El rufián dichoso: 45

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Acto II
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El rufián dichoso Acto II Miguel de Cervantes


CRUZ.

Tal error de tu pecho Dios le quite. 775
En la hora que la muerte
a la pobre vida alcança,
se ha de asir de la esperança
el alma que en ello aduierte;
que, en término tan estrecho 780
y de tan fuerte rigor,
no es possible que el temor
sea al alma de prouecho.
El esperar y el temer
en la vida han de andar juntos; 785
pero en la muerte otros puntos
han de guardar y tener.
El que, en el palenque puesto,
teme a su contrario, yerra,
y està el que animoso cierra 790
a la vitoria dispuesto.
En el campo estais, señora;
la guerra serà esta tarde;
mirad que no os acobarde
el enemigo en tal hora. 795


D.ª ANA.

Sin armas, ¿cómo he de entrar
en el trance riguroso,
siendo el contrario mañoso
y duro de contrastar?


CRUZ.

Confiad en el padrino 800
y en el juez, que es mi Dios.


D.ª ANA.

Parece que dais los dos
en vn mismo desatino.
Dexadme, que, en conclusion,
tengo el alma de manera, 805
que no quiero, aunque Dios quiera,
gozar de indulto y perdon.
¡Ay, que se me arranca el alma!
¡Desesperada me muero!


El rufián dichoso de Miguel de Cervantes

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