El sí de las niñas: 04

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Escena primera 3
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El sí de las niñas - Acto primero


DON DIEGO, SIMÓN

(Sale DON DIEGO de su cuarto. SIMÓN, que está sentado en una silla, se levanta.)

DON DIEGO . Pues ¿no ha de serlo...? Doña Irene la escribió

con anticipación sobre el particular. Hemos ido
allá, me ha visto, la han informado de cuanto ha
querido saber, y ha respondido que está bien,
que admite gustosa el partido que se le
propone... Y ya ves tú con qué agrado me trata,
y qué expresiones me hace tan cariñosas y tan
sencillas... Mira, Simón, si los matrimonios muy
desiguales tienen por lo común desgraciada
resulta, consiste en que alguna de las partes
procede sin libertad, en que hay violencia,
seducción, engaño, amenazas, tiranía
doméstica... Pero aquí no hay nada de eso. ¿Y
qué sacarían con engañarme? Ya ves tú la
religiosa de Guadalajara si es mujer de juicio;
ésta de Alcalá, aunque no la conozco, sé que es
una señora de excelentes prendas; mira tú si
doña Irene querrá el bien de su hija; pues todas
ellas me han dado cuantas seguridades puedo
apetecer. La criada, que la ha servido en Madrid
y más de cuatro años en el convento, se hace
lenguas de ella; y, sobre todo, me ha informado
de que jamás observó en esta criatura la más
remota inclinación a ninguno de los pocos
hombres que ha podido ver en aquel encierro.
Bordar, coser, leer libros devotos, oír misa y
correr por la huerta detrás de las mariposas, y
echar agua en los agujeros de las hormigas,
éstas han sido su ocupación y sus diversiones...
¿Qué dices?

SIMÓN . Yo nada, señor.


DON DIEGO . Y no pienses tú que, a pesar de tantas

seguridades, no aprovecho las ocasiones que se
presentan para ir ganando su amistad y su
confianza, y lograr que se explique conmigo en
absoluta libertad... Bien que aún hay tiempo...
Sólo que aquella doña Irene siempre la
interrumpe, todo se lo habla... Y es muy buena
mujer, buena...

SIMÓN . En fin, señor, yo desearé que salga como usted

apetece.

DON DIEGO . Sí, yo espero en Dios que no ha de salir mal.

Aunque el novio no es muy de tu gusto... ¡Y qué
fuera de tiempo me recomendabas al tal
sobrinito! ¿Sabes tú lo enfadado que estoy con
él?

SIMÓN . Pues ¿qué ha hecho?


DON DIEGO . Una de las suyas... Y hasta pocos días ha no lo

he sabido. El año pasado, ya lo viste, estuvo dos
meses en Madrid... Y me costó buen dinero la
tal visita... En fin, es mi sobrino, bien dado está;
pero voy al asunto. Llegó el caso de irse a
Zaragoza a su regimiento... Ya te acuerdas de
que a muy pocos días de haber salido de
Madrid, recibí la noticia de su llegada.

SIMÓN . Sí, señor.


DON DIEGO . Y que siguió escribiéndome, aunque algo

perezoso, siempre con la data de Zaragoza.

SIMÓN . Así es la verdad.


DON DIEGO . Pues el pícaro no estaba allí cuando me escribía

las tales cartas.

SIMÓN . ¿Qué dice usted?


DON DIEGO . Sí, señor. El día tres de julio salió de mi casa, y

a fines de septiembre aún no había llegado a sus
pabellones... ¿No te parece que, para ir por la
posta hizo muy buena diligencia?.

SIMÓN . Tal vez se pondría malo en el camino, y por no

darle a usted pesadumbre...

DON DIEGO . Nada de eso. Amores del señor oficial y

devaneos que le traen loco... Por ahí, en esas
ciudades, puede que... ¿Quién sabe?... Si
encuentra un par de ojos negros, ya es hombre
perdido... ¡No permita Dios que me le engañe
alguna bribona de estas que truecan el honor por
el matrimonio!

SIMÓN . ¡Oh! No hay que temer... Y si tropieza con

alguna fullera de amor, buenas cartas ha de
tener para que le engañe.

DON DIEGO . Me parece que están ahí... Sí. Busca al mayoral,

y dile que venga, para quedar de acuerdo en la
hora a que deberemos salir mañana.

SIMÓN . Bien está.


DON DIEGO . Ya te he dicho que no quiero que esto se

trasluzca, ni... ¿Estamos?

SIMÓN . No haya miedo que a nadie lo cuente.


(SIMÓN se va por la puerta del foro. Salen por la misma las tres
mujeres, con mantillas y basquiñas. RITA deja un pañuelo atado
sobre la mesa, y recoge las mantillas y las dobla.)



El sí de las niñas del Leandro Fernández de Moratín

Advertencia

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