El rufián dichoso: 28

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Acto II
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El rufián dichoso Acto II Miguel de Cervantes


CRUZ.

Cierto que tengo temor,
por verle tan descompuesto,
que ha de apostatar vn dia, 170
que para los dos sería
noche de luto cubierta.


F. ANTONIA

No saldra por essa puerta
jamas mi melencolia;
no me he de estender a mas 175
que a quexarme y a sentir
el ausencia del Compas.


CRUZ.

¡Que tal te dexas dezir,
fray Antonio! Loco estás;
que en el juyzio empeora 180
quien tal acuerdo atesora
en su memoria vilmente.


F. ANTONIA

Rufian corriente y moliente
fuera yo en Seuilla agora,
y tuuiera en la dehessa 185
dos yeguas, y aun quiça tres,
diestras en el arte auiesa.


CRUZ.

De que en essas cosas des,
sabe Dios lo que me pesa;
mas yo hare la penitencia 190
de tu rasgada conciencia.
Quedate, Antonio, y aduierte88
que de la vida a la muerte
ay muy poca diferencia:
quien viue bien, muere bien; 195
quien mal viue, muere mALMA


F. ANTONIA

Digo, padre, que està bien;
pero no has de hazer caudal
de mi, ni enfado te den
mis palabras, que no son 200
nacidas del coraçon,
que en sola la lengua yazen.


CRUZ.

Dan las palabras y hazen
fee de qual es la intencion.

 
(E[n]tra vn corista llamado FRAY ANGEL;
señalase con sola la A.)


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