El rufián dichoso: 50

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Acto III
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El rufián dichoso Acto III Miguel de Cervantes


Entra vn CIUDADANO y el PRIOR.

CIUDADANO

Oygan los cielos y la tierra entienda
tan nueua y tan estraña marauilla,
y su paternidad a oylla atienda;
que, puesto que no pueda referilla
con aquellas razones que merece, 5
peor serà que dexe de dezilla.
Apenas a la vista se le ofrece
doña Ana al padre Cruz, sin la fe pura
que a nuestras esperanças fortaleze,
quando, con caridad firme y segura, 10
hizo con ella vn cambio, de tal suerte,
que cambiò su desgracia en gran ventura.
Su alma de las garras de la muerte
eterna arrebatò, y boluio a la vida,
y de su pertinacia la diuierte, 15
la qual, como se viesse enriquezida
con la dadiua santa que el bendito
padre le dio sin tassa y sin medida,
alçò al momento vn piadoso grito
al cielo, y confession pidio llorando, 20
con voz humilde y coraçon contrito;
y, en lo que antes dudaua no dudando,
de sus deudas dio cuenta muy estrecha
a quien agora las està pagando;
y luego, sossegada y satisfecha, 25
todos los sacramentos recebidos,
dexó la carzel de su cuerpo estrecha.
Oyeronse en los ayres diuididos
coros de bozes dulzes, de manera
que quedaron suspensos los sentidos; 30
dixo al partir de la mortal carrera
que las onze mil virgines estauan
todas en torno de su cabecera;
por los ojos las almas distilauan
de gozo y marauilla los presentes, 35
que la suaue musica escuchauan;
y apenas por los ayres transparentes
volo de la contrita pecadora
el alma a las regiones refulgentes,
quando en aquella misma feliz hora 40
se vio del padre Cruz cubierto el rostro
de lepra, adonde el asco mismo mora.
Bolued los ojos, y vereys el monstruo,
que lo es en santidad y en la fiereza,
cuya fealdad a nadie le da en rostro.


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