El rufián dichoso: 44

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Acto II
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El rufián dichoso Acto II Miguel de Cervantes


D.ª ANA.

¡Ay de mi, 735
que otro moledor acude
a acrecentar mi tormento!
¡Pues no ha de mudar mi intento
aunque mas trabaje y sude!
¿Que me quereis, padre, vos, 740
que tan hinchado os llegais?
¡Bien parece que ignorais
como para mi no ay Dios!
No ay Dios, digo, y mi malicia
haze, con mortal discordia, 745
que esconda misericordia
el rostro, y no la justicia.


CRUZ.

Dixit insipiens in corde suo: non est Deus.
Vuestra humildad, señor, sea
seruida de encomendarme
a Dios, que quiero mostrarme 750
sucessor en su pelea.
 
(Hincanse de rodillas el CLERIGO,
FRAY ANTONIO y el PADRE CRUZ,
y los circustantes todos.)

  
¡Dichosa del cielo puerta,
que leuantò la cayda
y resucitò la vida
de nuestra esperança muerta! 755
¡Pide a tu parto dichoso
que ablande aqui estas entrañas,
y muestre aqui las hazañas
de su coraçon piadoso!
Et docebo iniquos vias tuas, & impij ad te conuertentur.
Mi señora doña Ana de Treuiño, 760
estando ya tan cerca la partida
del otro mundo, pobre es el aliño
que veo en esta amarga despedida.
Blancas las almas como blanco armiño
han de entrar en la patria de la vida, 765
que ha de durar por infinitos siglos,
y negras donde habitan los vestiglos.
Mirad dónde quereis vuestra alma vaya;
escogedle la patria a vuestro gusto.


D.ª ANA.

La justicia de Dios me tiene a raya; 770
no me ha de perdonar, por ser tan justo;
al malo la justicia le desmaya;
no habita la esperança en el injusto
pecho del pecador, ni es bien que habite.


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