El rufián dichoso: 52

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Acto III
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El rufián dichoso Acto III Miguel de Cervantes
CIUDADANO 1.

¡Sólo en su pecho caridad encierra!


CRUZ.

Padres, recojanme, que estoy cansado.


(Entranse todos, y salen dos demonios:
el vno con figura de oso,
y el otro como quisieren.
Esta vision fue verdadera,
que ansi se cuenta en su historia.)


SAQUEL

¡Que assi nos la quitasse de las manos!
¡Que assi la mies tan sazonada nuestra 90
la segasse la hoz del tabernero!
¡Reniego de mi mismo, y aun reniego!
¡Y que tuuiesse Dios por bueno y justo
tal cambalache! Estuuose la dama
al pie de quarenta años en sus vicios, 95
desesperada de remedio alguno;
llega estotro buen alma, y dale luego
los tesoros de gracia que tenia
adquiridos por Christo y por sus obras.
¡Gentil razon, gentil guardar justicia, 100
y gentil ygualar de desiguales
y contrapuestas prendas: gracia y culpa,
bienes de gloria y del infierno males!


VISIEL

Como fue el corredor desta mohatra
la caridad, facilitò el contrato, 105
puesto que desigua.


SAQUEL

Dessa manera,
mas rica queda el alma deste rufo,
por auer dado quanto bien tenia,
y tomado el ageno mal a cuestas,
que antes estaua que el contrato hiziesse. 110


VISIEL No se que te responda; sólo veo

que no puede ninguno de nosotros
alabarse que ha visto en el infierno
algun caritatiuo.


SAQUEL

¿Quien lo duda?
¿Sabes que veo, Visiel amigo? 115
Que no es equiualente aquesta lepra
que padece este frayle, a los tormentos
que passara doña Ana en la otra vida.


VISIEL

¿No aduiertes que ella puso de su parte
grande arrepentimiento?



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