas Instrucciones por Sancho Panza, los más, no se hallan en el Quijote: tambien es verdad (y dicho sea esto con el debido respeto y guardadas las proporciones requeridas) que al concluir S. Juan su Evangelio manifiesta terminantemente que no todo lo que hizo Jesus está escrito, lo cual puede autorizarnos en cierta manera á decir que no todo cuanto habló Sancho se ha conservado en la crónica de Cide Hamete Benengeli.
Asimismo, al proponerse recopilar el autor anónimo de estas Instrucciones, en un indice alfabético colocado al fin de su trabajo, los refranes esparcidos por el contexto de ellas, fué tan poco escrupuloso en su recuento, que omilió apuntar en dicho indice sobre unas setenta de dichas locuciones. Yo he creido de mi deber el salir al encuentro de semejante omision, haciendo un indice completamente nuevo, tanto en vista de aquella falta, cuanto porque reproduciéndose esta obrila segun la ortografia moderna, y hallándose dispuesto el agregado de estos refranes mediante el órden alfabético segun lo pide la letra inicial de cada refran, no puede conformarse siempre la colocacion actual con la primitiva, tratándose, v. g., de palabras que hoy se escriben con C y antiguamente con Q, como se verifica en el vocablo Quando.
Apúntanse en esta obrila algunos refranes que, conferidos con la forma usual y constante en que suelen enarrarse, presentan variantes dignas de ser tenidas en consideracion por los hombres estudiosos de nuestra lengua. Sirvan de ejemplo:
El Abad de Vamba, de lo que canta yanta;
Para hombre pobre, paño fino y caldera de cobre; cepa moural y castaña de frial.
Del primero de estos refranes diré que lo comun es citarlo de esta manera:
El abad, de lo que canta yanta,
El abad, de donde canta yanta,
El Abad de Bamba, lo que no puede comer dalo por su alma[5]. Tocante al segundo, me cumple manifestar que ernan Núñez lo cita así:
Al hombre pobre, capa de pardo y casa de robre, taa de plata y olla de cobre;
Escudero pobre, taza de plata y olla de cobre,
Y ya que acabo de mentar el pan nuestro de cada dia, quiero decir, la carencia de vocablos en nuestros diccionarios, permitaseme citar, entre otras, las voces amular y madurecer, autorizadas en los dos siguientes refranes que figuran en este opúsculo:
Ni tan vieja que amule, ni tan moza que retoce. (Página 26.)
Con el tiempo madurecen las uvas.(Pág. 28.)
Pero mucho nos vamos deteniendo ya en el exámen de la primera de las obritas aquí reimpresas, y aún nos queda que andar. Digamos, por conclusion, que estas Ilustraciones ó Cartas merecieron ser contestadas, de cuya contestacion, que insertamos á seguida en el presente volúmen, nos cumple dar cuenta al lector en el párrafo siguiente.
II.
El verdadero autor de las Respuestas de Sanchico Panza (8.0, port., XII—58) es Don Alejandro Ramirez, pues el nombre que figura en la portada de dicho opúsculo es completamente anagramático, con sola la duplicacion de las letras ny r, y la sustitucion, segun ia ortografia moderna, de la j por la x. Lo modesto cuanto poco conocido de los antecedentes de dicho sujeto, junto con la rara circunstancia de haber escrito este ingenioso folleto á la tierna edad de quince años no cumplidos, son agentes poderosos que, á pesar de no reclamarlo la indole que he juzgado conveniente comunicar á mi obra, me estimulan á sentar aquí siquiera cuatro rasgos biográficos tribulados á su buena memoria, y debidos á las indicaciones hechas á mí por su hijo cl Excelentísimo Sr. D. Alejandro Ramirez de Villa—Urrutia, con cuya fina amistad me honro.
Nació D. Alejandro Ramirez y Blanco de pobres, pero honrados labradores, en Alaéjos, villa de la provincia de Valladolid, á 25 de Febrero de 1777.
Su precoz inteligencia y amor al saber llamaron muy luego vivamente la atencion de un ilustrado y benemérito convecino suyo, el presbítero D. Manuel Méndez, prebendado de la catedral de aquella ciudad, quien se lo llevó á su casa para que cultivára á su lado las buenas prendas que despuntaban en su claro entendimiento. Trece años contaba de edad, cuando habiéndose tardado involuntariamente una noche en regresar al domicilio bienhechor, y pasada la hora de la queda. tropezó con una ronda que lo condujo á un cuerpo de guardia, donde se encontró con un malhechor tambien detenido, quien se ofreció á consolarle y hacerle enjugar sus lágrimas á trueque de perniciosos consejos que se lisonjeó fructificarian, sinó en el corazon, por lo menos en la mente inexperta y sencilla del jóven; pero la divina Providencia, que vela incesante sobre la inocencia desamparada, le arrancó á las garras feroces de aquel malvado, manteniéndole incólume en sus principios religiosos, si bien el empacho de presentarse ante su protector, le sugirió el designio, que llevó a cabo al ser puesto en libertad la mañana siguiente, de tomar el camino de Madrid, mediante la caridad que con él ejerciera un arriero conocido suyo. Llegado á la Córte, se apersonó con D. Pablo Arribas, del comercio de libros, el cual, noticioso de su buena forma de letra, le ofreció proporcionarle una colocacion de escribiente en casa de D. Jacobo de VillaUrrutia, corregidor de Alcalá de Henares y sobrino del cardenal de Toledo, Sr. Lorenzana, como así se lo cumplió.
Una vez constituido allí, se condujo tan á satisfaccion de su nuevo padrino, que, habiendo sido luego destinado éste á América, no tardó en llevárselo á su lado, llegando algunos años despues nuestro jóven á contraer matrimonio con la hija de aquél, doña Mercedes.
Los puestos que allí ocupára el sujeto que promueve esta justa conmemoracion, fueron de todo punto distinguidos, terminando sus dias á la edad de cuarenta y cuatro años, cuando desempeñaba el cargo de Superintendente general de la Real Hacienda en la isla de Cuba; su laboriosidad, como hombre de letras, fué incansable, mereciendo en atencion á sus varios interesantes escritos sobre topografia, rentística, etc., que la Academia de la Historia le extendiera el diploma de socio correspondiente.
Es muy cierlo que, á semejanza del Paralitico de Bethsaida, no hay hombre sin hombre; pero tambien lo es que á quien se ayuda Dios le ayuda. Ramírez fué uno de esos hombres que deben su elevada posicion, en gran parte, á su estudio, desvelo, laboriosidad y comportamiento recto y justificado: posicion tanto más recomendable cuanto poco comun, y tanto más honorífica cuanto que no es heredada, como acontece con no pocos arislócratas de la sangre de sus abuelos, á cuya digna memoria tan mal suelen corresponder; ni improvisada, como se verifica en la mayoría de los aristocratas del dinero que en la infausta éra actual chupan la sangre de sus hermanos hasta conseguir dejarlos exhaustos completamente.
El folleto que me ha dado pié para hacer esta breve reseña biográfica de su autor, no carece de mérito en cuanto á la esencia, ni de travesura en cuanto á la forma, estando, además, bien desempeñado y sostenido el carácter del hijo del gobernador de la Insula Barataria.
Hállanse, á imitacion de las Instrucciones que promueven estas Respuestas, colegidos alfabéticamente al fin los refranes dispersos por el contexto de ellas, algunos de los cuales, ó yo me engaño mucho, ó son forjados por la mente despejada y chispeante del jóven autor; y como quiera que haya incurrido éste, igualmente que su original, en la omision de algunos refranes al formular dicho indice, de ahí que me haya tomado yo la libertad de redactar otro nuevo con el objeto de llenar semejantes lagunas. Tocante á la rareza de este opúsculo, baste decir que sólo conozco dos ejemplares, á saber: el que posee el hijo del autor, y ótro que es de mi propiedad.
III.
No tan raro, ni con mucho, como los dos folletos de que acabo de hacer mencion, si bien no muy comun, el Teatro Español burlesco, he creido conveniente dar cabida en el presente volúmen á esta linda y de pocos conocida produccioncita, obra póstuma de D. Cándido María Trigueros, la cual salió á luz por vez primera en un tomo en 8. de XXIV—160 páginas.
Tuvo por objeto su autor hacer una crítica burlesca, pero fundada, de nuestro teatro, así tocante á los poelas cuanto a los actores; y como quiera se valió del similia similibus para combatir aquella afeccion literaria (tratar, que dirían nuestros actuales médicos, y lo digo en frances para que se me entienda mejor) al modo que intentara Cervantes dar al traste con la lectura de los libros de caballería por medio de una novela caballeresca, de ahí que estimó conveniente poner á su obra por segundo título el de Quijote de los teatros.
La invencion de esta especie de novelila no carece de ingenio en materia tan reducida; su disposicion se halla bien manejada hasta el fin; los caractéres y costumbres de los personajes están bien descritos, y tanto, que se transparentan algunos de los individuos reales y verdaderos que se hallan disfrazados bajo aquellos nombres supuestos; el lenguaje es bastante castizo, como el que solía emplear su autor en todos sus escritos; y el estilo, XVIII mezcla de humilde y templado, se halla sazonado con multitud de chistes y refranes, causa que justifica por una parte la insercion de esta obrila en el REFRANERO, Y por otra, la extraccion de dichos Refranes colocados en indice aparte al final de ella en la presente reproduccion, por obtemperar yo á la conducta que siguieran los autores de los dos folletos que en este volúmen preceden al que nos ocupa en la actualidad. Ciento nueve son los refranes que, salvo yerro ú omision, he hallado diseminados por las páginas de este opúsculo, siguiendo su colocacion alfabética la misma forma que la de los otros dos, áun cuando nada melódica, pues no conceptúo yo método el colocar una serie de refranes por el órden que pide, segun el abecedario, la letra inicial de cada palabra: es muy cierto que así lo practicaron nuestros primitivos y más respetables y autorizados depositarios de las verdades que atesora el vulgo, bajo el dictado de Refranes, Adagios y Proverbios, en sus especiales colecciones, por cuya razon me parece que alguna indulgencia merecen sus imitadores. De todos modos, entre los refranes dispersos por el Teatro Español burlesco hállase alguno que otro no muy comun; circunstancia que, unida al buen desempeño de medios que convergen un fin no menos bueno, hacen sumamente recomendable esta obrila á los ojos de toda persona de gusto, y realizan uno de los propósitos de la presente coleccion, cual es, si el lector no lo ha echado en olvido, unir lo útil con lo agradable.
IV.
Hemos llegado á los Apéndices.
Ya manifesté al principio de este Prólogo como la obra inmortal de Cervantes había dado pié á diversidad de producciones literarias de más ó ménos mérito y extension, tanto en el suelo patrio cuanto en el extranjero, ora en la jurisdiccion de la critica, ora en el terreno del comentario, ya en la esfera de la imitacion. Pues bien: la ciencia gnómica del escudero de Don Quijote, quien, como confiesa él mismo, no tenía más hacienda ni otro caudal alguno que refranes y más refranes; de aquel palurdo, pero palurdo con muchisisima la gramática parda (andalucismo se llama esta figura), á quien dijera su amo y señor en cierta ocasion: «toda esa gordura y esa personilla que tienes no es otra cosa que un costal lleno de refranes y de malicias.....» esa ciencia gnómica, repito, ha venido á ser bautizada por la posteridad con el nombre de Filosofía de Sancho, y en tal supuesto adjudicó semejante título Mr. Ferdinand Denis á un escrito que dió á luz en París el año de 1854, y que, traducido algo libremente por mi para darle cabida en EL REFRANERO, figura como primer Apéndice al presente tomo[6].
El segundo y último de dichos Apéndices lo forma, como ya insinué arriba, un papel sin título ni nombre de autor, mejor dicho, sin nombre de autor, pero con el título á la cola, á guisa de esas mesas en que se sirve la fruta antes de la sopa, verdadera protesta contra aquel proverbio del Lacio:
Ahora bien, leido este papelejo, y leida la primera Instruccion que es quien lo motiva, salta repentinamente á la vista la sinrazon del impugnador anónimo de dicho opúsculo, máxime tratándose de solos ¡cuatro cuartos! que era todo el caudal empleado en la adquisicion de aquel folleto. ¿Sería, por ventura, el tal impugnador algun enemigo embozado de D. A. A. P. y G.? ¿Sería....acaso, el mismo mismísimo D. A. A. P. Y G.? Averigüelo Várgas. Entre tanto, ni yo sé quién escribió aquella sátira, m, por más diligencias que al efecto he practicado, qué nombre se esconde bajo las iniciales que figuran en la portada del folleto que promoviera semejante infundada crítica, ya fuera hija de la inquina, ya debiera su nacimiento á la idea de ser un verdadero buscapié que produjese la más pronta y segura venta de dicha Instruccion. Sea de ello lo que quiera, el hecho es que no tardó en darse á la estampa una Segunda impresion aumentada con otra Instruccion, y es, como llevo manifestado, la que se reproduce en el presente tomo de EL REFRANERO.
Tocante á lo que en el papel del impugnador, sea verdadero ó fingido, se apunta en órden á que dentro de mil años verán los sabios que Sancho Panza no sólo no era ignorante, sino que hablaba en latin, digo, 1.: Que de erudito blasonaba el Sancho de Cervantes al decir (P. 1.°, cap. XX) que el principio que los antiguos dieron á sus consejas no fué así como quiera, que fué una sentencia de Caton Zonzorino romano;» y 2.: Que todo el latin que habla el Sancho de estas Instrucciones se reduce á la siguiente frase: per se, et per accidens, á la manera que el Sancho primitivo dijera en otra ocasion (Id. cap. XXV), siquiera en latin macarrónico, que quien ha infierno nulla est retentio»[8]. Demás de que, todo esto podria probar en último resultado que, nunca han fallado gobernadores, ni generales, ni alcaldes, ni oradores, ni otras muchas individualidades ex omni tribu, et lingua, et populo, et natione, que yo me sé y no hay para qué mostrar ahora con sus pelos y señales, verdaderas nombradías usurpadas que, no pudiendo hablar de propia cosecha, lo hicieran por boca de ganso. ¡Con cuánta razon decía un chusco á este propósito, que el dia del Juicio final se descubrirá, entre otros misterios, cuales son los verdaderos padres de ciertos hijos, y quiénes los verdaderos autores de ciertos libros !....
Pero pongamos ya término á la presente prefacion.
Al tratarse de refranes, por fuerza tiene que resaltar la personalidad de Cervantes, que tan buen uso supo hacer de ellos en boca de sus múltiples personajes, y singularmente en la de Sancho, y áun en su Entremes de Refranes, dado caso que esta produccion le pertenezca.
Con tal motivo he creido de mi deber destinar el presente tomo de mi REFRANERO á servir de receptáculo á obras que se refieren al Principe de nuestros ingenios, dedicándolo A los Cervantófilos españoles y extranjeros; por esta razon, tambien, he juzgado conveniente reservar et tomo VI de la presente coleccion paremiológica para probar la Intraducibilidad del Quijote, pensamiento ligeramente manifestado por mí en un artículo que publicó La Ilustracion Española y Americana en su número correspondiente al 1. de Mayo de 1872, y pensamiento que, habiendo sido refutado mediante cierta argumentacion especiosa empleada por un literalo sevillano, me empeña á desarrollarlo con la mayor extension, claridad y fijeza posibles.
- ↑ Quijote, p. II, hácia el fin.
- ↑ El Apéndice I que va al fin de este tomo, es una prueba, entre otras muchas, del gran aprecio en que tienen los extranjeros no sólo á Don Quijote, sino á cuanto á su personalidad pueda referirse, por aquello de que Quien bien quiere á Beltran, bien quiere á su can.
- ↑ He aquí las palabras de Duplessis en su Bibliographie parémiologique, pág. 309:
«L'idée de recueillir dans un ordre méthodique, et d'aprés un plan déterminé, les nombreux Proverbes que Cervantés a mis dans la bouche de Sancho me paralt fort heureuse, et l'ouvrage doit tre agréable, si l'auteur a su mettre en uvre avec talent les curieux matériaux qu'il avait á sa disposition.»
- ↑ Véase Apéndice II.
- ↑
Así se denomina y escribe hoy (Bamba) una villa situada á tres leguas de Valladolid, y es la antigua Gérticos segun la opinion más probable. El nombre actual lo debe al hecho siguiente: Habiendo pasado Recesvinto á convalecer de una enfermedad grave desde Toledo á Gérticos, pueblo de su patrimonio, y muerto al fin en aquella localidad, pusieron todos la mira en Wamba, que se hallaba presente á la sazon. Mas como quiera que éste se resistiese á aceptar cargo tan espinoso, se aproximó á él un opcial que, amenasándole con la punta de su espada, le dijo: «Has de ser rey como te hemos elegido, ó, de lo contrario, morirás á mis manos.» Diez y nueve dias despues era ungido solemnemente Wamba en la Catedral de Toledo por Quirico, prelado á la sazon de aquella diócesis. Resistencia tan marcada, y en todos tiempos tan inaudita, á aceptar la realeza, fué causa de trocar el nombre de Gérticos por el de Wamba, que el comun de las gentes y de los geógrafos escribe y pronuncia Bamba.
El cuerpo de Recesvinto fué sepultado en el monasterio que habia en aquella localidad, de Templarios probablemente, hoy parroquia, y desde allí fué trasladado á la basilica de Santa Leocadia de Toledo, por orden del rey D. Alonso el Sabio.
Volviendo al refran que promueve esta larga nota, diré, por lo que atañe á su origen: que aplicándose su significacion á reprender á aquéllos que dan lo que les es inútil, ó no les aprovecha, es de presumir que naciera de la conducta, espléndida en virtud de la necesidad, observada por algun abad del monasterio de Santa Maria de Wamba, y cuyo nombre tal vez pueda ser descubierto en su dia, hoy que la aficion á desentrañar los orígenes históricos va en auge, y cuando los medios para conseguirlo son tambien más expeditos de lo que eran antiguamente.
- ↑ Le Brahme voyageur, ou la Sagesse populaire de toutes les nations, es el titulo de la obra escrita por M. Ferdinand Denis, precedida del Essai sur la philosophie de Sancho. Ambos trabajos fueron perversamente traducidos al castellano y publicados en Valencia el año de 1837 en la imprenta de Cabreriso (1 vol. en 16.°
de 335 páginas), con la siguiente portada: Los Viajes de un Bracma, ó la Sabiduría popular de todas las naciones: precedida de un Ensayo sobre la filosofia de Sancho. A esta obra alude, pues, el autor al hablar de los proverbios provenzales que habia introducido en ella (pág. 173 de esta reproduccion).
Por lo que respecta á los datos bibliográficos, escasos cuanto erróneos, que apronta al final de dicha nota M. Denis, quien guste de verlos aumentados y rectificados consulte mi libro intitulado Monografía sobre los Refranes, Adagios y Proverbios castellanos, y las Obras ó Fragmentos que expresamente tratan de ellos en nuestra lengua, » el cual, suspenso algunos meses en su impresion por mis muchas ocupaciones, no tardará en salir al público, tan luego como las mismas me lo permitan.
- ↑ Era costumbre entre los antiguos Romanos empezar sus cenas por huevos, y acabarlas por manzanas u otro género de frutas: de ahi el proverbio arriba citado, para manifestar alguna accion no interrumpida Desde el principio hasta el fin.
- ↑ De todos modos, y áun cuando expresado por rústicos términos lo de Censorino y lo de quia in inferno nulla est redemptio, me parece, dicho sea sin agraviar en lo más mínimo la buena memoria de Cervantes, que eran éstas demasiadas honduras ya para la capacidad de un pobre labriego como Sancho Panza, ayuademás, de saber leer ni escribirno.