El valor de las mujeres (Versión para imprimir)

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta es la versión para imprimir de El valor de las mujeres.

El presente texto ha sido copiado de Wikisource, biblioteca en línea de textos originales que se encuentran en dominio público o que hayan sido publicados con una licencia GFDL. Puedes visitarnos en http://es.wikisource.org/wiki/Portada


Dedicatoria
Pág. 001 de 164
El valor de las mujeres Félix Lope de Vega y Carpio


El valor de las mujeres

Félix Lope de Vega y Carpio

 


Dedicada al Doctor Matías de Porras, Capitán de la Real Sala de las Armas, Familiar del Santo Oficio, y Corregidor, y justicia mayor de la provincia de Canta, en los Reinos del Pirú

Estando Cicerón en Atenas, le escribió su amigo Celio que deseaba que le escribiese y dedicase alguna obra suya, y diole por causa deste deseo, «Ut intelligamus nos tibicura esse»; y de habérsela dedicado, «Quod nostrae amicitiae memoriam posteris quoque prodat». Lo que viniera en esta ocasión muy a propósito, si como vuesa merced puede ser Marco Celio, yo fuera Marco Tulio, pero porque en alguna manera se satisfaga a la obligación y se ofrezca a la memoria lo que tan de justicia se le debe, aplicando «Ex tam multis tuis monumentis» (como el mismo Celio dijo) a la copia de los escritos que van saliendo (aunque deste atrevimiento no fui yo el principio) dedico a vuesa merced esta pequeña parte, grande por la voluntad y inmensa por el deseo. Y porque con las demás, si tuviere dicha de llegar a ese mundo, divierta a vuesa merced de los cuidados y trabajos de tan impensado suceso, causa, que cuando fuera cierta, por ser de la voluntad, no merece tan airada censura, sin advertir que puso Dios ojos al entendimiento para que mirasen los hombres dentro de sí, lo que con los del cuerpo ven en los otros. Diome pena que la parte que a vuesa merced pide haya pasado sus quejas por tantos mares. En mi vida vi deshonor que no se contentase, que le supiese un mundo, pues quiere trayéndole al nuestro, que le sepan entrambos. Favor tendrá vuesa merced aunque le parezca que le deja en Lima, porque ayudar al amigo, «dulcissimum est», como fue sentencia del Filósofo, y tiene vuesa merced tantos que no les puede caber a paso desta solicitud. Pero dejando aparte penas, y para olvidarse dellas, trasladando la plática a diferentes cosas de las que solíamos tratar en nuestros estudios, y que hacen más a propósito de la propuesta materia, ya (gracias a Apolo) hay tantos poetas en España, que en las pasadas justas de la Beatificación de nuestro Santo, hubo tres mil y seiscientos y cuarenta papeles de versos, aunque parezca este el número fabuloso de las mujeres que trujo la reina Talestris en la visita de Alejandro.


>>>

Dedicatoria
Pág. 002 de 164
El valor de las mujeres Félix Lope de Vega y Carpio


El valor de las mujeres

Félix Lope de Vega y Carpio

 


Bien haya terreno que tal produce. Mas, pues vuesa merced es médico, me holgaría de saber: ¿por qué, o cómo se llama esta manera de escribir ‘Manía’, si no es nombre genérico?, y ¿por qué dice Platón «que sin ella no puede haber ingenio grande», si su difinición es «Infectio anterioris partis cerebri, cum priuatione imaginationis»?; siendo la imaginativa la esencial parte del poeta, la oficina de sus conceptos y pensamientos. De los manes puede haber procedido que Vives en la exposición de la ciudad de Dios de San Agustín los tiene por el buen Genio, que llamaban Bonus Demon los antiguos, «id est, animus virtute perfectus», que no aquella sombra o madre de los lémures y larvas. Aquí conoció vuesa merced un hombre, que vuelto loco de amores de una señora título, escribió excelentes versos, siendo ignorante, debe ser por la sequedad del celebro. Pero, ¿cómo no le ofendía la privación de la imaginación? Lo que es infalible es que «Omnes operationes multo elegantiores sunt in cerebro temperato», si bien en los destemplados es más valiente la fantasía. Son los cálidos ingeniosos, aunque inconstantes, y al contrario, los húmidos, los fríos pertinaces en su opinión, ni valen para el ingenio, ni para el juicio, como son ejemplo las mujeres, cuyo consejo, el primero es bueno, el segundo temerario y el tercero perverso. Fue máxima de los estoicos «Omnes insipientes esse insanos».


Dedicatoria
Pág. 003 de 164
El valor de las mujeres Félix Lope de Vega y Carpio


El valor de las mujeres

Félix Lope de Vega y Carpio

 


Dispútala Cicerón en el tercero de las Cuestiones Tusculanas. El nombre de insania significa «mentis agrotationem». Los filósofos llamaron enfermedad las perturbaciones del ánimo, «Omnes insipientium animi in morbo sunt», porque «Omnes insipientes insaniunt», presumo que es «insanire», escribir con ignorancia; y así lo he visto en las obras de muchos, uno de los cuales, «lego a natiuitate», corriendo por toda el Andalucía sus comedias, jamás han sido afectas en esta Corte, disposición diagnóstica para saber la duración y efetos de semejantes cometas. Deseo que el excelentísimo Príncipe acabe su gobierno felicemente, de que me dicen que está cerca, para que gocemos de su divino ingenio como solíamos, y veamos a vuesa merced libre de enemigos bárbaros, tan lejos de la Patria, cuya privación tanto mal pareció a Eurípides, teniendo Quintiliano por mejor «ser despojado de los propios, que vendido de los ajenos». Refiere Tulio, que el divino Platón se fue de la conversación de Sócrates en el Pireo, fingiendo que iba al templo, por no detener un hombre tan venerable tan largo tiempo, a cuyo ejemplo podrá ser esta Epístola culpada, de quien ignorase mi amor, y que hablo con vuesa merced para todo un año, pues hay tanto mar enmedio, porque yo, «Siue in extremis penetrarit Indos» (como dijo Catulo) «hoc amem necesse est». Olvideme de decir que en estos patios de Palacio vi la persona que a perseguir su mismo honor pasó a España desde las más remotas Indias, «Tenedius homo», como dice el Adagio, y que difícilmente romperá la tenacidad de su primera aprehensión. Marcela es ya monja descalza. Lope está en Sicilia con el excelentísimo Marqués de Santa Cruz, mi señor y mi protector. Feliciana se halla con poca salud. Al jardinillo quité los pájaros, porque venían los defuera a hurtarles el sustento, como ahora sucede a muchos poetas. Los libros del estudio tienen menos polvo como es mayor la edad. En materia de la plata que allá sobra, «Zonam perdidi». Dios guarde a vuesa merced y le traiga con bien a España.
Su capellán y verdadero amigo, Lope de Vega Carpio.


Elenco
Pág. 004 de 164
El valor de las mujeres Félix Lope de Vega y Carpio


El valor de las mujeres

Félix Lope de Vega y Carpio

Figuras de la comedia

 



Lucrecia, dama
Lisarda, dama
Octavia, dama
Celio, villano
Rosela, villana
Fineo, marqués
Alberto, duque


Fidelio
Lucindo
Tristán
Albano
Adrián
Estacio
Carlos, conde


Tacio, soldado
Lidio, soldado
Leandro, soldado
Brunelo, soldado
Un capitán
Un criado
Florencio


Riselo, villano
Silvia, villana
Lucio, villano
Cajas
Trompetas
Chusma


Acto I
Pág. 005 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


Salen LUCRECIA y LISARDA.
LUCRECIA:

  ¿Qué respondiste?

LISARDA:

Sin pena,
esta respuesta les doy:
al uno que suya soy,
y al otro que soy ajena,
  que a mi valor corresponde
la resolución que ves.

LUCRECIA:

Sentirá mucho el Marqués
que le dejes por el Conde.

LISARDA:

  Que lo sienta o no, Lucrecia,
no ha sido por mi opinión,
si aquesta resolución
culpare alguno por necia.
  Que propuestos dos maridos,
en sangre y nobleza iguales,
y los hombres principales
de mi estado prevenidos,
  acordaron la elección
del Conde, porque el Marqués,
aunque es más rico, no es
de tanta satisfación.


<<<
>>>

Pág. 006 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LUCRECIA:

  ¿Firmáronse los conciertos?

LISARDA:

Ya, Lucrecia, los firmé.

LUCRECIA:

Al Marqués temo.

LISARDA:

¿Por qué,
siendo seguros y ciertos?
  Engañole mi esperanza,
mis cartas, mis dilaciones.

LUCRECIA:

No sé si a peligro pones
tu inocencia y confianza,
  porque dicen que es Fineo
hombre feroz y arrogante.

LISARDA:

Ya no hay peligro que espante
la fuerza de mi deseo.
  Ya soy del Conde mujer,
no sola como lo he sido,
y pues ya tengo marido,
él me sabrá defender.

LUCRECIA:

  ¿Has visto al Conde?

LISARDA:

Jamás.


<<<
>>>

Pág. 007 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LUCRECIA:

¿Y al Marqués?

LISARDA:

Menos, que ha sido
el cielo quien ha querido
que estime a Carlos en más.
  Esto de las voluntades
ha de ser con las estrellas,
porque hay, Lucrecia, sin ellas
más mentiras que verdades.
  Pero cuando su influencia
engendra la voluntad,
halla sin dificultad
sujeta correspondencia.
  No he visto al Conde, y le quiero.

LUCRECIA:

Es que la imaginación
le da al uno perfección
y al otro le pinta fiero.

LISARDA:

  Mal haces en no pensar
los grandes merecimientos
del Conde.

LUCRECIA:

Estos casamientos,
¿cuándo se han de ejecutar?


<<<
>>>

Pág. 008 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

  Pienso que vendrá por mí
su hermano del Conde, presto.

LUCRECIA:

Si está del cielo dispuesto,
venga en buen hora por ti.

LISARDA:

  Voy a escribirle.
(Vase LISARDA.)

LUCRECIA:

No creo
que te casarás con él,
porque mi envidia, crüel,
salió al paso a tu deseo.
  Al Conde por fama adoro,
y envidiosa he procurado
deshacer lo que han tratado
contra mi sangre y decoro.
  Escribile una mentira
poderosa a deshacer
su concierto, que en mujer,
la envidia, el amor, la ira
  y la venganza, han tenido
siempre más fuerte rigor
que en el hombre, aunque el valor
no menos heroico ha sido.
  Quisiera para mi estado
al Conde, de quien se cuentan
tales hazañas, que aumentan
mi amor, mi envidia y cuidado.
  Pero pues el bien que aguarda,
por mi desdicha perdí,
ya que no fue para mí,
no ha de gozalle Lisarda.


<<<
>>>

Pág. 009 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Vase, y salen el CONDE CARLOS y LUCINDO, su hermano.)
LUCINDO:

  No me encubras tu tristeza,
mira que tu hermano soy.

CARLOS:

Triste, aunque contento, estoy.

LUCINDO:

Repugna a naturaleza.

CARLOS:

  No hace, pues puede ser
que procedan de un efeto,
para estar en un sujeto
juntos, pesar y placer.

LUCINDO:

  ¿Cómo?

CARLOS:

Teniendo pesar
del daño, que al fin es daño,
y placer del desengaño,
si os quisieron engañar.

LUCINDO:

  Pues la duquesa Lisarda
te quiso engañar ahora,
cuando como ves te adora,
y, como escribe, me aguarda.

CARLOS:

  Ya, Lucindo, tu jornada
cesó con justa ocasión.


<<<
>>>

Pág. 010 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LUCINDO:

¿Que cesó? ¿Por qué razón?
¿No estaba ya concertada?
  ¿No es la Duquesa tu esposa?

CARLOS:

Mi esposa pudiera ser,
si fuera en su proceder
como en su sangre dichosa.

LUCINDO:

  ¿En su proceder? ¿Qué dices?
¿Quién te ha engañado?

CARLOS:

Esta carta,
de mi pretensión me aparta.

LUCINDO:

Los matrimonios felices,
  Carlos, no han de comenzar
en sospechas.

CARLOS:

Pues por eso
le escribo todo el suceso
y mudo intento y lugar.
  Yo me caso en otra parte.

LUCINDO:

Aciertas.

CARLOS:

Leerla puedes.


<<<
>>>

Pág. 011 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LUCINDO:

Carlos, de que libre quedes,
el parabién quiero darte.

CARLOS:

  Y del nuevo casamiento.

LUCINDO:

La carta quiero leer.

CARLOS:

Por ella podrás saber
cómo estoy triste y contento.

LUCINDO:

 (Lea.)
  «Una mujer que tenéis
aficionada por fama,
y que tanto, Conde, os ama,
y aun más que vos merecéis,
  viéndoos casar con Lisarda,
tuvo lástima de vos,
supuesto que de los dos
daño ni provecho aguarda.
  De su casa y sangre soy,
pero más soy de la vuestra,
pues olvidando la nuestra,
tan de vuestra parte estoy.
  Lisarda es mujer tan vil
que aficionada a un crïado
de su casa, más que honrado,
galán, discreto y gentil,
  tiene prendas de su amor.
Vos veréis lo que os conviene,
porque quien honor no tiene,
no podrá daros honor.»
  No quiero pasar de aquí;
pero, ¿cómo deshiciste
el concierto?


<<<
>>>

Pág. 012 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

Ya supiste
que tu partida escribí.
  Pues tras él he despachado
un caballero que lleva
la resolución más nueva,
más digna de un pecho honrado,
  con que lo pienso quedar,
y ella con tan justa afrenta.

LUCINDO:

La que tal engaño intenta,
así se ha de castigar.

CARLOS:

  Después que al Emperador
fuiste a servir a la guerra,
el duque Alberto en mi tierra
ha entrado a todo rigor.
  Que dice que ha de vengar,
de nuestro padre ya muerto,
cierto agravio, que encubierto
entre ellos debió de estar.
  Aunque a un anciano escudero
que fue su privado oí
que fue un bofetón.

LUCINDO:

Y a mí
me lo dijo un caballero
  alemán, que a la ocasión
se halló presente.


<<<
>>>

Pág. 013 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

Pues viendo
que es tan poderoso, emprendo
más darle satisfación
  que entrar con él en campaña.

LUCINDO:

¿Qué satisfación le das?

CARLOS:

La que nos abrace más,
y la que menos me daña.

LUCINDO:

  ¿Es casarte con su hija?

CARLOS:

Eso tratan en su corte
por mí.

LUCINDO:

No hay cosa que importe,
ni otro medio que se elija
  de más fuerza.

CARLOS:

Así es verdad,
pues con Otavia casado,
él queda desagraviado,
y los dos en amistad.

LUCINDO:

  ¿Cuándo vendrá la respuesta?

CARLOS:

De hoy a mañana.


<<<
>>>

Pág. 014 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LUCINDO:

Bien haces,
que no hay condición de paces
más justa, ni más honesta.

CARLOS:

  Por lo menos, él dejó
la guerra.

LUCINDO:

Señal que aceta
satisfación tan discreta.

CARLOS:

Hoy vuelvo a escribir que yo
  iré por ella.

LUCINDO:

Al que agravia
es la humildad provechosa.

CARLOS:

Llaman a Lisarda hermosa,
pero no menos a Otavia.
(Vanse, y salen LUCRECIA, LISARDA y criados.)

LISARDA:

  ¡Ya tarda Lucindo!

LUCRECIA:

El bien
siempre parece que tarda,
porque el tiempo en quien aguarda
va más despacio también.


<<<
>>>

Pág. 015 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

  De todo estoy prevenida;
en llegando partiremos.

LUCRECIA:

Tristes sin ti quedaremos.

LISARDA:

Harto siento mi partida,
  pero habemos de vivir,
como estamos concertados,
dos años en mis estados.

LUCRECIA:

Sí, ¿mas quién ha de sufrir
  la ausencia de los primeros
que en los del Conde viváis?
(Salen FIDELIO y ALBANO, con una caja.)

FIDELIO:

Si es del Conde, ¿qué aguardáis?
Dejalde entrar, caballeros.

ALBANO:

  Dadme, señora, los pies,
si merezco dicha tanta.

LISARDA:

¿Eres del Conde, mi esposo?

ALBANO:

Crïado soy de su casa.

LUCRECIA:

¿Viene su hermano?


<<<
>>>

Pág. 016 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ALBANO:

No sé,
que a traeros esta caja
me despachó el Conde a mí.

LISARDA:

¿Traes carta?

ALBANO:

No traigo carta.

LISARDA:

Caja y no cartas, ¿qué es esto?

LUCRECIA:

Si vienen dentro, ¿qué aguardas?

LISARDA:

Corta esa cuerda, Fidelio.

FIDELIO:

Atada viene y sellada.

LISARDA:

No me agrada, no, Lucrecia,
el estilo y la embajada.

LUCRECIA:

¿Qué temes?

FIDELIO:

¡Abierta está!

LISARDA:

¿Y qué viene dentro? Aparta.

FIDELIO:

Un papel atravesado
de una daga.


<<<
>>>

Pág. 017 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LUCRECIA:

¡De una daga!
¡Sácala, a ver!

FIDELIO:

Vesla aquí.

LISARDA:

¡Mala señal!

LUCRECIA:

¡Cosa estraña!

LISARDA:

Saca el papel de la punta.

FIDELIO:

Parece pliego de cartas.

LISARDA:

Abre.

FIDELIO:

Estas son escrituras.

LISARDA:

Lee la primera palabra.

FIDELIO:

¿Para qué, si las conozco?
Estas son las que firmadas
fueron del Conde y de ti.

LISARDA:

¡Las escrituras!

LUCRECIA:

Lisarda,
esta fue traición del Conde.
¡Qué bien me salió la traza!


<<<
>>>

Pág. 018 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

Suspensa y fuera de mí,
pienso que el sueño me engaña.
¿Es posible que esto ha hecho
Carlos conmigo?

FIDELIO:

¿Qué aguardas,
que no mandas que atraviesen,
del que te trujo la caja,
dos alabardas el pecho?

ALBANO:

Señora, si yo pensara
que esta ofensa te traía,
no hubiera fuerza, ni paga,
para tanto atrevimiento.
Aquí mi inocencia es llana.
Esto me mandó traer
el Conde. Si ella te agravia,
aquí está el cuello.

LISARDA:

¿Qué importa,
villano, tan vil venganza?
¿Por qué causa la escritura,
que fue de los dos firmada,
con una daga me envía
que por enmedio la pasa?
¿En qué le pude ofender
para rompella? ¿No basta
desdecirse de lo dicho?


<<<
>>>

Pág. 019 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ALBANO:

Si yo supiera la causa,
está muy cierta, señora,
que la venida escusara.

LISARDA:

Salid allá fuera todos.
Fidelio quede en la sala
solamente, con este hombre.

LUCRECIA:

¿Tú mandas que yo me vaya?

LISARDA:

Tú la primera.

LUCRECIA:

Obedezco
tu gusto.

LISARDA:

De tus palabras,
he conocido que sabes
la causa porque me trata
Carlos de aquesta manera.

ALBANO:

Créeme que te guardara
el decoro que mereces;
solo oí que murmuraban
de tu honor, de que colijo
que por dicha te levantan
algún testimonio.


<<<
>>>

Pág. 020 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

¿A mí?

FIDELIO:

¿Deso, señora, te espantas?
¿Hay ocasión que padezca
mentiras y envidias varias
como un casamiento?

LISARDA:

Creo,
según a Carlos alaba
la fama, que es imposible
que, a no ser contra mi fama
algún grave testimonio,
con esa daga enviara
cancelada la escritura.
Ahora bien, luego se parta
este hombre, que está sin culpa.

ALBANO:

Mira, señora, si mandas
que alguna cosa le diga.

LISARDA:

Dile que guardo la daga
por prenda de su persona,
hasta que sepa la causa.

ALBANO:

Yo parto, con tu licencia.
(Vase.)


<<<
>>>

Pág. 021 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FIDELIO:

Y yo pensé que las armas
respondieran a este agravio.

LISARDA:

La prudencia y la templanza
son divinos consejeros
en la república humana.

FIDELIO:

¿Qué has de hacer?

LISARDA:

Ir de secreto
a su tierra, disfrazada
en hábito de varón,
como suelo andar a caza,
fiando en ti mi gobierno,
porque dejalle a mi hermana
no me parece cordura.

FIDELIO:

¿Pues qué les diré, si faltas
tanto tiempo, a tus vasallos?

LISARDA:

Que fui a pedir a Alemania
favor contra el Conde.

FIDELIO:

Intentas,
Duquesa, una cosa estraña.


<<<
>>>

Pág. 022 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

Mal conoces tú el valor
que a una mujer acompaña
cuando quiere defender
su reputación y fama.

FIDELIO:

¿Quién ha de ir contigo?

LISARDA:

Un hombre.

FIDELIO:

¿Qué calidad?

LISARDA:

La más baja
que puedas hallar.

FIDELIO:

¿Por qué,
pudiendo hacer confianza
de algún noble caballero
de muchos que hay en tu casa?

LISARDA:

Porque, en mudando de traje,
si nunca ha visto mi cara,
imagine que soy hombre.

FIDELIO:

Tú te entiendes.

LISARDA:

Ven, que tarda
el desengaño a mi honor,
y el engaño a mi esperanza.


<<<
>>>

Pág. 023 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Vanse, y salen el DUQUE ALBERTO y OTAVIA.)
ALBERTO:

  Pareciome cordura dar de mano
a los enojos, cuando el Conde, Otavia,
viene a partido tan humilde y llano.

OTAVIA:

Y es justo, pues el Conde no te agravia.

ALBERTO:

Si alguno tuve de su padre Albano,
quiero acetar satisfación tan sabia,
y depuestas las armas y la espada,
seguir la paz, del cielo siempre honrada.
  Bastan los daños hechos en su tierra,
pues ya murió su padre y mi enemigo.

OTAVIA:

¿Con qué partido acetas que la guerra
cese y que Carlos quede por tu amigo?

ALBERTO:

Con la cosa que más la paz destierra,
el odio antiguo, y más podrá conmigo.

OTAVIA:

Estoy por entender tu pensamiento.

ALBERTO:

¿Qué más seguro amor que el casamiento?
  ¿Hasme entendido ya?

OTAVIA:

Quien no responde,
indicios da que calla lo que entiende.


<<<
>>>

Pág. 024 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ALBERTO:

Bien estarás casada con el Conde.

OTAVIA:

¿A qué mujer el casamiento ofende?

ALBERTO:

La guerra nace de la paz, y donde
más sangriento furor la guerra enciende,
nace la paz también, y coronada
de oliva, envaina la furiosa espada.
  Todo está hecho ya.

OTAVIA:

De la paz quiero
darte la norabuena.

ALBERTO:

Y yo pagarte
con la del casamiento, que ya espero.

OTAVIA:

¿Pues viene el Conde aquí?

ALBERTO:

Viene a llevarte.

OTAVIA:

Que resultan mil bienes, considero,
de aquesta paz.

ALBERTO:

Ninguna cosa es parte
más efectiva en estas amistades
que veros conformar las voluntades.

OTAVIA:

  ¿Yo qué puedo querer sino tu gusto?


<<<
>>>

Pág. 025 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ALBERTO:

El Conde te merece, yo le tengo
de que te cases, que a no ser tan justo,
bien sabes cómo mis agravios vengo.

OTAVIA:

Memorias en agravios dan disgusto.

ALBERTO:

Las imaginaciones entretengo;
ya es el Conde mi hijo.

OTAVIA:

¡Estraña cosa!,
¿qué mujer ha nacido más dichosa?
(Sale ADRIÁN, criado del DUQUE.)

ADRIÁN:

  El marqués Fabio te escribe
esta carta.

ALBERTO:

Es el Marqués
gran príncipe, Otavia, y es
el que más vecino vive
  de nuestros estados.

OTAVIA:

Tiene
el Marqués grande opinión.

ALBERTO:

Yo leo.

ADRIÁN:

A buena ocasión
la amistad del Conde viene.


<<<
>>>

Pág. 026 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


OTAVIA:

  ¿Cómo?

ADRIÁN:

Escríbele el Marqués
que te quiere en casamiento.

OTAVIA:

Ya viene tarde su intento:
el Conde mi dueño es.

ADRIÁN:

  ¿Carlos?

OTAVIA:

El mismo.

ADRIÁN:

Ya está
Carlos casado.

OTAVIA:

¿Con quién?

ADRIÁN:

Con Lisarda, que también
servía el Marqués, mas ya
  desengañado te pide
al Duque.

OTAVIA:

Mentiras son.

ALBERTO:

Quien ganó la posesión,
este pensamiento impide.
  Basta, Otavia, que el Marqués
tuvo envidia al Conde.


<<<
>>>

Pág. 027 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


OTAVIA:

Creo
que no mudarás de empleo,
pues mi pensamiento ves.

ALBERTO:

  Conozco tu inclinación
al Conde; voy a escribir
al Marqués.

OTAVIA:

Podrás decir
mi amor en satisfación.

ADRIÁN:

  Satisfecho quedó ya.
Tú te empleas en un hombre
que la opinión de su nombre
con los de la fama está.
  Y cree que se decía
que era esposo de Lisarda.

OTAVIA:

La fama de que es gallarda
discurre por toda Hungría.
  Y, asimismo, de que estaba
casada con el Marqués.

ADRIÁN:

El desengaño que ves,
la fama fingida acaba.

OTAVIA:

  De Carlos tengo de ser,
y casada con el Conde,
la misma fama responde
que soy dichosa mujer.
(Vanse.)


<<<
>>>

Pág. 028 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Salen el CONDE CARLOS y LUCINDO.)
CARLOS:

  Todo se ha hecho bien, ya estoy casado.

LUCINDO:

En dejando la guerra, fue muy cierto
que te quería para yerno Alberto.

CARLOS:

Siento el ir a su tierra, mas, ¿qué importa?
El gusto es grande y la jornada es corta.

LUCINDO:

Con cualquiera partido acetar debes,
Conde, el remedio de tu estado y vida.

CARLOS:

Así lo intento, y con humilde ruego
le pido a Otavia al Duque.

LUCINDO:

De muy sabia,
más que de hermosa, tiene fama Otavia.

CARLOS:

Antes de entrambas cosas, pero advierte
que una mujer discreta es una prenda
del descanso inmortal del casamiento,
una joya del pecho de su esposo,
un espejo de todos sus vasallos,
un consejero libre de pasiones,
una estrella que, en todas las acciones
de su marido, va delante haciendo
camino a los discursos de la vida,
la amistad más segura y conocida,
el mejor libro, la verdad más clara,
pues ni en temor, ni en interés repara.


<<<
>>>

Pág. 029 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LUCINDO:

Albano viene aquí.

CARLOS:

¡Bien seas venido!
(Sale ALBANO.)

ALBANO:

A lo menos, mejor que haya llegado.
Mal me has pagado lo que te he servido,
pues mi vida en tan poco has estimado.

CARLOS:

Que daño fuera justo haber temido,
no siendo tú de mi rigor culpado,
que no merece pena el mensajero;
pero remunerarte presto espero.

ALBANO:

Dile la caja, imaginando joyas
como de desposado, y que tuviera
albricias, pero abriéndola, una daga
pasando una escritura se aparece,
con que toda la sala se estremece.
Turbose la Duquesa, los crïados
se alteran, yo no sé darles respuesta,
hace luego que afuera salgan todos
y, por saber la causa, me conjura;
yo, atónito, por más que lo procura
no respondo palabra y mi inocencia
presento a su valor y a su prudencia.
Volverme deja y dice que te diga
que guarda por tu prenda aquella daga,
hasta que te la vuelva y satisfaga.


<<<
>>>

Pág. 030 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LUCINDO:

¡Braveza!

CARLOS:

¡Bravo reto!

LUCINDO:

Mas, ¿qué quiere?
¿Tomar las armas?

CARLOS:

Sean de sus ojos,
y verá como venga sus enojos,
porque en todas las almas que repare,
se llevará tras sí cuando mirare.

LUCINDO:

Tome como quisiere sus enojos,
que tú le respondiste como es justo.

CARLOS:

Teniendo al duque Alberto por amigo,
no hay en el mundo para mí enemigo
que yo deba estimar.

ALBANO:

¿Son las mujeres
amigas de venganza?

CARLOS:

¿Qué venganza,
si ella sin honra a ser mujer se atreve
de un hombre como yo?

ALBANO:

¿Mujer sin honra?


<<<
>>>

Pág. 031 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

No son aquestas cosas para todos.
Yo, Albano, estoy casado con Otavia,
y me quiero partir a ver sus ojos.
Ya está toda mi gente prevenida.
Busque Lisarda, hermosa y combatida
de tantos pretendientes, quien merezca
lo que al más rico y más gallardo ofrezca,
que el respondelle con aquella daga,
rompiendo la escritura del concierto,
(Sale, en hábito de cazador, LISARDA y TRISTÁN, criado suyo.)
no fue sin ocasión.

LISARDA:

Esto te advierto.

TRISTÁN:

Ya estoy en todo, y tú serás servido.

LISARDA:

La lengua del crïado es el oído.
  Deme vuestra señoría
los pies.

CARLOS:

Levantaos del suelo.

LISARDA:

Prospere, señor, el cielo
vuestra edad y gallardía,
  que aun es mayor que la fama.

CARLOS:

¿Quién sois?


<<<
>>>

Pág. 032 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

Soy un cazador,
que la de vuestro valor,
a vuestro servicio llama.
  Dicen que tenéis las aves
mejores que ha visto el viento,
cuando cortan su elemento,
con los cuchillos suaves.
  Y que es tal vuestra afición
a lo que es volatería,
que solo puede la mía
haceros comparación.
  Y así, he venido a traeros
dos halcones alemanes,
tan hermosos y galanes,
que solo después de veros,
  podré decir que hay señor
que los merezca. Sin esto,
vengo a serviros dispuesto,
si me hacéis tanto favor.
  Que bien sé que no tenéis
quien sepa sus calidades,
sus curas y enfermedades
como yo.

CARLOS:

Más parecéis
  algún señor disfrazado
que cazador.


<<<
>>>

Pág. 033 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

La nación
lo causa, que la opinión
de la belleza le han dado.

CARLOS:

  ¡A la cuenta sois inglés!

LISARDA:

Sí, señor, y os certifico
que aunque bien nacido y rico,
si bien no lo soy después,
  que tanto me ha distraído
la caza, que su afición
me lleva de mi nación
por las estrañas perdido.
  Si un príncipe tiene fama
de cazador, allá voy,
tan aficionado soy,
así me provoca y llama.
  Esta ha sido la ocasión
de venir a conoceros.

CARLOS:

Yo quisiera entreteneros,
señor, como era razón,
  en plaza de amigo mío,
que en la de crïado no.
Pero a tal tiempo llegó
vuestra gentileza y brío,
  que yo me parto a casar
con hija del duque Alberto,
porque el firmado concierto
no se puede dilatar.
  Compraré los dos halcones
de buena gana.


<<<
>>>

Pág. 034 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

Quisiera
serviros.

CARLOS:

¿De qué manera
entre tantas ocasiones?

LISARDA:

  Por el camino podremos
probarlos, si vos queréis,
que si vos su valor veis,
mejor nos concertaremos,
  así iréis entretenido,
y yo de mi amor pagado.

CARLOS:

Vuestro talle me ha obligado;
quiero acetar el partido.
  ¿Son neblíes?

LISARDA:

Ya sabéis
que hay de halcones seis plumajes,
o raleas, o linajes,
como mejor los llaméis:
  hay gerifaltes, borníes,
baharíes y alfaneques,
sacres y neblíes. Destos
no hay por qué se diferencie
el tagarote, que cuentan
por baharí, si bien tiene
diferencia en el plumaje.


<<<
>>>

Pág. 035 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

¿Y qué nombre comprehende
los vuestros?

LISARDA:

El de neblíes,
que el de más nobles merecen
y de mayor corazón
en cuantas aves suspende
el aire.

CARLOS:

¿En qué se conocen?

LISARDA:

En los talles diferentes,
de gran gentileza y brío,
y en las manos grandes siempre,
con los dedos más delgados,
más agiles y más fuertes,
son sus cabezas muy primas,
corta el ala, que guarnece
la punta mejor sacada;
los otros ya veis que tienen
cabezas grandes, más largas
colas, y dedos más breves.

CARLOS:

¿Los vuestros son de Alemania?

LISARDA:

¿Decislo por los que venden
del ducado de Saboya?


<<<
>>>

Pág. 036 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

Hay muchos de muchas suertes;
no son malos los de España.

LISARDA:

Como los críen y ceben.

CARLOS:

Ahora bien, llevaros quiero
conmigo.

LISARDA:

Dejad que os bese
los pies por esa merced.

LUCINDO:

Y haréis bien, porque se prueben
los neblíes, de camino.

CARLOS:

Mucho la caza entretiene.
¿Cómo es vuestro nombre?

LISARDA:

Enrique.

CARLOS:

Pues Enrique, haced que apreste
los pájaros mis crïados,
que quiero que otros se lleven.

LISARDA:

Vos veréis qué cazador
hoy a vuestra casa viene.

CARLOS:

Qué lindo talle, Lucindo.

LUCINDO:

Cazador de almas parece.
(Vanse los tres.)


<<<
>>>

Pág. 037 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

  Ya, Tristán, somos crïados
de Carlos.

TRISTÁN:

Saber querría,
algo de volatería,
que hay pájaros endiablados.
  No me puedo averiguar
con estos halcones nuestros.

LISARDA:

Aun a los hombres más diestros
dan que hacer y que pensar.

TRISTÁN:

  Que hallase un hombre invención
para que un ave tan fiera
se ablandase, de manera
que suelte un hombre un halcón
  y se le vuelve a la mano.
Que haya ingenios inventores,
de enviar pesquisidores
contra el cuervo y el milano,
  la grulla y garza inocente.
Mas no me debo espantar,
si todo el mundo es cazar
con cuidado diligente.
  Mas, ¿cuál halcón tan garcero
mejor que el dinero caza?
¡Qué lindo vuelo, qué traza
tiene en cazar el dinero!
  A fe que no sale en vano,
mas sola una falta tiene:
que en soltándole no viene
por ningún caso a la mano.


<<<
>>>

Pág. 038 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

  Tristán, yo tuve un halcón,
o pensé que le tenía,
fuese de mi mano un día,
y llevome el corazón.
  En aquesta tierra está,
el Conde le tiene aquí.

TRISTÁN:

¿Entre sus pájaros?

LISARDA:

Sí,
y agora con ellos va,
  que quiere cazar con él
una garza remontada,
mas hay otra desdichada
que viene a morir por él.

TRISTÁN:

  No entiendo volatería,
pero he visto que has mudado
semblante y gusto.

LISARDA:

He quedado
con mayor melancolía,
  después que vi la persona
del Conde, porque quisiera
que de la Duquesa fuera
a quien tan mal galardona
  haber dejado por él
tantos hombres de valor.


<<<
>>>

Pág. 039 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


TRISTÁN:

Él puede ser gran señor,
pero es muy falso y cruel.
  En nuestra tierra, contaban
que este Carlos se casó
con la Duquesa.

LISARDA:

Eso no.

TRISTÁN:

¿Pues qué?

LISARDA:

Que lo concertaban,
  y que firmado el concierto,
la ha dejado por Otavia.

TRISTÁN:

Y a quien la Duquesa agravia,
¿sirves tú?

LISARDA:

Vengo encubierto,
  solo a saber lo que pasa.

TRISTÁN:

¿Ya qué tienes que saber,
si es Otavia su mujer?


<<<
>>>

Pág. 040 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

Entre tanto que se casa,
  puede mudar la fortuna
semblante; ven a sacar
los halcones.

TRISTÁN:

Y a tomar
de tu intento luz alguna.
  Que es Enrique mujer creo,
o me engañan mis antojos,
porque lo he visto en sus ojos
y en algo de mi deseo.
(Vanse, y sale el MARQUÉS FINEO y ESTACIO.)

FINEO:

  Mucho será, si yo no pierdo el seso.

ESTACIO:

Con razón, a lo menos, te enojaste.

FINEO:

No sé que en el rigor deste suceso
entendimiento ni prudencia baste.
Fortuna, ¿para qué con tanto exceso,
por la guerra y la paz me levantaste
al grado que de mí la fama cuenta,
si me dejas caer con tanta afrenta?
  Escríbole a Lisarda que la quiero
para mi esposa, y dice que casada
está con Carlos; callo y considero
que si no era mejor, al fin le agrada.
Mudo de intento y la venganza espero
de Otavia de casarse descuidada,
y escríbeme que Carlos es su esposo.


<<<
>>>

Pág. 041 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ESTACIO:

Digo que con razón estás quejoso.

FINEO:

  ¿Carlos en todas partes? ¿Cómo es esto?
¿Carlos con dos mujeres desposado?
¿Carlos a mis intentos siempre opuesto?
¿Carlos más preferido y estimado?
A la justa venganza estoy dispuesto.

ESTACIO:

Yo te diré, señor, lo que he pensado,
que si Carlos oyó tu pensamiento,
por no te hacer pesar, mudó de intento.
  Y si deja a Lisarda por servirte,
y se casa en Alenes con Otavia,
bien puedes a estimalle persuadirte,
por lo menos en esto no te agravia,
bien puedes a tus bodas prevenirte,
que si Lisarda entonces no fue sabia,
agora lo será con estimarte.

FINEO:

Sí, mas será mi deshonor en parte,
  que no es justo querer lo que ha dejado
Carlos.

ESTACIO:

¿Por qué, si lo dejó de miedo?

FINEO:

Pues di, ¿cómo sabré que está casado?
Que si es mentira, más dudoso quedo.


<<<
>>>

Pág. 042 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ESTACIO:

A la corte del Duque, disfrazado,
a saber la verdad, partirme puedo.

FINEO:

Vamos los dos, que quiero ver al Conde,
por ver si con la fama corresponde.

ESTACIO:

  Será para que olvides tu tristeza
remedio celestial este camino.

FINEO:

A estimar de Lisarda la belleza,
sin verla me ha forzado mi destino.

ESTACIO:

Presto será laurel de tu cabeza.

FINEO:

Será ceñirla de laurel divino,
que las de aquellos Césares romanos,
ganaron armas y tejieron manos.
(Vanse.)
(Salen ROSELA y CELIO, labradores.)

CELIO:

  ¿Tal crueldad, tal hermosura?

ROSELA:

Vete a querer a Clavela.

CELIO:

Dame la cinta, Rosela,
así Dios te dé ventura.

ROSELA:

  Nunca quieras los favores
forzados, porque es de necios.


<<<
>>>

Pág. 043 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CELIO:

Amor crece con desprecios,
que hace sus fuerzas mayores.
  En mi vida quise bien,
sino a quien me quiso mal.

ROSELA:

Majadero sois, zagal;
pero si amáis con desdén,
  ¿por qué me pedís que os quiera?
Pero si es para olvidarme,
agradecedme el cansarme
y el ser desdeñosa y fiera.
  Que quiero que me debáis
el trataros con desdén,
porque el no quereros bien,
es querer que me queráis.

CELIO:

  No te quiero desdeñosa
para olvidarte, Rosela,
que fue una humilde cautela
para volverte amorosa.
  Dame la cinta y darete
un pájaro, el más hermoso
que ha visto el aire espacioso,
aunque el florido ribete
  deste río a su elemento
dorales levante y garzas.
Saquele de entre unas zarzas
que quiso cazar hambriento
  un mísero francolín.
Acogido a su sagrado,
corrí con él todo el prado,
huyendo del dueño, a fin
  de emplealle en esas manos,
porque ya dos cazadores
venían tras mí.


<<<
>>>

Pág. 044 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ROSELA:

Que ignores
que son los regalos vanos,
  donde no se tiene amor.

CELIO:

A la fe que el uno dellos
(Sale el CONDE y LISARDA.)
viene aquí.

CARLOS:

Los dos son bellos,
y el coronado el mejor.
  Que digo, gente de bien,
¿habéis visto por aquí
un halcón?

CELIO:

Diré que sí.

ROSELA:

Y vuélvesele también.

CELIO:

  Señor, yo le tengo atado
allí en aquella alquería.

LISARDA:

Estará, por vida mía,
bien tratado y regalado.

CELIO:

  Venid conmigo, que yo
no entiendo de sus regalos.

LISARDA:

Vamos.

CELIO:

De matarle a palos,
por milagro se escapó.
(Vanse los dos.)


<<<
>>>

Pág. 045 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

  ¿De dónde sois, labradora?

ROSELA:

Señor, de aquella alquería.

CARLOS:

¿Que habrá de aquí a la ciudad?

ROSELA:

Cuatro leguas.

CARLOS:

¿Grandes?

ROSELA:

Chicas.

CARLOS:

¿Es todo montes?

ROSELA:

Y espeso,
de robles y de sabinas,
nebrales, hayas y tejos.

CARLOS:

¿Qué dicen aquestos días
del casamiento de Otavia?

ROSELA:

Hasta agora mil mentiras,
pero ya dicen que es cierto,
y el conde Carlos camina,
para quien en la ciudad
grandes fiestas prevenían,
que de allá vino mi padre.


<<<
>>>

Pág. 046 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

¿Es la novia hermosa?

ROSELA:

Es linda,
y a la fe que el conde Carlos,
si la fama no es fingida,
no le va en zaga a la novia.

CARLOS:

Todo me causa alegría.
Id con Dios.

ROSELA:

El cielo os guarde.
(Vase.)

CARLOS:

Parece que me convida
esta fuentecilla al sueño,
que se le ven con la risa
las entrañas de la arena
y los dientes de las guijas.
Aquí me siento a escucharla,
entre aquestas maravillas,
mientras que mi gente llega.


<<<
>>>

Pág. 047 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Sale LISARDA.)
LISARDA:

Ponle en su alcándara y mira
que le regales de modo
que se componga y corrija.
Parece que aqueste halcón
mi presente historia imita.
Entre zarzas me han cogido,
cuando pensé que tenía
entre las uñas la presa,
pero no fue mi desdicha
perder a Carlos, que en fin,
mi imaginación perdía.
Pero agora que mi amor
es verdadero en su vista,
siento que le goce Otavia.
Celos me quitan la vida.
Corta fue la fama en él.
¿Por qué la pintan vestida
de lenguas, si habló tan poco?
¡Ay, cielos!, en las orillas
de aquel arroyo descansa.
¡Oh, cómo el agua lasciva
le provoca a dulce sueño!
Ni tiene celos ni envidia.
Que era mi marido Carlos,
que perdí su compañía,
que le ha de gozar Otavia,
¿cómo, cielos, se me olvida?
Que para vengarme dél,
tengo aquí la daga misma.
Temo mi amor, que está loco,
y si de razón me priva,
quitaré la vida a Carlos,
alma de mi propia vida.
Despertarle será bien.
¡Ah, Conde, así se camina
donde tanto bien se espera!


<<<
>>>

Pág. 048 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

Oh, Enrique, ¿de qué te admiras,
si ves el cristal del agua
guarnecer de perlas finas
la variedad destas flores?

LISARDA:

Mucho de tu bien te olvidas.

CARLOS:

  Enrique, no camino
con el gusto que piensas a casarme,
que un grave desatino
me obliga, en lo que miras, a vengarme;
que tuve el pensamiento
más a mi gusto en otro casamiento.
  Grande amor te he cobrado,
tu ingenio y tu persona le merecen.
Solos nos han dejado,
lugar para que hablemos nos ofrecen.
Descansaré contigo.

LISARDA:

No hay título que iguale al del amigo.

CARLOS:

  Entre estos sauces verdes,
doseles deste arroyo, escucha un rato,
que quiero que te acuerdes
si me llamaste por Lisarda ingrato,
ayer que hablamos della,
que estuvo en mí la fe, la culpa en ella.


<<<
>>>

Pág. 049 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

  ¿Qué puedes tú decirme,
que pueda disculpar su injusto agravio,
pues ella estuvo firme
y tú tan inconstante?

CARLOS:

El hombre sabio,
siempre guarda un oído;
con dos naciste, luego no lo has sido.
  Tú dices que la fama
de mí te ha dicho tales sinrazones.
Fama solo se llama
la que ensalza los ínclitos varones,
porque la mentirosa
no es fama, Enrique, es opinión famosa.
  Caseme con Lisarda,
por fama enamorado, y aún lo vivo,
y mujer tan gallarda
y preciada de pecho tan altivo,
en que tuvo fundado
casar conmigo, amando a su criado.

LISARDA:

  ¿Amando a quién? ¿Qué dices?

CARLOS:

Amando a su crïado.

LISARDA:

¿A su crïado?


<<<
>>>

Pág. 050 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

Aunque te escandalices,
Lisarda era mujer, bien disculpado
tiene su yerro el nombre,
pues tiene tantos el valor del hombre.

LISARDA:

  Lisarda ni ha tenido
tal opinión, ni es cosa que a Lisarda
puede haber ofendido.
Mucho desdice a tu valor.

CARLOS:

Aguarda,
que no quiero que creas
que caben en mi honor cosas tan feas.
  Lee esa carta y mira
si rompí la escritura por mudanza.

LISARDA:

Ya la letra me admira,
que siempre tuve cierta confianza
de que era todo engaño,
y que de envidia resultó mi daño.


<<<
>>>

Pág. 051 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Lea para sí.)
CARLOS:

  Imaginado tengo
que este mozo es espía de Lisarda.
Ya sospechoso vengo
y, aunque ninguna cosa me acobarda,
bien será que se vuelva,
o, a lo menos, dejalle en esta selva.
  Si a vengar el agravio
viene, de aquella daga y escritura,
no era consejo sabio
hablarme en ella, que si hacer procura
traición, mejor la hiciera
si della no tratara.

LISARDA:

¿Quién creyera
  que tanto una mentira
mover pudiera un noble pensamiento?

CARLOS:

Ya la carta le admira;
los suspiros, el rostro, el movimiento,
dan muestras de que siente
el daño de Lisarda, tiernamente.
  Enrique, si has leído,
¿qué vuelves a leer?, ¿qué miras tanto?


<<<
>>>

Pág. 052 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

Miro y pierdo el sentido
de ver que miente aquesta pluma, en cuanto
de Lisarda te escribe,
porque inocente como un ángel vive.
  Yo he vivido en su casa,
si te digo verdad, y aquesta letra
que el alma me traspasa,
y todos los sentidos me penetra,
es de su propia hermana,
así la envidia suele ser tirana.
  Por la cruz que ceñida
al lado traigo, y por el Dios que adoro,
que es falsa y fementida
toda la carta, y que perdió el decoro
a su sangre envidiosa,
que te debe de amar y está celosa.

CARLOS:

  Enrique, yo te creo,
pero juzga qué hicieras, si por dicha
vieras caso tan feo.

LISARDA:

Mal consejo tomaste; fue desdicha,
pues fuera más prudencia
informarte mejor de su inocencia.
  Acción indigna ha sido
de tu valor.


<<<
>>>

Pág. 053 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

Ya, Enrique, estoy casado.
Lisarda, ¿qué ha perdido?

LISARDA:

¿Qué ha perdido? El honor que le has quitado.

CARLOS:

Esto nadie lo sabe.

LISARDA:

Carlos, ningún secreto tiene llave.
  Procediste imprudente,
mas remediarlo puedes.

CARLOS:

¿De qué modo?

LISARDA:

Informando a tu gente
de que has sabido la verdad de todo,
y que volverte quieres.

CARLOS:

Mucho, Enrique, te deben las mujeres.
  ¡Qué presto que has creído
que tu amiga Lisarda está inocente!
Cosa que tú hayas sido
el crïado que quiere tiernamente,
y vengas a matarme,
si no sales mejor con engañarme.


<<<
>>>

Pág. 054 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

  Yo soy un caballero
tan bien nacido, Conde, y tan honrado
como probarlo espero,
y nunca de Lisarda fui crïado,
ni a matarte he venido,
que si quisiera, aquí te hallé dormido.
  No sé qué es trato doble,
de que infamarme injustamente quieres.
Tócame como a noble
defender el valor de las mujeres,
que el hombre que le ofende,
Carlos, ni le merece, ni le entiende,
  La mujer es corona
del hombre.

CARLOS:

En siendo buena.

LISARDA:

Y una buena
las no tales abona,
y vale por mil hombres de honor llena,
que las que malas fueron
del hombre a quien amaron lo aprendieron.

CARLOS:

  ¿Eres mujer acaso?

LISARDA:

Eso faltaba solo que dijeras.


<<<
>>>

Pág. 055 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARLOS:

Mirando el campo raso
de las flores que ya tener pudieras,
tuve aquesta sospecha,
de pensamientos atrevidos hecha.

LISARDA:

  De suerte que soy hombre
para Lisarda y darme, Carlos, quieres
de su galán el nombre,
y mujer, porque alabo a las mujeres.
¡Cómo se ve tu engaño!

CARLOS:

Enrique, tarde llega el desengaño.
  Si has de venir conmigo,
no has de hablarme en Lisarda eternamente.
El Duque, mi enemigo,
quiere que firme, y nuestra paz se asiente,
y con su hija, Otavia,
de cuanto ya pasó se desagravia.
  Lisarda, ¿qué ha perdido,
pues que puede casarse con Fineo?
Si testimonio ha sido,
culpe a su hermana y a su vil deseo,
que si yo no fui cuerdo,
baste para castigo que la pierdo.


<<<
>>>

Pág. 056 de 164
El valor de las mujeres Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LISARDA:

  Obedecerte es justo,
no te hablaré en Lisarda eternamente.

CARLOS:

Dios sabe mi disgusto,
camina que se acerca nuestra gente.

LISARDA:

¿Qué mujer ha llegado,
de amor y celos, a tan triste estado?
  La muerte me responde
que no hay otro remedio: estoy perdida.
Hasta casarse el Conde,
seguid sus pasos, enojosa vida,
que no hay dolor tan fuerte
que del término pase de la muerte.


<<<
>>>

Acto II
Pág. 057 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


Salen el MARQUÉS FINEO y ESTACIO.
ESTACIO:

  Notables fiestas se han hecho
al Conde.

FINEO:

Mayores son
las que hace en esta ocasión
a su esperanza mi pecho.
  Ya por lo menos me queda,
seguramente, Lisarda.

ESTACIO:

A que llegue el Duque aguarda,
para que casarlos pueda,
  porque así como se vean,
quiere que se den las manos.

FINEO:

Tras tantos enojos vanos,
quiere amor que amigos sean.
  Bizarra estuvo al entrar
toda la gente de guerra,
pero no llegó la tierra
a las fiestas de la mar.

ESTACIO:

  Tiene mayor ocasión.


<<<
>>>

Pág. 058 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen LISARDA y TRISTÁN.)
LISARDA:

Hoy ha llegado mi muerte.

TRISTÁN:

¿Por qué sientes desta suerte
esta amistad?

LISARDA:

¿No es razón?

TRISTÁN:

  No, por Dios, pues es más justo
que te alegres de su bien,
que no que ahora te den
sus casamientos disgusto.
  Y si pena recebías,
¿por qué veniste con él?

LISARDA:

Porque mi suerte crüel
pusiese fin a mis días.

TRISTÁN:

  Estoy de verte confuso,
celoso desta mujer,
pero tú debes de ser
de los amigos al uso.
  Amigo conozco yo,
si amigo este tal se llama,
que fiándole una dama,
con ella se me quedó.
  Pero tenía tal cara,
sobre tener mucha edad,
que me hizo más amistad,
que si no me la quitara.
  Si sentimiento tenías,
de que Otavia venga a ser
del conde Carlos mujer,
¿para qué con él venías?
  El amigo verdadero,
Enrique, ha de ser leal,
para el bien y para el mal.


<<<
>>>

Pág. 059 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

No sé qué te diga. Hoy muero.
  Tan solo pienso aguardar,
con poca o con mucha fe,
a que la mano le dé,
para arrojarme en la mar.

TRISTÁN:

  ¿Qué dices?

LISARDA:

Que no respondas,
porque en siendo suya Otavia,
me verás desde la gavia
hacer sepulcro las hondas.

TRISTÁN:

  ¿Matarte tú? Pues, ¿por qué?

LISARDA:

Yo me entiendo.

TRISTÁN:

No te entiendes,
antes la amistad ofendes
de Carlos.

LISARDA:

Carlos sin fe.
  Vive el cielo que fue injusto
en deshonrar a Lisarda.


<<<
>>>

Pág. 060 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen el CONDE CARLOS, LUCINDO, su hermano, y gente.)
CARLOS:

El Duque, Lucindo, tarda.

LUCINDO:

¡Todo le causa disgusto
  a quien espera algún bien!

CARLOS:

Mucho mi esperanza agravia.

LUCINDO:

No estará compuesta Otavia.

LISARDA:

¿Que mis desdichas estén
  aquí con esta paciencia?

TRISTÁN:

Muchos recelos me das.

LISARDA:

Tristán, yo no puedo más,
que no hay con celos prudencia.

TRISTÁN:

  ¿De quién los tienes?

LISARDA:

De Otavia.

TRISTÁN:

¿Pues tú la has querido bien,
para sentir el desdén
con que casada te agravia?

LISARDA:

  No la quiero sino mal.


<<<
>>>

Pág. 061 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Según eso, ¿al Conde quieres?
¿Eres...? Di, no sé quién eres.

LISARDA:

Soy a mi desdicha igual.

TRISTÁN:

  Señas y palabras son,
iba a decir, de...

LISARDA:

Detente
y no juzgues imprudente,
por sola imaginación,
  que cuando en la mar me arroje,
te diré desde la nave
quién soy.

TRISTÁN:

En caso tan grave
no te espantes que me enoje.
  A la mar te arrojarás,
Enrique, desde la entena.
Vive Dios, que eres sirena,
o eres el pez Nicolás,
  y no me puede engañar
una esperiencia tan clara,
que eres sirena en la cara
y pez en querer nadar.

FINEO:

  Ya viene la gente, Estacio,
sin duda la novia es esta.


<<<
>>>

Pág. 062 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Tocan.)
ESTACIO:

La guarda lo manifiesta,
ya llega el Conde a palacio.
(Salgan los soldados que puedan, con arcabuces, y cerquen al CONDE; y ADRIÁN con una alabarda en las manos.)

ADRIÁN:

  Dese vuesa señoría
a prisión.

CARLOS:

¿Cómo a prisión?

ADRIÁN:

Dese a prisión.

CARLOS:

Es traición
y notoria alevosía.

ADRIÁN:

  Si se pusiere en defensa,
disparalde.

LUCINDO:

Date, hermano,
porque es la defensa en vano
cuando es traidora la ofensa.

CARLOS:

  ¿El Duque me prende a mí,
cuando me vengo a casar
con su hija?

FINEO:

¡Qué pesar!


<<<
>>>

Pág. 063 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

¡Qué placer!

FINEO:

Mi bien perdí.

LISARDA:

  Mas, ¿cómo digo placer?
Aunque no se case el Conde,
si este le prende o le esconde,
donde no le pueda ver,
  yo soy muerta.

TRISTÁN:

¿Estás contento
de que el Conde no se case?

LISARDA:

Antes triste de que pase
a prisión su casamiento.


<<<
>>>

Pág. 064 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale el DUQUE ALBERTO.)
ALBERTO:

  Hoy serás, Carlos, un ejemplo al mundo,
para los que agraviando se fiaron
de su enemigo, y el rigor profundo
de un ofendido noble despreciaron.
Ni seré yo el primero, ni el segundo,
de los que con engaño se vengaron.
Advierta el que ofendió de quién se fía:
tuya es la culpa, y la venganza mía.
  ¿Cómo tan fácilmente persuadiste
tu pecho, a que mi sangre quería darte,
y a su casa del mismo que ofendiste
venías, sin vergüenza, a aposentarte?
Tú eres discreto, y crédito le diste
a tu enemigo, sin saber que el arte
de la venganza, por principios tiene
falsa amistad, con que a vengarse viene.
  No sabes cuántos reyes desta suerte,
en Francia, en Alemania, Italia, España
a quien los agravió dieron la muerte.
Dichoso aquel que a su enemigo engaña.
Tu confianza agora no te advierte,
y de tu atrevimiento desengaña,
pues sabe, Carlos, que los hombres sabios
no se olvidan jamás de los agravios.


<<<
>>>

Pág. 065 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CARLOS:

  Duque, como hay ejemplos de nobleza,
usada con mayores enemigos,
puse en tus propias manos mi cabeza,
y más después de ser deudos y amigos.
La vil venganza siempre fue bajeza,
de que en los libros hay tantos testigos,
que no es este el ejemplo donde alcanza
opinión el honor por la venganza.
  Moviome a darte crédito el engaño
de tu palabra y alto nacimiento,
y el no ser yo quien te ofendió, si el daño
por ser figura de mi padre siento;
pero de una verdad te desengaño,
que con esta crueldad y atrevimiento,
correrás las cortinas a tu agravio,
cosa que no se cuenta de hombre sabio.
  La fama por el mundo dilatada,
dirá que de mi padre fue ofendida
tu cara, aunque con mano tan honrada
que entonces la dejó de honor vestida.
Sábese más la afrenta más vengada,
y más si fue traidor el homicida.
Vamos, soldados, que contento muero.
Cumplí lo que firmé, soy caballero.
(Llévenle.)


<<<
>>>

Pág. 066 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

  Y yo también lo soy.

LUCINDO:

Bien se parece
en la disposición de aqueste trato.

ALBERTO:

¿Quién eres tú?

LUCINDO:

Quien por el Conde ofrece
la vida, y con mil vidas fuera ingrato.

ALBERTO:

Vete, loco, si amor te desvanece.
(Vase el DUQUE.)

LUCINDO:

Eres, de un Claudio, de un Nerón, retrato.
¡Con qué crueldad se lleva preso al Conde!

FINEO:

Calla la envidia y la verdad responde.
  ¿Sois vos pariente suyo?

LUCINDO:

Soy su hermano.

FINEO:

Mirad que os prenderá si el nombre sabe.

LUCINDO:

¿Y vos quién sois?

FINEO:

Un mercader romano,
que ahora en esta mar fleta una nave.


<<<
>>>

Pág. 067 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LUCINDO:

Para librar a Carlos del tirano,
antes por dicha que su vida acabe,
¿qué remedio mejor que hacerle guerra,
si vos me dais pasaje hasta mi tierra?

FINEO:

  Nave os daré, dineros y aun soldados,
que soy..., pero en la mar sabréis mi nombre.

LUCINDO:

Dadme esos pies.

FINEO:

Venid, que en los airados
tiempos se prueba el corazón del hombre.

LUCINDO:

Vientos, dadme favor, mares sagrados,
sereno cielo vuestro campo escombre,
las selvas humillad de plata, en tanto
que me conduce al puerto el cielo santo.
(Vanse FINEO, LUCINDO y ESTACIO.)

TRISTÁN:

  ¿Qué suspensión es esta?

LISARDA:

No te admires,
que me lleva la vida el Conde preso.

TRISTÁN:

Que por el Conde mueras y suspires
me lleva a mí sin gusto, y aun sin seso.

LISARDA:

Ni en lo que digo adviertas, ni me mires.


<<<
>>>

Pág. 068 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

¿No era casarse el Conde mal suceso?

LISARDA:

Terrible.

TRISTÁN:

Pues si el Conde no se casa,
¿qué es lo que ahora el corazón te abrasa?
  Sácame desta pena, que me matas.
Mira que soy honrado, aunque soy pobre.
No sean tus entrañas tan ingratas
con quien te sirve, aunque razón te sobre.
Cuanto más tus secretos me dilatas,
haces que más atrevimiento cobre:
¿eres fémina acaso, o más que genus?
Dime si eres Cupido, o si eres Venus.
  Mira que si Fidelio, tu privado,
me escogió para hacer este camino
no me buscó por hombre descuidado:
todo soy un coral de puro fino.
Entrar en tu aposento me has negado,
tú te vistes y calzas; imagino
que tienes de hombre solamente el nombre.

LISARDA:

Yo soy tan hombre, y más que ningún hombre.

TRISTÁN:

  El otro día permitió la llave
de tu aposento, aunque era de mañana,
verte al soslayo entre el marfil suave
del pecho, un es no es, como manzana.
No entiendo qué es, aunque el cambray lo sabe.
Sospecha fue. ¿Quién duda que fue vana?
Pues yo te juro que decirte puedo
otros secretos que me impide el miedo.


<<<
>>>

Pág. 069 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

  ¿Secretos tú?

TRISTÁN:

¿Pues no?

LISARDA:

¿De qué?

TRISTÁN:

¿Es pequeño
ser yo mujer?

LISARDA:

¿Mujer así, barbado?

TRISTÁN:

Con los trabajos le saldrán a un leño.
Saliéronme de muchos que he pasado,
barbé buscando mi querido dueño,
y estoy desta manera transformado,
no tengo más que de Tristán el nombre
y, como soy mujer, así eres hombre.

LISARDA:

  Tristán, ya no es posible que te encubra
que soy mujer: yo soy mujer y adoro
al Conde. ¿Quieres más que te descubra?

TRISTÁN:

La calidad y el nombre.

LISARDA:

El nombre ignoro.

TRISTÁN:

Cúbrase ahora lo que es bien se cubra.
Basta saber que tu persona es oro,
sin saber los quilates, porque creo
que debe de importar a tu deseo.
  Ahora no errarás cosa que emprendas.


<<<
>>>

Pág. 070 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

Yo he de librar al Conde.

TRISTÁN:

¿Cómo?

LISARDA:

Advierte...
pero allá será bien, Tristán, que entiendas
cómo ha de ser.

TRISTÁN:

Valor heroico y fuerte,
mas parece imposible, aunque te vendas
y por el mismo precio se concierte.

LISARDA:

Presto verás quién soy.

TRISTÁN:

Ya sé quién eres.

LISARDA:

Mal sabes el valor de las mujeres.
(Vanse.)
(Salen OTAVIA y el DUQUE.)

ALBERTO:

  Prendile, como te digo.

OTAVIA:

¿Pues para qué me engañaste
y con Carlos me casaste?
¿No era ya Carlos tu amigo?

ALBERTO:

  Procuraba entretener
desta suerte mi secreto,
que no puede ser discreto
quien le encomienda a mujer.


<<<
>>>

Pág. 071 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


OTAVIA:

  ¿Cuándo has hallado que yo
te revelase ninguno?

ALBERTO:

Por no quejarme de alguno,
mas viste al Conde.

OTAVIA:

Yo no.

ALBERTO:

  Mientes, que cuando llegaba
en una reja te vi.

OTAVIA:

¿Y cómo sabes de mí
que en ella al Conde miraba?
  ¿Había de adivinar
quién era entre tanta gente?

ALBERTO:

Conócese fácilmente,
y alguien te pudo enseñar,
  fuera de que amor es ciego
para cumplir sus antojos,
y lince para sus ojos.

OTAVIA:

De amor, señor, no lo niego,
  pero yo no tengo amor.

ALBERTO:

¿Al Conde no?

OTAVIA:

¿Para qué,
si le has de matar?


<<<
>>>

Pág. 072 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

Yo sé
que has sentido mi rigor.

OTAVIA:

  Como ya para matar
al Conde, aunque sin razón,
comienzas la información,
testigos quieres buscar.
  Pues si comienzas por mí,
yo te digo que es mal hecho.

ALBERTO:

¿Ves que hay amor en tu pecho?

OTAVIA:

¿Amor en mi pecho?

ALBERTO:

Sí.

OTAVIA:

  No es amor lo que es piedad
y el defender la razón.

ALBERTO:

Todas las mujeres son
hijas de su voluntad.
  ¿Cómo aquí te toca amor?
¿No soy tu padre?

OTAVIA:

Sí eres,
mas son las propias mujeres
hijas de su propio honor.
  ¿Casábasme para amar
a mi marido?


<<<
>>>

Pág. 073 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

Pues no.

OTAVIA:

¿Luego es bien que sienta yo
que me le intentes quitar?

ALBERTO:

  Tú no le has visto.

OTAVIA:

En mujer,
basta de marido el nombre,
que en habiendo visto un hombre,
saben cómo pueden ser,
  porque desde que nacemos,
para tener perfeción
con sola imaginación
nuestros maridos queremos.

ALBERTO:

  ¿Quién os enseña a querer?

OTAVIA:

Naturaleza.

ALBERTO:

¿Que el nombre
amáis?

OTAVIA:

Sí, porque es el hombre
propio fin de nuestro ser.

ALBERTO:

  ¡Luego querías que yo
mis agravios no vengara!


<<<
>>>

Pág. 074 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


OTAVIA:

¿No es el Conde el que tu cara,
como dicen, ofendió?

ALBERTO:

  Necia estás.

OTAVIA:

Estoy corrida
de lo que dirán de mí.

ALBERTO:

¿Qué pueden decir de ti?

OTAVIA:

Que fui también homicida
  del Conde, ya mi marido.

ALBERTO:

Aunque más digas, el Conde
ha de morir.

OTAVIA:

Si no hay dónde,
justicia a los cielos pido.
(Sale LISARDA, en forma de loco, con un capotillo de dos haldas con cintas, [y] TRISTÁN, de maestro suyo.)

TRISTÁN:

  Sin tiempo habemos llegado.

LISARDA:

¿Qué queréis, si vuela el tiempo?

TRISTÁN:

Porque me dicen que están
los casamientos deshechos.


<<<
>>>

Pág. 075 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

Como esos hay en el mundo.

TRISTÁN:

¡Calla, loco!

ALBERTO:

¿Qué es aquesto?

TRISTÁN:

Sabiendo, invicto señor,
que en dichoso casamiento
dábades a Otavia al Conde,
que dicen que tenéis preso,
os truje la mejor pieza
que hay en el húngaro reino
en materia de locuras
y graciosos desconciertos.
Sabe tañer y cantar,
sabe hacer famosos versos.

LISARDA:

En diciendo que soy loco,
¿no estaba claro, maestro?

TRISTÁN:

¿Sabe hacer mal a un caballo?

LISARDA:

Y a un jumento por lo necio,
aunque pues no os hice mal,
seguro estáis.

TRISTÁN:

Y con esto,
en lo que es criar halcones
es únicamente diestro,
y en hacer un capirote
curioso por todo estremo.


<<<
>>>

Pág. 076 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

Para capirotes, Duque,
amor, porque los ha puesto
al más famoso neblí
que fue cometa del viento,
aunque interés y codicia
más de una vez los han hecho
a damas, y aun a jueces.

TRISTÁN:

¡Calla, ignorante!

LISARDA:

No quiero.
Una vez les puso amor
un capirote a dos viejos,
con que los apedrearon,
del papel sagrado es esto.
No fue malo el de Alejandro,
que se llamó, cuando menos,
hijo de Júpiter sacro,
o que tal se le pusieron
sus vitorias a Haníbal
y sus glorias a Pompeyo.
Uno puso el propio amor
a Narciso, aquel mancebo
que inventó los aladares,
mal fuego se encienda en ellos,
que anduvo de selva en selva
muerto de amor y deseo
de sí mismo.


<<<
>>>

Pág. 077 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

¡Estraño loco!

LISARDA:

¿Qué capirote más ciego
que el del poeta Tamiras,
pues que tuvo atrevimiento
de desafiar las musas?
Pero ellas, por el exceso,
le sacaron los dos ojos.

TRISTÁN:

Si no callas, te prometo
de hacer en ti un gran castigo.
Digo, señor, que pues vengo
más a ocasión de tristeza
que de alegría, hoy me vuelvo
con mi loco.

ALBERTO:

No es razón,
porque tengo más contento
que antes de prender al Conde.

LISARDA:

Sin que juréis, os lo creo.
Linda cosa es la venganza.
¡Vengaos, matalde!

ALBERTO:

Y tan presto,
que no pasarán dos días.


<<<
>>>

Pág. 078 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

Muchos son, matalde luego,
que por mi fe que la ira
buen capirote os ha puesto.

ALBERTO:

¿Cómo te llamas?

LISARDA:

¿Yo?

ALBERTO:

Sí.

LISARDA:

Valor.

ALBERTO:

¿Valor?

LISARDA:

Y le tengo
para conquistar el mundo.

ALBERTO:

Valor amigo, yo quiero
que seamos muy amigos.

LISARDA:

Sabe Dios a lo que vengo,
que como soy cazador,
si al neblí de mis deseos
puedo quitar las pigüelas,
pardiez que ha de dar tal vuelo,
que no le alcancéis de vista.

ALBERTO:

Pájaros tengo tan buenos,
que no hay príncipe en Europa,
que no me escriba por ellos.


<<<
>>>

Pág. 079 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

Uno solo quiero yo,
que dicen que si le suelto
ha de alcanzar una garza
que anda ahora por el cielo.

ALBERTO:

Mi hija Otavia, Valor,
está triste del suceso
del Conde.

LISARDA:

Y tiene razón.

ALBERTO:

¿Por qué, Valor, si yo puedo
con mejor marido honrarla?

LISARDA:

Porque en viendo casamiento,
hay mujeres como niños,
a quien dan zapatos nuevos,
que todos les vienen bien,
y en poniéndole el primero
con aquel quiere quedarse.

ALBERTO:

Que has de entretenerla creo,
y pues que cantas y tienes
otras mil gracias, te ruego
que consueles su tristeza.
(Vase el DUQUE.)


<<<
>>>

Pág. 080 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

¡Ah, señorita!, ¿qué es esto?
Mire, que dice su padre
que vengo a ser su consuelo.
¿En qué piensa? ¿En qué imagina?
¿Cifrose el poder inmenso
de Dios en el conde Carlos?
¿No hay otros mil caballeros?
¿No os quedan los doce pares,
Calaínos y Gaiferos,
Oliveros y Roldán,
que jugara con Rugero
a la pelota por vos?
Porque es tan antiguo el juego,
que ha tres mil años y más,
y Roldán ha muchos menos.
¿No respondéis? ¿Qué tenéis?
¿Queréis que os cante?

OTAVIA:

Sospecho
que fuera mejor llorarme.

LISARDA:

Alzad los ojos del suelo,
porque las grandes fortunas
son para los grandes pechos.
¿Queríades mucho al Conde?

OTAVIA:

Como a mi esposo le quiero.


<<<
>>>

Pág. 081 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

¿Pues vístesle?

OTAVIA:

Cuando entraba.

LISARDA:

¿Y qué os pareció?

OTAVIA:

No pienso
que haya formado en la tierra
más linda persona el cielo.
¡Mira tú, Valor amigo,
qué puedo hacer si le pierdo!
{{Pt|LISARDA:|
Tener mi nombre.v

OTAVIA:

Valor,
ya que valor tener puedo.

LISARDA:

El de mujer bien nacida,
que si vos queréis, yo entiendo
que le daréis libertad,
como otras muchas han hecho.
En las historias de España,
y en otras mil hay ejemplos
de mujeres valerosas,
que estando sus dueños presos
los sacaron y llevaron
por los montes, con los hierros.


<<<
>>>

Pág. 082 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


OTAVIA:

Si yo pudiera intentarlo,
aunque mi padre soberbio
me quitara cien mil vidas,
sacara mi amado dueño
de la prisión donde está.

LISARDA:

La obligación os concedo,
pues está preso por vos,
mas no os faltará remedio.

OTAVIA:

No tengo de quién fiarme.

LISARDA:

Fiaos de mí, que a eso vengo.

OTAVIA:

¿Pues quién eres que pareces
cuerdo?

LISARDA:

Por penas soy cuerdo.

OTAVIA:

¿No eres loco?

LISARDA:

¿Puedo hablar?

OTAVIA:

Puedes, si eres quien sospecho.


<<<
>>>

Pág. 083 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

  Yo soy, Otavia, Enrique de Sajonia,
primo de Carlos, hijo de madama
Felicia, agora reina de Polonia.
  Más por la obligación que por la fama
vine a estas bodas por hacer en ellas
lo que en la corte ostentación se llama.
  Diome colores una de las bellas
señoras que ve el sol en cuanto gira,
y sus celos me dio también con ellas.
  Vine con Carlos, a quien hoy la ira
del Duque quiere dar injusta muerte,
cosa que al cielo y a la tierra admira.
  Amor, entonces, lo que ves me advierte;
fínjome loco para entrar a hablarte,
porque fuera imposible de otra suerte.
  Si quieres a su bien determinarte,
aquí tendrás mis brazos y mi vida,
que por el conde Carlos vengo a darte
  los dos; podréis poneros en huïda,
donde el primero nieto hará las paces;
si no, serás de un ángel homicida.
  Pero si le defiendes, satisfaces
tu obligación, y quedas por quien eres,
con el laurel que a tus virtudes haces,
y yo con el valor de las mujeres.


<<<
>>>

Pág. 084 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


OTAVIA:

  Enrique, fuera de mí,
y con Carlos en el pecho,
la relación que me has hecho,
enamorada advertí.
  Alabo tu gran valor
y tu amor, Enrique, alabo,
por quien de entender acabo
cuál es la fuerza de amor.
  De menos conocimiento
es el mío, claro está,
mas yo sé que vencerá
tu amoroso atrevimiento.
  El tirano padre mío
de Carlos me enamoró,
por marido me le dio,
y que lo ha de ser confío.
  Para prenderle ha tomado
por instrumento mi amor,
y infamando su valor
le ha vendido, y me ha burlado.
  Aquí he tenido con él
palabras, en que podría
conocer que no sería
con Carlos solo crüel.
  Pero en duda intentaremos
darle los dos libertad,
pues con una voluntad
sangre y vida le ofrecemos.
  Tú, por amigo, has de ser
dueño desta hazaña honrada;
yo, por mujer, obligada,
pues soy de Carlos mujer.


<<<
>>>

Pág. 085 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

  Alaben tu nombre, Otavia,
plumas, mármoles, pinceles,
con los eternos laureles
de mujer valiente y sabia.
  Que con esa confianza
ose venir a poner,
en firmeza de mujer,
dos vidas y una esperanza.
  Soy hombre y estoy corrido
de que venzas mi valor,
mas siempre fue vuestro amor
a nuestro amor preferido.
  Aquí no queda lugar
de pensar más que un engaño;
resulte en provecho o daño,
este se ha de ejecutar.
  Tú has de entrar a ver al Conde,
comprando con un tesoro
la entrada, que para el oro
ninguna puerta se esconde.
  Yo, en forma de loco, tengo
de entrar contigo también,
que no hay sospecha en que den
en el hábito que vengo.
  Lo demás sabrás después,
y plega al cielo que sea
como mi pecho desea,
que aún es más de lo que ves.
  Si no te hallas con el oro
que digo, yo te daré
tales joyas que no esté
seguro el mayor decoro.
  Las guardas habla, y de pechos
de diamantes no te espantes:
diamantes labran diamantes,
unos con otros deshechos.


<<<
>>>

Pág. 086 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


OTAVIA:

  No he menester más que dicha,
oro me sobra. ¿El que viene
contigo quién es?

LISARDA:

Quien tiene
en sus hombros mi desdicha.
  Es Atlante de mis penas.

OTAVIA:

¿Su cierto nombre?

LISARDA:

Tristán.

OTAVIA:

¡Tristán!

TRISTÁN:

Señora.

OTAVIA:

Aquí están
dos piedades de amor llenas,
  una de un perfecto amigo,
y otra de una mujer noble.


<<<
>>>

Pág. 087 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Segura de trato doble,
puedes intentar conmigo
  la más atrevida hazaña,
demás de ser tan piadosa,
que te han de llamar famosa
Italia, Francia y España.
  El hábito en que está Enrique
es seguro para hablarte.
Amor no hay industria ni arte
que no busque, y que no aplique.
  Ven a dar tu nombre ilustre
a la fama que provocas,
ya con el bronce en mil bocas,
porque corone y ilustre
  el valor de las mujeres,
con envidia de los hombres.

OTAVIA:

Hoy ganaremos tres nombres.

TRISTÁN:

Basta el que a tu fama adquieres.

OTAVIA:

  Enrique, de amigo honrado,
y el mejor que puede ser;
yo, de la mejor mujer;
y tú, del mejor criado.


<<<
>>>

Pág. 088 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale ADRIÁN y cuatro soldados, LIDIO, BRUNELO, TACIO, LEANDRO, y una caja de guerra.)
ADRIÁN:

  Cuidado y vigilancia son los ojos
con que pintó la antigüedad las velas.

TACIO:

Arrimo a la pared desta muralla
el señor arcabuz.

LIDIO:

Cimientos tiene
para tener a los demás.

BRUNELO:

¿Qué hace
de encarecer el Capitán la guarda,
viniendo el Conde a solos casamientos?

LIDIO:

¿Si le querrá matar?

BRUNELO:

Así lo dicen.

LIDIO:

¿Óyelo el Capitán?

BRUNELO:

Está mirando,
divertido, la puerta de la torre.

LIDIO:

Pues vive Dios que es un bellaco, Alberto.

TACIO:

¿Hase visto mayor tacañería?


<<<
>>>

Pág. 089 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BRUNELO:

Que por vengarse de su padre Albano,
que a las mejillas le aplicó la mano,
finja casar a Otavia con el Conde,
y le traiga a su casa desta suerte,
para prenderle y darle injusta muerte...

TACIO:

Brunelo, poco a poco de los príncipes,
que como tienen tantos lisonjeros,
nunca les cuentan, honran, ni encarecen
a los que dicen bien de sus virtudes,
sino a los que sus vicios vituperan,
si le matare, mátele, no importa;
un alcalde mayor está en el cielo,
a quien se apela del poder del suelo.

LEANDRO:

¿Por qué le ha de matar?

TACIO:

Porque los reyes
pueden hacer y deshacer las leyes.

LIDIO:

Muerto quedé cuando mandó prendelle,
y le vi tan gallardo y bien crïado.

BRUNELO:

Todo el pueblo murmura.

TACIO:

El pueblo hace
como pueblo y canalla.

LIDIO:

Por lo menos,
cuando suben al cielo muchas voces,
no están seguros los que son la causa.


<<<
>>>

Pág. 090 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BRUNELO:

Pon esa caja, y metan paz los huesos,
cuyos puntos le den por los carrillos
al que los inventó.
(Sale TRISTÁN.)

TRISTÁN:

Señor Alcaide,
una palabra oíd.

ADRIÁN:

¿Quién os envía?

TRISTÁN:

Otavia, mi señora, quiere hablaros.

ADRIÁN:

No me puedo quitar de aquesta puerta.

TRISTÁN:

Ni hay para qué, pues ella rebozada
os viene a ver.
(Sale OTAVIA, con una mantellina y un sombrero, y LISARDA, de loco.)

ADRIÁN:

¿Qué es esto, mi señora?

OTAVIA:

Alcaide, el justo amor de mi marido.
(Jugando los soldados en la caja, hablan entre sí.)

BRUNELO:

Tiene mucha razón, que le ha perdido.

LISARDA:

Pues tomo el dado yo.


<<<
>>>

Pág. 091 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ADRIÁN:

Vuestra Excelencia
viene de aquesta suerte con un loco.

LEANDRO:

A quien tanto ha perdido, todo es poco.

OTAVIA:

Con esto se encarece el amor mío.
A vuestros pies me vengo a echar, alcaide.

LEANDRO:

¡Qué humilde está quien pierde!

BRUNELO:

Mas aviso.

ADRIÁN:

Señora, vive Dios que al Conde os diera,
por tal piedad, como traición no fuera.

BRUNELO:

Es un bellaco el que inventó los dados.

OTAVIA:

No os pido al Conde yo, que solo quiero
que os sirváis desta caja, de mis joyas,
y me dejéis entrar a hablar al Conde.

TACIO:

Quien oye la razón, cortés responde.

ADRIÁN:

No puedo yo, señora, ni es posible.

BRUNELO:

Azar.


<<<
>>>

Pág. 092 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


OTAVIA:

Tomad las joyas, que algún día
será Otavia señora deste estado,
y me habréis menester.

ADRIÁN:

Estoy turbado;
por vos las tomo, y por mi gran pobreza.

BRUNELO:

Siete y llevar.

ADRIÁN:

Entrad, sin que esta gente
que está jugando divertida ahora
os pueda ver ni murmurar, señora.

TACIO:

Todo lo veo y juegue limpio.

OTAVIA:

Entremos,
Valor, a ver al Conde, mi marido.

LISARDA:

Pardiez, entremos.

OTAVIA:

¡Qué ventura ha sido!

BRUNELO:

Soy venturoso yo.

ADRIÁN:

¿Qué no corrompe
el oro? Pero, en fin, no ha sido yerro,
que Otavia será, presto, nuestro dueño,
y por ventura, el Conde, aunque está preso,
que el Duque no querrá matar al Conde.


<<<
>>>

Pág. 093 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TACIO:

Quien gana, él se pregunta y se responde.

ADRIÁN:

Que pueda tanto amor, que venga Otavia,
soldado amigo, con aqueste loco,
con ser mujer tan grave, honesta y sabia.

TRISTÁN:

Quien ama, honor y vida tiene en poco,
y siendo su marido el que se agravia...

ADRIÁN:

A piedad justamente me provocó.

TRISTÁN:

Es muy piadoso el recibir, que tiene
efetos de ablandar.

TACIO:

Otro azar viene.

BRUNELO:

No juego más, pesar de los bellacos,
huesos al fin de un animal con cuernos.
En el cañón me han de servir de tacos.

TACIO:

Alguno habrá que le parezcan tiernos.

TRISTÁN:

La codicia ha rompido muchos sacos,
da siempre mala cuenta de gobiernos.
Otavia sale y disfrazado el Conde.


<<<
>>>

Pág. 094 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale OTAVIA y el CONDE, con el capote de LISARDA.)
CARLOS:

¡Cielos, favor!

OTAVIA:

Detrás de mí te esconde.
Alcaide, adiós.

ADRIÁN:

Adiós, señora mía.

OTAVIA:

Este favor escribo en la memoria,
y sé que ha de importaros algún día.

TRISTÁN:

Caminad por aquí.

ADRIÁN:

La mayor gloria
de amor es ver su dulce compañía.
Preso está el Conde que ha de dar historia
trágica al mundo con su injusta muerte,
si no es que el tiempo nuestra paz concierte.
¡Alerta, hola, soldados!, que aunque el Conde
está tan lejos de su patria y gente,
no se puede saber qué engaño esconde
el temor de la vida diligente.
Roma con mil ejemplos nos responde,
Grecia también, por eso es bien que intente
la vigilancia en militares cargos
vestir las armas de los ojos de Argos.


<<<
>>>

Pág. 095 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BRUNELO:

Descuida de nosotros, que si fuera
Dédalo el Conde y, de infinitas sumas,
camino al aire en cuerpo humano hiciera,
y en los rayos del sol mezclara plumas,
de la torre en que vive no la viera,
ni le dieran sepulcro las espumas
del mar, adonde yace aquel mancebo,
ave con alma, y pez con plumas nuevo.

ADRIÁN:

Contento estoy de ver vuestro cuidado.
Sírvase el Duque, justo o injusto sea.

TACIO:

El suceso es del vulgo murmurado,
mas, ¿qué perdonará que sepa o vea?

ADRIÁN:

Han hecho los políticos estado
cualquiera hazaña ignominiosa y fea
que a la conservación importe, y tanto
que eso juzgan por justo, honesto y santo.
(Sale el DUQUE.)

ALBERTO:

  ¡Capitán!

ADRIÁN:

¡Señor!

ALBERTO:

Yo vengo
determinado a matar
al Conde.


<<<
>>>

Pág. 096 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ADRIÁN:

A lisonjear,
temor y vergüenza tengo,
  pero no sé qué consejo
tienes para lo que intentas.

ALBERTO:

El que me dan las afrentas
que miro en mi propio espejo.
  Crueldad parece, y no es,
pues que doy satisfación
al mundo.

ADRIÁN:

No hay opinión
que no la ponga a los pies
  la verdad, a quien ayuda
el tiempo.

ALBERTO:

Tiempo en agravio,
ni verdad.

ADRIÁN:

Dicen que el sabio
consejo y consejos muda.

ALBERTO:

  Entra, soldado, por él,
y tú prevén la pistola.

BRUNELO:

Yo voy.


<<<
>>>

Pág. 097 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

No es mi hazaña sola
la que parece crüel.
  No soy Claudio, ni Nerón,
ni hago al claustro soberano,
con el incendio romano,
fiestas en esta ocasión.
  No echo a fieras cautivos
en teatro, o coliseo,
ni en el toro perileo
enciendo los hombres vivos.
  Un hombre quiero matar:
¿es mucho, si me ha ofendido?

ADRIÁN:

A un poderoso atrevido,
¿quién le puede replicar?
(Salen BRUNELO y LISARDA, con una capa y sombrero.)

BRUNELO:

  Estraña ha sido la traza,
sal fuera.

ADRIÁN:

Confuso estoy.

LISARDA:

Ya os digo que yo no soy,
ni Conde, ni calabaza.

ALBERTO:

  ¿Qué es esto?


<<<
>>>

Pág. 098 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BRUNELO:

Que en vez del Conde,
el loco Valor hallé.

ALBERTO:

¿Cómo?

BRUNELO:

Que el Conde se fue.

ALBERTO:

¿Qué es esto? ¡Adrián, responde!

ADRIÁN:

  Señor.

ALBERTO:

¿Agora turbado?

ADRIÁN:

Aquí vino mi señora,
y con este loco, ahora,
a ver su marido ha entrado.
  Pero yo la vi salir,
también, con el mismo loco.

ALBERTO:

Ese era el Conde. Tampoco
quisiste, Alcaide, vivir.
  Dispárale esa pistola.
(Dispárele un soldado.)

ADRIÁN:

¡Muerto soy, matome el oro!
(Vase.)


<<<
>>>

Pág. 099 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

¡Hola!, quitalde el tesoro,
causa de su muerte sola.
  Saquealde, que hallaréis
una mina en él, soldados.

ALBERTO:

¡Mis afrentas y cuidados,
cielos, sin razón crecéis!
  No debo culpar a Otavia,
la misma verdad responde:
dile por marido al Conde,
fue heroica mujer, fue sabia.
  Perro, ¿cómo entraste aquí?

LISARDA:

Vos lo sois, pues que rabiáis,
que ese nombre que me dais
no me viene bien a mí.
  Díjome aquella doncella
que viniésemos acá,
donde su marido está;
¡par Dios!, que vine con ella,
  eso no lo negaré.
Habláronse de secreto
y sacó del falso peto
un limón, o no sé qué;
  comenzó a hacer en los grillos
chique, chique y fue de modo,
que se cayó el hierro todo,
y harto me pesó de oíllos.
  Amores que se dijeron,
dulzuras con que se hablaron,
con que en celos me abrasaron
y, un rato, llorar me hicieron.
  Diome de barato a mí
el Conde un abrazo y fuese.


<<<
>>>

Pág. 100 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

¿Que Otavia este engaño hiciese
por el Conde?

LISARDA:

Yo los vi
  de la manera que os digo,
y estoy ciego de llorar,
ved que me quieren dejar,
siendo yo su grande amigo.
  Así Dios os guarde, Duque,
que me matéis no queráis,
si con vida me dejáis,
que el alma se me trabuque.
  Estoy, aunque soy león,
ahora con la cuartana,
si no los hallo mañana,
cantadme kirieleisón.
  ¡Oh, bellacos!, cuales van
haciendo burla de vos.

ALBERTO:

Seré un tigre, pues los dos
pienso que a la mar irán,
  y me llevan el honor.

LISARDA:

¿Pues no me matáis a mí?

ALBERTO:

¿Qué sirve matarte a ti,
Valor sin algún valor?


<<<
>>>

Pág. 101 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

  ¿No ves que soy el culpado,
y el que les di la invención?

ALBERTO:

Con esa misma razón
me has muerto, y te has disculpado.

LISARDA:

  ¿Luego pensáis que lo digo
de burlas?

ALBERTO:

¡Vete, inocente!
(Vase el DUQUE, con los soldados.)

LISARDA:

¡Que esté la muerte presente,
y huiga porque la sigo!
  ¡Ah, que no merezca un triste
la muerte! ¡Estraño pesar!
¡Que se me haga de rogar
la que ninguno resiste!
  ¡Ay, Carlos mío!, ¿qué puedo
hacer por ti?
(Sale TRISTÁN.)

TRISTÁN:

Con temor
te vengo a buscar.


<<<
>>>

Pág. 102 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

Mi amor
no tiene a la muerte miedo.
  Y es tan eficaz razón,
que no me quiso matar
el Duque.

TRISTÁN:

Ya está en la mar
Carlos.

LISARDA:

Buenas nuevas son.

TRISTÁN:

  Halló fletada una nave,
y ya quieren dar las velas,
que es calzarse las espuelas
y hacelle viento suave.
  Solo te aguardan a ti,
aunque con desconfianza,
que no tienen esperanza
de tu vida.

LISARDA:

Nunca vi
  que a quien vivir no desea
falta vida que vivir,
y a quien huye de morir,
que larga su vida sea.
  No quiso el Duque manchar
su espada en un inocente,
por más que atrevidamente
le intenté desengañar
  con deseo de morir.


<<<
>>>

Pág. 103 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Ven al mar, que en la ribera
te esperan.

LISARDA:

¡Oh, quién pudiera,
Tristán, morir y vivir!
  Morir por no ver gozar
la bella Otavia del Conde,
y vivir por ver adónde
mi engaño viene a parar.

TRISTÁN:

  ¿Para qué matarte quieres?

LISARDA:

Porque esa sola me niega
amor, y el ver dónde llega
el valor de las mujeres.
(Vanse.)
(Sale el DUQUE, con los soldados.)

BRUNELO:

  Muy ciertas las señas son.

LEANDRO:

Es imposible embarcarse,
señor, con tal brevedad.

ALBERTO:

Desde estas rocas que bate
el mar soberbio, veremos
qué vela estranjera sale.

LISARDA:

Muy lejos se ven algunas.


<<<
>>>

Pág. 104 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TACIO:

Desde aquí parecen aves:
alas el lienzo, las jarcias
plumas.

BRUNELO:

¡Oh, qué hermosa nave
iza las pardas entenas
y quiere dar el velame
al fresco viento!

ALBERTO:

Sin duda
lleva al Conde.
(Dé una vuelta una nave, que esté en lo alto del vestuario con música, y véanse OTAVIA y el CONDE, saliendo TRISTÁN y LISARDA al mismo tiempo.)

LISARDA:

No te espantes
si de mis voces, las olas
ofendidas se retraen.

TRISTÁN:

Esta es la nave, y aquel
parece el Duque, su padre.

ALBERTO:

¡Ha de la nave!, ¡ha soldados!

TRISTÁN:

Señas con un lienzo hace.

CARLOS:

¡Ha de la tierra!, ¿quién es?
¿Es Enrique? Si lo es, parte
piloto con ese esquife,
para que luego se embarque.


<<<
>>>

Pág. 105 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

No es Enrique, ni yo sé
quién es Enrique.

CARLOS:

Pues hazte
a la larga, o haré luego
que un esmeril te disparen.

ALBERTO:

¿Eres tú el Conde?

CARLOS:

Yo soy.

ALBERTO:

Carlos, oye.

CARLOS:

¿A quién? Que es tarde.

ALBERTO:

Al duque Alberto.

CARLOS:

No creo
yo que el Duque venga a hablarme

ALBERTO:

Hijo, yo soy.

CARLOS:

¿Hijo, ahora?

ALBERTO:

Hijo, escucha.


<<<
>>>

Pág. 106 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CARLOS:

Siempre, en tales
persecuciones, Saúl,
con lágrimas semejantes,
hijo llamaba a David.

ALBERTO:

Vuelve, vuelve, Carlos; baste
mi arrepentimiento. Mira
que el cielo lo mismo hace.
Malos consejos me dieron
para prenderte y matarte,
ya he cumplido con mi honor,
y con quien mi agravio sabe.
Ven, Carlos, ven, hijo mío,
para que luego te case
con Otavia.

CARLOS:

Hay, en Egipto,
un animal semejante
que llora a los pasajeros,
y viniendo a consolarle
hace pedazos sus cuerpos.

ALBERTO:

No quiera Dios que te pague
tan mal lo que tú mereces,
si no que luego te abrace
y te dé besos de paz.


<<<
>>>

El valor de las mujeres:107

Pág. 108 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

¿Que le mate?

OTAVIA:

Sí, señor, porque de ti,
¿cómo puede ya fïarse?

ALBERTO:

Así, con un estranjero,
has hecho tu honor infame.

OTAVIA:

¿Tú sabes que es mi marido?
¿Tú me le diste y no sabes
que hasta que esto se confirme
el Conde no ha de forzarme?

ALBERTO:

Qué sé yo si querrá el Conde
de mis agravios vengarse.
Estas lágrimas te muevan.

CARLOS:

Otavia, no es bien que aguarde,
mira que así me entretienen,
para que mejor me alcancen.
(Dentro.)

CHUSMA:

¡Iza, camina, San Jorge!

CARLOS:

¡San Juan!

CHUSMA:

¡Ea!


<<<
>>>

Pág. 109 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

Ya que se parten,
estoy por seguirlos muerto,
y en las ondas arrojarme.
¡Que ahora estén en Dalmacia
mis naves! Pero, ¿en qué parte
se puede esconder el Conde?
(Vase el DUQUE.)

TRISTÁN:

¿Hay desdicha semejante?
Ellos se parten sin ti.

LISARDA:

No hayas miedo que me falte
muerte con menos dolor,
pues no la habrá que se iguale
a ver en brazos del Conde
a Otavia.

TRISTÁN:

Deso no trates,
porque no estando casados,
ni amándola Carlos antes,
es imposible.

LISARDA:

¡Ay, Tristán!
¿Qué guardas tiene una nave,
qué defensas y murallas,
qué rejas?


<<<
>>>

Pág. 110 de 164
El valor de las mujeres Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

La lealtad grande
de un señor, y la virtud
que en mujeres principales
asiste por su defensa.

LISARDA:

Tú me consuelas en balde;
una nave no es ciudad,
ni tiene plazas, ni calles,
donde no la verá siempre.
¿Quién dirá que no la hable?
¿Quién le estorbará que toque
sus manos?

TRISTÁN:

Innumerables
causas de vergüenza y miedo,
y de respetos iguales.

LISARDA:

¡Qué necias cosas me dices!
Tristán, yo quiero matarme,
que esto de perder el seso
no quiero que a nadie canse;
yo me voy por esas rocas,
desde una tengo de echarme.

TRISTÁN:

Si yo no tuviera manos,
y el cielo piedad.

LISARDA:

¿Que baste
el valor de las mujeres
para desdichas tan graves?

TRISTÁN:

La más flaca, la más vil,
puede ser vasa de jaspe
en fortaleza y virtud.
Hoy, de su alabanza sale
el triunfo. ¡Mujeres, vítor!
Quien hoy no las alabare,
y aun mañana, plega a Dios,
que mi maldición le alcance.


<<<
>>>

Acto III
Pág. 111 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


Salen LUCINDO y FINEO, con bastones de generales, cajas y soldados.
FINEO:

  Prósperamente camina
la razón, de honor armada.

LUCINDO:

La condición más airada
del mar, sus montes le inclina.

FINEO:

  Pierde su ferocidad
en estas venganzas solas,
porque sus gigantes olas
se humillen a la verdad.

LUCINDO:

  Mucho te debe mi hermano,
¡oh, generoso Fineo!

FINEO:

Aunque en libralle me empleo,
también de mi parte gano.
  Desde que te descubrí
quién era, Lucindo, sabes
mi pecho, y cosas más graves
osara fiar de ti.
  Pretendo que Otavia sea
su mujer, porque me aguarda
la ventura de Lisarda,
si él en Otavia se emplea.
  Un embajador envío
a conquistar su rigor,
que obligarla con mi amor
constantemente porfío.
  Deseo dar libertad
al Conde, y verle casado,
por estar asegurado
de mi ciega voluntad.
  Hice esta gente que ves,
con que la tuya acompaño.


<<<
>>>

Pág. 112 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LUCINDO:

Yo no te tratara engaño
por todo humano interés.
  Libra al Conde, y está cierto,
que será de Otavia esposo.

FINEO:

Alberto viene furioso
a defendernos el puerto.

LUCINDO:

  Antes de paz, que sin duda
os ha cobrado temor.

FINEO:

Habrá mudado el rigor,
que el tiempo todo lo muda.


<<<
>>>

Pág. 113 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale ALBERTO y gente.)
ALBERTO:

  Como llegó la fama anticipada,
príncipes nobles de la causa justa,
de haber juntado esta famosa armada,
vengo a deciros que es ahora injusta.
Volved al mar, ya deponed la espada,
que el Conde que buscáis, en una fusta,
ave del mar y de los vientos nube,
ya con Otavia sus montañas sube.
  Sacola de la torre, lastimada,
como mujer valiente y generosa,
que la virtud más alta y celebrada
de la mujer fue siempre el ser piadosa.
Quise mudar la condición airada,
pero no fue mi fuerza poderosa,
por más que en las orillas, con mis voces,
las altas olas amansé, feroces.
  Ellos van, como digo, navegando,
y yo, cuando a mirar la mar deciendo,
lágrimas y suspiros exhalando,
vivos cometas por el aire enciendo.
Si le queréis seguir, decilde cuando
veáis a Carlos, que su bien pretendo,
y que le quiero ya por hijo mío,
pues que mi sangre y vida le confío.


<<<
>>>

Pág. 114 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FINEO:

  ¿Que Carlos está libre?

LUCINDO:

¿Que mi hermano
tiene ya libertad, y a Otavia lleva?

ALBERTO:

A mí me pesa de tan cierta nueva.

LUCINDO:

Pues Marqués, yo me parto en busca suya,
vuelva mi gente al mar, y el Duque advierta
que ya es su hijo el Conde, y que sin esto
será bueno tenerle por amigo.

FINEO:

No es tiempo de traer a la memoria
del Conde la prisión; parte, Lucindo,
en busca de tu hermano, que yo quiero
dar vuelta con mi gente a mis estados.

LUCINDO:

Guárdete el cielo y logre tus deseos,
que el Conde y yo quedamos obligados,
Marqués, a tu servicio eternamente.

FINEO:

Lucindo, adiós.

LUCINDO:

¡Embárquese mi gente,
acosta lanchas, llega presto a tierra!
Gran bien, sin armas, acabar la guerra.
(Vase LUCINDO.)


<<<
>>>

Pág. 115 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FINEO:

  Estarás, Duque, afligido
por el ausencia de Otavia.

ALBERTO:

Siento el ver que no me agravia
el Conde, aunque me ha ofendido,
  porque dándole ocasión,
dirá que está disculpado.

FINEO:

Fuiste mal aconsejado,
Alberto, en esta prisión.
  En fin supo su mujer
dar al Conde libertad.

ALBERTO:

Conmigo usó de crueldad,
que le he dado vida y ser.

FINEO:

  ¡Cuánto a las mujeres deben
los hombres!

ALBERTO:

No yo.

FINEO:

¿Por qué?

ALBERTO:

Por este ejemplo.

FINEO:

Amor fue:
por él, con razón se atreven.
  La más humilde mujer,
tiene divino valor.


<<<
>>>

Pág. 116 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

Si era primero mi amor,
poco les pienso deber.
(Sale ESTACIO.)

ESTACIO:

  Dame tus pies.

FINEO:

¿Quién es?

ESTACIO:

Estacio.

FINEO:

Amigo,
mil veces seas bien venido.

ESTACIO:

Creo
que ya no lo seré, señor, contigo.

FINEO:

En tus palabras, mis desdichas veo.

ESTACIO:

Entré en Bisela y todo el orden sigo,
con que ya me previno tu deseo.
Voy a palacio, y sale entre la guarda
Lucrecia hermosa, hermana de Lisarda.
  Informome de todo y, finalmente,
dicen que el conde Carlos se ha llevado
a Lisarda, y la tiene ocultamente.


<<<
>>>

Pág. 117 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FINEO:

¿El Conde?

ESTACIO:

En una villa de su estado,
Lucrecia, con las nuevas, insolente,
tiene con pocas armas usurpado
el nombre de duquesa de Risela.
¿Luego el querer a Otavia fue cautela?

FINEO:

  ¿Pues no lo ves, y que a Lisarda tiene?

ALBERTO:

De las mujeres, ¿qué dirás ahora?

FINEO:

Que cuando amor a conquistarlas viene,
tendré la más leal por más traidora.

ALBERTO:

Hacerle guerra al Conde me conviene.

FINEO:

Yo, con mi gente siempre vencedora,
iré contigo.

ALBERTO:

En la ciudad entremos.

FINEO:

¡En bien y en mal, mujeres, sois estremos!
(Salen LISARDA y TRISTÁN.)

TRISTÁN:

  Mal nos ha tratado el mar.

LISARDA:

De mar a mal corresponde.


<<<
>>>

Pág. 118 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Esta es la tierra del Conde.

LISARDA:

Pues no la quiero besar,
  aunque por ver si es veneno
quiero ponerle la boca.

TRISTÁN:

Los celos te vuelven loca.

LISARDA:

El nombre, Tristán, condeno.
  No son celos mis agravios,
que si el Conde tiene a Otavia,
no se llama lo que agravia
celos, entre amantes sabios.
  Fuese y dejome en la orilla
del mar, ingrato y villano.

TRISTÁN:

Eso no estuvo en su mano.

LISARDA:

¿Cuál fue mayor maravilla,
  quedarme a morir por él,
o el esperarme en la mar?

TRISTÁN:

Si no te pudo esperar,
¿en qué fue Carlos crüel?
  En los principios errados
consiste todo el error:
si le dijeras tu amor,
tuvieran fin tus cuidados.
  Vienes como hombre a querer
a un hombre, llámaste Enrique,
¿cómo quieres que se aplique
a amar lo que no es mujer?
  Toda la culpa tuviste,
no tienes de qué quejarte.


<<<
>>>

Pág. 119 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

De aquesta roca, en la parte
que al mar las olas resiste,
  se descubre una cabaña.

TRISTÁN:

Será de algún pescador,
o ganadero, pastor
desta bárbara montaña.

LISARDA:

  ¿Tendrá de comer?

TRISTÁN:

Tendrá.
Aquí me aguarda.

LISARDA:

Aquí espero,
mirando el mar, que ligero
ya se viene y ya se va.

TRISTÁN:

  Siéntate, pues, entre tanto,
en esa peña.


<<<
>>>

Pág. 120 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

Sí haré,
o en ella me subiré
a ver el mar de mi llanto.
(Vase TRISTÁN.)
(Súbase en una peña que estará a un lado del teatro.)
  A lo menos a arrojarme
desde ella al agua, que estoy
de suerte, que a pensar voy
que aun no he de poder matarme.
  No me ha dejado Tristán,
y apartele con engaño,
que es la muerte el menor daño
a los que muriendo están.
  Olas del mar oceano,
que con escalas feroces,
de sierras de agua asaltáis,
como gigantes inormes
las murallas de los cielos,
para impedir que se borden,
por sus azules almenas,
de los ojos de la noche.
Yo soy Lisarda, yo soy
una mujer que se pone
en vuestra piedad, pidiendo
a vuestras aguas salobres
sepultura, pues la muerte
solamente me socorre.
Dadme, piadosas, licencia,
para que en ellas me arroje.
El Conde se lleva a Otavia,
mi vida se lleva el Conde,
ya no me queda remedio.


<<<
>>>

Pág. 121 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


[VOCES]:

(Dentro.)
Amaina, amaina.

[LISARDA]:

Voces oigo, ¿quién da voces?
Allí se pierde una nave,
ya el mar las jarcias le rompe,
la gente pide piedad
al cielo desde los bordes.
Suspendido se ha mi pena
con sus lástimas. Abriose,
ya cubren el mar las velas,
los cables y municiones.
Ya la miserable gente
va por las aguas, adonde
la muerte sirve de puerto,
mar que cuanto vive sorbe.
(Den muchos gritos juntos, y digan dentro.)

CARLOS:

¡Cielos, piedad! ¡Piedad, cielos!


<<<
>>>

Pág. 122 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

¡Qué lastimosos clamores!
No queda jarcia, ni lona
que el campo del mar no entolde,
cual va de la gavia asido,
cual al corredor se acoge.
¡Oh, casa sin fundamentos!,
¡qué presto te descompones!
Allí veo un bulto negro,
plega a los cielos que aborde
a la orilla, pues la cubre
de bucios y caracoles.
Mujer parece. ¿Que haré?
Entrar por ella, pues corre
menos tormenta, que yo
haré que la vida cobre,
y moriré de camino
para que la fama adorne
del valor de las mujeres,
con esta bandera el bronce.
Heroicas hazañas hice,
esta no quiero que borre
las demás.

OTAVIA:

(Dentro.)
iCielos, piedad!

LISARDA:

Mujer es. Pues basta el nombre,
que no sé si le ayudara,
aunque el amor me perdone,
si hombre fuera, porque son
ingratos todos los hombres.


<<<
>>>

Pág. 123 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale TRISTÁN.)
TRISTÁN:

  ¡Qué diferentes cuidados
tiene el mundo en su ambición!
Ponen los que ricos son
mil guardas y mil candados
  a las puertas de su casa,
y aquí un pobre pescador
la deja abierta al rigor
de solo el viento que pasa.
  Hallé en ella pobres redes,
no qué hurtar, ni qué pedir;
dichoso tú, que vivir
sin puerta y seguro puedes.
  No hallé allí la libertad
del enfadoso portero,
ni del cansado escudero
la importuna gravedad.
  Hallé un perro, que aun apenas
me ladró, ni defendió
la entrada, ni se alteró
de ver pisadas ajenas.
  Que esto, dije, te reporte,
que en verme entrar no reparas;
a fe que tú me ladraras
si vivieras en la Corte.


<<<
>>>

Pág. 124 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

  ¡Qué de perros hay allá!
Por cualquiera niñería,
todo es ladrar noche y día
al que viene y al que va.
  Si entró, porque entró; si sale,
porque sale. ¡Qué crueldad!
¿Qué oficio, verdad, ni edad
contra tantos perros vale?
  Esta es la peña en que dejé
a Enrique, mas, ¡ay de mí!,
mal hice en dejarle aquí;
muerto soy, temor me aflige.
  No me acordé que emprendió
dos o tres veces matarse;
él quiso al mar arrojarse:
dejele, al mar se arrojó.
  ¡Enrique, Enrique! Responde
el eco solo en la mar,
como mostrando el lugar
adonde su cuerpo esconde.
  ¡Oh, nunca pluguiera a Dios
fuera a buscar de comer!
Matose, ¿qué puedo hacer?
Muramos juntos los dos.
  Pero morir tan aguado,
desatino me parece.
Un bulto cerca se ofrece,
todo de jarcias cercado.
  ¡Válgame el cielo si es hombre!
Hombre es sin duda, que el mar
quiere a la orilla arrojar.


<<<
>>>

Pág. 125 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale el CONDE, sobre una tabla.)
CARLOS:

Madre de Dios, que este nombre
  es la mayor alabanza
que os pueden dar tierra y cielo.
Entre tanto desconsuelo
sola vos sois mi esperanza.

TRISTÁN:

  ¡Llegó a la orilla!, ¡qué estraño
portento! ¿Si es hombre? Sí,
asirle quiero.

CARLOS:

¡Ay de mí,
aún me falta mayor daño!

TRISTÁN:

  Hombre soy, no tengas pena,
descansa en mis brazos.

CARLOS:

¡Ay!

TRISTÁN:

¡Válgame el cielo, qué trai
de algas, de ovas y de arena!
  Quiero el rostro descubrille.
Parece al Conde; sí, es él.
Siéntate aquí.

CARLOS:

¡Qué cruel
muerte!


<<<
>>>

Pág. 126 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

¿Qué podré decille,
  que todo turbado estoy?
Descansa, amigo.

CARLOS:

Sí haré.

TRISTÁN:

¿Puedes hablar?

CARLOS:

Bien podré.

TRISTÁN:

¿Eres el Conde?

CARLOS:

Yo soy.

TRISTÁN:

  Conde y señor.

CARLOS:

¿Tú conoces
al Conde?

TRISTÁN:

Aunque te han trocado
las desdichas que han pasado.
Mas, ¿cómo tú desconoces
  a Tristán, el que servía
a Enrique?

CARLOS:

Amigo Tristán,
tus brazos vida me dan.


<<<
>>>

Pág. 127 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Darte mi vida querría.
  Alienta y dime qué es esto.

CARLOS:

Que con tormenta se abrió
nuestra nave, y se perdió
mi Otavia.

TRISTÁN:

El cielo te ha puesto
  en salvo, déjate ahora
de imaginar en Otavia,
que aunque dama hermosa y sabia,
virtuosa y gran señora,
  muchas hallarás, mas vida,
¿adónde hallarla pudieras?

CARLOS:

De llegar a sus riberas,
Tristán, la tengo ofendida.
  ¿Qué hay de mi Enrique?

TRISTÁN:

¡Ay, señor!,
lo que siempre te encubrí
sabrás ahora.

CARLOS:

¡Ay de mí!,
que aún me falta más dolor.


<<<
>>>

Pág. 128 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

  Enrique, el que te libró
de peligros tan notables,
y con hechos memorables
de la cárcel te sacó,
  no era hombre, era mujer.

CARLOS:

¿Enrique, mujer?

TRISTÁN:

Sin duda,
que es amor Ovidio, y muda
nuestro ser en otro ser.
  Enamorada de ti,
te sirvió y acompañó.
{{Pt|CARLOS:|
¿Díjote quién era?

TRISTÁN:

No.

CARLOS:

¿Por qué me encubriste a mí
  que era mujer?

TRISTÁN:

Porque soy
hidalgo, y guardé secreto.

CARLOS:

¿Que era mujer en efeto?


<<<
>>>

Pág. 129 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Sí, Conde.

CARLOS:

Confuso estoy.

TRISTÁN:

  Luego que te vio casar,
se descubrió para darte
vida, y después de librarte
se quiso echar en la mar.
  Estorbelo, y embarcose
con gran tristeza y dolor,
llegó a tu tierra, señor,
dejela sola, y matose.

CARLOS:

  ¿Cómo?

TRISTÁN:

Mientras fui a buscar
sustento a aquella pequeña
cabaña, desde esta peña
buscó sepulcro en el mar.

CARLOS:

  ¿Que no supiste quién era?

TRISTÁN:

Nunca lo quiso decir.

CARLOS:

Saldré, Tristán, a morir
de la mar a la ribera.

TRISTÁN:

  No he visto mayor amor.


<<<
>>>

Pág. 130 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CARLOS:

¿Por qué la dejaste sola?

TRISTÁN:

Por sustentarla.

CARLOS:

¡Qué ola
tan fuerte en mar de dolor!

TRISTÁN:

  ¡Qué querida Otavia!

CARLOS:

Yo la vi muerta en el mar,
sobre el agua fluctuar,
abrazada de una gavia.

TRISTÁN:

  ¿Que murió Otavia?

CARLOS:

Murió.
Quiero a mi tierra volver
y sus exequias hacer

TRISTÁN:

Iré a acompañarte yo.

CARLOS:

  Sí, que aliviarás mi pena.

TRISTÁN:

Llégate a mí.

CARLOS:

¡Mar airado,
dos mujeres me has quitado,
una propia, y otra ajena!
(Vanse.)


<<<
>>>

Pág. 131 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen dos villanos y una zagaleja.)
RISELO:

  Guisa presto de comer,
mala Pascua te dé Dios.

SILVIA:

¿No será para los dos?

RISELO:

Mas, ¿qué debes de querer,
  que te asiente cuatro palos?

SILVIA:

¡Qué regalos de marido!

LUCIO:

No malos, si habéis sabido
lo que viene tras los palos.

SILVIA:

  Malicias no faltarán.

RISELO:

¿No has desollado el conejo?

SILVIA:

Ya no llevan el pellejo
los gatos por el desván.
  ¿Qué dimuño os ha tomado,
que tal quillotro tenéis?
Mas, ¿que mirádola habéis?

RISELO:

¿Qué tengo de haber mirado?

SILVIA:

  A la que salió del mar
con el otro mancebito.


<<<
>>>

Pág. 132 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


RISELO:

Si aquesta vez no le quito...

SILVIA:

¿Qué me tenéis de quitar?

RISELO:

  ¡Por la tribuna de Dios,
si os cojo!

LUCIO:

Dejalda estar.

RISELO:

¡Qué la tengo de dejar,
si hace burla de los dos!

LUCIO:

  Si os dice que está el conejo
asándose, y puesta ya
la mesa, ¿qué causa os da
para tanto sobrecejo?

RISELO:

  Haced ajo al instante.

SILVIA:

No quiero.

RISELO:

Sabeislo hacer;
haced un ajo, mujer.
¡No sea el diablo, erguíos delante!

LUCIO:

  Acabá, ¿qué estáis pensado?

RISELO:

Los huéspedes salen huera.

SILVIA:

Ajo me vuelva, si hiciera
tal ajo.


<<<
>>>

Pág. 133 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale OTAVIA, de villana, y LISARDA, de hombre.)
OTAVIA:

Ya he descansado.

LISARDA:

  El traje te está muy bien.

OTAVIA:

De gran peligro salí.

LISARDA:

¿Murió, en fin, el Conde?

OTAVIA:

Sí.

LISARDA:

Y Enrique murió también.

OTAVIA:

  Más yo que era su mujer.

LISARDA:

Yo su amigo y su pariente.

OTAVIA:

Dios os guarde, buena gente.

RISELO:

Pardiez, por herles placer
  he juntado media aldea.

OTAVIA:

Mi tristeza antes sospecho
que se aumente.

SILVIA:

Un baile han hecho
Claridano y Galatea
  que os ha de agradar, sentaos,
no en los estrados compuestos
de tela, que no son estos
los palaciegos saraos.
(Vanse.)


<<<
>>>

Pág. 134 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Siéntense OTAVIA y LISARDA, y dancen y canten así.)
[CLARIDANO Y GALATEA]:

  Íbase la niña,
noche de San Juan,
a coger los aires
al fresco del mar;
miraba los barcos
que remando van,
cubiertos de flores,
flores de azahar.
Salió un caballero
por el arenal,
dijérale amores
cortés y galán.
Respondiole esquiva,
quísola abrazar,
con temor que tiene,
huyendo se va.
Saliole al camino
otro por burlar
las hermosas manos
le quiere tomar.
Entre estos desvíos,
perdido se han
sus ricos zarcillos,
vanlos a buscar.
Dejadme llorar
orillas del mar,
por aquí, por allí los vi,
por aquí deben de estar.


<<<
>>>

Pág. 135 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


[CLARIDANO Y GALATEA]:

Lloraba la niña,
no los puede hallar,
danle para ellos,
quiérenla engañar.
Dejadme llorar
orillas del mar,
por aquí, por allí los vi,
por aquí deben de estar.
Tomad niña el oro,
y no lloréis más,
que todas las niñas
nacen en tomar.
Que las que no toman,
luego llorarán
el no haber tomado
en su verde edad.
  La que se quisiere holgar,
dos hombres ha menester,
el uno para querer,
y el otro para pelar.
  Tomó la niña el dinero,
y rogáronle que baile,
y como era nueva en él,
así dijo que cantasen.
Yo no sé cómo bailan aquí,
que en mi tierra no bailan así,
en mi tierra bailan de otra manera,
porque los dineros hacen dar vueltas
porque no me suenan, ni sus armas vi;
yo no sé cómo bailan aquí,
que en mi tierra no bailan así.


<<<
>>>

Pág. 136 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Toquen dentro una caja a marchar.)
LISARDA:

  Parad, amigos, un poco.
¿Cajas de guerra a marchar?

OTAVIA:

No están lejos de la mar.
Cuando en mis memorias toco,
todo placer me es pesar.
  ¡Con qué gusto me embarqué,
con qué dolor me perdí!

LISARDA:

Si es gente de guerra...

LUCIO:

A fe
que ellos nos prendan aquí.

LISARDA:

¿Quién irá a verlo?

RISELO:

Yo iré.

LUCIO:

  Vamos los dos.

SILVIA:

Y las dos
nos podremos esconder.

OTAVIA:

Pues, Enrique, adiós.


<<<
>>>

Pág. 137 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

Adiós.
  Si es verdad que el Conde es muerto,
vengan desdichas, yo soy
(Sale TRISTÁN.)
su centro.

TRISTÁN:

No sé si acierto,
pero yo pienso que voy
por aquí cerca del puerto.
  He dado en imaginar
que las joyas que traía
Enrique, al quererse echar
en el mar, las dejaría
sobre la arena del mar,
  porque fuera grande error
dar a los peces diamantes,
aunque suele hacer amor
disparates semejantes,
con la fuerza del dolor.
  Si las hallo, yo he de ser
gran señor, porque jamás
hubo, sin oro, poder,
porque en el mundo no hay más
de tener o no tener.
  ¡Pesia tal con mi fortuna!
Pensé yo que por aquí
no hubiera persona alguna,
y he visto un pastor allí.


<<<
>>>

Pág. 138 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

¿Qué gloria tuvo ninguna
  el ciego amor, que no fuese
para más pena y dolor?

TRISTÁN:

Mas, si halládolas hubiese
este pastor...

LISARDA:

¡Oh, si amor
fin a mis desdichas diese!

TRISTÁN:

  ¡Hola, pastor!

LISARDA:

¿Quién me llama?

TRISTÁN:

Un soldado.

LISARDA:

Deste puedo
saber qué gente es aquesta.

TRISTÁN:

¿Has visto...? ¡Válgame el cielo!
¿Qué es lo que miran mis ojos?
A no saber que era muerto
Enrique...

LISARDA:

Fortuna airada,
¿era por dicha consuelo
darme a Tristán, si es Tristán?


<<<
>>>

Pág. 139 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Él es. Pues, ¿qué me detengo?
Enrique del alma mía,
¡ah!, señora, o por lo menos
sol de mis ausentes ojos,
¿dónde has estado traspuesto?

LISARDA:

¡Tristán mío!

TRISTÁN:

Aquestas peñas,
en cuyos peñascos yertos
parece que el cielo afirma
los estrellados cimientos,
son testigos de mi llanto,
porque entendí que tus celos
te habían llevado a la mar,
con desesperado acuerdo.

LISARDA:

Verdad es que te engañé
para matarme, mas viendo
una nave, a quien hacía
pedazos, airado, el viento,
como suele el labrador
rajar con el hacha al leño,
suspendí la ejecución,
que suele quedar suspenso
el sentimiento del mar,
viendo los males ajenos.
En las removidas olas,
fluctuaba un bulto negro,
vile acercar a la orilla,
y en la voz conozco luego
que es mujer, y al mar me arrojo,
corto sus aguas y, asiendo
sus brazos, sácola a tierra.


<<<
>>>

Pág. 140 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

¡Qué hazaña, qué raro ejemplo
del valor de las mujeres!

LISARDA:

Desvíole los cabellos
del rostro, y conozco a Otavia.

TRISTÁN:

¿Qué dices?

LISARDA:

Que a Otavia veo.
Hágole que arroje el agua,
entre mis brazos la tengo,
y en habiendo vuelto en sí,
a estas cabañas la llevo.

TRISTÁN:

¡Y está en ellas!

LISARDA:

Habla paso.

TRISTÁN:

Cuanto has dicho, cuanto hecho
me ha pasado con el Conde.

LISARDA:

Luego, ¿no es el Conde muerto?

TRISTÁN:

Salió del mar, abrazado
a una tabla, y yo le dejo
en la ciudad.


<<<
>>>

Pág. 141 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

¿Qué podré
darte sin abrirme el pecho?
Escoge del corazón
la mejor parte, o podremos
partir, si no el alma en dos,
las tres potencias que tengo.
¿Quieres, Tristán, la memoria?
¿Quieres el entendimiento?

TRISTÁN:

No, sino la voluntad.

LISARDA:

Otavia sale, ¿qué haremos?
Dile, si me quieres bien,
que es muerto el Conde.

TRISTÁN:

Yo creo
que sabré fingir tu engaño.
(Sale OTAVIA.)

OTAVIA:

Pues, Enrique, ¿qué hay de nuevo?

LISARDA:

Las nuevas de la ciudad,
y que es Tristán el correo.

OTAVIA:

¡Tristán mío!


<<<
>>>

Pág. 142 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Bella Otavia,
cuando del Conde me acuerdo,
aunque te veo con vida,
más me entristezco que alegro.
Ya Enrique me ha dicho aquí
el venturoso suceso
de tu vida, si es vivir
perder al Conde.

OTAVIA:

Ya tengo
hecho piedra el corazón,
las penas son el acero
que, en vez de lágrimas tristes
sacan a los ojos fuego.

TRISTÁN:

Lucindo está en Bellas Albas,
corte de tu esposo muerto,
haciendo un túmulo insigne,
como hermano y heredero.
Sobre dóricas colunas
ha levantado tres cuerpos,
que rematan tres figuras,
en tres pedestales negros;
vístelas bronce fingido:
son la guerra, amor y el tiempo,
con otras tres a los pies,
envidia, traición y celos
tiene.


<<<
>>>

Pág. 143 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

¿Qué sirve, Tristán,
referirle los trofeos
del Conde en esta ocasión?
Otavia es hija de Alberto;
ya es muerto Carlos, bien sabe
que la obliga el noble pecho
a mostrar valor.

TRISTÁN:

Perdona,
yo conozco que soy necio.

LISARDA:

¿Túmulos pintas aquí,
cuando por darle consuelo
me olvido de mis desdichas,
y busco entretenimiento?
Hago yo que estos pastores
le traigan bailes y juegos,
y tú describes sepulcros
de horror y sombras cubiertos.
Otavia, bella, despierta
de ese lastimado sueño,
éxtasis de tu sentido;
Carlos es muerto, tratemos
de tu remedio. Yo soy
Enrique, primo del muerto;
bien sabes lo que me debes.
Señor soy, bien te merezco,
sin otras obligaciones.


<<<
>>>

Pág. 144 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


OTAVIA:

Con justo agradecimiento
estoy, Enrique, a tus obras,
y agradezco tus deseos,
pero juzga tú si es bien
que yo me case tan presto,
pues aún las lágrimas vivas
bañan mi rostro y mi pecho.

TRISTÁN:

¿Presto dices? ¡Pesia tal!
Hay mujer en este tiempo
que mete el novio en la cama
que aun deja caliente el muerto,
y una vi yo cierto día
que, estando enfermo su dueño,
se puso viudas tocas,
y mirándose a un espejo,
le decía a una crïada:
¿estanme bien?, ¿qué parezco?
Mas tuvo salud el novio,
y entendiendo sus deseos,
para todas las mañanas
-que era médico de celos-
le recetó ciertos polvos,
que llaman de palo seco,
con que las tocas, de vendas,
muchas veces le sirvieron.


<<<
>>>

Pág. 145 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

Otavia, no seas ingrata.

OTAVIA:

Conozco lo que te debo:
seré tuya, mas no ahora.

LISARDA:

La palabra, Otavia, aceto.

OTAVIA:

No seré de otro jamás,
mas dame, Enrique, algún tiempo
para acordarme de Carlos,
no diga Tristán que tengo
fácil condición.

TRISTÁN:

No digo
este ejemplo porque pienso
que en mujeres principales
cabe término tan feo.
Bien sé de historias, y sé
la dicha de Ulises griego,
con la del romano Bruto,
y el otro rey Mausoleo.
Antes quisiera animarte
a perder el sentimiento,
pues no gozaste de Carlos,
que esto bien sé yo que es cierto.
Y sé con la honestidad,
digna de un hombre discreto,
que vino siempre contigo.


<<<
>>>

Pág. 146 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


OTAVIA:

Hasta hacer el casamiento
hice que Carlos jurase.

LISARDA:

Ahora bien, Tristán, ¿qué haremos?,
pues ya es Otavia mi esposa.

TRISTÁN:

Ir a tu tierra, secretos,
por el peligro que hay.

LISARDA:

Pues una nave fletemos;
ven, esposa de mi vida.

OTAVIA:

¿Qué he de hacer, viendo que debo
la vida a Enrique?

TRISTÁN:

Señora.

LISARDA:

¿Qué quieres, Tristán?

TRISTÁN:

¿Qué has hecho?

LISARDA:

Casarme.

TRISTÁN:

¿No eres mujer?

LISARDA:

A tiempos.

TRISTÁN:

Por Dios, que creo
que es Hermafrodita Enrique,
pues si es que tiene este juego
dos treinta y nueves, ¿qué mucho
que descarte él uno dellos?


<<<
>>>

Pág. 147 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen LUCINDO y el CONDE.)
LUCINDO:

  Mucho templa en tu venida
el alegría y la agravia
celebrar honras a Otavia.

CARLOS:

Pues no es razón que la impida,
  que si casado no fui
con Otavia, culpa tuvo
su padre, que airado estuvo
sin ofensa contra mí.

LUCINDO:

  Trueca en santos sacrificios,
y de obstentaciones faltos,
estos obeliscos altos
y pirámides egipcios,
  y cásate con Lucrecia,
que te solicita tanto,
que no son el luto y llanto
exequias que el cielo precia.
  Da este gusto a tus vasallos.

CARLOS:

Lucindo, yo se le diera,
que tras tanta pena fiera,
bien fuera justo alegrallos,
  mas no saber de Lisarda
cúyos los estados son,
me pone en gran confusión,
me detiene y me acobarda.
  Que si después de casada,
la Duquesa resucita
y los estados le quita,
seré de mi error culpado.
  Busque Lucrecia marido,
y déjeme sosegar,
que no quiero yo quedar
dos veces arrepentido.


<<<
>>>

Pág. 148 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LUCINDO:

  Dícenme que viene a verte,
para darte el parabién.

CARLOS:

Deme el pésame también,
llore de Otavia la muerte.

LUCINDO:

  Ya la dejaba en camino
el que este aviso me dio.

CARLOS:

Verme quiere, pero yo
lo tengo por desatino.
(Sale FABIO, criado.)

[FABIO:

  Tres criados han llegado
de señores diferentes
a verte.

CARLOS:

Amigos ausentes
merecen tanto cuidado.
  Di, Fabio, que entren los tres.
(Sale ESTACIO y un CAPITÁN y FLORENCIO.)

ESTACIO:

Esta carta es de Fineo.

LUCINDO:

Debes obras y deseo
de tu bien, Conde, al Marqués.


<<<
>>>

Pág. 149 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CARLOS:

  Nunca al bien el premio tarda.

CAPITÁN:

Aquesta es del duque Alberto.

CARLOS:

Ya sabe que no soy muerto.

FLORENCIO:

Esta es, señor, de Lisarda.

CARLOS:

  ¿Lisarda vive?

FLORENCIO:

¡Pues no!

CARLOS:

¡Ves si en haberme casado
con Lucrecia hubiera errado!

LUCINDO:

¿Quién en casarse acertó?

CARLOS:

  Muchos, Lucindo, que fueron
tan venturosos que hallaron
mujeres que los amaron,
nobleza y honor les dieron.
  De corona les dan nombre
del hombre.

LUCINDO:

¿Y es general?


<<<
>>>

Pág. 150 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CARLOS:

La que no saliere tal
será por culpa del hombre.
  Y de la mujer se entienda,
si alguna tal vez resbala,
que no tiene cosa mala
que del hombre no la aprenda.
  Esta carta dice ansí.

LUCINDO:

¿De quién?

CARLOS:

Del marqués Fineo.
 (Lea.)
«Engañado mi deseo,
mi voluntad pase en ti,
  mas pagaste mi afición,
robando a Lisarda bella,
que casándome con ella
fue género de traición.
  Por eso te desafío,
y en esta raya te espero.»
Por la fe de caballero,
que es notable desvarío.
  Hidalgo, ¿quién le informó
deste engaño a vuestro dueño?
¿O fue por ventura sueño?
¿Yo robé a Lisarda? ¿Yo?


<<<
>>>

Pág. 151 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ESTACIO:

  No me toca responder
más de haberos avisado.
Si está el Marqués engañado,
allá lo podréis saber.
(Vase ESTACIO.)

LUCINDO:

  ¿Fuese?

CARLOS:

¿No lo ves?

LUCINDO:

Prosigue
las cartas.

CARLOS:

Esta es de Alberto.
 (Lea.)
«Tu engaño se ha descubierto,
porque el agravio me obligue.
  No te veniste a casar,
sino a quitarme el honor,
pues hay quien diga, traidor,
que echaste a Otavia en la mar.
  Si eres caballero, ven,
que aquí en su orilla te espero.»
¿Quién le ha dicho, caballero,
si no fue sueño también,
  que he muerto a Otavia?


<<<
>>>

Pág. 152 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


[CAPITÁN:

Callando
me mandaron avisar,
que en la orilla de la mar
os queda el Duque esperando.
(Vase el CAPITÁN.)

LUCINDO:

  ¡Qué resolución!

CARLOS:

Gallarda.

LUCINDO:

La de Lisarda te espera.

CARLOS:

Esa será menos fiera,
que en fin es mujer Lisarda.
(Lea.)
  «La daga que me enviaste
me atravesó el corazón,
pues con falsa información
honra y vida me quitaste.
  Y porque vengarme quiero,
después que dejé mi estado,
por Alemania he buscado
un gallardo caballero.
  Él, por mí, te desafía,
y orilla del mar te aguarda.»

LUCINDO:

Más razón tiene Lisarda.


<<<
>>>

Pág. 153 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CARLOS:

Si fuera la culpa mía,
  responderéis, caballero.

FLORENCIO:

El responder es salir,
y si esto queréis decir,
allá lo diréis primero.
(Vase FLORENCIO.)

CARLOS:

  ¿A quién jamás sucedió,
Lucindo, tal desatino?

LUCINDO:

A Fineo yo imagino
que la envidia le informó.
  A Alberto, el pasado agravio,
y a Lisarda, el ciego amor.

CARLOS:

¿Qué haré?

LUCINDO:

Salir es error.

CARLOS:

Antes es consejo sabio,
  que mas vale averiguar
que yo no los ofendí
por las armas, pues allí
se podrá todo probar.
  Haz que se aperciban luego.


<<<
>>>

Pág. 154 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LUCINDO:

¿Qué intentas?

CARLOS:

Lo que es razón,
pues en esta información
juró un loco, un falso, un ciego.
  Fineo, celos; Alberto,
envidia; Lisarda, amor.

LUCINDO:

Si esto importa a tu valor,
él viva, aunque salgas muerto.
(Sale LUCRECIA y criados.)

LUCRECIA:

  ¿Cuando a ver al Conde vengo,
esas desdichas le vienen?

CRIADO:

Con estas nuevas, la fama
las alas ligeras mueve
por la alta Alemania, dando
a sus príncipes y reyes
deseo y causa de hallarse
a la batalla presentes.

LUCRECIA:

El Conde es gran caballero.

CRIADO:

Sí, mas quien las damas vence,
no suele vencer los hombres.


<<<
>>>

Pág. 155 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LUCRECIA:

Para los hombres es fuerte,
y galán para las damas.

CRIADO:

Injusto amor te enloquece.

LUCRECIA:

Casarme intento con él,
pues murió Otavia.

CRIADO:

¿Y si fuese
viva Lisarda?

LUCRECIA:

¿Qué importa?
(Toquen.)

CRIADO:

Cajas suenan.

LUCRECIA:

Armas vienen.
(Sale por un palenque FINEO, armado, y ESTACIO, de padrino.)

ESTACIO:

Opiniones hay, señor,
que no vendrá el Conde.

FINEO:

Ofenden,
Estacio, el valor de Carlos,
y no es razón.

LUCRECIA:

¿Quién es este?


<<<
>>>

Pág. 156 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CRIADO:

Este es el marqués Fineo,
el que a Lisarda pretende.
(Tocan.)

FINEO:

Cajas suenan. Si es el Conde...
No, que no es él, me parece.
(Sale ALBERTO, armado, [y] el CAPITÁN, por padrino.)

[CAPITÁN:

Ya el Conde te está esperando.

ALBERTO:

Yo haré que la muerte espere,
que no hay edad en agravios.

[CAPITÁN:

Habla primero que llegues.

ALBERTO:

¿Carlos?

FINEO:

No soy Carlos yo.

ALBERTO:

¿Pues quién?

FINEO:

Fineo.

ALBERTO:

¿Qué quieres
del Conde?

FINEO:

Darle a entender
cuán falsamente procede
en ocultar a Lisarda.


<<<
>>>

Pág. 157 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

Mayor agravio me debe:
a Otavia arrojó en el mar
por vengarse de mí.

FINEO:

Siempre
tuvo esas traiciones Carlos.

ALBERTO:

Hoy las pagará, si viene.
(Sale LISARDA, armada, TRISTÁN, por padrino con una rodela, en que trae la daga clavada por la escritura, OTAVIA, detrás, con un velo de plata por el rostro.)

TRISTÁN:

Tardado habemos, Enrique.

LISARDA:

¿Espera el Conde?

TRISTÁN:

Y aun tiene
quien le ayude.

LISARDA:

¿Si es Lucindo?

TRISTÁN:

Dos caballeros se ofrecen.

LISARDA:

No importa, que hoy has de ver
el valor de las mujeres.
¿Cuál es, de vosotros dos,
el conde Carlos?


<<<
>>>

Pág. 158 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FINEO:

Advierte
que le estamos esperando.
Tú que le buscas, ¿quién eres?

LISARDA:

A su tiempo lo sabréis.

ALBERTO:

¿Tantos enemigos tiene?

LISARDA:

En mí solo tiene al mundo,
que los demás no los teme.
(Tocan.)
(Sale LUCINDO, padrino, y el CONDE CARLOS, armado.)

LUCINDO:

Ya tus contrarios te aguardan.

CARLOS:

Caballeros, quien mantiene
verdad, tan altas empresas
con justa esperanza emprende.
Habeisme desafiado
los tres, por vuestros papeles;
yo he venido, por quien soy,
que no porque soy aleve.
¿Cómo queréis pelear,
de solo a solo, [o] de suerte
que os mate juntos?

FINEO:

Bizarro,
y ya en la lengua valiente,
pero yo pienso matarte.
Señores, volverse pueden,
que Carlos aquí se acaba.


<<<
>>>

Pág. 159 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


OTAVIA:

¡Ay, cielos! ¡Carlos es este!
¿Pues Carlos estaba vivo?

ALBERTO:

A mí es justo que me dejes,
Fineo, dar muerte al Conde.

LISARDA:

¿No me daréis desa muerte
parte a mí?

LUCINDO:

Dejad, señores,
que algún tercero os concierte.

ALBERTO:

¿Cómo?

LUCINDO:

Juzgando el agravio
que mayor de todos fuere.

FINEO:

Juzgárase con pasión.

LUCINDO:

Una dama el campo ofrece,
que aunque juzgar en agravios
más a los hombres compete,
por ser desapasionada
podrá decir lo que siente.
Hacia nosotros camina.


<<<
>>>

Pág. 160 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale LUCRECIA.)
FINEO:

A muy buena ocasión viene;
llegue y díganos quién es.

LUCINDO:

Pues os hallastes presente,
señora, decid quién sois,
y juzgaréis quién merece
de los tres ser el primero.

LUCRECIA:

Yo soy Lucrecia, que tiene
el ducado de Bisela
por Lisarda.

LUCINDO:

No se puede
desear mejor juez.

LISARDA:

Aquesta es mi hermana aleve.

LUCINDO:

Proponed.

FINEO:

Yo pido al Conde
a Lisarda.

LUCINDO:

Injustamente,
que es mi hermana, y muerta ya.

ALBERTO:

Yo a Otavia, que no parece.


<<<
>>>

Pág. 161 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

Yo, por parte de Lisarda,
pido el honor que le debe,
pues habiéndose casado
con ella, traidoramente,
esa daga le envió,
que esta rodela guarnece,
pasada por la escritura,
y pues tú su hermana eres,
dile si es verdad la carta
que al Conde escribiste.

LUCRECIA:

Ofrece
mil sospechas a mi alma.

LISARDA:

Manda que el campo me dejen,
que Fineo, sin razón,
del conde Carlos se ofende,
pues él nunca vio a Lisarda,
ni al Duque se le concede
campo, estando viva Otavia,
y siendo tan justamente
mi mujer.

ALBERTO:

¿Otavia viva?

LISARDA:

¿No es esta?


<<<
>>>

Pág. 162 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ALBERTO:

¡Cielos, tenedme
en tanta dicha con vida!

OTAVIA:

Señor, la vida y la muerte
debo a aqueste caballero
y al Conde.

CARLOS:

Aunque tú sospeches,
Otavia, que causa fui
de tu muerte, nadie cree
que pude alterar el mar.

LISARDA:

Tu satisfación aceten
ella y el Duque, mas yo
no puedo hasta que confiese
Lucrecia que en todo cuanto
dijo de su hermana miente,
o esta daga ha de pasarle
el pecho.

LUCRECIA:

¡Espera, detente!
(Quítela de la rodela.)
Confieso que amor del Conde
me obligó que le escribiese.


<<<
>>>

Pág. 163 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISARDA:

¿Fue mentira?

LUCRECIA:

¡Fue mentira!

LISARDA]:

Pues, Carlos, si ella viviese,
¿casaríaste con ella?

CARLOS:

¿Qué mayor dicha?

LISARDA:

Y si fuese
mujer del Conde Lisarda,
Fineo, y yo te ofreciese
a Otavia, ¿no la querrías?

FINEO:

¡Pues no! Si el Duque quisiese.

LISARDA:

¿Y tú, Lucindo, a Lucrecia?

LUCINDO:

Desde que la vi, me debe
amor.

LISARDA:

Pues yo soy Lisarda.

CARLOS:

¡Notable valor!


<<<
>>>

Pág. 164 de 164
El valor de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FINEO:

Excede
al de griegas y romanas.

TRISTÁN:

¿No hay alguien que diga: denle
a Tristán seis mil ducados,
como tantas veces suelen?

CARLOS:

Yo te los doy.

ALBERTO:

Daos las manos.

CARLOS:

El valor de las mujeres
acaba aquí, si los nobles
las honran y favorecen;
esta comedia lo pide.
Yo os beso los pies mil veces.

Fin01.jpg


<<<