El rufián dichoso: 09

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Acto I
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El rufián dichoso Acto I Miguel de Cervantes


LUGO

Digo, en fin, que es tal el fuego
que a este amante abrasa y fuerça,
que quiere vsar de la fuerça 385
en cambio y lugar del ruego.
Robar quiere a vuestra esposa,
ayudado de otra gente
como yo, desta valiente,
atreuida y licenciosa. 390
Hame dado cuenta dello,
casi como a principal
desta canalla mortal,
que en hazer mal echa el sello.
Yo, aunque soy moço arriscado, 395
de los de campo traues,
ni mato por interes,
ni de ruyndades me agrado.
De ayudalle he prometido,
con intento de auisaros: 400
que es facil el repararos,
estando assi preuenido.


MARIDO

¿Soy hombre yo de amenazas?
Tengo valor, ciño espada.


LUGO

No ay valor que pueda nada 405
contra las traydoras trazas.


MARIDO

En fin, ¿mi consorte ignora
todo este quento?


LUGO

Assi ella
os ofende, como aquella
cubierta y buena señora. 410
Por el cielo santo os juro
que no sabe nada desto.


MARIDO

De ausentarla estoy dispuesto.


LUGO

Esso es lo que yo procuro.


MARIDO

Yo la pondre donde el viento 415
apenas pueda tocalla.


LUGO

En el recato se halla
buen fin del dudoso intento.
Retiradla, que la ausencia
haze, passando los dias, 420
boluer las entrañas frias
que abrasaua la presencia;
y nunca en la poca edad
tiene firme assiento amor,
y siempre el moço amador 425
huye la dificultad.


MARIDO

El auiso os agradezco,
señor Lugo, y algun dia
sabreys de mi cortesia
si vuestra amistad merezco. 430
El nombre saber quisiera
desse galan que me acosa.


LUGO

Esso es pedirme vna cosa
que de quien soy no se espera.
Basta que vays auisado 435
de lo que mas os conuiene,
y este negocio no tiene
mas de lo que os he contado.
Vuestra consorte, inocente
està de todo este hecho; 440
vos, con esto satisfecho,
hazed como hombre prudente.


MARIDO

Casa fuerte y heredad
tengo en no pequeña aldea,
y llaues, que haran que sea 445
grande la dificultad
que se oponga al mal intento
desse atreuido mancebo.
Quedaos, que en el alma lleuo
mas de vn vario pensamiento. 450

 
(Vase el MARIDO.)

  

DAMA

Entre los dientes ya estaua
el alma para dexarme;
quise, y no pude mudarme,
aunque mas lo procuraua.
¡Mucho esfuerço ha menester 455
quien, con traydora conciencia,
no se alborota en presencia
de aquel que quiere ofender!


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